La Hija del Mal: Wiegenlied de Verde, páginas 109-115
🍀 Michaela ~ El País de Elphegort, “Aldea de Yatski/Casa de Clarith” ~
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El funeral de la madre de Clarith fue extremadamente simple.
Clarith y yo fuimos las únicas presentes. Después de que el sacerdote dijo algunas oraciones, la pusieron a descansar en un cementerio público.
Clarith no lloró. Ella solo mantuvo los ojos bajos, mordiéndose el labio.
—… ¿Qué vas a hacer ahora?
Finalmente dije eso, después de preguntarme todo el tiempo qué debería decir.
—… No lo sé —murmuró Clarith en un suspiro, agachada y apoyada pesadamente contra la pared de su casa.
Su espalda parecía aún más pequeña de lo normal. Hasta el punto en que pensé que podría desaparecer en cualquier momento.
No sabía qué tipo de circunstancias tenía, pero esa mujer había criado a Clarith como suya a pesar de que no tenían relación de sangre, con Clarith siendo una Netsuma. Clarith estaba afligida porque había perdido a la única familia que tenía. Sin embargo, no sabía en qué medida.
Su cama, sus ingredientes, sus accesorios… Dentro de la casa todavía quedaban signos de que su madre había vivido allí. Tenía que pensar que vivir en esta casa con eso que todavía tenía su aroma debía ser muy difícil para Clarith. Me preocupé por si ella, frágil como era, seguiría viviendo o no mientras se aferraba a esa sensación de pérdida.
—Hey, Clarith. Si está bien, me gustaría hablar contigo…
Decidí ser audaz y romper el hielo. No sabía cómo respondería ella a mi sugerencia. Pero por como iban las cosas ahora, sabía que la realidad la aplastaría, ¿no? … No pude evitar preocuparme por eso.
—¿Quieres dejar este pueblo conmigo?
Por un momento, la expresión en el rostro de Clarith se volvió más animada. Estaba extremadamente sorprendida, traicionando el hecho de que ella nunca había considerado tal cosa.
—¿Vendrías a Aceid y comenzarías una nueva vida conmigo? Creo que con un cambio de escenario, no lo sé… tus penas quizás se desvanecerían, por lo que podrías ver muchas otras cosas.
Tal vez la conversación fue un poco forzada. Incluso habiéndolo dicho yo misma, pensé que era una especie de lógica forzada.
La verdad era que no podía quedarme aquí para siempre. Como sabía que había un “Contenedor del Pecado Capital” en Aceid, tuve que comenzar a moverme más fervientemente para recogerlo. Ya había pasado más de medio año desde que me había separado de Elluka y Gumillia.
Me sentí un poco incómoda al involucrar a Clarith en mis propios objetivos, pero aun así no podía dejarla aquí sola.
—Dejar el pueblo ¿eh? … Supongo que estaría bien. Podría vivir contigo en Aceid y luego volver a servirte de contraste.
—… ¿Eh? ¿De qué estás hablando?
—Chelsea me dijo algo. Ella dijo que solo has estado a mi lado para hacer que tu propia belleza sea más prominente. Y para apelar a tu propia amabilidad, tratando a un Netsuma sin discriminación.
Me quedé sin palabras ante la confesión de Clarith. ¿Realmente me miraban de esa manera?
—Naturalmente, pensé que era solo una conjetura de la propia Chelsea. Pero, Michaela, ¿puedes decir honestamente que eso no tiene sentido? ¿De verdad, desde el fondo de tu corazón?
Clarith estaba sonriendo con sus modales anteriores. Pero no era su sonrisa amable habitual, era una sonrisa abyecta que parecía reprenderme y, más que nada, reprenderse a sí misma.
—Tienes un aspecto encantador. Tienes una sonrisa despreocupada. Tienes una voz clara y hermosa. Tienes una personalidad que alegra a todos los que te rodean. Tienes todo lo que me falta. Me ha alegrado que alguien como tú fuera amable conmigo, pero siempre me he preguntado por qué. —Clarith se levantó y agarró mi solapa. Sus ojos se veían aún más rojos que de costumbre— Simplemente lo estás haciendo por simpatía, ¿verdad? Simplemente estás satisfaciendo tu propia vanidad con lástima por mí, porque soy muy inferior a ti.
—… No.
—Pero había pensado que podría estar bien con eso. No importaba que fuera usada por ti, quería estar a tu lado…
—Clarith.
Me tragué las mil palabras que daría para resolver este malentendido. Tenía demasiadas cosas que decir para transmitir lo que sentía ahora, e incluso si las decias, sabía que Clarith solo las escucharía como excusas.
En cambio, la abracé. Más firme que nunca antes. Por un momento se comportó como si pudiera resistirse, pero luego perdió rápidamente toda su fuerza y se rindió.
Podía escuchar los latidos del corazón de Clarith. Y seguramente ella podía escuchar lo míos. Una vez hecho esto, estaba segura de que podríamos hacer comprender nuestros sentimientos mutuos.
—Hey, Clarith. Me gustas.
Ella no dijo nada en respuesta. Pero en el perfil de su rostro, su miseria de hace un momento había desaparecido.
—No importa lo que digan, para mí eres una persona maravillosa. Más que nadie, más que nadie en el mundo —le dije.
Cuando lo hice, Clarith gradualmente cerró los ojos. Cuando los abrió de nuevo, estaban llenos de grandes lágrimas.
Por un corto tiempo después de eso, Clarith continuó llorando en mi pecho. Ella no dijo nada, solo se apoyó contra mí y sollozó para dejar salir todo.
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—Aquí, sécate los ojos con esto.
Suavemente le tendí un pañuelo a Clarith cuando finalmente se calmó.
—… Gracias, Michaela. Verdaderamente, gracias. —Después de limpiar todo rastro de lágrimas de su rostro, luego me preguntó— Me gustaría ir a Aceid, pero… ¿qué haríamos después de eso?
—Bien, aún no lo sé. Pero todavía tengo dinero, así que no importa qué vida tengamos, estaremos bien. Mientras esté contigo.
—Eres tan fuerte como pensaba, Michaela. Nunca he hecho nada más que trabajo de campo… estoy realmente nerviosa. —Se quejaba, pero de todos modos tenía una sonrisa en su rostro— Pero estás en lo correcto. Estaremos bien. Mientras esté contigo, puedo superarlo. Incluso yo… debo volverme fuerte.
Acercamos nuestros rostros y las dos sonreímos. Teníamos muchas esperanzas y ansiedades hacia una nueva vida. Compartimos esos sentimientos, juntas.
Fue en ese momento. La puerta de la casa se abrió de repente.
—¡Clarith! ¡Michaela! ¿¡Están aquí!?
La voz que entró fue la de Ayn.
—¿Ayn? ¿Qué pasa?
Ayn estaba luchando por decir algo, mientras respiraba con dificultad. No sabía si eso era porque estaba sin aliento por haber corrido hasta aquí, o si era porque estaba dudando sobre que decir.
—¿Ha pasado algo?
—Eugen ha sido asesinado. Mi padre ha estado insistiendo en que Clarith lo mató. Algunos de los muchachos se están reuniendo para arrestarla, ¡salgan de aquí ahora!
Cuando entendí el significado de lo que Ayn estaba diciendo, entré en pánico.

Una respuesta a “Capítulo 2, Sección 2 – La Doncella del Árbol y la Hija de Blanco; Escena 5”