Capítulo 3, Sección 1 – El Vals de la Diva, Escena 3

La Hija del Mal: Wiegenlied de Verde, página 140-144

 

🍀 Michaela ~ El País de Elphegort, «Finca Freezis/Jardín» ~

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Después de la cena, esperé a Clarith frente a la fuente en el jardín.

El jardín de esta mansión tenía muchas de las plantas favoritas de la Sra. Freezis plantadas en él; En este momento el paisaje estaba un poco desolado, pero una vez que se calentara, todo florecería.

Después de esperar un poco, frotándome las manos agrietadas, Clarith llegó en un estado agobiado.

—¡Lo siento! La señorita Yukina no podía dormir…

—Está bien. Gracias por venir.

—¿Tenías frío? ¿Te sientes más cálida así?

Habiendose sentado, Clarith procedió a apoyarse en mí. Ante su rostro sonriente, también de repente esbocé una sonrisa.

El trabajo estaba ocupadonos durante el día, y había tanta gente en las habitaciones que los sirvientes compartían entre sí que era increíblemente incómodo. Así que Clarith y yo nos reuníamos en el jardín después de la cena todos los días. No hacíamos nada en particular, solo nos contábamos chismes casuales. Clarith hablaba sobre las bromas desagradables de Yukina y las cosas que había escrito. La visión de Clarith felizmente hablando de algo relacionado con una persona fuera de mí era algo que nunca había visto en el pueblo.

—Y la historia que hizo la señorita Yukina fue muy interesante. ¡Que ella pueda escribir algo así con tan solo nueve años! Creo que ella tiene un don natural.

Estaba claro que la Clarith de ahora no podía ser comparada con la de la aldea. Ella sonrió más y, tal vez porque también se había vuelto mucho más expresiva, se veía más hermosa y vibrante que cuando la conocí.

—Esta vez se habla de convertir la historia que ha escrito en un libro. Por supuesto, eso sería con la ayuda de Lord Keel, pero creo que será absolutamente popular.

Al ver a Clarith hablar alegremente sobre nada más que Yukina, me alegré pero al mismo tiempo también me sentí un poco sola. Tal vez de alguna manera pensé que Clarith siempre me miraría solo a mí, para siempre.

—… ¿Michaela? ¿Estás molesta por algo?

Parecía que sin darme cuenta, mis sentimientos se manifestaron en mi expresión. Me sentí un poco avergonzada de sentir envidia de una niña de nueve años.

—Jaja. No te preocupes. Siempre serás mi número uno, Michaela. —Clarith se acercó aún más a mí. Hasta el punto en que podía escuchar sus latidos—. Hey, Michaela, esa canción que cantaste en la colina esa vez fue muy bonita. Me gustaría escucharla de nuevo.

—… Claro, no me importa. Pero nos regañarán si canto demasiado alto, así que esta vez lo haré más suave.

Tomé el aire frío de la noche y canté la «Nana Mecánica», mientras Clarith escuchaba hechizada.

Además de como un medio para buscar los «Contenedores del Pecado Capital», me gustaba cantar. Cuando canto, mi estado de ánimo se dispara, y me olvido de mis dificultades con el trabajo.

Mientras cantaba, la nota discordante que mostraba dónde se encontraba el «Contenedor del Pecado Capital» me regresó.

Poco después de llegar a la mansión pude saber dónde estaba el contenedor. Era una de las piezas que dormía en la preciada colección de Lord Keel. Habiendo llegado tan cerca pude sentirlo incluso sin cantar.

Pero el área de almacenamiento estaba cerrada con seguridad, y a los sirvientes menores ni siquiera se les permitía acercarse. Como no me parecía que alguien en la mansión estuviera bajo ninguna influencia maligna, pensé que primero debía encontrar algún medio para ponerme en contacto con Elluka en Lucifenia.

Cuando terminé de cantar, escuché aplausos detrás de mí. Clarith y yo nos dimos la vuelta, y allí estaba Lord Keel.

—Bravo. Eso fue asombroso, Michaela. No tenía idea de que tenías una habilidad tan especial.

Divirtiéndome tanto cantando, debí haber cantado más fuerte sin darme cuenta. ¿Había llegado a la habitación de Lord Keel? Sin embargo, Clarith no había dicho nada al respecto.

—¡Lo lamento muchísimo! No quise ser tan ruidosa a esta hora de la noche…

—Oh, no, no me importa. Por cierto, ¿te gusta cantar, Michaela?

—Uh, erm, sí.

Le di una mirada de soslayo a Clarith, y ella miraba entre Lord Keel y yo con una expresión de desconcierto.

