Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 183-192
La muerte del comandante de la Fundación Freezis: cuando Hanne llegó a Marlon, esto aparentemente ya era de conocimiento común en todo el país.
Parecía que toda la capital, Bariti, estaba sumida en el dolor. Por todo el lugar colgaban telas negras que significaban duelo.
Seguramente todos tenían que saber que al longevo Shaw no le quedaba mucho tiempo. Sin embargo, eso fue superado por el impacto de la muerte del líder de la fundación. El país de Marlon en particular era uno de los que había recibido los beneficios de la Fundación Freezis más que ningún otro. Eran personas que se dedicaban a muchas formas de comercio para ganarse la vida, y no había nadie en este país que no tuviera algún tipo de conexión con la fundación.
Todos los hijos de Shaw habían fallecido hacía mucho tiempo. Eso significaba que uno de sus bisnietos serían los que heredarían su puesto. Hanne no tenía mucho interés en ello. Ella apenas había visto la cara de alguno de los otros bisnietos una o dos veces. Había algunos de ellos que ni siquiera conocía.
Podían hacer lo que quisieran sobre quién se convertiría en el próximo primer ministro.
«Estoy bastante segura de que mi turno nunca llegará, de todos modos.»
Incluso si por algún error eso terminara sucediendo, Hanne no tenía la menor intención de aceptar.
Ella no podía permitir tal cosa. Sería completamente ilógico.
En cuanto a por qué…
Bruno la esperaba ante la sede principal de la fundación.
No, no solo Bruno. Había varios hombres con trajes negros que parecían guardias, y otra persona…
Heidemarie. Seguía vestida de uniforme y de pie junto a Bruno.
—Tú también viniste, Heidemarie.
Eso era natural. Si habían llamado a Hanne, sin duda la iban a llamar.
Heidemarie intentó decirle algo a Hanne, pero Bruno intervino antes de que ella pudiera.
—… Por aquí.
Las guió no a las puertas principales, sino a la entrada trasera.
—Ahora mismo toda la familia está reunida adentro. No están ansiosos por veros. Por favor entenderlos.
—-Sí, yo lo entiendo.
Entraron por el camino de atrás y desde allí caminaron por el pasillo que conducía a la habitación del primer ministro.
—El señor está durmiendo en su habitación. -Sí, está tranquilo, como si estuviera durmiendo.
Claramente, no había señales de la ambición habitual de Bruno en su rostro cuando dijo eso. Conocía al primer ministro desde hacía más de cincuenta años. Aunque podría haber estado preparado para ello, no pudo ocultar su sorpresa.
«Como durmiendo, ¿eh?»
Hanne no pudo evitar sentir una sensación desagradable ante esas palabras.
Una muerte como el sueño. Al escuchar eso, recordó instantáneamente lo que sucedió en Toragay.
Naturalmente, sabía que no había relación entre eso y la muerte del primer ministro. Había estado enfermo durante mucho tiempo.
Cuando se acercaron a su habitación, Bruno abrió la puerta.
—… Adelante.
Entró con Heidemarie.
El primer ministro estaba adentro como siempre. La única diferencia era que no estaba acostado en la cama, sino en un ataúd.
Hanne se inclinó ante el ataúd y luego le tocó suavemente la mejilla. Tal como había dicho Bruno, su rostro estaba tranquilo y sereno. Al menos fue una suerte que hubiera fallecido sin ningún sufrimiento.
«Otra vez. De nuevo, alguien que conozco ha muerto…»
Era un hombre muy amable. Y no solo eso. Había sido demasiado serio y, a veces, inflexible. Habían peleado. Se había enojado con Hanne y, a la inversa, ella lo había regañado. Aun así, al final siempre se reconciliaron.
Hanne había tenido que separarse de la gente a través de la muerte innumerables veces antes. Acariciando su rostro, recordó a todas las otras personas de las que había tenido que despedirse antes.
«–El cadáver que hay tendido,
Me había derramado un cariño desenfrenado.
Pero no pude devolver ese amor.
–Los amigos que tengo en las tumbas,
Ni siquiera pude ser testigo del momento de sus muertes. Quizás ese era el destino.
Pero, tal vez si hubiera estado, podría haberlos salvado.
-Y,
A esa chica de coletas también.
