Capítulo 3, Sección 1 – El Vals de la Diva, Escena 1

La Hija de la Mal: Wiegenlied de Verde, página 122-133

 

🍀 Michaela ~ El país de Elphegort, «Districto Central de Aceid/Posada» ~

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Aceid era la ciudad más grande de Elphegort. También era la capital. Elphegort se dividió en cinco distritos: este, oeste, norte, sur y centro. Laz personas se reunian en el distrito central. Era normal hacer transacciones comerciales en el distrito sur, que tenía un camino que lo atravesaba y conducía al Reino de Lucifenia, por lo que había muchos puestos alineados en él. Los distritos occidental y norte estaban llenos de vecindarios para ciudadanos y nobles relativamente ricos. Había mucha gente pobre en el distrito oriental, era un lugar tan problemático que el ciudadano promedio casi nunca iba allí.

Clarith y yo nos estábamos hospedando en una pequeña posada en el distrito central. La señora de la posada era la partera que había ayudado a Ayn a nacer, y nos permitía vivir allí con su buena voluntad. Después de enviarnos allí, Ayn se dirigió a Toragay, donde se encontraba la mansión del conde Felix.

—Ese travieso niñito realmente se ha convertido en un buen joven —dijo el dueño de la posada, frotándose la cabeza calva y mirando a Ayn irse. Al parecer, la madre de Ayn había muerto cuando él era bastante joven, por lo que la señora de la posada había actuado como una figura materna para él.

Habían tomado nuestro pago por el alojamiento por negocios, pero nos acogieron con bastante alegría. Como ambos eran inmigrantes, es decir, no Elphes, miraron a Clarith sin prejuicios.

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Estábamos bebiendo té una noche en el vestíbulo, alrededor de una semana después de que empezaramos a vivir en la posada.

—Como se esperaba, es muy difícil para los inmigrantes hacer negocios en este país —se quejó la señora mientras contaba los ingresos de la posada.

—Sin embargo, hay personas como el Sr. Keel que tienen éxito a pesar de ser inmigrantes. Creo que es solo una cuestión de conocimiento del negocio —respondió el viejo. Parecía que la posada no estaba obteniendo muchas ganancias.

—El Señor Keel es el que vive en la gran mansión en el distrito norte, ¿verdad?

—Oh, estás bien informada, ¿eh? ¡Sí, para los inmigrantes como nosotros, ese hombre es como un rayo de esperanza!

El anciano pareció contento de que le preguntaran sobre una persona que respetaba y me contó varias cosas sobre él.

Entre todas las personas que hacían negocios en este país, es decir, en toda la región de Evillious, no había nadie que no conociera el nombre de Keel Freezis. La compañia Freezis que administraba era una gran empresa que tenía sucursales en Lucifenia, Marlon, Divina Levianta y, por supuesto, Elphegort también.

Aún más, debido a que tenía un control de toda la información beneficiosa bajo la asociación comercial realizada por su unión con otras empresas, también tuvo éxito en obtener grandes ganancias. Su autoridad incluso llegó a la realeza de varios países; debido a la compra de un rango en la corte, recibió una influencia política que rivalizaba con la de la aristocracia, o incluso mayor.

Se dice que Keel era originalmente un ciudadano de Marlon nacido en el país insular de Marlon, y cuando era joven tenía sus manos en negocios considerablemente torcidos. Debido a esto, su vida terminó siendo objetivo de varias personas, y por su propia seguridad huyó a Elphegort con su novia.

Dicha novia era la actual Madame Freezis.

—Tienen tres hijos, y mi esposa ayudó con el nacimiento de todos ellos. Hoy en día, el Sr. Keel es el mayor comerciante de Elphegort y de toda la región de Evillious. Incluso su mansión es un edificio de varios pisos, más grande que la mayoría de las casas de los nobles menores, como un palacio.

El viejo orgullosamente comentó al respecto como si estuviera hablando de sí mismo.

