—… Qué espectáculo tan horrible.
Elluka contempló estupefacta la ahora ciudad fantasma de Toragay.
La ciudad estaba en silencio.
Pero eso no era porque fuera de noche.
Si eligiera una casa y entrara, probablemente encontraría a los residentes acostados, en un sueño eterno.
«¿Debería llamar a esto una tragedia?
¿O debería estar agradecida de que el daño no se extendiera a otras ciudades?
… No, todavía no puedo estar con la guardia baja.»
El sexto «gift»: era posible que todavía quedaran personas infectadas con él.
Si uno solo de ellos hubiera logrado sobrevivir, y podido escabullirse de la policía y dejar Toragay…
Entonces, el número de víctimas se expandiría una vez más.
Hasta que toda la humanidad se durmiera.
—-Tos-
Elluka puso su mano sobre su flanco, donde aún persistía algo de dolor.
– “Sexto, Venom”. Después de haber sido apuñalada por él, Gumillia llevó a Elluka a un hospital en Aceid. La herida había sido tan grave que si el cochero no hubiera estado empujando a los caballos tan rápido como pudo, probablemente ella no hubiera logrado sobrevivir.
¿Debería estar agradecida de que le hubieran salvado la vida?
¿O sentir la desesperación de que no pudieran encontrar un medio para salvar a Toragay gracias a todo el tiempo que le tomó recuperarse de su herida?
—Lamento haberte hecho esperar. —Gumillia se acercó al lado de Elluka.
—Lo has hecho bien. ¿Entonces, cómo está?
Gumillia había estado investigando en lugar de Elluka, ya que todavía no podía moverse lo suficiente.
—Bueno… Busqué, la mansión de Sombra de nuevo, pero parece que la «muñeca» no estaba adentro, después de todo. No sé si se la quitaron o si no estaba allí en primer lugar…
Todavía no habían encontrado la prueba de que Margarita había hecho un contrato con un «demonio», la «muñeca» que era un Contenedor del Pecado Capital. Ella había asumido que estaba escondida en la mansión de Sombra, pero parece que había estado fuera de lugar.
—Además- —Gumillia continuó con su informe—. El cadáver de Margarita, también ha desaparecido.
—… Tal vez «Sexto, Venom» se lo llevó.
Las habían golpeado.
Elluka y su aprendiz habían perdido.
Contra Père Noël.
Contra su líder, «Primera, Santa Claus», la hechicera del gato rojo.
Y contra la Princesa del Sueño.
Pero no tenía ninguna intención de dejar que terminara ahí.
Podían haber perdido todas sus pistas, pero tenían que buscar a sus enemigos, sin importar qué.
«–No, supongo que no hemos perdido todas nuestras pistas.»
Estaba Bruno. Él estaba relacionado con Père Noël.
Pero para acercarse a él directamente tendrían que pasar a la ofensiva tanto contra la Policía Mundial como contra la propia Fundación Freezis.
«Tenemos muchos preparativos que hacer.»
Necesitaban cruzar este punto de inflexión en sus vidas y comenzar a dirigirse hacia el final.
Aun así, no, por eso incluso, no podían permitirse el lujo de quedarse paradas.
—Gracias, Gumillia. Bueno, entonces vamos a…
—Espere. Una cosa más.
—¿Qué es?
—»Julia Abelard».
—… Ese es el nombre que estaba usando Sombra. ¿Qué ocurre con eso?
—Hay otra mujer, con el mismo nombre. Una noble, en Lucifenia.
—-¿Qué?
Sombra lo había dicho.
Que ella no era la «Hechicera del Gato Rojo», «Primera, Santa Claus», o – «Julia Abelard».
Si existía una verdadera «Julia Abelard», seguramente esa mujer tenía que ser…
—Entiendo, Gumillia. En cualquier caso, tenemos que investigar más profundamente esto… «Père Noël». Entonces, nuestro próximo destino ha sido decidido.
—…
—Vamos, a Lucifenia.
—Sí, Elluka.
—¡Esperad!
Alguien llamó a Elluka y Gumillia, deteniéndolas cuando empezaron a salir de la ciudad.
Era el cochero de antes. Aunque lo habían detenido muchas veces, al final las había acompañado a la fuerza a laa dos hasta ahí.
En el momento en que entraron en Toragay, se dirigió a su casa. Y ahora había vuelto con ellas.
—… ¿Qué pasa?
Sin embargo, podía adivinar la respuesta. Como estaban las cosas, entonces seguramente su madre…
—No es… no está en ninguna parte.
—-¿Eh?
—No estaba en la casa, y busqué cerca, pero el cadáver de mi madre no está en ninguna parte. No, no solo mamá, también los cadáveres de otras personas. Parece que hay muchos menos de los que pensé que habría. Hay varias personas que conozco que no pude encontrar…
… ¿Qué significa eso?
«Será que-»
—Espera un momento… escuché, algo —dijo Gumillia, llevándose una mano a la oreja y escuchando.
Elluka también se esforzó por oírlo.
–Había algo.
Aunque era muy débil.
Pero de alguna parte venía una voz.
—De esa lugar.
Gumillia señaló en cierta dirección.
El edificio que estaba allí…
—Vayamos… a la mansión de Blankenheim.
La cerradura estaba rota.