No Margarita. Aunque era una chica de cabello verde que se parecía muchísimo a ella.
No, es al revés. Margarita es la que se le parece.
¿Qué había pensado en el momento en que su vida se apagó?
Su expresión no me dijo nada.»
Una gran cantidad de «muertes» fuera de esas pasaron por la mente de Hanne.
Era cierto, la gente moría. Eso era normal.
Sin embargo, aun así… era algo a lo que nunca se acostumbraría.
Había sido bastante tiempo.
Sí, realmente había pasado mucho tiempo.
Hanne derramó lágrimas sin importarle lo que pensaran los que la rodeaban.
—¿Has terminado tus despedidas? —Bruno habló desde atrás.
Hanne se puso de pie como en respuesta, sin lágrimas en los ojos.
—Esta es la primera vez que te veo llorar. Y Heidemarie… Compuesta como siempre. Bueno, supongo que eso es justo lo que esperaría de ella.
—…
Hanne lo entendió. Estaba segura de que Heidemarie sufría por dentro. Era solo que no sabía cómo expresarlo.
Ni siquiera Hanne había visto las lágrimas de Heidamarie. Seguramente, ella no había llorado ni una vez en toda su vida. Pero solo Hanne sabía que eso no significaba que tuviera un corazón frío.
—Bueno, supongo que ahora… —comenzó a interrumpir Bruno.
—Lo sé. Salimos por la parte de atrás para que nadie nos vea, eso es lo que quieres, ¿verdad?
Pero Bruno negó inesperadamente con la cabeza.
—No. No es eso, Hanne. Jejejejejeje…
Él había conservado su vigor, casi como si ella hubiera imaginado su anterior expresión de agotamiento.
El hecho de que estuviera deprimido antes había sido una actuación. Justo cuando Hanne se dio cuenta, los hombres uniformados de negro detrás de él ya habían levantado sus pistolas de mecha y apuntaban a Hanne y Heidemarie.
—Las llevaré a las dos a la cárcel —dijo Bruno, sonriendo abiertamente.
—… ¿Por qué motivos?
—Mi nombre, “Bruno”, sabes que no es mi nombre real. “Bruno”… era el nombre que se le daba a los jefes de la “Asociación”, una organización secreta que trabajó en la región de Evillious mucho antes. Después de que cayera bajo el paraguas de la Alianza Comercial Freezis, el nombre “Bruno” era dado al ayudante más fiel y confiable de la familia Freezis; yo soy el que ha heredado ese nombre de “Bruno”.
—¿Y qué hay con eso?
—Aquellos que tienen el nombre de “Bruno” reciben un privilegio particular. En cualquier momento en que no haya un comandante de la familia Freezis, se les otorga la autoridad total con respecto a la Fundación Freezis, hasta que se elija un nuevo sucesor. Se anunció oficialmente que el próximo líder será elegido dentro de un mes. Durante el tiempo hasta entonces… ¡Solo por este mes, yo reinaré en la cima! ¡Puedo usar mi influencia como quiera! ¡Ahora es muy sencillo que la Policía Mundial haga lo que yo quiera! ¡JA JA JA JA JA!
—Ya veo, entonces estos hombres vestidos de negro aquí son de la Policía Mundial. –Aunque, considerando que puedo ver que no llevan uniforme, no puedo imaginar que sean tan honestos en sus deberes… ¿Los conoces, Heidemarie?
A la pregunta de Hanne, Heidemarie solo respondió que no.
—Toda organización tiene un lado oscuro, Hanne. Gente que hará lo que yo les diga siempre que ganen dinero. ¡No hay nadie tan leal a la Fundación!
—… Entonces, ¿cuáles son los cargos? No puedo imaginar que la sociedad se quede en silencio cuando arrestes a personas inocentes. Incluso la Policía Mundial tiene a quienes no se inclinarán ante ti.
—Hanne Lorre. Usted se convertirá en la sospechosa del «Incidente de Leona» que ocurrió hace veinte años. El caso en el que se incendió el pueblo de Leona. ¡En ese entonces tomaste el nombre de “Elluka Clockworker” e incendiaste la ciudad, lo que resultó en la muerte de Dashaw Freezis!
—… ¡Qué tontería! ¡El retrato de Elluka Clockworker se ha difundido por todas partes! Ella no se parece a mí en absoluto.
