La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 68-72
♦ Allen ~ En el palacio lucifeniano, «Habitaciones de los Sirvientes» ~
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Era por la tarde, pero todavía no había tomado una resolución, preocupándome solo en los cuartos de los sirvientes.
¿Yo matar a mi padre adoptivo? ¿Matar al hombre que me crió hasta ahora? ¿Matar al benefactor que me había salvado de ser asesinado después de haber estado involucrado en una disputa política cuando era joven, y que luego me protegió como su propio hijo?
No podía. Era obvio que no podía.
Al final simplemente no lo haría. No aprendí a pelear con espadas para poder ser un asesino. Lo aprendí con la intención de poder proteger mejor a Riliane, proteger a mi hermana gemela.
Incluso si eso me lleva a que me corten la cabeza, así es como tiene que ser. Incluso si era una solicitud de mi única hermana, simplemente no podía hacer algo como matar al hombre al que le debía tanto.
–¿Pero yo salvaría a mi padre adoptivo al negarme a hacerlo?
Riliane seguramente contrataría a otros asesinos. La habilidad de Leonhart con la espada era clara, pero si una gran cantidad de personas lo tomaban por sorpresa… o si alguien le tendía una trampa…
En ese caso podría decirle todo… No. Esa era una cosa que absolutamente no podía hacer.
Pensando en su personalidad, no había manera de que él simplemente le rogara a Riliane que lo perdonara, o huyera y se escondiera.
En el peor de los casos, tomaría fuertes medidas.
No quería matar a mi padre adoptivo, pero lo que menos quería era dejar que Riliane muriera.
Ciertamente era orgullosa y egoísta, y había estado haciendo muchas cosas horribles. Pero estaba seguro de que todo eso era sólo temporal. Cuando ella experimente el mundo como la gobernante de nuestro país y aprenda un poco más, eventualmente ella…
—Allen, ¿qué pasa? —Me dijo alguien.
Cuando levanté la vista, vi a Ney de pie ante la entrada de los cuartos de los sirvientes.
—Ney, ¿estás en descanso también?
—Sí, he terminado de ordenar después de la comida de Riliane.
—Ya veo. Mi descanso terminará pronto. Me iré primero.
—Espera, Allen —Ney me llamó. Regresé mi mitad inferior a la silla de la que había empezado a levantarme.
—¿Qué es?
—Es… sobre… Sir Leonhart…
¿Se refería a lo que sucedió antes, en la cocina?
—Eso no te concierne, Ney. En este punto, bueno… no tiene sentido preocuparse por eso. Incluso si nos enteramos de ello a través de tu testimonio, nadie está defendiendo nada contra ti.
—No es eso… es porque… escuché un rumor diferente acerca de Sir Leonhart…
—…
—Escuché una conversación entre Sir Leonhart y mi madre… fue sobre ti.
¿Mi padre adoptivo y la jefa de sirvientes estaban hablando de mí? ¿De qué podrían estar hablando?
—Tú… dices que eres el hijo adoptivo de Leonhart, ¿verdad? Así que… estaban hablando de la razón por la que te convirtió en un sirviente.
—Yo sé porqué. Sir Leonhart me lo dijo cuando vine aquí. La princesa Riliane odia a su guardia real, por lo que no les permite acercarse a ella. Así que trabajaría cerca como su sirviente, y cuando se trata de eso, podría protegerla.
Ney negó con la cabeza.
—No… No es por eso, Allen. La razón por la que te acercó a la princesa Riliane, fue… para asesinarla.
Mis pensamientos se detuvieron ante las palabras de Ney. ¿Qué… es lo que estaba diciendo ella?
—Sir Leonhart no piensa muy bien de la princesa, ¿verdad? Parece que cuando se trata de eso, él… planea… usarte, para matar a Riliane. Dijo que era por la gente.
Mi padre, Leonhart, ¿estaba tratando de matar a Riliane usándome?
—Mi madre parecía no haber sabido nada al respecto, y cuando escuchó eso, se enfadó mucho. Eso es natural, ¿verdad? … Con Sir Leonhart pensando en… algo tan terrible.
¿Estaba ella diciendo que… me habían engañado? ¿Él me había estado utilizando como un medio para su fin… desde el principio…?
Imposible. No lo podía creer.
No quería creerlo.
Ney estaba mintiendo. Seguramente, seguramente ese tenía que ser el caso.
-¿Por qué? No era como si ella tuviera una razón para mentirme.
Y mientras ella podía haber sido un chismosa, no había habido una sola vez en el cual el contenido del chisme en sí fuera falso.
—Yo… no puedo discutir este asunto con nadie más… Mi madre no me dijo nada de esto por sí misma… Oye, Allen, ¿qué debería…?
Incapaz de escuchar y esperar a que Ney terminara de hablar, salí de la habitación.

Una respuesta a “Capítulo 1, Sección 2 – La Forma de la Morada del Mal en sus Corazones; Escena 5”