Capítulo 6 – La Hechicera Eterna; Escena 4

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 221-225

Recién se había escrito en el periódico, la carretera que llevaba a Toragay desde Aceid había sido cerrada por completo por la Policía Mundial.

—… Parece que, después de todo, será complicado pasar por aquí —murmuró Elluka mientras miraba la estación de control hecha apresuradamente desde lejos. Después de todo, no podían simplemente abrirse camino ahora que eran criminales buscados— No se puede evitar. Iremos directamente a Calgaround como estaba planeado, Gumillia.

Se dirigirían a la Meseta Merrigod sin pasar por Toragay por ahora. Era una molestia que tuvieran que pasar por el sendero de montaña sin mantenimiento en lugar de la carretera principal, pero no tenían ningún otro curso de acción.

—… ¿Oh?

Parecía que se estaba produciendo una especie de pelea en la estación de control. Varios oficiales estaban rodeando a alguien y discutían duramente con él.

Elluka y Gumillia se movieron para acercarse un poco más y escuchar el contenido de la conversación.

—¡Pero yo soy un residente de Toragay! ¡¿Por qué no me dejan pasar?!

—Te lo dijimos. Toragay está plagado de una epidemia en este momento. No podemos permitir que nadie entre ni salga.

—¡Razón de más para dejarme ir! Mi madre todavía está ahí. ¡Si esto sigue así, ella morirá! Tengo que sacarla de allí ahora…

—No puedes. Si lo hiciera, entonces el contagio podría extenderse fuera de la ciudad. No importa quién, nadie puede irse ahora.

—… ¡Estás bromeando! Es solo mi mamá… ¿Me estás diciendo que la deje morir?

—… Lo siento, no tenemos otra opción. No hay nada que podamos hacer al respecto.

—… Hijo de puta… hijo de puta…

Parecía que alguien intentaba entrar en la ciudad y lo detenían.

Ella reconoció esa voz. –El cochero. El hijo de la posadera.

—… ¡Arrgh!

—-! ¿¡Qué cojones!? –¡Agarrenlo!

El cochero de repente se volvió loco y atacó a los oficiales.

Era triste, pero no había nada que pudieran hacer al respecto ahora.

—¡Vamos, Gumillia! ¿¡Gumillia!?

Cuando se dio la vuelta, Gumillia ya no estaba detrás de ella.

Un rugido atronador se disparó por el aire. Venía de donde estaba el cochero. Cuando Elluka miró hacia atrás, vio que Gumillia dejaba inconsciente a uno de los agentes con su pistola de fuegos artificiales.

—-!? ¿Quién… es ella? ¡Heidemarie!

—¡Arrestenla!

Todos los policías sacaron sus pistolas de mecha.

«Aah… Dios santo.»

Sintió que últimamente Gumillia se había vuelto mucho más violenta en temperamento de lo que solía ser. Habían pasado más de cien años desde que cambió de espíritu a humano y comenzó a vivir en la sociedad humana. Quizás la gente la había influenciado de alguna manera durante ese tiempo.

Elluka abrió los brazos y convocó el viento.

La manipulación del viento era su «hechizo» favorito.

El viento arremolinado se dirigió hacia los oficiales.

—-!? ¡Waaagh!

Entre los seis oficiales, tres de ellos fueron arrastrados por el viento, se estrellaron contra el suelo y se desmayaron.

–En los viejos tiempos, Elluka habría podido levantar un viento más fuerte que podría haber levantado a todos los oficiales.

Parecía que su nivel de poder había decaído. No envejecía… eso siempre lo había pensado, pero aparentemente estaba equivocada. Si bien puede haber sido mucho más lento que el de la persona promedio, parecía que el tiempo realmente tuvo un efecto en Elluka.

El cuerpo actual de Elluka no era su original. Era un cuerpo que había cambiado por el de una mujer llamada Lukana Octo hacía unos quinientos años. Eso era algo que Elluka podía hacer, ya que ella misma conocía la «Técnica de Intercambio», y el cuerpo que había obtenido se había convertido, como su alma, en algo que no se deterioraba. –Pero, ese no fue necesariamente el caso. La «Técnica de Intercambio» no era algo que le habían enseñado, sino un hechizo que había recordado en algún momento. Así que la propia Elluka aún no entendía todo al respecto.

En algún momento probablemente necesitará un nuevo cuerpo.

«–Oop, supongo que ahora no es el momento de pensar en algo así.»

Los oficiales restantes se quedaron allí en un estado de inquietud, incapaces de entender lo que acababa de suceder. Aprovechando eso, Elluka se acercó rápidamente y le habló a Gumillia.

—Vámonos.

—Uh, pero…

—¡Solo ven aquí! –Oye, tú también.

