Capítulo 4, Sección 2 – La Pequeña Botella de la Playa; Escena 1

La Hija del Mal: Wiegenlied de Verde, página 256-264

 

♥ Clarith ~ El Reino de Lucifenia, «Monasterio de la Ciudad Portuaria» ~

.

Fue alrededor de la época en que comenzó la agricultura regular, con la temporada cálida que había llegado.

Una nueva compañera se había unido al monasterio.

—¡Necesitas ponerte en forma! ¡De verdad, holgazaneando por aquí otra vez!

Podía escuchar gritos furiosos desde la parte trasera del cobertizo de herramientas agrícolas. Cuando fui apresuradamente a ver qué estaba pasando, una monja mayor y una chica de cabello rubio discutían de un lado a otro.

—¡Si no trabajas, no vas a almorzar hoy, Rin!

—Eres muy molesta. ¿Cómo se supone que debo llevar herramientas tan pesadas sola?

«¿De nuevo?…»

Mientras estaba un poco harta, tomé en ambos brazos varias de las azadas esparcidas al lado de Rin.

—Te ayudaré un poco, ¿vamos juntas?

—¡Clarith! ¡No acostumbres a la chica!

La monja mayor parecía terriblemente sorprendida, con las manos en las caderas.

—Todavía no se ha acostumbrado a la vida aquí… por favor, tranquilizate.

—Creo que ese ha sido el problema de Rin. En cualquier caso, todos están cansados de esperar. Yo me cargo del fertilizante, así que ustedes dos apúrense y traigan esas azadas.

Levantó fácilmente dos bolsas de fertilizante sobre sus hombros, y rápidamente se dirigió a los campos. Después de verla irse, me volví para mirar a Rin.

—Bueno, entonces, vamos, Rin.

—… No. Es demasiado molesto.

Pero Rin se sentó en el acto y miró hacia otro lado.

—Los que no trabajan no pueden comer. Si no te haces cargo de esto, entonces no puedes cenar.

—Entonces deberías llevarme algo de comida otra vez, Clarith.

—No puedo seguir haciendo lo mismo una y otra vez. Si me atrapan, ambas obtendremos un buen latigazo.

—Bueno, en cualquier caso, ¡no quiero hacerlo! De ninguna manera.

Finalmente, Rin se echó hacia atrás para acostarse con las piernas abiertas en el suelo. Cada vez que ella se ponía así, no importaba cuánto gritaras o le hablases, ella se negaría a ceder.

Llamé a uno de los niños mayores del orfanato que estaban jugando cerca.

—Denis, ¿podrías venir aquí un minuto? Tengo que pedirte un favor.

—¿Qué pasa, señorita Clarith?

—Lamento ser una molestia, pero ¿podrías ayudarme a llevar estas azadas al campo?

—Ese es un trabajo fácil, ¡déjamelo a mí!

Denis sonrió, y de repente recogió las azadas.

Mientras miraba a Rin por el rabillo del ojo, le dije, lo suficientemente fuerte como para que ella pudiera escuchar, lo siguiente:

—¡Qué impresionante para ti, Denis! ¡Llevar tantas azadas a la vez! Eso sería imposible para una persona perezosa que siempre está descansando, ¿eh?

Cuando lo hice, Denis me respondió en voz alta, como si hubiera entendido de golpe la situación:

—¡Qué está diciendo, señorita Clarith! ¡No hay nadie en este monasterio tan patoso que no pueda cargar tantas azadas! ¡Estoy seguro de que incluso alguien mucho más pequeño que yo podría llevar incluso más que esto!

A pesar de que estaba acostada, los ojos de Rin parpadearon en nuestra dirección. Parecía que habíamos herido enormemente su orgullo. Solo otro empujón. Hora del golpe final.

—Eres tan increíble, Denis. ¡Gracias por ayudarme, te serviré un brioche más tarde!

En ese momento, Rin se levantó enfáticamente y arrebató las azadas de las manos de Denis.

—¡Yo también puedo hacerlo! Incluso yo podría llevar esto. ¡Entonces seré yo quien reciba el brioche!

—¡Woah! ¡Así se hace, señorita Rin! ¡Eres increíble! —dijo Denis en voz alta, con fingida sorpresa. Luego me guiñó un ojo y volvió al círculo de niños que jugaban.

Aunque Rin tropezó, probablemente porque las azadas eran realmente pesadas después de todo, ella puso una expresión tranquila para no revelar que lo eran y dijo de repente, con gran resolución:

—¡Vamos, vamos, Clarith! ¡Ven conmigo!

—Jo jo, está bien. Vamos, Rin.

Caminamos hacia el campo. Cuando miré hacia arriba, el cielo no tenía una sola nube; Clima perfecto para la agricultura.

.

Había un camino empinado en la colina frente al monasterio. Descubrí a Rin colapsada alrededor de una semana después de que Gumillia y Elluka vinieran a visitarnos.

Ella estaba mucho más delgada de lo que estaba ahora, y parecía estar a punto de morir de hambre, así que la había llevado al monasterio con la ayuda de la señora de una panadería cercana.

Ella nos había dicho que no tenía a dónde ir, por lo que no había nadie que se opusiera a cuidarla en el monasterio. Ella se negó a decirnos quién era realmente, pero como había mucha gente así, nadie la cuestionó. Aunque el jefe del monasterio podía adivinar por la educación que mostraba en su comportamiento y alfabetización que probablemente provenía de una familia noble.

