La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 48-54
♦ Allen ~ En el palacio lucifeniano, «El Salón de los Sonidos» ~
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—¡Cortenle la cabeza!
La voz de Riliane resonó en todo el Salón de los Sonidos.
El miserable criminal atado con cadenas fue llevado hacia el lugar de ejecución.
Aunque llamarlo criminal podría haber sido demasiado; su crimen no estaba al nivel del asesinato o el robo. Fue acusado del delito de «contestar a la Princesa Riliane». Como político había sido un hombre de muy alta estimación. Por esa razón, no había podido perdonar su tiranía. Su resentimiento acumulado finalmente había estallado.
El Salón de los Sonidos fue tanto un lugar para que Riliane se reuniera con sus asistentes como un lugar donde se podrían llevar a cabo las sentencias de condena a pena de muerte de Riliane.
Siendo que la pena por el crimen de «replicar a la gran y augusta Princesa Riliane» se aplicó por completo, había una persona que podía haber sido decapitada fácilmente hasta ahora: el capitán de la guardia, y mi padre adoptivo, Leonhart. Pero de alguna manera todavía estaba vivo hasta el día de hoy. Tal vez eso significaba que la autoridad de los «Tres Héroes» era importante en sí misma.
Pero no había garantía de que las cosas pudieran permanecer así para siempre. El egoísmo de Riliane era cada vez más fuerte. Recientemente, incluso uno de los orgullosos comandantes en jefe de Lucifenia, el famoso Comandante Mouchet, se vio obligado a ir a la lejana Fortaleza de Retasan solo porque Riliane pensó que su «barba era demasiado larga» y no le importó.
¿Cuándo le ocurriría a Leonhart algo así? … No, en su situación, cuando llegue ese momento, sin duda no terminará bien.
Una vez terminado el juicio, Riliane y sus asistentes comenzaron a abandonar el Salón de los Sonidos, y yo empecé a ocuparme de mi trabajo. Hoy me habían encargado la limpieza, junto con otro sirviente llamado Asan.
Durante los tiempos de guerra, el Salón de los Sonidos se había utilizado como un lugar para soldados en espera, por lo que había muchas armas y armaduras que podrían haber sido reliquias de entonces como adornos, como espadas y lanzas atesoradas, y unas armaduras completas.
Cuidadosamente pulí todo. A pesar de que eran armamentos, había algunos objetos caros que no cabía esperar, incluso si trabajaba aquí toda mi vida. Tenía que asegurarme de no estropearlos y dañarlos. Este era un trabajo que nunca podría confiar a Chartette.
Al otro lado de la habitación, Asan estaba limpiando diligentemente como yo. Como la mayoría de sirvientes del palacio eran mujeres, él era uno de los pocos y preciosos ayudantes masculinos.
—¡Minis! ¿¡Minis, estás aquí!?
Ese súbito grito resonó por todo el Salón de los Sonidos. Cuando miré, vi que Riliane, a quien creía ida de la habitación, estaba mirando a su alrededor con una expresión de enojo.
El ministro Minis vino corriendo a la velocidad de la luz cuando fue llamado. Al verlo, recordé a Chappy, un perro que Germaine había criado hacía mucho tiempo.
—¡Sí! ¿Qué es lo que necesitas, majestad?
—Minis, ¿nuestras comidas no se han vuelto horriblemente simples últimamente?
—¿Eh? No, yo… no lo… he pensado.
No era de mucha utilidad preguntarle al ministro sobre las comidas. Su trabajo era gestionar los asuntos del estado. Aunque, bueno, incluso un sirviente como yo podía ver que no parecía estar haciendo su trabajo muy bien en ese sentido.
La diatriba de Riliane continuó.
—¡Y eso no es todo! ¡Hoy estábamos cortos de cuchillos en el almuerzo! Siempre te estoy diciendo que, cuando almorzamos, ¡siempre debemos tener cinco cuchillos listos!
—Yo… lo siento profundamente. Estaba seguro de decirle sobre eso a Mariam.
Estaba bastante seguro de que Riliane debería de haber hablando con Mariam directamente, y no con Minis, pero probablemente le resultaba más fácil quejarse ante el pequeño y desesperado hombre ante sus ojos que la mujer la cual se comportaba con mucha resolución.
