Capítulo 3, Sección 1-La Reunión De Los Aliados; Escena 5

La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 208-210

 

Allen ~ En el Palacio Lucifeniano, «Campos de entrenamiento» ~

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Acababa de pasar por los campos de entrenamiento de mercenarios en las afueras del palacio.

Gast estaba rodeado por tres soldados del palacio. Estaban acumulando desprecio sobre él, mostrando abiertamente su ira.

¡Ustedes mercenarios no son más que matones dominantes, no podemos soportar esto!

¡Gracias a vosotros, los imbéciles que hacen disturbios por la ciudad, nuestra reputación como soldados de palacio está por los suelos!

¡Si tú eres el responsable, entonces debes hacer algo al respecto!

Era cierto que la ciudad estaba alborotada gracias a las acciones de los mercenarios.

Saqueos, violaciones, asesinatos… hicieron lo que quisieron hacer, usando la autoridad del palacio.

Aunque se nos llama un grupo mercenario, en realidad no somos un colectivo respondió Gast a sus burlas, con una expresión de irritación ociosa. Simplemente reúno rufianes que quieren monedas y encuentro uno que esté dispuesto a darlas. No me preocupa lo que hagan después.

Esto no hizo nada para calmar la ira de los soldados. Por el contrario, uno de ellos estaba temblando, su cara estaba de un rojo intenso.

Gast siguió hablando.

… Y, por lo que escuché de uno de los mercenarios, ya hay algunas actividades turbulentas en la ciudad. Como la gente del pueblo reuniéndose y discutiendo cosas en grupos grandes. Quizás deberían estar más vigilantes, ¿eh?

¡No he escuchado nada como eso! ¿Por qué deberíamos dar crédito a lo que dice gente como tú?

Bien, bien. Así que el famoso ejército lucifeniano tampoco es un gran problema. Con ustedes, es probable que este país no dure mucho.

¡B-bastardo! ¿¡Como te atreves a decir eso!?

Un soldado desenvainó su espada. ¡Esto era horrible, tenía que detenerlo…!

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Whumph–

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… Antes de darme cuenta, el soldado que había desenvainado su espada estaba tirando espuma por la boca al suelo.

«¿Qué? ¿Qué diablos acaba de hacer?»

Augh, ohhh dios…

Dando una mirada de soslayo a los otros dos que estaban asustados por el miedo, Gast se fue.