Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 193-200
Hanne y Heidemarie fueron encarceladas en la sede de Marlon de la Policía Mundial.
Hanne estaba pensando, ¿qué les iba a pasar más tarde?
Bruno había dicho que serían «eliminadas». Si interpretaban sus palabras al pie de la letra, eventualmente Hanne y Heidemarie serían, indudablemente, asesinadas.
El hecho de que no las hubieran matado de inmediato se debió a que estaban en la sede principal de la Fundación Freezis. Si se llevaran a cabo asesinatos abiertamente en las instalaciones, ni siquiera Bruno podría salir ileso con su palabra.
Pero dentro de una cárcel lejos de miradas indiscretas, era una historia diferente. Incluso si las personas afiliadas a Bruno las mataran a las dos allí, él podría inventar algún tipo de excusa.
Enfermedad, suicidio, accidente, cualquier motivo bastaría.
Por supuesto, Hanne no tenía la menor intención de aceptar eso en silencio.
Tenían muchos métodos para escapar.
-Pero antes de eso…
Había algo que Hanne quería preguntarle a Heidemarie.
Las habían colocado en celdas separadas, pero afortunadamente eran adyacentes. Les resultaba fácil hablar.
—Heidemarie, ¿estás despierta? —dijo Hanne, hablando con Heidemarie que estaba en la celda de su izquierda.
—Mhm…
Esa fue la única respuesta que le llegó.
—Tengo algo que quiero preguntarte. En cuanto a tus cargos para ser arrestada, lo de las personas del Instituto de Caridad muriendo…
—… Eso pasó, mientras estabas en Lucifenia. Cuando fui allí, todos estaban dormidos, no podían despertar, y luego…
—¿¡Todos en el Instituto de Caridad!?
—Sí. Todos, los adultos y los niños.
Ella no podía creerlo. ¿Cómo es posible que esos niños, y la cuidadora Rita, estén todos muertos?
–Después de todo, no debió haberse ido de Toragay.
Hanne lamentó su negligencia al pensar que no habría más muertes.
Heidemarie siguió hablando.
—Pero, no fui yo. Yo no hice algo así.
—Lo sé. Que seas la criminal es solo una trampa por parte de Bruno. Y tengo una corazonada sobre quién lo hizo realmente. No solo para ese caso. El marqués Kaspar, el doctor Marx y todo el mundo han sido «dormidos» por una sola persona.
—¿Y quién es ese?
—La esposa, Margarita, creo. Aunque no tengo ninguna prueba definitiva.
—… Pero, Margarita, no estaba en Toragay ese día.
Así es. Supuestamente había estado en Aceid por ese entonces. Por esa razón Hanne había ido a Lucifenia sin preocupaciones.
—¿Y regresó sin que nadie lo supiera?
—No lo creo. Ayn me lo dijo, había visto a Margarita en Aceid cuando fue más tarde para visitar a un médico.
Margarita preparaba periódicamente comidas para los niños del Instituto de Caridad. Así que Hanne pensó que le habría puesto veneno en la comida. Pero si Margarita no estaba en Toragay, lo cambiaba todo.
«¿Quizás era un veneno de acción lenta? Pero no creo que Margarita haya ido nunca al instituto mientras yo estaba en Toragay al menos. –Entonces, ¿cómo diablos lo hizo?»
No creía que tuvieran tiempo de holgazanear en la cárcel. Necesitaban regresar a Toragay de inmediato.
También tendrían que hacer algo con Bruno. Como estaban las cosas ahora, incluso si Hanne y Heidemarie escaparan de la cárcel, seguirían siendo perseguidas como criminales.
—Heidemarie … ¿Salimos pronto, entonces?
—¿Salir?
—Por supuesto, vamos a salir de esta celda.
—Pero me han quitado el arma.
—Realmente no necesitas algo así, o más bien, ninguna de las dos lo necesitamos.
Hanne sonrió. Por supuesto, Heidemarie no podía ver su rostro.
—… ¿Estás segura?
—Ahora que Shaw Freezis ha muerto, será difícil para nosotras aprovechar más la influencia con la fundación. Y con la forma con las que han salido las cosas ahora… no tiene sentido ocultar quiénes somos.
—…
—Ya no necesitamos ser bisnietas de “Shaw Freezis».
—-Entiendo.
—Por lo que entonces-
En ese momento. Hubo un alboroto desde fuera de las celdas.
—… ¡Estan aquí! ¡Heidemarie y Hanne deben estar aquí!
—… Dios mío, ¿por qué estoy haciendo algo como esto por gente como ellas…?
Hanne pudo escuchar un intercambio entre una voz familiar y una que no conocía. Ambos eran varones.
En poco tiempo, los dos aparecieron ante las celdas en las que estaban Hanne y Heidemarie.
—-! ¡Ayn!
—Gracias a Dios, ustedes dos parecen estar bien. … Espera un minuto, abriré esto.
Usando la llave que tenía en la mano, Ayn abrió las celdas en las que habían sido puestas.
