Master of the Heavenly Yard; Capítulo 4-Los Héroes; Escena 3
Los soldados se prepararon de inmediato al ver a Arth y a Germaine. Por lo pronto, Arth les exclamó:
—¡Soy el Rey de Lucifenia, Arth I! ¡Quiero hablar con su general!
Tan pronto como escucharon el nombre, los soldados empezaron a hacer ruido. Poco después, se dividieron en dos filas. Mientras tanto, Tony caminaba hacia adelante.
—No es algo malo del todo morir y convertirse en un alma, gracias a ello existe la oportunidad de tener una conversación directa con los grandes de la historia de los libros de texto —dijo Tony a Arth, sin siquiera inclinar su cabeza.
—¿Es usted el general de este ejército?
—Algo así. Me llamo Tony Ausdin, para que nos vayamos familiarizando.
—Ausdin… Quizá… ¿uno de tus antepasados se llamaba George?
—De hecho soy descendiente del leal subordinado de Su Majestad, del general George Ausdin.
—¿Tiene algún inconveniente con sus antepasados y su rey servidor?
—No, en absoluto. Acabamos de venir aquí a capturar a los pecadores.
—¿Pecadores?
—Sí. Lamentablemente se escapó —dijo Tony, quien se rascó la cabeza, manteniendo una mirada triste—. Es por eso que ahora estamos esperando que llegue el cuartel general del ejército. Tan pronto como nos unamos a ellos, reanudaremos la persecución de los pecadores. Téngalo por seguro.
—…
—Por supuesto, a menos que intente interponerse en nuestro camino. Le advertiré que si tratan algo, terminarán sufriendo más dolor que al morir… Bueno, debo irme. Eres libre de volver a dormir o reanudar tu fiesta.
Tony volvió sus pasos hacia la unidad.
—¿Qué haremos? Su Majestad —preguntó Germaine a Arth en un susurro.
—Volveremos al Palacio Real. Quiero asegurarme de algo.
Ambos se alejaron del ejército y regresaron al palacio. Más tarde, se separaron y recorrieron todo el lugar para ver quien había huido. Mientras tanto, algunos despertaron, por lo que Germaine les contó sobre la situación y les pidieron ayuda.
La búsqueda había terminado, y los que estaban despiertos se reunieron en el Salón de los Espejos. Arth escuchó los informes de todos con desilusión, y algunos todavía seguían durmiendo en la habitación.
—Al parecer no hay error.
Había una persona que no pudieron encontrar en ningún lugar del palacio. Debía ser el “Pecador” que el ejército estaba buscando.
—… Riliane.

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