Capítulo 5-BLACKBOX; Escena 2

Master of the heavenly Yard; Capítulo 5-BLACKBOX; Escena 2

 

Durante el amanecer, la intensidad de la batalla se estaba perdiendo. Las tropas de Tasan eran aproximadamente tres veces más poderosas que las Fuerza Aliada Espontanea de Lucifenia. Era abrumadoramente desfavorable solo por el número. El resultado del juego dependía de la imaginación y la fuerza espiritual de cada uno. Como ambos bandos eran almas que no podían morir, alguno abandonaba el frente de batalla con su voluntad rota. En este sentido, ambas partes tenían debilidades.

En el ejército de Tasan, con muchos sus integrantes recientemente muertos, todavía tenían algo de confusión mental. Algunos soldados ni siquiera entendían aún por qué estaban luchando de esa manera.

Por otro lado, a la Fuerzas Aliada Espontanea de Lucifenia les tomaba algo de tiempo recuperar la disposición que tuvieron en su vida, al ser almas que se habían acostumbrado demasiado a la vida pacífica en el Paraíso.

Las escaramuzas entre los dos lados habían estado continuando durante algún tiempo.

Unas personas estaban viendo la batalla desde la distancia.

—Parece que es un poco tarde. —Allen chasqueó su lengua ligeramente.

Némesis, de pie junto a él, estaba tratando de analizar la situación con calma.

—La mayoría de los enemigos de Lucifenia parecen estar usando los uniformes de Tasan, pero no creo que los hombres que vimos en el bosque nos hayan pasado y hayan llegado aquí primero. Si es así, el ejército de Tasan que tenemos enfrente es  un ejército que comenzó a moverse antes.

—Su propósito… no hace falta pensarlo.

—Por Riliane. No sabrán dónde están los otros “Contratistas de los Pecados Capitales”… Pero sí asumen que estarán en la ciudad natal de cada uno, así que es natural atacar aquí primero.

—Lucifenia es la más cercana del bosque hasta aquí.

—La fuerza de Lucifenia es poca en número, pero las unidades parecen estar bien administradas, lideradas quizá por Arth o Leonhart. O tal vez Germaine, pero al menos no por Riliane. —Allen creó su propia espada con su imaginación y la sostuvo en su mano—. Necesito ir a ayudar cuanto antes.

—¿Ayudar? ¿A quién? ¿A ellos? —preguntó Némesis en un tono escandaloso.

—Me decidiré por la fuerza de Lucifenia.

—Yo antes fui la líder del partido Tasan.

—Pero también la hechicera de la corte de Lucifenia.

—Qué nostalgia, ¿eso fue hace ya 500 años?

—Si no estás motivada, solo yo seguiré adelante.

—¿Estás bromeando? —Némesis detuvo a Allen, antes de que intentase correr—. En primer lugar, si quisiera ser parte del ejército del partido Tasan, no habría venido tan lejos.

—Entonces ayudaremos a la fuerza de Lucifenia.

—¿Puedo ser de ayuda aun con este cuerpo? Por el momento, solo tengo un arma. —Némesis sostenía su revólver favorito en su mano—. No sé cómo lidiar con el ejército sólo con esto.

—¿Qué pasa con el uso de tu magia? Podrías hacer volar al ejército enemigo con el viento.

—No tendría ningún problema si pudiera hacer eso. Pero para usar magia a gran escala, necesitaría algo de preparación. No podría lograrlo ahora. Incluso si pudiera hacerlo, no estoy convencida de que pudiese usar una magia a gran escala en el cuerpo de Némesis.

—¿Qué?

—Recuerdo el hechizo en sí, pero es de hace mucho tiempo. Fue hace cientos de años la última vez que use magia a gran escala. Desde que me convertí en Némesis, solo he podido usar técnicas simples aprendidas de Nikolay.

—¿En serio…?

—De cualquier manera, ¿qué significado tendría para ellos que su número solo aumenta en dos? Sería mejor pensar en algo mejor antes de precipitarnos en la oscuridad.

—Incluso si dices eso… ¿Oh? —Allen notó algo y señaló hacia el este—. Mira hacia allá, Némesis. Parece que hay un grupo de almas diferente al que estábamos hablando.

