Capítulo 3, Sección 2 – Las Dificultades de los Sentimientos; Escena 9

La Hija del Mal: Wiegenlied de Verde, página 207-210

 

🍀 Michaela ~ El país de Elphegort, «Bosque del Árbol del Milenio» ~

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El lugar al que fuimos después de salir de la aldea era mi lugar de nacimiento, el Bosque del Árbol del Milenio.

Cuando nos detuvimos para escondernos poco después de entrar al bosque, Ayn llegó. No pudimos ocultar nuestra sorpresa ante su inesperada velocidad.

—¿Cómo lo hiciste? Te enfrentaste a muchos soldados.

—Conozco algunas contramedidas para lidiar con la caballería. Sus caballos tienen movilidad, pero no pueden manejar curvas cerradas. Si eres capaz de hacer que el caballo se caiga, entonces cualquiera que cabalgue en él también será derribado. … En otras palabras, corté los tendones del caballo. —Ayn habló un poco triunfante, luciendo positivamente confiable—. —He conseguido algo de tiempo, pero… incluso eso podría no ser suficiente.

Mientras caminábamos, Ayn nos contó simplemente lo que había estado sucediendo hasta ese momento. Cuando el pueblo de Yatski fue atacado, la unidad en la que Ayn sirvió fue corriendo ahí. Pero habían sido abrumados por la diferencia en la fuerza militar, y los soldados que sobrevivieron corrieron hacia el bosque, donde se dispersaron. No sabía cuántos estaban vivos o muertos.

—Me sorprendió veros a las dos. … Me alegro de que las habilidades de esgrima que he estado aprendiendo hasta ahora hayan valido la pena. Finalmente tengo los medios para proteger a aquellos que son importantes para…

Derepente escuchamos una conmoción. No sonaba tan lejana. El número de gritos que podíamos escuchar entre los árboles claramente se estaba haciendo más grande.

—¿Llamaron refuerzos…?

—¡Ríndete y sal! ¡No puedes escapar ahora!

Era la voz de ese hombre de antes. Justo como dijo, parecía que no tenía sentido tratar de escapar ahora. Después de mirar fijamente a Ayn, Clarith asintió, como si estuviera haciendo algún tipo de decisión.

—Michaela, prestame tu capa —dijo, con los ojos llenos de una fuerte determinación. Cuando miré esos ojos, me di cuenta de lo que estaba planeando.

—No… ¡Cualquier cosa menos eso…!

—Ocuparé tu lugar y distraeré a los soldados. No te preocupes, si estoy en peligro me quitaré la capa. Buscan mujeres de pelo verde. Tengo el pelo blanco, así que estoy segura de que no me matarán.

—¿Qué estás pensando, Clarith?

—¡Absolutamente no! ¡Tú eres la que no puedo perder! Para mí, eres… ¡eres…!

Mi voz tembló y no pude terminar la oración. Clarith firmemente agarró mis dos manos.

—Michaela, tengo que pedirte un favor. ¿Podrías abrazarme con fuerza, como lo hiciste antes?

—Si lo hago, ¿vendrás con nosotros…?

Clarith me acercó sin decir palabra, sin responderme. Nos abrazamos fuertemente, apoyándonos.

—Jaja, tu cuerpo está tan cálido como siempre. Me siento muy calmada así.

Había estado descansando su cabeza sobre mi hombro, pero de repente retrocedió y me miró directamente a los ojos.

—Michaela. T-Te amo.

Y luego acercó su rostro al mío, poniendo sus labios sobre mi boca.

Podía escuchar a Ayn respirar. No hice ningún movimiento para resistir, rindiéndome a ella. Tenía pestañas ligeramente cortas en sus grandes ojos. Todo sobre Clarith era precioso.

Después de hacer eso por un momento, Clarith se retiró lentamente y sonrió.

—Clarith… y… quiero estar siempre con… y…

La cara de Clarith parecía distorsionada. Me asaltó una somnolencia repentina. Cuando mi conciencia se debilitó, la conversación de Clarith y Ayn sonó muy lejana.

—Clarith… ¿qué hiciste…?

—Te hice tragar un medicamento para dormir que hizo mi madre. Lo encontré antes en la casa. Ayn, tengo que pedirte un favor. ¿Podrías… ir con Michaela… al refugio que nosotras…?

Finalmente no pude escucharlos en absoluto y me quedé dormida.

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