— Eso se solventará de alguna manera. Lo importante es el hecho de que estuviste allí en ese momento. ¡Mientras tenga eso, puedo inventar algunas pruebas más adelante! … Bueno, y con respecto a ti, Heidemarie, ¿quieres que te cuente tus cargos a continuación? —Bruno se volvió hacia Heidemarie—. Hace dos días murieron veinticuatro personas en el Instituto de Caridad de Toragay. Casi todos niños. … Vaya, qué tragedia tan desgarradora.
Bruno imploró a los cielos con gestos forzados y actuados.
—Todo sucedió cuando llegaste a la ciudad. Por esas circunstancias, ¡sin duda eres la criminal! … Entonces, Heidemarie Lorre, eres arrestada como principal sospechosa.
En ese momento justo, los hombres vestidos de negro rodearon rápidamente a Hanne y Heidemarie, con las armas todavía desenfundadas.
Hanne no se resistió y dejó que la atraparan en silencio. Tenía los brazos detrás de la espalda y las muñecas atadas con una cuerda.
—No aprieten demasiado. Detesto el dolor.
–Pero no fue lo mismo para Heidemarie.
En el momento siguiente, cuando un destello se encendió a su alrededor, uno de los trajeados que intentaba arrestarla fue violentamente rechazado.
—¿¡Eh!?
Luego golpeó la pared y se derrumbó.
—No morirá. Pero sus huesos podrían estar rotos —dijo Heidemarie.
Ella estaba empuñando un arma en su mano derecha.
No era una pistola de mecha normal como la que sostenían los trajes negros. Era un arma de fabricación especial que ella misma había creado.
Al igual que cuando había atacado la posada en la que había estado Hanne, esta vez había disparado una bola de luz con su arma. Por esa propiedad, Hanne la había llamado una «pistola de fuegos artificiales», pero aparentemente Heidemarie no estaba muy contenta con ese nombre.
—-! ¡Tiene un arma!
—¿¡Que es eso!? ¡Nunca había visto una pistola así!
—¡B-bueno, rodearla de todos modos!
Mientras los hombres de negro entraban en pánico, todas las personas presentes se apiñaron alrededor de Heidemarie.
—… Tch, ese idiota de Hob. Le dije que se asegurara de que ella no estuviera armada… Qué idiota más inútil —murmuró Bruno, y luego ordenó a los hombres de traje negro—: ¡No se puede evitar! Si se resiste, matadla. Probablemente toda la familia esté de camino a investigar ese disparo… ¡Deprisa!
Los trajeados volvieron a preparar sus armas, y Heidemarie levantó la suya en respuesta.
—Heidemarie… Por favor, detente —dijo Hanne mientras todavía estaba atada, deteniendo a Heidemarie—. No provoquemos una escena ante el dormido primer ministro, por ahora, al menos.
—… Bien.
Heidemarie obedeció las palabras de Hanne y bajó la pistola. Inmediatamente después, los hombres de negro la abordaron y ataron sus muñecas.
—Bien… Llévenlas —ordenó Bruno a los hombres. Hanne se volvió hacia él.
—Bruno… Hay una última cosa que olvidé preguntarte. –¿Por qué nos detiene? Si es porque somos las bisnietas del primer ministro… Esa no puede ser la única causa.
—Hmm… Supongo que no estarás satisfecha con “porque no me gustas”?
—Me cuesta creer que un hombre que ha trabajado en los altos mandos de la Fundación Freezis durante varias décadas actúe por una razón tan endeble.
—… Esta Fundación Freezis es “un castillo de naipes”, después de todo, Hanne. Para hacerla inquebrantable, hay varias personas con las que tengo que ser amable. … Incluso si son sinvergüenzas.
—Pere Noel.
—Muy astuta. Eso es lo que odio de ustedes… Como sea, una vez que me deshaga de ustedes dos, me convertiré en el próximo “Segundo, Comerciante”… Ese es el acuerdo que hice.
—¿Segundo, Comerciante?
—… ¡Lleváoslas ahora!
La orden a la Policía Mundial de detener su investigación sobre el mercado negro de Toragay probablemente también había estado bajo sus órdenes.
Desde allí, las dos terminaron siendo llevadas a algún lugar de la entrada trasera.
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