—Ya veo. Bueno, ¿qué tal si cantas durante el día de mañana?

—¿Eh?

—Haré que tomes lecciones de canto. Agudizaremos tu habilidad aún más.

—¿Qué quieres decir?

—Lo sabrás eventualmente. Vamos, hace bastante frío. Regresa a tus habitaciones por ahora. Buenas noches.

En su expresión, Lord Keel tenía la misma sonrisa que siempre hacía, pero sus ojos parecían estar tramando algo.

Y así, después de medio mes, terminé mostrando mi canción ante una gran multitud de personas.

Capítulo 3, Sección 1 – El Vals de la Diva, Escena 2

La Hija del Mal: Wiegenlied de Verde, página 133-140

 

🍀 Michaela ~ El País de Elphegort, «La Finca Freezis» ~

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Después de un período de aprendiz de un mes, me convertí en una sirvienta menor sin problemas, y me asignaron la tarea de lavar la ropa de los sirvientes que trabajaban en la mansión.

Ahora era un momento especialmente frío, incluso para el clima frío de Elphegort. Naturalmente, el agua de la lavandería estaba casi helada al tacto. Exhalé sobre mis manos entumecidas para calentarlas, mientras la sirvienta mayor, que estaba lavando la ropa como yo, reía de que «me contrataran en un mal momento».

Cuando hubo terminado un tercio de todo, Clarith llegó con una canasta llena de ropa de niños.

—Clarith, ten cuidado. El agua está bastante fría —le advertí.

Sin embargo, cuando descuidadamente sumergió sus manos en el agua y dio un pequeño grito, todos en la lavandería se echaron a reír.

—Intenta no resbalarte y caerte al agua, ¿de acuerdo? Podrías morir, ¿eh? —Bromeé, Clarith devolvió una sonrisa mientras se frotaba las manos.

A diferencia de los sirvientes normales, Clarith asumió un papel ligeramente especial. Ella era la criada exclusiva de la querida hija del Sr. y la Sra. Freezis, Yukina Freezis. La joven señorita Yukina acababa de cumplir nueve años, por lo que era muy inocente y, aparentemente, no causaba problemas a los criados con sus bromas. Le gustaba leer, y en particular le gustaba escribir sus propias historias (y parecía que las plumas negras de los pájaros Rollam eran su instrumento de escritura favorito), por lo que a veces buscaba opiniones de los sirvientes. Pero entre el personal aquí había pocos que podían leer, y aquellos que podían estaban a menudo demasiado ocupados como para dejar su trabajo.

A pesar de que Clarith había sido granjera, podía eer. Ella me dijo que su madre le había enseñado cuando era joven. La joven señorita Yukina estaba muy unida a Clarith, ya sea porque sabía leer y escribir o porque le gustaba su cabello blanco y sus ojos rojos, algo poco común en Elphegort.

Por esa razón, Clarith había terminado siendo confiada con Yukina. Con sus padres comprometidos con el cuidado de sus hijos más pequeños, para la solitaria Yukina Clarith se había convertido en su compañera de juegos. Clarith también parecía haber terminado disfrutando de su papel.

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—Michaela, Clarith. ¿Tienen un momento?

La sirvienta principal Gerda nos había convocado mientras estábamos secando la ropa húmeda.

—El Conde Felix llegó hace un momento. ¿Pueden atenderlo?

—¿Nosotras?

Normalmente era el mayordomo, Bruno, quien estaba a cargo de atender a los invitados, pero se había dirigido al Reino de Lucifenia anteayer como asistente del Sr. y la Sra. Freezis. Había oído que la fiesta de cumpleaños de la princesa lucifeniana estaba en marcha.

—Pero debería haber varios otros sirvientes de mayor rango que podrían hacer el trabajo en su lugar. ¿Porque nosotras?

—El conde lo pidió. ¿Sois conocidas de él? —nos preguntó Gerda, con una expresión curiosa en su rostro.

El Conde Felix era el dueño de la tierra en la que estaba el pueblo de Yatski, así que naturalmente sabíamos su nombre. Pero en realidad nunca lo habíamos conocido, y no parecía probable que él supiera de aldeanos como nosotras. Mientras estábamos desconcertadas, nos enseñaron la forma en la que debíamos atenderlo, y luego tomamos la bandeja con los utensilios para el té.

—Lord Keel volverá pronto, así que os lo dejo hasta entonces. No arruines esto —nos indicó.

Aun así, esta era mi primera experiencia atendiendo a alguien. Estaba nerviosa, pero abrí la puerta del salón y entré. Dentro había un refinado hombre de mediana edad con el vello facial rizado sentado, que parecía estar hablando de algo con un joven que estaba esperando a su lado.

