La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 221-223
♦ Allen, ~ en el Palacio Real Lucifeniano, «El Jardín Celestial» ~
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Ding… Dong… Ding…
Con el sonido de la campana sonando tres veces, era la hora del té.
El sol se estaba poniendo temprano por aquí últimamente. Eran solo las tres, pero ya estaba empezando a ver el crepúsculo.
Hoy el crepúsculo que conectaba noche y día parecía terriblemente rojo.
—Con ese cielo parece que el fin del mundo se está acercando —Riliane dijo al respecto mientras se rellenaba las mejillas con una galette junto al brioche extra grande que tenía para la hora del té.
«Allen, hay una cosa que te voy a decir. Este país… Lucifenia pronto será derrocada».
De repente recordé lo que había dicho Elluka antes de abandonar el reino.
Ella había dicho… que los engranajes habían comenzado a girar. Si eso era cierto, ¿eso significaba que ya no podía cambiar ese destino?
Estaba seguro de que no podía. Tal vez si Riliane sugiriera un alto al fuego con Elphegort en la reunión este mismo día, o…
Pero-
Ya no podía decir qué estaba mal y qué estaba bien.
Por Riliane. No, por mi gemela, mucha gente había perdido la vida hasta este momento.
Incluso si la guerra terminaba, ese hecho no desaparecería.
Quizás algún día llegue el momento en que ella tome su castigo.
Aun así, juré que continuaría protegiéndola. Mi miserable y solitaria Riliane.
Sí. Éramos gemelos. Si nos faltaba uno de nosotros, sin importar cuál, no habría nadie para intervenir. Tanto nuestra madre como nuestro padre habían muerto. La única familia que nos quedaba era…
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… ¿eh?
¿Era ella la que estaba sola?
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O… ¿era yo?

Una respuesta a “Capítulo 3, Sección 1-La Reunión De Los Aliados; Escena 8”