—De ninguna manera, ¡¿refuerzos enemigos?! No, probablemente no. No se trata del uniforme militar de Tasan. Están usando una armadura mucho más antigua.

Aquel grupo, como Allen, parecía estar viendo la batalla que se desarrollaba frente a ellos. Némesis los miró, apartó su vista, y los miró de nuevo. Sonrió.

—… Vamos hacia allí, Allen.

—¿Reconoces ese grupo? ¿Son aliados?

—Bueno, dependerá de lo que negociemos con ellos, ¿verdad?

—¡Ah!

Allen finalmente se dio cuenta de la identidad del grupo. Había una cara entre ellos que reconocía.

Capítulo 5-BLACKBOX; Escena 1

Master of the heavenly Yard; Capítulo 5-BLACKBOX; Escena 1

 

Cuando se creó la “Caja Negra” en el Segundo Período, su inventor murmuró:

—Puede que haya recreado la caja de Pandora de la actualidad.

Cuando se abriese la caja de Pandora, todos los males de este mundo serían liberados. Pero en un mundo reflejado, su papel se invertiría. La “BLACKBOX” se tragaría todos los males, la raíz del “pecado”.

Ese poder sería la purificación de los dioses, o su reformateo.

O eventualmente los engranajes de la “Caja Negra” darían vueltas y lo disolverían todo.

Capítulo 4-Los Héroes; Escena 5

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 4-Los Héroes; Escena 5

 

El Sol salía en el horizonte. Frente a la puerta principal del palacio se encontraba la Fuerza Aliada Espontanea de Lucifenia, organizada por los voluntarios. Al final, Arth entrecerraba los ojos y miraba de frente al ejército enemigo.

La batalla había comenzado. Primero, necesitaban conocer sus habilidades y el poder de sus armas de última generación. Un equipo fue formado por un pequeño número de élites para ese propósito, siendo dirigidos por George Ausdin, el héroe del ejército de Lucifenia. Sabía que tenía alguien de su propia descendencia en el ejército enemigo, por lo que se ofreció a hacerlo. Algún tiempo después, la unidad principal regresó.

—¿Está bien, General Ausdin? —Arth le dio la bienvenida al propio George.

—Sí, gracias.

—Bien, ¿y cómo te fue? Con lo del poder del ejército moderno.

—Bueno, es complejo. Sus armas pueden disparar, y tienen un buen alcance. El objetivo es preciso. Además, detrás del enemigo había algo aún más peligroso. Una estúpida artillería autopropulsada hecha de hierro. Parece bastante difícil lidiar con eso. —La cara de George parecía algo cansada.

—… Ya veo.

—Pero también les hemos visto muchas debilidades.

—¿Eh? Y esas son…

—No quiero decir mucho, pero mi descendiente, Tony, ¿verdad? No parece estar acostumbrado a comandar ese ejército. Los soldados también usan uniformes militares que tienen diseños sutilmente diferentes. Sorprendentemente parecen ser una gran multitud.

—Sin embargo, es lo mismo para nosotros. —Arth exhaló un poco, mirando a su alrededor.

—Ciertamente, no somos solo soldados regulares de Lucifenia. Hay bastantes civiles. Después de todo, aproximadamente solo la mitad decidieron participar en la batalla.

—Estoy agradecido de que solo la mitad de ellos hayan querido hacerlo.

—E incluso si les dices civiles, no puedes despreciarlos. Después de la muerte de Su Majestad, el ejército de Lucifenia perdió ante aquel ejército civil.

—… Así fue, ¿qué más averiguaste?

—Mariam parecía preocupada hace un momento, pero nuestros soldados fueron disparados con armas enemigas y nadie murió o desapareció. Todavía no estoy seguro de su artillería autopropulsada, pero si no se atreven a usarla, es poco probable que tenga poderes especiales, tal vez solo sea un cañón poderoso. Si pudieran matar un alma con eso, entonces ya lo habrían hecho.

El análisis de George parecía ser correcto, pero eso no despejó los temores de Arth.

Tony había dicho que estaba esperando la llegada de la unidad principal. Esa unidad podría conllevar una amenaza adicional. Se trataba de un “arma que sí podría borrar las almas”. Y, como dijo George, no podían matar, pero podían hacer sentir dolor. Algunos soldados ya tenían las caras desfiguradas y parecían haber perdido la voluntad de luchar.

