La Hija del Mal: Praeludium de Rojo, página 181-184
✥ Kyle ~ En el Palacio Lucifeniano, «Corredor» ~
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Estaba en el gran corredor que une el Salón de los Espejos y el Salón de los Sonidos. Los diversos muebles dorados instalados allí nunca perdían su brillo, incluso en la oscuridad de la noche. Tal vez eso era el resultado de la luz de la luna que entraba desde fuera de la ventana.
Había una hermosa luna llena esta noche.
En una noche como esta, ver un demonio volando por el aire no estaría fuera de lugar.
En las noches de luna llena, sale un demonio. Recordé haber escuchado esos cuentos de hadas cuando era joven. ¿Había sido mi nodriza quien me las contaba, o mi madre, que siempre favorecía historias como esa? No podía recordarlo, incluso después de pensarlo un poco. Mis recuerdos de la infancia siempre fueron borrosos.
Habían bastantes cuadros en el techo. Como el del Salón de los Espejos, todos fueron pintados por Nikolay Tolle. Vivir rodeado de las obras del hombre que anuló mi futuro como pintor era una cruel ironía, ¿no?
Me gustaría deshacerme de todas las pinturas. Sin embargo, a pesar del hecho de que albergaba un resentimiento por Nikolay Tolle que me hacía querer escupir sobre cualquier cosa relacionada con él, al mismo tiempo admiraba su trabajo más profundamente que nadie.
No había duda de que el grupo de pinturas en el palacio lucifeniano era uno de sus mejores trabajos. Como alguien que alguna vez trató de convertirse en artista, nunca pude poner fin a tales obras de arte por mi propia mano.
Nikolay se había suicidado seis años atrás. El que podía pintar esos cuadros ya no estaba en este mundo.
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Aunque era medianoche, no todos estaban dormidos. Mientras caminaba por el pasillo, un joven guardia me vio y comenzó a hablarme.
—¿Necesita algo a esta hora de la noche, Su Majestad?
—Simplemente no podía dormir. Voy a dar un paseo de medianoche.
—Intente no deambular descuidadamente. Últimamente, las cosas han sido un poco peligrosas, así que no deje que ocurra nada grave.
La armadura que llevaba era completamente nueva. Parecía que este era un nuevo recluta.
—¿No es eso para lo que estáis aquí?
—Tiene toda la razón… Por cierto, escuché durante el cambio de turno que ahora tenemos a la señorita Yukina Freezis aquí en el palacio, ¿no?.
—Sí, ella se quedará aquí esta noche. ¿Hay algo malo en eso?
El guardia vaciló, como si fuera reacio a hablar, antes de interrumpir finalmente dijo:
—¿Cree que ella podría… darme su autógrafo?
—… Pregúntale tú mismo por la mañana.
Fue entonces cuando escuché un fuerte estruendo desde la habitación en el extremo opuesto del jardín.
Cuando miré hacia el ruido, vi que la ventana de la habitación estaba rota.
—Bueno, antes de obtener un autógrafo es mejor que hagas tu trabajo. Parece que algo sucedió —le dije al guardia.
Se apresuró a dirigirse a la habitación. Al verlo ir, me di cuenta de algo.
¿No era esa la habitación en la que se alojaban las sirvientas de Yukina?
Las Almoga Mobarez. Esas criadas extrañas con máscaras. Esperemos que no haya pasado nada inusual.
—¡Oye! ¡Espera un segundo! —Llamé al guardia de antes.
—¡Sí señor! ¿Qué ocurre?
—Iré contigo. Escóltame.
—Parece que han habido algunos problemas. Parece peligroso, así que déjemelo a mí, mi rey.
Incluso si no me lo hubiera dicho directamente, podía decir por mi mismo que había algunos problemas con solo mirarlo.
—Esa es una habitación en la que se hospedan los huéspedes. Sería un desastre si se lesionaran.
—Pero si le pasa algo…
—No me des conferencias. Es tu trabajo asegurarte de que eso no suceda.
Con el algo reacio guardia, me dirigí a la habitación donde estaban las sirvientas.

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