La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 223-227
♠ Germaine, ~ En el Reino de Lucifenia, «Bar» ~
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Era el mismo bar de siempre.
No había tomado nada de alcohol.
El bar estaba mucho más lleno de lo normal.
Dos hombres abrieron la puerta y entraron. Eran los mercenarios de antes, llamados Yarera y Zusco, o algo así. Como antes, estaban haciendo risitas vulgares, dirigiéndose a sentarse como si fueran dueños del lugar.
—Je je, hemos venido otra vez… ¿Qué es esto? Hoy está terriblemente lleno. Bueno, olvidalo. Hey, Zusco, tomemos un trago.
—Claro, hermano mayor… ¡Oye, mujer! ¡Tráenos un poco de vino!
Los dos se sentaron en una mesa lejos, y la camarera les trajo nerviosamente sus bebidas.
Después de un corto tiempo, comenzaron a causar revuelo, claramente de buen humor; probablemente estuvieran borrachos.
Zusco tocó a la mujer que le había llevado el vino.
—Hola, cariño, tienes un buen culo. Es un poco grande, pero así es como me gustan.
—P-por favor, detente…
La mujer había comenzado a temblar lastimosamente.
—No quieres decir «Por favor, detente», ¿verdad? ¡Quieres decir “Por favor, acosadme un poco más”! ¡Gya, ja, ja!
Se reía cada vez más baja la fuerte voz de Yarera.
Justo cuando Zusco comenzó a mover su mano hacia el pecho de la mujer,
—Esto es suficiente.
York, que estaba cerca, lo agarró del brazo.
—¿Qué, qué es esto, idiota? … ¡Gck!
York pateó a Zusco con todas sus fuerzas y lo envió volando hacia la pared.
—¡I-idiota!
Le tiré una botella de vino que tenía cerca a Yarera mientras estaba parado.
Magníficamente, la botella lo golpeó justo entre los ojos.
Me acerqué al Yarera caído y pisoteé su estómago tan fuerte como pude.
—¡Ugh! T-te arrepentirás de haber hecho esto, perra…
¡Bam!
Me arrodillé para montarlo a horcajadas, ignorando sus palabras y bajando mi puño varias veces.
Yarera, con la cara completamente hinchada, comenzó a quejarse: «P-por favor, detente…»
—No quieres decir “Por favor, detente”, ¿verdad? ¡Quieres decir “Por favor, golpeame un poco más”!
¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!
Seguí golpeándolo aún más.
—¡Tú, perra! ¡Bájate de mi hermano!
En algún momento Zusco había salido corriendo del bar y regresó trayendo de vuelta a algunos de sus aliados. Seis personas, incluido Zusco. Probablemente eran todos mercenarios.
—Me niego.
Seguí golpeando a Yarera sin hacerles caso.
—¡I-idiota! ¡Somos los seis contra vosotros dos! ¡No ganarás! —gritó Zusco.
Me puse de pie y murmuré, mirando a los mercenarios: «No somos solo dos».
Mi voz actuó como una señal, todas las personas en el bar se pusieron de pie y rodearon a los mercenarios.
—¿Q-qué está pasando…?
—Te enfrentas a todas las personas que hay aquí.
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Mucha gente se había reunido en la plaza Milanais fuera del bar. La gente que estaba dentro se dirigió afuera para unirse a ellos.
—¿Qué debemos hacer con estos? —preguntó Marc, señalando a los mercenarios atados.
—Envuélvelos y tíralos al río.
Me paré frente a la gente reunida y levanté mi espada hacia el cielo.
Comenzaron a animar.
—¡Todos! ¡El momento ha llegado!
Cuando levanté la voz, los vítores se hicieron aún más fuertes.
—¡Todo este tiempo hemos seguido sufriendo! ¡Por los nobles! ¡Por esa abominable princesa! ¡Pero todo termina hoy! ¡Hoy es el final y el comienzo de todo! ¡Todos! ¿Todos ustedes tienen el coraje de luchar?
—¡SÍÍÍ!
—Vuestros escudos, ¿para qué son?
—¡Para proteger a nuestras amadas familias!
—Vuestras armaduras, ¿para qué son?
—¡Para proteger la verdadera paz en este país!
—Vuestras espadas, ¿para qué son?
—¡Para derrotar a la Hija del Mal!
—¡Vamos! Mis camaradas, ¡ha llegado el momento de la revolución!
—¡SÍÍÍÍÍ!
Los vítores se hicieron notablemente más fuertes. Y entonces…
La revolución comenzó.

Una respuesta a “Capítulo 3, Sección 1-La Reunión De Los Aliados; Escena 9”