Incluso si no morían, las consecuencias eran las mismas a si dejaban de luchar. Si continuaban atacando, el ejército de Lucifenia no podría detener al enemigo a corto plazo. Cómo ya lo sabían, era probable que esta batalla fuese abrumadoramente desventajosa para ellos.

Junto a Arth, había una persona que se acercó rápidamente. Era Anne, su reina.

—No puedes verte así frente a tus súbditos.

—Oh, sí… Lo siento.

—Nadie es como tú. ¿Alguna vez has experimentado alguna batalla sin ganarla? Tú y los tres héroes siempre han ganado al final, fuera cual fuera la situación.

—Pero esta vez es inútil. Para nosotros, es difícil luchar contra un ejército del futuro.

—Por favor, cree en tu poder. Para tus seres queridos… puedes hacer milagros.

—Eso es cierto. La diosa de la victoria está muy cerca. —Arth besó suavemente la mejilla de su amada esposa.

—Ja, ja, ¿sabes, Arth?

—¿Qué?

—Tengo un presentimiento, de que pronto vendrá algún refuerzo confiable… Lo presiento.

—Tu intuición siempre acierta. Te creo, pero… por ahora solo tenemos que hacer lo que podamos nosotros mismos.

—Habrá otro momento para coquetear con tu esposa —interpuso Leonhart con una cara amarga—. Mira hacia adelante, Arth. El enemigo no parece estar esperando a que nos movamos.

—¡¿Atacamos desde el otro lado esta vez?!

Al tratar de decidirlo con cierta hostilidad. Vieron una unidad con pistolas avanzando poco a poco. También estaba la artillería autopropulsada de hierro que había dicho George.

—Bueno, ¿qué hacemos, Arth?

—No hay solución. Sin embargo, no podemos escapar. Así que en tal caso, solo hay una cosa que hacer.

—Ya veo. —El caballero león rojo le sonrió a su maestro—. Eres el general. Denos órdenes.

—Sí

Las fuerzas enemigas se acercaban. El Rey de Lucifenia, Arth I, gritó en voz alta:

—Todo nuestro ejército, ¡al ataque!

Capítulo 4-Los Héroes; Escena 4

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 4-Los Héroes; Escena 4

 

Finalmente todos despertaron, y ya se encontraban en el Salón de los Espejos, rodeando a Arth. Hablaban sobre qué harían a futuro.

—Después de todo, deberíamos quedarnos tranquilos aquí —dijo claramente el ministro Minis, aunque su cara se mostraba tímida—. En este punto, el número de tropas enemigas es mayor que nosotros.  Además, cuando llegue la unidad principal, serán seres humanos de una época mucho más avanzada, y sus armas, por supuesto, tendrán un mayor rendimiento. Por otro lado, aquí hay muchas personas que no saben cómo pelear. No ganaremos mucho.

—¡Es por eso que no podemos dejar a la princesa en peligro! —se opuso a él Chartette, una de las criadas de la princesa.

—Pero no necesariamente está en peligro, ¿verdad? —dijo Lily, la comandante en jefe del Ejército de la Fortaleza de Retasan.

—¡Qué tal si deciden hacerle daño!

—Sin embargo, la princesa Riliane, como nosotros, es un ahora un ser humano muerto, un alma. Lo que sea que traten no podrían hacerlo, ¿no es así?

—Quizá sea así.

—Incluso los de afuera ya deberían saber eso —fue Mariam, la jefa de criada y una de los tres héroes, quien hablo ahora—. Sin embargo, siguen persiguiendo a la princesa… Tal vez ellos, más que nadie, sepan cómo asesinar o eliminar un alma.

—¿Existe tal manera, Mariam? —le preguntó Anne, la madre de Riliane.

—No lo sé. Una vez hubo alguien que tenía la capacidad de transferir almas libremente, quizás esa persona está involucrada…

—¿Quién era?

—Abyss I.R. La mujer que asesinó a mis padres y me crió como una asesina.

Poco después de que el nombre saliera de la boca de Mariam, surgió algo de ruido de algunas personas.

