Epílogo; Escena 2

Siete Crímenes y Castigos, páginas 146-148




—¿Cómo te va, Allen? —me preguntó la cara que miraba desde arriba.

Sonaba igual que siempre. Sonreía como siempre.

Floté en el aire y volé desde la Black Box.

Debajo de mi había espigas de arroz que se extendían sobre la superficie del suelo.

Aunque el mundo de abajo había terminado, nada había cambiado en el mundo de los cielos arriba.

—Y ahora, ha llegado tu turno.

Asentí en silencio ante las palabras de Sickle.



–¿Había sido un sueño?

Cuando visité el «Graveyard» con Hänsel

Fui tragado por la luz de «Castigo».

Y cuando volví en mí, estaba una vez más en una caja negra.

Eso no fue un sueño.

Estaba convencido de eso.

Sickle no me dijo nada.

Pero yo sabía que había viajado por el mundo destruido y que me había encontrado con los Siete Contratistas del Pecado Capital.



No hubo una conclusión.

Sin duda, llegaría el final.

El castigo por nuestros crímenes llegaría, sin duda.



Entre esos finales, uno de ellos había sido confiado en mis manos.

Una vez más bajaría al mundo terrestre.

Sabía que esta sería mi última oportunidad.



Todavía necesitaba reunirme con Riliane.

Y…

El artículo que agarraba con mi mano izquierda.

Era… una llave de oro.

La que le había robado a Nemesis en ese entonces.

Estaba ahí, en mi mano.



Vamos, comencemos ahora,



Por un nuevo comienzo.

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