Elluka agarró la mano del cochero mientras se sentaba en su lugar con asombro, y luego se fue con él y Gumillia. Podía escuchar gritos y disparos detrás de ellos, pero no les prestó atención.

Cuando salieron del alcance tanto de los oficiales como de la estación de control, Elluka se detuvo.

—… Deberíamos estar a salvo ahora.

El cochero, que las había estado mirando en un estado de total desconcierto, finalmente lanzó un grito de «¡Ajá!», como si se hubiera dado cuenta de algo.

—¡Eres la señorita Hanne! –¿Te has teñido el pelo?

—… Sí, solo para tener un poco de aire fresco.

—El color de tus ojos también se ve un poco diferente…

Periódicamente había cambiado el color de sus ojos a verde usando magia, pero ya era hora de romper ese hechizo.

—Bueno, sí, lo que sea. De todos modos, intentar entrar en Toragay ahora mismo sería absurdo.

—Pero mi madre está ahí…

—No hay nada que puedas hacer entrando. Puede que la señorita Brigitta ya esté infectada, pero quizás tengamos un método para curar eso. Déjanoslo a nosotras por ahora, ¿de acuerdo?

—… No lo sé, pero si dices que puedes ayudar a mi madre, entonces te ayudaré. ¿Hay algo que pueda hacer?

—Sí… Necesitamos llegar a Calgaround; ¿Puede tu carruaje cruzar el camino de la montaña?

—… Si vamos en carruaje, hay un camino mucho más cercano que el camino de la montaña. Una ruta que va hacia el este alrededor de la montaña. Hay un rastro hecho poe animales que solo los cocheros veteranos conocen.

—Excepcional. Entonces, haremos que nos lleves.

—Bien, si vamos ahora, deberíamos llegar antes del anochecer.

Capítulo 6 – La Hechicera Eterna; Escena 3

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 215-221

Hanne y su hermana pequeña Heidemarie —o mejor dicho, Elluka y su aprendiz Gumillia— fueron al hospital donde estaba Marx. Naturalmente, esto fue para reunirse con Margarita.

Sin embargo, ella ya se había ido. El médico que atendía a Marx les dijo que no había regresado a Toragay.

—Dijo que iba a ver a su madre —les respondió el médico.

Pero su madre ya estaba muerta. Rita les había dicho que había perdido la vida cuando nació Margarita.

Elluka pensó que tal vez había ido a visitar su tumba, pero la tumba de su madre estaba en la iglesia de Toragay. Ahora que la carretera estaba bloqueada, no podría ir allí.

—¿Dijo algo más sobre esa «madre»? —le preguntó Elluka al médico.

—Bueno… Ah, ahora que lo mencionas, creo que dijo un nombre. Por lo que recuerdo, Ellie o algo así.

Elluka Clockworker… Naturalmente, no se refería a la propia Elluka, que estaba allí en ese momento. Era a la impostora, que había usado su nombre para acercarse a Margarita.

Sin embargo, Margarita había dicho que no sabía el paradero de la falsa Elluka. ¿Había mentido o había conseguido alguna pista después de que hablaran?

En cualquier caso, habían perdido repentinamente los medios para determinar el paradero de Margarita.

—Que desastre…

Viendo que no tenían nada más que hacer, todo lo que quedaba era abrirse camino hacia Toragay. Había un alto riesgo, y si Margarita no estaba allí para empezar, esta vez seguro que se quedarían completamente sin salida.

Mientras Elluka se preocupaba por esto, Gumillia le tendió algo a su lado.

—-¿Que es eso?

Era un mapa de Elphegort. Un punto del mapa estaba marcado con una X roja.

—Tomé prestado, algo que Ayn tenía —explicó Gumillia con respecto al mapa— Ayn me dijo que había encontrado el nuevo mercado negro. Tal vez esa X, es ese lugar.

—Ya veo…

Si Kaspar había sido el que asumió la responsabilidad del mercado negro de Toragay, ¿quién lo heredó después de su muerte? Quizás la falsa Elluka, su «socio comercial». Si la ubicación del mercado negro estaba en funcionamiento, eso significaba que había muchas posibilidades de que ella estuviera allí.

Luego Margarita estaría con ella…

Qué coincidencia, ese lugar con la marca X, era una tierra a la que Elluka había ido dos meses antes para su cobertura periodística.

—Calgaround en la Meseta Merrigod…

Rita había dicho que la falsa Elluka llevaba ropa roja. Ah, entonces la ciudad rodeada de murallas rojas y el traje rojo…

No podía estar segura solo por eso, pero si la suposición de Elluka era correcta, entonces la verdadera identidad de la falsa Elluka era…

—Gracias, Gumillia. Podría ser capaz de resolver todo esto con eso. Vayamos allí después de que veamos cómo van las cosas en Toragay, solo para estar seguras.

