Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 154-158
Era medianoche de ese mismo día. Después de caminar por toda la ciudad durante todo el día, Hanne estaba durmiendo profundamente.
Fue una noche tranquila. Eso era normal en esta ciudad. En un lugar como Toragay, con pocas diversiones, casi no había gente que deambulara en medio de la noche.
–Pero ese silencio terminó por romperse en un instante.
Ella no sabía cómo caracterizar ese sonido.
No podía decir si era un «¡Shhpum!», «¡Crack!», o «¡Ka-bum!»
En cualquier caso, estaba segura de que era increíblemente ruidoso. El descanso de Hanne se vio trágicamente perturbado por ello.
—… ¿Qué ocurre?
Con ojos somnolientos, Hanne miró por reflejo por la ventana. De ahí era de donde había oído el sonido que venía.
Algo brillaba intensamente al otro lado del vidrio esmerilado. Era de noche, sin duda, pero esa zona de allí estaba tan brillante como el día.
La luz se hizo más grande gradualmente, hasta que finalmente ocupó toda la ventana; luego, Hanne, habiendo inferido ya que era algo peligroso, se cubrió junto a la cama.
–¡Algo venía!
Otro ruido explosivo.
La luz se lanzó hacia la ventana y rompió el vidrio en pedazos. Hanne salió de la habitación, protegiéndose de los fragmentos voladores.
Brigitta aparentemente había notado el ruido y estaba subiendo lentamente las escaleras cuando murmuró, despreocupada:
—Creo que es un poco temprano para la temporada de festivales.
—¿Son los festivales en Toragay realmente tan extremos? Nunca he oído hablar de un festival que dispare fuegos artificiales donde la gente intenta dormir .
—Yo tampoco… Dios mío, están siendo bastante llamativos con esto. —Brigitta se asomó a la habitación en la que Hanne había estado durmiendo y lanzó un suspiro.
—Creo que alguien está atacando la posada. Vamos a salir de aquí.
—Dices eso, pero ¿a dónde iríamos? No podemos usar la puerta de entrada.
Un ruido terrible se escuchó desde la entrada. Sonaba como si alguien estuviera tratando de romper la puerta.
—Entonces, vayamos al ático por ahora. Nos esconderemos allí y esperaremos al intruso.
—Supongo que no hay otro recurso para mujeres débiles como nosotras… ¡Honestamente, de todas las veces para que ese idiota mío esté fuera!
Hanne y Brigitta avanzaron hacia el interior del segundo piso y subieron usando la escalera de madera que conducía al ático.
Conteniendo la respiración en silencio en un ático adornado con telarañas, escucharon el sonido de una puerta rompiéndose desde abajo.
Y luego se oyeron pasos subiendo las escaleras. No parecía mucha gente, probablemente solo una persona.
Por el sonido, el dueño de los pasos fue revisando cada habitación en el segundo piso una por una. Después de ver que no había nadie allí, la persona gritó:
—¡Sal, tranquila! ¡Sé que Rin Chan ha sido traído aquí!
Era la voz de una mujer joven. Brigitta se acercó a Hanne y le susurró en voz baja:
—… Tu nombre no era Rin Chan, ¿verdad?
—No. Mi nombre es Hanne Lorre.
—Así es. Bueno, esta chica debe haber venido aquí por algún malentendido.
—Sí… Parece que es así.
Hanne se puso de pie, luciendo un poco incómoda, y luego miró hacia la escalera que conducía hacia abajo.
—Hey, ¿qué vas a hacer, Hanne?
—Voy a bajar para detenerla. … Y eh… me disculparé por esto ahora mismo. Lo siento mucho.
—¿? ¿Por qué te estás disculpando?
—Es… Lo explicaré más tarde.
Cuando escuchó el grito de la intrusa, Hanne supo de inmediato…
–La verdadera identidad de la dueña de esa voz.
En el momento en que Hanne regresó al segundo piso usando la escalera, la dueña de la voz le apuntó con su arma.
—Detente.
Su pelo era corto y verde, y el uniforme que vestía pertenecía a la Policía Mundial.
—Ah… —Hanne suspiró, sosteniendo ambas manos en el aire.
—¿¡…!?
Así que finalmente, parecía que la otra mujer también se había dado cuenta.
—¿Qué…? ¿Por qué estás… en un lugar como este? —Ella bajó su arma, permaneciendo inmóvil con una expresión de desconcierto.
—Esa es mi linea. … ¿Qué crees que estás haciendo?
—Estaba… persiguiendo al secuestrador de Rin Chan… hacía aquí.
—No recuerdo haber hecho ningún secuestro.
—… Cierto.
—Hah…
Hanne dejó escapar otro gran suspiro.
Este se había convertido en todo un reencuentro con su “hermana menor”, Heidamarie.

Una respuesta a “Capítulo 4 — La Viuda, la Medicina y el Veneno; Escena 4”