—Con una mansión tan grande, probablemente tenga muchos sirvientes. … -¡Eso es!

—¿Hm? ¿Llegaste a un plan eficaz para hacerte rica, pequeña señorita?

Las palabras que él había dicho en voz alta inadvertidamente me habían llevado a una idea brillante. Cuando hablé, el viejo se burló un poco inquisitivamente. Tenía la costumbre de conectar todo a los negocios, y como era de esperar, me di cuenta de que realmente no estaba prestando atención a las palabras de una «pequeña señorita» como yo.

La gerencia de la posada aparentemente no era tan buena, así que yo también estaba empezando a preocuparme un poco por el dinero. El efectivo moderado que había recibido de Elluka había comenzado a agotarse, y gracias a la huida del pueblo, no teníamos nada que pudiéramos vender. Necesitábamos un poco de empleo, y rápido.

Fuimos persistentes, pero esta posada no tenía los medios para contratar a nadie, y gracias a la influencia de las malas cosechas de este año, toda la ciudad estaba en un mal estado económico. En todos los lugares en los que buscamos, no había nadie que contratara a un Netsuma como Clarith. Queríamos trabajar juntas si era posible, pero en nuestra situación actual, a punto de quedarnos sin recursos para cuidarnos, era posible que no pudieramos hacerlo. El viejo posadero era un buen hombre, pero cuando se trataba de dinero era bastante estricto. Si no pudiéramos pagar nuestra tarifa de alojamiento, nos echaría sin piedad. Y aún peor, tendría que ir a trabajar sola.

—Oye, ¿se sabe si ellos han estado buscando nuevos sirvientes para la mansión?

En cualquier caso, necesitaba investigar a Keel por mi búsqueda de los «Contenedores del Pecado Capital». Si pudiera entrar allí como sirvienta, mataría a dos pájaros de un tiro.

—Así es, has estado buscando un trabajo como ese, ¿no?

—Un sirviente del Sr. Keel vendrá mañana, ¿podría preguntarle por usted? —Llegó la feliz propuesta de la señora, escuchando la conversación mientras contaba las monedas.

Como me dijeron, en esta posada comerciaban con plumas negras de pájaro Rollam en su tiempo libre, así que cada mes un criado de la mansión venía a comprarlas. No tenía buenos recuerdos del pájaro negro Rollam, pero parecía que en Elphegort sus plumas eran un bien precioso, y entre otras cosas solían hacer bolígrafos con ellas.

—¡Me gustaria mucho! ¡Gracias!

—Ja, ja, puedes agradecerme después de que te hayan contratado.

Keel y su esposa no eran Elphes, así que si las cosas salían bien, estarían dispuestos a contratar a Clarith conmigo. Cuando caminé ágilmente a nuestra habitación al ver ese rayo de esperanza, Clarith ya estaba durmiendo en la cama. Parecía estar agotada por caminar buscando trabajo todos los días. Decidiendo que hablaríamos de eso cuando se despertara a la mañana siguiente, me quedé dormida.

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El que llegó a la posada al día siguiente no era un sirviente, sino Madame Freezis.

Sin conocer su rostro, naturalmente me llenó de admiración pensar que incluso una sirvienta de la casa Freezis era tan elegante y refinada.

—He venido a recibir sus productos hoy. Todos los demás están demasiado ocupados para venir aquí —explicó la señora con voz digna, sentándose en silencio cerca del mostrador de recepción. Muy nerviosa ante este inesperado invitado, después de ordenarme que hiciera un poco de té, la señora de la posada se apresuró al almacén.

Sin querer, le eché una mirada larga y dura a su rostro mientras le llevaba el té. Ella tenía un aire extremadamente inaccesible, claramente diferente al de la gente del pueblo. Había oído que la señora era un noble prominente en Marlon, y que incluso ahora que era la esposa de un comerciante, no había perdido esa alta mentalidad.