—Es la primera vez que oigo que fuiste adoptada por Abyss I.R. —Germaine no ocultó su sorpresa.

—Sí, esta es la primera vez que le digo esto a una persona… O a mí misma. Siempre había tenido perdido ese recuerdo. Es irónico que solo puedas recordarlo al ser un alma. Bueno, es una buena historia, pero de todos modos, no seguro decir que ser un alma sin cuerpo sea absolutamente seguro.

—En otras palabras —dijo Arth, que había escuchado en silencio las opiniones de los demás—, si podemos luchar contra ellos… tenemos una probabilidad distinta a cero de ser eliminados.

Un silencio incómodo los envolvió.

—… Está bien, ¿alguien más?

Un hombre con anteojos levantó su mano.

—¿Usted es? —Arth preguntó por su nombre.

—Es la primera vez que lo veo, Su Majestad. Mi nombre es Keel Freezis, un comerciante.

—Ya veo… Bueno, ¿hay alguna posibilidad?

—La armas del ejército externo… Al parecer son, como el Ministro Minis mencionó anteriormente, mucho más poderosas a las que conocemos.

—Si la tecnología evoluciona con los tiempos, eso es inevitable.

—Sí, pero como también son almas, sus armas también deben ser ilusiones creadas por su imaginación. Como este palacio, y la ropa que usamos. Entonces, ¿qué tal si también creamos nuestras propias armas “ilusorias”? De esa manera, en armas al menos estaremos a la par.

—Hmm… Ya veo.

—Creo que eso es difícil, papá. —Pero una persona se había opuesto a la opinión de Keel. Sorprendentemente, era la escritora Yukina, su hija.

—¿Por qué lo dices, Yukina?

—Nuestras almas ciertamente pueden crear cosas que alguna vez existieron en la Tierra al imaginarlas. Lo he intentado mucho, pero al parecer tiene ciertas limitaciones.

—¿Limitaciones?

—Sí, es simple. Lo que podemos crear son solo “aquellas cosas que se basan en el conocimiento y la experiencia que el alma tenía en vida”. Por ejemplo… ¡Voy a intentarlo ahora mismo!

Al momento siguiente Yukina gritó, su mano sostenía ahora un rifle. Su forma era similar a las armas de los soldados Tasan.

—Con esta pistola, señorita Lily, ¿podría pararse junto a la pared?

—¿Hmm, así?

Inmediatamente después de que Lily se parara frente a la pared de acuerdo con las instrucciones de Yukina:

—¡Duele!

Yukina le había apuntado con su arma y le disparó.

—Como pueden ver, incluso si imita la cosa más moderna sólo será en su forma. El poder de esta pistola solo se trata de la de una pistola de fósforo de nuestro tiempo. Así que no significa demasiado…

—¡Espera un momento, Yukina! ¡¿Tienes algo contra mí?! —le gritó Lily a Yukina mientras sostenía su costado con ambas manos.

—No, solo supuse que Lily era la más fuerte de aquí…

—¡Hay muchas más personas!  ¡Y en primer lugar no hay necesidad de dispararle a las personas!

Una pequeña risa vino de aquellos que estaban viendo la interacción entre ambas, pero se detuvo de inmediato.  Después de todo, no habían encontrado aun ninguna solución.

—…

Arth permaneció en silencio y parecía estar pensando. Finalmente lo había decidido, y se dirigió hacia todos:

—No puedo dejar a mi hija en peligro. Voy a luchar para detenerlos. Lucifenia ya no está aquí, solo somos almas sin vida. Muchos de ustedes, que alguna vez sirvieron a Lucifenia, han estado en relaciones amo-subordinado con sus señores, pero ya no es necesario estar al tanto de eso. Solo aquellos que quieren proteger a Riliane… pueden pelear conmigo.

Todos escuchaban en silencio las palabras de Arth. Pero no había nadie que levantara su mano inmediatamente a su favor.

—Rey, lo siento por ti… pero espero que entiendas nuestros sentimientos —dijo un hombre grande y tuerto, quien dio un paso adelante del grupo.

—York… ha pasado mucho tiempo.

—¡Aún recuerda la cara de un soldado como yo!

—Cómo olvidarte, ¿scaso no es esa herida en tus ojos el resultado de haberme cubierto?