—Deberías agradecerle a Ayn.

—Es cierto… Tal vez vayamos a verlo de nuevo cuando todo esto termine.

Y luego, cuando Elluka y Gumillia se prepararon para dejar el hospital y partir.

—Uugh…

Había una voz débil y vacilante que venía de cerca. Podían escuchar a alguien gimiendo desde una habitación más adentro.

—-Esa es la habitación del Dr. Felix. No puede ser… iré a ver cómo está —dijo el médico, corriendo apresuradamente hacia la habitación.

Elluka y Gumillia se interesaron y decidieron seguir al médico.

En el momento en que entraron, notaron que había ocurrido un cambio extraño.

Marx se había levantado de la cama. Marx, que había estado durmiendo desde que se enfermó en su casa de Toragay.

—… ¿Qué demonios… Ohhh…

Estaba despierto, aunque parecía estar sufriendo mucho.

—¡Señor Felix! Gracias a Dios, te has recuperado.

El médico corrió hacia Marx.

—Tú… pareces tener un aire muy diferente sobre ti… —dijo Marx, no dirigiéndose al médico sino a Elluka, que estaba detrás de él.

—Sí, pasaron algunas cosas.

—Ya veo… no lo entiendo, pero… Ahh… Así es… lo recuerdo… yo… yo… uf… recuerdo todo… —dijo Marx, agarrándose la cabeza.

—¿Estás bien? Quizás deberías descansar un poco m…

—Sí… Desde ese día… Desde ese día mi esposa y Margarita estuvieron muertas… la bruja… y, esa muñeca…

—¿Muñeca?

—¿Muñeca? –¿¡Una muñeca!?

—Agh… una muñeca… yo, nosotros… todos… fuimos engañados. Esa muñeca puso… a todos a dormir…

—¿De qué estás hablando? Explica un poco más…

—¡Aaaaggggghhhh!

Marx de repente gritó. Luego tomó su cabeza y cayó de la cama, su cuerpo retumbó varias veces.

—-!? ¿¡Que esta pasando!?

El médico se apresuró a agarrar el cuerpo convulsionado de Marx y luego trató de volver a ponerlo en la cama.

–Pero antes de que pudiera, Marx dejó de moverse repentinamente, y una vez más se derrumbó como un títere con los hilos cortados.

Después de comprobar el estado de Marx, el médico negó con la cabeza con expresión abatida.

—Buen señor…

¿El despertar de Marx no había sido más que un milagro justo antes de su muerte?

—Elluka…

Gumillia miró a Elluka desde un lado con pesar.

—… Supongo que no salió muy bien. –Pero, al menos eso aclara una cosa —murmuró Elluka.

—¿El qué?

—-La muñeca. Gumilia, tú también lo has visto, ¿no? Que había una entre los contenedores del pecado capital.

—… Sí. La de las coletas, que se parece a Michaela, er, a la «Pecador original» .

—¿Has conocido a Margarita en persona?

—No, aún no.

—También tiene una apariencia que se asemeja a la muñeca, o para ser precisos, a la «Pecadora Original» Eve Zvezda. Durante los últimos 600 años me he encontrado con varias personas con la misma apariencia. Mikulia Greeonio, la Ladrona Fantasma Platonic y Michaela, y todos terminaron teniendo algo que ver con los Contenedores del Pecado Capital y los incidentes que causaron. … Aunque supongo que Michaela es una excepción.

Michaela era una chica que había sido una de las aprendices de Elluka, un espíritu que había renacido en un ser humano. La propia Gumillia era un antiguo espíritu que había renacido de esa manera al mismo tiempo. En el caso de Michaela, cuando renació, simplemente eligió la apariencia de Eve, a quien ella misma había visto una vez, por lo que sus circunstancias eran un poco diferentes a las de las demás que se parecían a ella.

—De todos modos, sospeché de Margarita desde el principio en el punto de su aparición, pero si está conectada con la muñeca, creo que podemos decir que es seguro. Sin lugar a dudas, Margarita debe haber hecho un contrato con el demonio dentro de la muñeca, y con eso está causando esta tragedia actual.

—Entonces, Margarita…

—… Parece que no tenemos más remedio que matarla. Al igual que hasta ahora, cada vez que un contratista muere, las maldiciones y hechizos provocados por su demonio también se eliminan.

—¿Es eso así?

—Sí. –Cualquiera que sea la situación, necesitamos buscar a Margarita de inmediato. Antes de que todos en Toragay mueran. … No, no solo Toragay. Ella también vino aquí. En el peor de los casos, el daño podría extenderse hasta aquí también.

Era una carrera contrarreloj.