Al principio, todos trataban a Rin amablemente. Pero su conducta era tan arrogante y soberbia, siempre agarrándose a la comida, haciendo berrinches por el trabajo, que gradualmente todas las monjas la trataron como una carga.

Yo misma era una de las personas hartas del egoísmo de Rin, pero aun así estaba decidida a ser amable con ella.

En el pueblo de Yatski, yo también había sido despreciada una vez como un obstáculo. Siempre estuve sola. No era porque realmente me gustara estar sola. Simplemente no sabía cómo acostumbrarme a las personas.

Incluso Rin, que siempre tenía tanta confianza, a veces tenía una expresión increíblemente solitaria en su rostro. Ella tampoco había querido estar siempre sola. Cuando la salvé, ella delirantemente dijo: «No quiero estar sola». No sabía lo que había sucedido, pero estaba segura de que había habido alguna circunstancia en la que tuvo que separarse de alguien que le importaba.

Quizás eso era poco más que mis propias engreídas impresiones. Pero creía que si al menos fuera capaz de enfrentarla, seguramente algún día ella me abriría su corazón y yo podría ayudarla.

Justo como Michaela había hecho una vez por mí.

.

—¿Cómo te va, Rin? ¿Te gusta tu comida?

Finalmente, Rin también terminó de ayudar con el trabajo de campo, y ahora parecía agotada. Aun así, cortó cuidadosamente sus verduras con su cuchillo y tenedor y se alimentó con elegancia.

—Hmph… supongo.

Rin no se quejaba de la comida tanto como antes. Hubo algunos momentos terribles en los que no comía nada más que dulces, pero tal vez había llegado a comprender el valor de su comida al ayudar en el trabajo agrícola. Por supuesto, ella no había dicho nada sobre eso en voz alta.

Mientras veía comer a Rin, regué mi maceta.

El salón de descanso estaba muy soleado incluso estando dentro del monasterio, y por lo tanto era perfeco para criar una planta

—¿Qué tipo de planta es esa? —preguntó Rin, haciendo una pausa mientras tomaba un poco de pan.

—Um, no estoy segura. Realmente no lo sé.

—¿Estás cuidando algo que no sabes qué es?

—Su especie no es importante. No importa qué planta sea, el hecho es que es un ser vivo. Todas la vidas son iguales. Y… ella es mi amiga.

—¿La planta es tu amiga? Eres bastante introvertida, ¿no es así, Clarith?

—Jaja, tal vez lo soy.

Rin suspiró como si estuviera sorprendida, su expresión se volvió seria de repente.

—Todas las vidas son iguales, ¿eh…?

—Sí. Plantas y humanos por igual.

—No lo creo. En este mundo están los gobernantes y los gobernados. Eso es algo muy racional. Si todo fuera igual, no habría sociedad. Es porque hay personas que pueden tomar el timón que el gobierno y la civilización pueden funcionar correctamente. La idea de que todas las cosas son iguales es poco más que el engaño de alguien que no conoce las dificultades de estar en la cima.

Aunque me sorprendió que Rin se lanzara tan repentinamente a un tema tan complejo, respondí sin dejar que mi sorpresa apareciera en mi cara.

—Tal vez esa es la opinión correcta. Aun así, yo… quiero ofrecer ayuda a todas las cosas por igual.

—Que idea más santa. ¿Todos comienzan a pensar como tú si viven en el monasterio durante mucho tiempo?

—Jaja, estoy segura de que también podrás entender mi forma de pensar, estando por aquí.

—Eso me pregunto. Ni siquiera soy una devota de Held en primer lugar.

—Tanto si eres de la secta Held como de la secta Levia, la base sigue siendo la misma.

—Ya veo.

Rin dejó sus utensilios sobre la mesa, aparentemente terminando de comer.

—Guarda tus cubiertos tú misma, ¿de acuerdo?

—Bueno. … Oye, ¿Clarith?

—¿Hm?

Rin preguntó con ansiedad, mientras guardaba los cubiertos.

—No importa qué tipo de persona sea… Incluso si solía ser increíblemente malvada… siempre me tratarás amablemente, ¿no?

Los ojos de Rin eran inusualmente solemnes.

—Sí, por supuesto —respondí con una sonrisa.

.

Todos los días estábamos rodeadas del campo, el mar y la oración.

Algunas personas podrían llamar a eso una vida tediosa.

Pero el tedio hizo que fuera muy fácil sentir una gran felicidad por los pequeños cambios que ocurrían de vez en cuando.

Gradualmente, muy, muy gradualmente, Rin se comportó mejor.

Ella pasó de ser una niña preciosa a una joven hermosa; ella vino a abordar seriamente su trabajo y comenzó a hablar con más respeto hacia sus mayores. El otro día me había dicho que quería que le enseñara a cocinar.

Me alegró ver tal cambio en ella. Era como si hubiera conseguido una adorable hermanita, y estaba feliz.

En algún momento, el tiempo que pasaba pensando en Michaela se había acortado gradualmente.

Una respuesta a “Capítulo 4, Sección 2 – La Pequeña Botella de la Playa; Escena 1

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.