—Así fue. Pero ya hace mucho tiempo.  Sí, hace mucho tiempo… Rey, ya nos hemos acostumbrado a la paz. Morimos, fuimos al Paraíso y vivimos una vida libre de conflictos en ahí. Incluso ahora, si se dice que tenemos que pelear de nuevo… No puedo sentirme bien con ello.

—… Te entiendo. Ciertamente había algo relajante en ese lugar. También me sentí muy cómodo allí.

—Eso no es todo. Bueno, aunque esta vez asistí a su banquete con indiferencia… ¿Sabe lo que hizo su hija? Riliane era inequívocamente para el pueblo de Lucifenia… la “Hija del Mal”. Ya no puedo odiarla por eso, sin embargo, si usted quiere arriesgarse por la princesa, no puedo evitar que lo haga. Supongo que va lo mismo para todos los demás.

—…

Arth sabía qué York no estaba diciendo eso maliciosamente. Solo estaba expresando sus pensamientos honestamente.

—Mi hija, ¿el pecado de Riliane sigue siendo imperdonable?

—¿No dijeron los de afuera que la princesa era una “Pecadora”? Eso era sorprendentemente correcto…

—El pecado es… ¿realmente imperdonable? —murmuró Germaine, quien había estado escuchando la historia desde atrás.

—Germaine… —dijo York luego de girarse hacia ella.

—Riliane ciertamente pecó. Pero le dieron el “Castigo” correcto.

—¿Ser decapitada por la guillotina?

—… Así es.

—Germaine, ¿crees que no sé nada?

—¿Eh?

—Eso fue falso. Otra persona fue ejecutada en nombre de la princesa.

—Sí, lo sabía.

—La revolución fue exitosa y Lucifenia tuvo una paz temporal. Incluso ese hecho fue suficiente para mí, así que no me atreví a decir nada.

De acuerdo con York, no fue Riliane sino su hermano Allen quien fue ejecutado en la plaza después de la revolución.

—Ciertamente, ella estaba viva después de la revolución… Pero, York, el “Castigo” no se trata sólo de asumir la responsabilidad y morir. No, es más difícil sobrevivir que morir.

—…

—No quiero que lo entiendas. Todos los demás tendrán sus propias ideas. Pero al menos yo no pienso abandonar a Riliane. —Germaine desenvainó su espada y la levantó frente a Arth—. Su Majestad. Yo, Germaine Avadonia, juro ofrecer mi espada por la princesa de Lucifenia, Riliane.

—… Gracias, Germaine —dijo Arth con un rostro tranquilo.

Había alguien un poco alejado del grupo observando la situación con una botella de vino en una mano. Arrojó la botella al suelo y, por supuesto, levantó las manos y comenzó a aplaudir lentamente.

—Espléndido. ¡Qué dama tan valiente! Quisiera ver la cara de su padre. Estoy seguro de que es guapo y el mejor espadachín del mundo.

Germaine y otros lo miraron.

—… Papá…

Leonhart Avadonia, un espadachín con armadura roja, caminó y pronto estuvo junto a su hija.

—Así es, Arth. El legendario rey de Lucifenia, la líder del Ejército Revolucionario, y ahora me uno yo, el Caballero del León Rojo, el hombre más fuerte de los tres héroes.

—Leon…

—Oh, no serán solo ustedes tres, ¿verdad?

La reina Anne, que había estado en silencio todo el tiempo,sentada junto a Arth, lentamente se paró frente a Leonhart.

—Por supuesto, yo también iré —dijo, sosteniendo un abanico plegable que colocó sobre la espada de Germaine.

—Fuu… No puedo evitarlo en absoluto —Mariam suspiró por su atuendo y de repente cambió su vestido de sirvienta a un traje de combate—. Estoy segura de que Elluka está aquí… pero, ¿dónde estará? —Levantó su cuchillo hacia el rey mientras se quejaba.

—¡Es—Esperen un momento!

Con una espada que era demasiado desproporcionada para ser controlada por un sirviente, Chartette se apresuró frente Arth y gritó:

—¡Yo lo iba a hacer desde el principio! ¡Esperen a que pueda recuperar el aliento!

—Chartette… Gracias, pero, ¿podrías bajar esa enorme espada? Está apoyada en mi hombro.