—… ¿Te interesa mi cabello rojo? —Dijo la esposa después de beber un sorbo de té, sonriendo.

—Ah–… lo siento por mirar…

Ella no cambió su sonrisa ante mis muecas. Tenía que estar acostumbrada a que la miraran.

—Ja, ja, está bien. Me imagino que es raro ver a alguien que no sea de pelo verde en este país.

—No, eso no es. Es solo que eres muy encantadora… Me encantaste.

—¿Oh? Me alegro. Gracias. Pero eres mucho más hermosa que yo. Tanto que me sorprendió la primera vez que te vi. Tu voz también es encantadora.

— Gracias… Uhm, tienes mi gratitud por el cumplido.

—Ho, ho. No tienes que ser tan formal. Por la apariencia de tu cabello, eres una Elphe, ¿no? No pareces ser un pariente de la pareja que dirige este lugar. Y… tienes un aire extraño a tu alrededor. Se siente algo así como que eres algo más allá de este mundo transitorio.

Quizás cuando te conviertes en la esposa de un comerciante, te vuelves mejor leyendo a la gente. Ella no podría haber visto a través de mí, que originalmente era un espíritu, pero de todos modos estaba un poco alarmada.

—Debido a algunas circunstancias, tuve que quedarme aquí por un tiempo.

—Ya veo. Debe ser duro, siendo tan joven.

Ella misma parecía ser bastante joven. Debería ser de mediana edad por lo que había escuchado de su historia personal, pero debido a su rostro juvenil, no podía medir realmente cuántos años tenía.

—Yo misma lo tuve difícil cuando era más joven. El período posterior a mi primera visita a este país fue especialmente difícil.

—Sí, Elphegort puede ser un país bastante duro para los inmigrantes, ¿eh? Es sorprendente que, a pesar de todo, la firma Freezis haya tenido tanto éxito que hoy en día no haya nadie que no la conozca. La mansión de Lord Keel es tan grande que incluso desde lejos la puedo ver.

Indirectamente saqué el tema de su mansión. No confiaba en mis habilidades de conversación, pero valió la pena intentarlo.

—Gracias. Pero el hecho de que la mansión sea grande es un problema en sí mismo… Varios de mis sirvientes más veteranos han renunciado recientemente, y me faltan manos de una forma u otra… Es un poco vergonzoso, pero es por eso que vine aquí hoy.

—Así que así es, ¿eh…?

Su rostro sonriente, ligeramente preocupado, parecía el de una niña más joven de lo que se suponía que era.

Aun así, que estuvirtan cortos de sirvientes era una buena noticia.

—Um, si está bien para usted… yo y otra persona estamos buscando trabajo en este momento…

La señora apoyó la barbilla sobre sus manos con los dedos por el rabillo del ojo, su expresión se volvió seria, tal vez por haberse dado cuenta de la intención detrás de la conversación.

—Ya veo. Y… ¿te preguntas si estaría dispuesta a contratarte?

—Sí…

La señora me miró de pies a cabeza, como si me estuviera evaluando. Empecé a ponerme nerviosa, me temblaban las manos.

—Dijiste que había otra persona. ¿Quién es?

—Ella está fuera ahora… aunque creo que volverá en breve.

Justo antes de que terminara de hablar, se abrió la puerta de entrada. Era Clarith. Cuando vi su expresión desanimada, supuse que tampoco había encontrado trabajo hoy.

Antes de que Clarith pudiera intentar decir algo al ver a la señora allí, ella se levantó y se acercó a Clarith.

—¿Es esta chica la otra persona? ¿Sois las dos amigas?

—Uh, erm, sí.

Dominada por la mirada aguda de la señora, Clarith comenzó a retroceder. Cada vez que se acercaba, Clarith simultáneamente daba otro paso atrás. Si continuaban así, terminarían saliendo justo fuera de la posada.

