La Hija del Mal: Praefacio de Azul, páginas 50-53
♣ Yukina ~ En el País de Marlon, «Capital Bariti» ~
No estaba lloviendo, pero el cielo estaba bastante nublado. El carruaje de techo negro en el que viajamos avanzaba a lo largo de la delgada y toscamente adoquinada carretera.
El carruaje se balanceaba con frecuencia, probablemente porque las carreteras de Marlon estaban mucho peor mantenidas que las del continente. Para mi estaba bien en su mayor parte, pero había alguien que me preocupaba.
«¿Estará bien la señorita Germaine?»
Saqué la cabeza por la ventana y miré el carruaje que iba a nuestro lado. Como pensé, allí mismo había una espadachina con el rostro pálido como la muerte y una hechicera compuesta que no parecía preocupada en lo más mínimo.
No había pensado en lo mal que era la cantería en las carreteras antes de emprender mi viaje. Incluso eso me mostró cuánto discernimiento había ganado en ese año y medio.
—¿Qué te parece Bariti? Ha pasado bastante tiempo desde que estuviste aquí —preguntó mi hermano, sentado en el asiento a mi lado.
¿Qué me parecía? No tenía respuesta para él. El paisaje urbano de Bariti, las monótonas tiendas de ladrillos rojos, el mal estado de los negros letreros de los bares y la enorme torre del reloj de la gran iglesia que podía ver asomándose en el cielo del norte, no habían cambiado en absoluto desde hace un año.
A pesar de haber hecho la pregunta, Shaw no parecía muy interesado en mi respuesta. Su mirada parecía ser dirigida menos hacia mí y más hacia Gumillia, a quien podía ver a través de la ventana en el carruaje vecino. En mi cabeza murmuré: «¡Mocoso precoz!», pero en voz alta simplemente respondí «Es bastante nostálgico~»
Tres carruajes se dirigían a mi casa, la finca Freezis. Bariti estaba dividida en norte y sur por el río Methis que fluía por el centro, y la finca Freezis estaba en el norte.
En el carruaje en el que viajaba, aparte de Shaw, había dos de los asistentes de negro sentados en el asiento detrás de mí. En el carruaje que avanzaba por nuestra izquierda estaban Germaine y Gumillia, así como dos hombres con uniformes negros como los que estaban con nosotros. En el carruaje restante solo había hombres de negro.
Otro carruaje había viajado con nosotros hasta que llegamos a Bariti. Era el carruaje en el que viajaba el Rey Kyle. Ese carruaje se había separado de nosotros a mitad de camino y se dirigía al castillo de Marlon en el oeste. Los marineros, por otro lado, probablemente estaban en medio de una fiesta en el puerto en este momento.
Poco a poco nos acercamos a la torre del reloj de la gran iglesia que había visto desde la distancia. Como se trataba de una iglesia de la secta Levia, no estaba terriblemente familiarizada con ella, yo y toda mi familia somos miembros de la secta Held.
No siempre había sido así, pero la secta Levia se estaba convirtiendo en la corriente principal incluso en Marlon. Ya no había iglesias de la Secta Held en el país, por lo que la familia Freezis no teníamos la costumbre de ir a una iglesia a rezar.
Solo mi madre, que era el miembro más devoto de toda mi familia, a veces caminaba a ciudades lejanas o incluso a otros países para asistir a una iglesia Held.
«¿Qué… qué es esto?»
Se había formado una línea delante de la iglesia. Estaba compuesto por viejos y jóvenes, hombres y mujeres, varias personas.
—Están recibiendo medicamentos —comenzó a explicar Shaw, antes de que pudiera preguntar. Pronto se dio cuenta de que estaba interesada. Como cabría esperar de un par de hermanos—. Son enfermos de la Enfermedad Gula. Parece que la iglesia está distribuyendo medicina gratis.
En ese caso, significaba que la Enfermedad Gula se había extendido incluso a Marlon. Aparentemente fue solo en el último año, más o menos, así que comenzó a tomar fuerza después de que ya había emprendido mi viaje.
La Enfermedad Gula: recordé lo que sucedió en el Imperio Beelzeniano y me estremecí.
—¿Hay mucha gente muriendo por la enfermedad? —le pregunté tímidamente a Shaw.
—En Bariti, la medicina circula bastante bien. Y la iglesia maneja a los pobres como ves allí. Apenas escuché hablar de que alguien muriera por la enfermedad. Excepto…
—¿Excepto qué?
—Escuché que hay algunos lugares en el campo donde las cosas se han vuelto bastante terribles. Especialmente en el área alrededor del Castillo Erizo al noroeste.
No quería volver a encontrarme con esos soldados muertos, pero como no podía negar la posibilidad de que la dueña de la Copa de Conchita –Ney– estuviera en Marlon, tenía que estar preparada para eso.
Las personas en la fila eran delgadas y habían perdido su vitalidad. Recé por su recuperación total desde el interior del carruaje al pasar por la iglesia.

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