Cuando los tres entraron, pudieron escuchar más claramente la voz tranquila de antes.
—… Viene del sótano.
Elluka, el cochero y Gumillia se dirigieron rápidamente hacia las escaleras y descendieron.
La voz gradualmente se hizo más fuerte. No era solo una persona. Muchas voces resonaban desde abajo.
Y cuando llegó hasta allí y abrió la puerta, lo que vio Elluka fue…
—-¡Oye, apareció alguien!
—¿¡Eh, qué!? ¿Están infectados?
—No sé. Es una mujer con una túnica extraña.
—¿Quizás ha llegado el grupo de rescate?
—No lo creo. No parecen policías. Ey, ustedes, ¿quién diablos…?
A simple vista, podría haber unas cincuenta personas allí. Estos ciudadanos habían estado viviendo en ese sótano, apiñados en un espacio muy estrecho.
Evidentemente, ninguno de ellos se había quedado dormido.
–Estaban todos vivos.
—¡Oye, abre paso!
Pudo ver a alguien separando a la multitud que venía hacia ellos.
—¿Oh, qué es esto? Después de todo, eres tú. El color de tu cabello es diferente, así que no lo entendí de inmediato, pero… ¿Eres tú, Hanne?
—-! Señora Brigit–
¡Maaaaamáaaaaa!
El cochero fue el que gritó. Abrazó a Brigitta y luego se derrumbó de rodillas, llorando.
—Gracias a Dios… todavía estás viva… pensé que te habías… ido…
—Santo cielo… un hombre adulto llorando como un bebé. No hay nada más patético —dijo Brigitta, sus ojos también brillaban un poco.
—Em. Brigitta… Gracias a Dios. Pero, ¿cómo estás a salvo?
Cuando Elluka hizo su pregunta, la expresión de Brigitta se volvió un poco más oscura cuando respondió:
—No estamos a salvo. Todo el mundo ha estado bastante al borde de la muerte. Los supervivientes que se dieron cuenta de que era una plaga huyeron al sótano del edificio más grande de la ciudad, esta mansión.
Esa fue probablemente una última lucha desesperada para evitar que la infección se propagase más.
—Pero incluso aquí, varias personas han muerto. Teníamos personas que ya habían contraído la enfermedad con nosotros. … Durante un tiempo, todos nos preparamos para morir aquí.
—Pero todos aquí todavía están vivos.
—Eso es gracias a él —dijo Brigitta, y señaló hacia el sótano.
De pie allí había otra figura que era familiar tanto para Elluka como para Gumillia.
—Señor Egmont…
El dueño de la farmacia La Bula. Cuando Elluka lo llamó, pareció darse cuenta de quiénes eran y se acercó tranquilamente.
—Oye, oye, ¿qué pasa con ese atuendo espeluznante? –Incluido esa oficial de allí.
—Bueno, pasaron cosas… ¿Eres tú quien salvó a todos aquí?
—Solo por casualidad. Como última lucha, comencé a probar aleatoriamente todos los medicamentos de mi tienda. Y luego, descubrí una droga que parecía tener efecto.
—Y… ¿qué droga es esa?
—Esta, aunque no queda mucha.
Egmont sacó una pequeña botella llena de un líquido blanco.
—… Me estás tomando el pelo, eso es…
—En efecto. La droga que me compraste esa vez. ¿Quién hubiera pensado que un simple tónico energético tendría tal efecto sobre un patógeno? Me quedé atónito.
Ella también. Una medicina que pudiera curar una enfermedad provocada por la calamidad de un “demonio”. ¿Qué demonios había en esa sustancia?
–Puerick Rogzé, que había desarrollado el antídoto que curó la Enfermedad Gula… él también era una persona normal.
Quizás, después de todo, no necesitaban «hechiceras» para vencer a los «demonios». El propio ingenio humano fue lo más importante para evitar la tragedia.
«–Quizá de verdad sea hora de que me retire,
Teniendo todo eso en cuenta.»
Mientras se sentía aliviada de que hubiera sobrevivientes, Elluka se enfureció rápidamente por algo más.
«¿¡Cómo que “Toragay en ruinas”!? La Policía Mundial y el Periódico apenas investigaron… Honestamente, hice bien en renunciar después de todo.»
En cualquier caso, encontrar a esas personas había encendido una luz tenue en el corazón de Elluka, una vez deprimido.
Ese líquido blanco… la droga que curaba el «gift»-
—Oye, esta droga… ¿De qué está hecha exactamente?
—… Ah, bueno, eso es un poco complicado.
Egmont pareció callarse ante la pregunta de Elluka.
—Dime. La amenaza de ese «gift» que representa el patógeno no ha desaparecido por completo. Tenemos que prepararnos para ello y establecer un método de fabricación.
—… No, eso es, eh… no es realmente, eh, correcto hablar de esto aquí.
—- ¿Hiciste algo turbio para conseguirla?
—N-n-n-no por supuesto que no–
—¡Dime! ¡La vida de las personas está en juego! —Elluka amenazó.
Egmont se apartó de ella.
—¡E-eso es suficiente! ¡Ya te lo diré!
—Entonces, ¿de qué está hecho?
—Hah… El ingrediente principal de esta medicina… ese sería…
Capítulo 7 – Gift de la Princesa que Trajo el Sueño; Escena 1
Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 260-268

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