La Hija del Mal: Praefacio de Azul, páginas 161-162
✥ Kyle Marlon ~El País de Marlon, «Finca Freezis/Vestíbulo»~
Me dolía todo el cuerpo por culpa de las garras de Keel.
—Ese imbécil… realmente se excedió.
Aunque fue mi culpa por olvidar la profundidad del afecto de Keel hacia Yukina.
Ciertamente habrá un gran alboroto cuando finalmente se case.
Me imaginé cómo sería, y sin pensarlo dejé escapar una risa sarcástica.
En el vestíbulo me encontré con Mikina, jugando con un gato rojo.
—Oh, ¿te vas a casa tan pronto?
Me sonrió con una cara tan joven que apenas se notaba que era mayor que yo.
Mikina era una antigua conocida mía por derecho propio. En realidad, la conocía desde mucho antes de conocer a Keel.
Conocí a Mikina, la joven hija de la afamada familia Sfarz, en una cena que se celebró en el castillo de Marlon cuando yo tenía diez años. Mi primera impresión de ella fue que, a diferencia de las otras chicas nobles, era una persona coherente y sensata. En ese momento no tenía ni idea de que más tarde ella era el tipo de persona atrevida que huiría con Keel y emigraría a Elphegort.
Debido a que nos conocíamos desde hacía tanto tiempo, no teníamos el tipo de relación en la que mostrábamos tanto tacto en la diferencia entre nuestras posiciones sociales. Normalmente, cuando el gobernante de un país iba a visitar la casa de alguien, la señora de la familia se disfrazaba y hacía el papel de la encantadora y virtuosa esposa tan bien como podía. Pero Mikina no se ponía así, ni yo deseaba que lo hiciera.
Me preocupaba más el gato que estaba con ella que ella. Sentí que lo había visto en algún lugar antes.
Así es. Abyss. Ese era el gato que siempre tenía con ella.
Ahora que lo pienso, Elluka me había dicho que el gato había vagado por aquí poco después de la derrota de Abyss.
Bueno, no es que el gato haya hecho algo malo.
Después de despedirme de Mikina, me dirigí a la puerta principal. Pude ver a mis criados y guardaespaldas esperándome allí.
-En ese momento, lo había olvidado.
Había olvidado que un gato había irrumpido el banquete donde conocí por primera vez a Mikina. Que, aunque la había considerado una persona estable, en el momento en que vio al gato gritó y se desmayó.
Que me había susurrado, con una voz tan débil que apenas podía oírsele, que odiaba a los gatos.

Una respuesta a “Capítulo 3, Sección 1 – La Historia Interior de la Chica; Escena 4”