—Perdón, señor. Hemos traído algunas bebidas y pasteles para el té. El amo regresará en breve, así que por favor espere un poco más.

Puse la vajilla sobre la mesa teniendo cuidado de no hacer ruido y vertí el té. En el momento en que Clarith estaba dejando los pasteles del té detrás de mí, dejó escapar un pequeño jadeo de sorpresa.

Levanté la cabeza, pensando que había cometido algún tipo de error, y fue entonces cuando mis ojos se encontraron con el joven que estaba de pie junto al conde.

–Y solté un grito sin pensar.

—¡¿Ayn ?! ¿Qué estás haciendo aquí?

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Poco después de que Lord Keel regresara a la mansión, Clarith, Ayn y yo fuimos expulsados del salón para que pudieran tener una discusión importante.

—Escuché del viejo que dirigía la posada que ustedes dos vinieron a trabajar aquí. Entonces le pregunté al Conde Felix si me dejaría venir, y lo hizo. Estoy muy aliviado de ver que ustedes dos están bien.

Ayn nos sonrió con la misma sonrisa despreocupada de sus días en el pueblo.

—¿Qué estás haciendo ahora, Ayn? ¿Cómo han ido las cosas en el pueblo…?

—Mi padre ha sido arrestado. Otra persona está actuando como jefe en este momento, creo. No he vuelto a la aldea desde entonces, así que no lo sabría decir.

—¿No has vuelto?

—Sí. Me postulé ante el Conde Felix y actualmente estoy sirviendo en el ejército de Elphegort.

—¿El ejercito?

Incluso Clarith, que se había estado escondiendo detrás de mí y en silencio hasta ahora, parecía estar sorprendida por eso.

En el pueblo, Ayn solo había mostrado la imagen de alguien que cuidaba del ganado, pero parecía que, en verdad, siempre había querido trabajar para proteger algo. Nos dijo que de vez en cuando recibía entrenamiento con espada de Eugen.

—Es mi sueño convertirme en un increíble espadachín como Leonhart Avadonia o Gast Venom algún día. … Y también pensé en volverme más fuerte para matar a mi padre y a Eugen. Para proteger a alguien que aprecio.

—Alguien a quien… ¿aprecias?

Ayn entrecerró los ojos un poco avergonzado. Parecía no mirarmea mí, sino un poco detrás mía.

El mayordomo Bruno abrió la puerta del salón. Parecía que la conversación había terminado.

—Ya veo. Parece que los activos de Lucifenia son bastante importantes.

—En efecto. Probablemente fue para mostrar su autoridad, pero me sorprendió bastante cuando sacaron ese gran castillo hecho de dulces.

—Por otro lado, la población sufre de pobreza, ¿no es así?

—Sí. El efecto de sus malas cosechas es aún peor allí que en Elphegort.

—Es así… Bueno, es muy importante que haya podido tener esta valiosa conversación hoy. Gracias, señor Keel.

Cuando los vimos salir de la habitación, los tres nos enderezamos. Luego vimos a la pequeña señorita Yukina corriendo en su dirección desde el otro lado tan rápido como pudo.

Yukina voló a toda velocidad sobre el pecho de Lord Keel, con todas sus fuerzas.

—¡Grk–!

—¡Papi! ¡Eres malo!

La cabeza de Yukina dio un golpe limpio en su estómago. Aun así, Lord Keel de alguna manera logró sonreír, reajustando sus lentes y acariciando suavemente su cabeza.

—¡Hmph, tenías que venir a verme primero cuando volvieras a casa!

—Lo siento mucho, Yukina. Mi trabajo ha terminado, ¿qué tal si vamos a leer un libro juntos?

El Conde Felix miró con cariño la vista del padre y la hija Freezis.

—Parece que incluso el mundialmente famoso Keel Freezis pierde es débil ante su hija.

—Me encuentro a avergonzado. Para mí, mi propia hija es una enemiga más formidable que la «Hija del Mal» de Lucifenia.

El Conde Felix se rió a carcajadas por la forma de hablar de Lord Keel. Luego habló con Ayn, comenzando a caminar hacia el vestíbulo.

—¡Ah, eh, Ayn!

De repente, Clarith salió corriendo detrás de mí para perseguirlo, gritando en voz alta.

—¡Gracias por salvarnos en ese entonces! ¡Muchas gracias!

Ayn agitó levemente su mano sin mirarnos, y se fue junto con el conde.

No podía distinguirlo fácilmente desde tan lejos, pero parecía estar llorando, secándose los ojos.