Ahora que lo pienso, estaba bastante seguro de que el encargado de poner la mesa en el almuerzo de hoy era Asan. El objetivo de la ira de Riliane debería de ser hacía él. Comenzando a preocuparme por el tímido Asan, miré hacia él.
… Asan se veía un poco extraño. Sus ojos estaban claramente moviéndose de un lado a otro, y lo que tenía en la mano… ¡Un cuchillo!
Parecía que había tomado secretamente uno de los cuchillos cuando estaba preparando el almuerzo.
Pero, ¿por qué lo haría? No tenía que pensar en eso. Porque la siguiente acción que tomó muy claramente proporcionó la respuesta.
—¡Aaaauuuuuuugggghh!
Asan comenzó a gritar, lanzándose hacia Riliane.
Con los ojos inyectados en sangre.
Cuchillo en mano.
¡Él… estaba planeando asesinar a Riliane!
Ni Riliane ni Minis podrían actuar contra algo tan repentino.
El cuchillo que sostenía Asan estaba a punto de hundirse en el estómago de Riliane. Mi cuerpo comenzó a moverse por su propia cuenta.
—¡Riliane!
Hice una carga banzai en Asan con todas mis fuerzas, derribándole sobre manos y rodillas.
«¿Está ella…?»
Su rostro estaba pálido, pero no había un rasguño en ninguna parte de su cuerpo.
Gracias a Dios, ella estaba a salvo.
Pero Asan pronto comenzó a moverse, una vez más dirigiendo el cuchillo hacia Riliane.
Riliane se había arruinado a sí misma al mantener a la guardia real lejos de ella debido a su discordia con mi padre adoptivo. En cuanto a Minis, terminó cayendo del miedo, temblando en el suelo.
No había nadie en este lugar que pudiera pelear, excepto yo.
«No tengo más remedio… ¡que proteger a Riliane!»
Me preparé para usar la atesorada espada que tenía en la mano para limpiarla. Mientras lo hacía me di cuenta de algo incómodo. Esa espada… ¡estaba desafilada!
Estuve molesto por un momento, pero cuando me volví para enfrentar a Asan después de una breve pausa, me recuperé pensando que no sería un gran problema. Al mirar su postura, era claramente un aficionado que nunca había practicado cómo sostener una espada. Sin mencionar que su arma era un simple cuchillo de mesa. No había motivo para que perdiera.
Levanté mi espada a medio camino, mirando a los ojos de Asan.
Por un momento se sintió intimidado y apartó los ojos. Di un paso hacia él sin apartar la mirada, balanceándome ágilmente hacia el lado de la espada que tenía en la mano.
Un sonido metálico gratificante sonó, y el cuchillo salió volando de la mano de Asan. Se deslizó por el suelo y pude percibir la clara expresión de inquietud en su cara, habiendo perdido su arma.
Aun así, todavía no había perdido su voluntad de luchar. Al darse cuenta de que la pared detrás de él tenía lanzas, me dio la espalda para coger una.
Naturalmente, no había ninguna razón para que esperara a que él obtuviera una nueva arma.
Corrí hacia Asan, golpeando su flanco con la espada con todas mis fuerzas.
Su rostro se contrajo de dolor, y cayó al suelo. Sin un borde afilado, no habría sido capaz de derribarlo, pero debido a que lo había golpeado con una fuerza considerable, podría haberle roto algunas costillas.
Riliane lo había visto todo, atontada por un corto período de tiempo, pero luego pareció volver en sí misma, declarando con un tono de voz altiva: «¡E-encerrar a ese sinvergüenza!»
Escuché un gran alboroto, y Asan fue tomado por los soldados que finalmente habían entrado corriendo.
Me enteré, luego de una investigación posterior, que Asan era el hermano menor del político que había sido condenado a muerte. Así que tal vez ese fuese su intento de venganza.
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A Asan le cortaron la cabeza en el sitio de ejecución al día siguiente.
Ninguno de mis compañeros de servicio y yo tuvimos tiempo de lamentarnos por la muerte de nuestro colega.
–Quizá fuéramos nosotros algún día.

Una respuesta a “Capítulo 1, Sección 2 – La Forma de la Morada del Mal en sus Corazones; Escena 1”