—Oh… Lo siento, señor Leon.

Después de eso, algunas personas en el lugar comenzaron a caminar hacia adelante y otras hacia atrás. Algunos estaban ansiosos, otros hicieron una apuesta y prometieron participar en la batalla.

Keel murmuró mientras observaba la situación:

—¿Seré inspirado por las palabras de Germaine, o simplemente me dejaré dejar llevar por la psicología grupal…? Por cierto, ¿qué piensas…?

Mientras lo decía, vio a Yukina, quien estaba a su derecha. Al mirarla notó que los ojos de su amada hija brillaban descaradamente.

—Qué desarrollo tan dramático… ¡Esta es la única forma de participar! —Sin importarle nada, Yukina se dirigió corriendo hacia los reyes con su diario en una mano.

—Vaya, vaya, supongo que ahora no puedo solo escapar.

Entonces alguien colocó una mano sobre el hombro izquierdo de Keel con una cara de vergüenza.

—Keel, detente, solo serás una carga.

—Eso es una declaración terrible, Kyle. ¿No necesitarán también a una persona inteligente? Tú eres el único capazmente hábil, así que yo estaré detrás de los tres héroes. ¿Está bien?

—Pfff. —El hombre de cabello azul sonrió sin miedo—. ¿Qué? Al parecer tienes mucha confianza.

—Anteriormente, Yukina me dio un buen consejo. Te lo garantizo. Esta batalla se puede ganar.

—¿El respaldo del rey de Marlon es confiable?

Los dos hombres levantaron la vista y caminaron hacia adelante, riéndose el uno del otro.

Capítulo 4-Los Héroes; Escena 3

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 4-Los Héroes; Escena 3

 

Los soldados se prepararon de inmediato al ver a Arth y a Germaine. Por lo pronto, Arth les exclamó:

—¡Soy el Rey de Lucifenia, Arth I! ¡Quiero hablar con su general!

Tan pronto como escucharon el nombre, los soldados empezaron a hacer ruido. Poco después, se dividieron en dos filas. Mientras tanto, Tony caminaba hacia adelante.

—No es algo malo del todo morir y convertirse en un alma, gracias a ello existe la oportunidad de tener una conversación directa con los grandes de la historia de los libros de texto —dijo Tony a Arth, sin siquiera inclinar su cabeza.

—¿Es usted el general de este ejército?

—Algo así. Me llamo Tony Ausdin, para que nos vayamos familiarizando.

—Ausdin… Quizá… ¿uno de tus antepasados se llamaba George?

—De hecho soy descendiente del leal subordinado de Su Majestad, del general George Ausdin.

—¿Tiene algún inconveniente con sus antepasados y su rey servidor?

—No, en absoluto. Acabamos de venir aquí a capturar a los pecadores.

—¿Pecadores?

—Sí. Lamentablemente se escapó —dijo Tony, quien se rascó la cabeza, manteniendo una mirada triste—. Es por eso que ahora estamos esperando que llegue el cuartel general del ejército. Tan pronto como nos unamos a ellos, reanudaremos la persecución de los pecadores. Téngalo por seguro.

—…

—Por supuesto, a menos que intente interponerse en nuestro camino. Le advertiré que si tratan algo, terminarán sufriendo más dolor que al morir… Bueno, debo irme. Eres libre de volver a dormir o reanudar tu fiesta.

Tony volvió sus pasos hacia la unidad.

—¿Qué haremos? Su Majestad —preguntó Germaine a Arth en un susurro.

—Volveremos al Palacio Real. Quiero asegurarme de algo.

Ambos se alejaron del ejército y regresaron al palacio. Más tarde, se separaron y recorrieron todo el lugar para ver quien había huido. Mientras tanto, algunos despertaron, por lo que Germaine les contó sobre la situación y les pidieron ayuda.

La búsqueda había terminado, y los que estaban despiertos se reunieron en el Salón de los Espejos. Arth escuchó los informes de todos con desilusión, y algunos todavía seguían durmiendo en la habitación.

—Al parecer no hay error.

Había una persona que no pudieron encontrar en ningún lugar del palacio. Debía ser el “Pecador” que el ejército estaba buscando.

—… Riliane.