—… Gracias, realmente nos has salvado Ayn.
«Aunque bueno, realmente no necesitábamos ser salvadas.»
Había un hombre de pie junto a Ayn con una expresión amarga en el rostro. Hanne no lo recordaba en absoluto.
—¿Y quién es este?
Heidemarie fue quien respondió a esa pregunta.
—El jefe de Justea, Hob Homer. … Mi superior.
—Oh, ¿es así? Encantado de conocerte. Gracias por cuidar de mi hermana —dijo Hanne, extendiendo su mano para un apretón. A pesar de devolver el gesto tentativamente, Hob no le devolvió la sonrisa.
—Me pregunto qué me va a pasar cuando salga a la luz… Hmph.
Heidemarie era su subordinada, pero ella no le sonrió en absoluto; más bien, ella solo lo estaba mirando.
—Aquí. Te lo devuelvo.
Hob le entregó una pistola. Era su arma, la que le habían arrebatado. Aun así, la expresión de Heidemarie no cambió.
—… Pensé que estabas del lado de Bruno.
—–Es cierto que seguí sus órdenes. ¡Pero no tenía idea de que saldría así! Encarcelar a personas inocentes… ¡Esto no es otro que un abuso de autoridad! … A pesar de las apariencias, soy el orgulloso líder de “Justea”. No puedo permitir algo que infrinja la justicia.
—… Ya veo.
Ante eso, Heidemarie sonrió por primera vez. –Aunque no parecía ningún tipo de sonrisa que alguien que no fuera Hanne reconociera.
Ayn interrumpió la conversación.
—Es como él dijo. Heidemarie no puede ser quien mató a la gente del Instituto de Caridad. Yo estaba contigo en ese momento. Y… — Ayn se volvió hacia Elluka—. Tú tampoco eres esa “Elluka Clockworker”. … Lo sé. Eres imprudente y voluntariosa, y el tipo de persona que interfiere en una investigación, pero sé que no eres el tipo de villano que mataría a alguien.
—… Gracias. Estoy muy contenta de que creas en mí, Ayn.
—Vamos, salgamos de aquí. Están escasos de guardias en este momento. Y… ahora mismo, Toragay está en problemas. ¡Tenemos que hacer algo!
—¿En problemas?
Hob le entregó a Hanne una hoja de papel.
—… Este es el Periódico Schuburg que se publicará la próxima semana. Conozco al presidente de allí. Le pedí que me diera una copia. … Bueno, supongo que no hay problema por mostrártelo, ya que usted misma es una reportera.
Hanne lo tomó y hojeó el contenido.
Primero se escribió sobre el incidente en el Instituto de Caridad.
Veinticuatro muertos en el Instituto de Caridad, causa desconocida
Ese titular le llamó la atención.
Y, cuando vio los siguientes titulares, el rostro de Hanne palideció.
—¿Qué es esto…? “No hay fin a la extraña epidemia de Toragay «, «Prohibido viajar entre Toragay y Aceid»…
Parecía que la situación se había agravado mucho más rápido de lo que podía haber imaginado.
—A este paso, Toragay está condenado. No, puede que no termine ahí… De todos modos, ¡tenemos que irnos ahora! —dijo Ayn, instando a todos a salir de la cárcel.
—Sí… Tenemos que hacerlo. –Pero, Ayn. Antes de eso, hay algo que debería decirte —dijo Hanne, intercambiando una mirada con Heidemarie. Ella pareció entenderla, asintiendo sin decir palabra.
—¿Algo que quieras decir? ¿Qué demonios…?
Antes de que Ayn pudiera terminar de hablar, Hob cayó al suelo junto a él con un fuerte golpe.
—- !? ¿¡Jefe Homer!? ¿Qué pasa? De repente…
Mientras intentaba despertar a Hob, Ayn finalmente se dio cuenta de algo.
–Que quien había atacado a Hob era Heidemarie.
Y que el lenguaje corporal de Heidemarie y Hanne era muy diferente al de antes.
—Ayn. Dijiste que no soy “Elluka Clockworker”. —Hanne se acercó lentamente a Ayn—. Pero estás equivocado.
Y luego, Hanne levantó una mano frente al pecho de Ayn.
—… De-detente. … ¿Que estas intentando hacer? … ¿Hanne Lorre?
—“Hanne Lorre», eso no es correcto. Ese no es mi verdadero nombre.
Dentro de la cárcel sin ventanas empezó a soplar un fuerte viento.
—En agradecimiento por salvarme, te diré mi verdadero nombre-
El viento se hacía gradualmente más fuerte. Tanto es así que Ayn estaba a punto de salir volando.
—Es-esto no está pasando…
—Me llamo-
–Elluka Clockworker–
Ayn perdió el conocimiento inmediatamente después de escuchar esas palabras.
El viento había golpeado su cuerpo contra la pared de la prisión.

Una respuesta a “Capítulo 5 – Un Evento Inusual Visita con Justicia Inexpresiva; Escena 5”