—Cabello blanco y ojos rojos… Ua Netsuma, ¿eh? La primera vez que he visto uno.

Ante esas palabras, los pies de Clarith se detuvieron repentinamente. La esposa le sonrió tranquilizadoramente, y luego se volvió para sentarse una vez más en su silla.

—… Ahora que lo pienso, aún no he escuchado sus nombres, ¿verdad?

—M– mi nombre es Michaela. Y esta es Clarith.

Clarith llegó tímidamente a mi lado y me miró con una expresión inquisitiva.

—Ese es un buen nombre. Muy bien, te dejaré trabajar en la mansión. Pero solo a ti, Clarith.

Una vez más tomé el aliento que había dejado escapar.

—Uh, pero es que… queríamos trabajar juntas…

—¿Quieres trabajar felizmente con tu amiga? El trabajo no es tan fácil como eso.

—Pero… ¿Por qué no me contratas también?

—Porque odio a los Elphes.

Una frase increíblemente contundente y simple. Mientras hablaba, por un momento pareció mirarme con los ojos llenos de ira.

—… Eso es solo una broma. En este país hay muchas personas que no pueden trabajar solo porque son extranjeros, aún menos los Netsumas. Con el fin de ayudarlos aunque sea un poco, contrato a esas personas como sirvientes en mi propia casa. Michaela, eres una Elphe. Así que creo que encontrarás otros medios de empleo. Y… —La señora dejó escapar un suspiro y luego volvió a mirarme. Clarith hizo una mueca de ansiedad, como si finalmente comprendiera la situación—. Eres demasiado hermosa. Contigo a su lado, mi esposo podría tener la tentación de engañarme. Y, aunque esto es poco más que mi intuición… Siento que podrías traernos problemas innecesarios.

Sus ojos eran muy serios. También me vino a la mente algo, porque tenía todo el problema con los «Contenedores del Pecado Capital», no podía refutar su afirmación.

En ese momento, conmigo en silencio, Clarith se adelantó como si tratara de protegerme e inclinó la cabeza profundamente.

—¡Espere, por favor! ¡Por favor, deje que Michaela trabaje conmigo!

—Seguramente has sufrido a manos de Elphes, ¿no? ¿Por qué la estás apoyando?

La esposa hizo una expresión incrédula. Ella había evadido el punto antes, pero estaba segura de que su declaración de odiar a los Elphes era de hecho la verdad.

—Es cierto que he sido continuamente oprimida por el pueblo Elphe. Pero ella… Michaela me ha tratado con amabilidad. Estoy realmente agradecida hacía ella.

—Sin embargo, y ya te lo dije antes, sabes que jugar con amigos no es apto para el trabajo, ¿verdad?

—¡Sé que lo que digo es egoísta! Pero… —Clarith continuó su súplica con un tono que era más claro de lo que había escuchado de ella hasta ahora, con su cabeza inclinada. Y finalmente, murmuró, como si reflexionara— Quiero quedarme con Michaela todo el tiempo que pueda…

Clarith siguió bajando la cabeza aún más, y bajé la cabeza para rogar con ella. Después de un pesado silencio, la señora habló como si levantara la cabeza.

—… Entiendo. Dejaré que las dos vengan a la mansión. Pero te advierto, el trabajo en la casa ciertamente no será un placer pausado…

Antes de que la señora pudiera terminar de hablar, Clarith levantó la cabeza con una sonrisa que ocupó toda su cara y me abrazó.

—¡Gracias a dios! ¡Podemos trabajar juntas, Michaela!

—¡Clarith…!

Le devolví el abrazo a Clarith, cada una de nosotras compartiendo nuestra alegría.

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Y entonces Clarith y yo decidimos trabajar en la finca Freezis. Para las sirvienta había residencia, así que empacamos las pocas posesiones que teníamos y salimos de la posada.

—Vamos, Michaela —dijo Clarith, apretando fuertemente mi mano.

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