Capítulo 10-La Elección del Chico; Escena 2

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 10-La Elección del Chico; Escena 2

 

El sonido de las campanas de la iglesia celebraron el nacimiento de dos gemelos. Allen… No, ese es el primer recuerdo que Alexiel Lucifen D’Autriche puede recordar. Ni siquiera podía reconocer con claridad los objetos frente a él con su visión. Pero extendió su mano y agarró algo. Cinco dedos infantiles. Era la mano de alguien, como la de él, justo a su lado. Esta pertenecía a alguien más y podía sentir su calor. Él mismo había nacido para proteger a ese cálido alguien.

A la edad de cuatro años, salió del palacio con su padre por primera vez. Esa fue la primera vez que conoció a Leonhart, quien los acompañaba como escolta. Alexiel estaba loco por los artículos raros en el mercado. Entre ellos, notó los artículos de los estantes de una tienda donde estaba una anciana encapuchada.

—Esto… ¡es genial!

Todo en la tienda eran muñecas de madera tallada alojadas dentro de botellas de vidrio. Alexiel se fijó en un caballero con una espada y un escudo.

—Señora, ¿usted hizo esto?

—Sí, así es. Tal como lo ves, mis manos aún son hábiles… Ji ji ji.

En la parte de atrás de la tienda, vio un gato pelirrojo acostado y durmiendo.

—Señora, ¿ese gato es suyo?

—Sí, pero no está a la venta. Si quieres comprar algo, elígelo de este estante.

Su padre se acercó y le dijo a Alexiel:

—Si ves algo que quieras, te lo compraré.

—¿En serio? Bien…

Alexiel trató de señalar la muñeca del caballero, pero se decepcionó cuando vio el objeto a su lado. Era una muñeca de princesa con un lindo vestido. Imaginó el rostro de su hermana gemela esperando en el castillo.

 

«Riliane… estoy seguro de que le encantaría esta.»

 

Se dio la vuelta y le preguntó a su padre:

—¿Puedo comprar dos?

—No sería algo correcto. Elige uno de ellos. Si despilfarramos demasiado, tu madre se enojara.

—Eh…

Entonces Leonhart decidió ayudarle.

—Oye, no me digas que el rey de este país es un tacaño, Arth. No le digas que elija uno o dos, compra todos los artículos de esta tienda.

—Son tiempos de guerra ahora. Incluso el rey debe evitar gastos innecesarios.

—Son juguetes para niños. No tendrán un gran costo.

—No es bueno malcriar a Alexiel demasiado. Como sucesor de este país, debe saber la importancia de elegir.

—Hmm, ¿una lección imperial? Es ya de por sí algo difícil para un niño de cuatro años.

Al escuchar su interacción, Alexiel tuvo el sentimiento infantil de que su padre no querría cambiar de opinión.
«¿Cuál elegir? Si solo puedo escoger uno…»

 

Después de pensarlo, tomó la pequeña botella que contenía la muñeca princesa.

—¿Ese es el que quieres? —preguntó su padre.

—… Sí.

Cuando su padre lo pagó, la anciana sonrió y les dijo:

—Gracias por su compra. Ji ji ji.

En su camino de regreso al palacio real, su padre le volvió a preguntar en el carruaje.

—¿Te agradó estar ahí?

—Sí.

—¿Querías realmente la muñeca del caballero, verdad?

—…

—… ¿Vas a dársela a Riliane?

—Sí.

—Estabas pensando en tu hermana, Alexiel.

—Yo estoy bien con eso.

—¿Hmm?

—Le daré la muñeca a Riliane y me quedaré con esto. —Alexiel sacó la muñeca de la botella y levantó la pequeña botella vacía hacía su padre—. Cuando llegue el atardecer, esta pequeña botella brillará y será hermosa.

—Ya veo… Ja ja ja. ¿Decidiste beneficiarte tanto a ti como a tu hermana…? Esa fue una buena decisión.

Padre e hijo se reían el uno junto al otro. Leonhart, quien estaba sentado en el asiento delantero, también estaba mirando la situación con una media sonrisa.

 

A la edad de seis años, su padre murió de una enfermedad. Después de la agitación sobre su sucesor, Alexiel tuvo que abandonar el palacio real. Sin él allí, no se producirían más conflictos adicionales y se evitaría que Riliane fuera lastimada. Fue adoptado por Leonhart y su nombre cambió al de “Allen”.

A la edad de doce años, su madre fue a visitarlo. Su madre, a quien volvió a ver por primera vez en mucho tiempo, parecía estar un poco cansada. Tenía muchas cosas que quería decirle y preguntarle, pero no pudo comenzar. Su madre abrazó a Allen y le dijo:

—Te amo, Alexiel.

Él estaba demasiado apenado como para decirle: “Yo también, mamá”. Su madre lo soltó y lo miró con firmeza.

—A esa niña… Protege a Riliane.

Había algo trágico en la cara de su madre. Por supuesto no se lo dijo, pero Allen le respondió en silencio.

Un año después, su madre murió. Allen, escondiendo su identidad, comenzó a trabajar como sirviente en el palacio real.

A la edad de catorce años hubo una revolución en el país. El propio Allen reemplazó a su hermana y fue ejecutado como “la Princesa de Lucifenia, Riliane”. No se arrepintió de eso. Él existía para proteger a Riliane. Su sacrificio personal fue por ella y la prueba de su existencia.

Estaba en la caja. El alma de Allen fue encerrada en la “BLACKBOX” por el Dios del Sol, Sickle. ¿Era su castigo? ¿O su salvación? No lo sabía. Sin embargo, la vida en la caja no era tan dolorosa. Aunque no tenía libertad, había mucho “conocimiento” allí. La verdadera historia del mundo la aprendió a través de la “Grabadora Akashic”.

En el proceso de conocer todo sobre el mundo, el corazón de Allen comenzó a entrar en conflicto. ¿Fueron correctas sus acciones? ¿Fue realmente su voluntad? ¿Le lavaron el cerebro mientras se criaba como un niño de la realeza? ¿Fueron las últimas palabras de su madre una maldición? ¿Valió la pena proteger a Riliane? ¿No hubiese sido mejor si él se hubiese convertido en el rey?

Varias dudas. No importaba cuántas fuesen, se sacudían en él como olas. Si esa vez lo hubiera hecho… Si esa vez… Si… Si…

Infinidad de “Si”. Muchas opciones. Muchas posibilidades. ¿Había alguna respuesta correcta?

Empezó a pensar que quería ver a Riliane una vez más. Sintió que quizás así podría encontrar la respuesta que tanto buscaba.

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