Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 12-18
No conocía el rostro de sus verdaderos padre y madre.
Para cuando tuvo la edad suficiente para entender algo, Lemy ya era huérfano.
Había vivido en un pequeño orfanato sin saber siquiera si había sido abandonado o si sus padres habían muerto.
Había varios otros niños en circunstancias similares a las de Lemy ahí. Eso no significaba que fuera amigo de todos ellos. Así como todos se veían diferentes, también lo eran sus personalidades. Y, en particular, había muchos niños en el orfanato que eran introvertidos por no tener padres.
El propio Lemy no era un niño muy extrovertido. Siempre jugaba con los mismos dos o tres niños, por lo que no se llevaba muy bien con los demás.
Su mejor amiga había sido Rin. Era una niña de la edad de Lemy, con un rostro encantador salpicado de pecas, llegandole su cabello negro a los hombros. A diferencia de Lemy, que no tenía habilidades para leer, le fue bien leyendo libros ilustrados y sobresalió por encima de todos cantando. Acompañada por el piano de su maestra, cantaba más alto y más bellamente que cualquier otra persona. Sin lugar a dudas, Rin se había destacado más en el orfanato. Y así, Lemy le había gustado mucho.
De vez en cuando, adultos que él no conocía venían al orfanato. Estos adultos visitaban el orfanato varias veces y, después de ver el estado de los niños, finalmente se llevaban a uno a algún lugar.
Los adultos sin hijos propios aceptaban a un huérfano como hijo adoptivo.
En muchos casos, eran los niños que se portaban bien los que eran seleccionados para adopción. Cada vez que un adulto que no conocía se acercaba al orfanato, se ponía nervioso, pensando que nunca lo seleccionarían porque siempre lo regañaban por hacer bromas, y que Rin seguramente sería adoptada por alguien.
Cuando era muy joven, Lemy solía despertarse llorando por pesadillas, por sueños en los que se hundía en el agua.
Mientras sufría, el agua fluía por su boca y nariz y alguien lo miraba desde arriba.
Era una mujer, y aunque él no podía ver muy bien su rostro, ella vestía un traje morado que dejaba al descubierto mucha piel.
«Duele-
Hace frío-»
No importaba cuántas veces dijera esas cosas, la mujer no hacía ningún movimiento para salvar a Lemy.
Finalmente, dejaba de mirarlo y se iba a alguna parte.
–Y era allí donde siempre se despertaba.
Gracias a esos sueños, a Lemy le disgustaba el agua y la ropa púrpura.
Lemy conoció a Julia cuando tenía cinco años.
No sabía si su edad de cinco años era correcta o no. Era para poco más que mostrar que habían pasado cinco años desde que llegó al orfanato. Eso hizo que su cumpleaños fuera el 27 de diciembre, pero eso también lo decidió el día en que había llegado al orfanato. Solo que, en ese momento, Lemy había sido un bebé recién nacido, por lo que probablemente no estaba tan lejos de la realidad.
Ella vino al orfanato justo antes del día de su cumpleaños, el 26 de diciembre.
Era claramente mucho más joven que los demás adultos que fueron hasta ese momento, y una mujer muy bonita. Cuando Lemy la vio por primera vez, no pudo evitar sentir que la había conocido en algún lugar antes.
Julia llevaba al hombro una gran bolsa blanca, que expuso luego ante los niños.
Había muchos juguetes dentro de la bolsa. En el interior también había un carruaje mecánico que Lemy siempre había querido. Su amigo Nickel tenía uno igual, pero nunca se lo había prestado a Lemy.
—Por favor, elejid el juguete que os guste —había dicho Julia.
Todos los niños se reunieron alrededor de la bolsa a la misma vez. Y luego cada uno eligió los juguetes que llamaron su interés. Lemy también pudo poner sus manos en el carruaje mecánico que había querido.
Mientras miraba a los niños con una sonrisa en su rostro, Julia fue a una habitación más adentro del orfanato junto con la directora.
Siguiendo a Julia estaba un gato que había entrado en algún momento. Ese gato tenía cicatrices por todo el cuerpo, unas que su largo pelaje rojo no podía ocultar.
Más tarde se enteró de que el gato era de Julia.
Al día siguiente, Lemy fue solo a la habitación de la directora. Lo habían llamado.
Dentro estaba la directora y otra mujer.
Era Julia, quien le había dado regalos a Lemy y a los otros niños el día anterior. Y detrás de Julia estaba ese gato, como si fuera natural que estuviera allí.
En el momento en que Lemy entró a la habitación, la directora le dijo:
—Tenemos un regalo de natividad para ti.
La fiesta de la natividad era una fiesta que celebraba el día en que nacieron los “Gemelos de Dios”. Se celebraba ese día, 27 de diciembre. En otras palabras, el mismo día del cumpleaños de Lemy.
—Ya recibí un regalo ayer, de ella —había respondido Lemy, sacando el carruaje mecánico que tenía en el bolsillo y mostrándolo a la directora.
—Así es. En ese caso, llamaremos a lo que te damos hoy tu regalo de cumpleaños. Lemy, a partir de hoy te convertirás en el hijo de la señorita Julia.
—¿¡Eh!?
La directora miró la expresión de sorpresa de Lemy con una sonrisa en su rostro.
—Tengo una solicitud de la señorita Julia de que le gustaría tomar tu custodia. Su mansión es mucho más grande que este lugar y estoy segura de que te comprará todos los juguetes que quieras. La señorita Julia tiene mucho dinero.
—Woah…
Lemy estaba desconcertado por un hecho tan repentino.
Seguramente eso debió estar mostrándose en su rostro. Julia se acercó a Lemy y, de rodillas, le dijo: «¿No quieres ser mi hijo?»
Lemy pensó para sí mismo que incluso de cerca seguía siendo bonita y parecía realmente agradable.
Julia acarició la cabeza de Lemy.
Mientras sentía el calor de su mano, Lemy volvió a sentir que este no podía haber sido su primer encuentro. Pensó que tal vez ella era su verdadera madre.
Naturalmente, no había forma de que lo fuera. Su cabello y color de ojos eran diferentes a los de él, e incluso su rostro no se parecía mucho al suyo. Y si los dos eran realmente madre e hijo, no había ninguna razón para que Julia y la directora hicieran todo lo posible por ocultarlo.
Lemy negó con la cabeza.
—No me importa. Pero-
—¿Qué pasa?
—No quiero dejar de ver a todos los demás.
Aunque, por «todos», realmente quería decir que no quería separarse de Rin. Pero estaba un poco avergonzado de eso, y Lemy respondió tratando de ocultarlo.
—Ya veo… Pero ciertamente no puedo adoptar a todos los niños que hay aquí. Entonces, vengamos aquí juntos para jugar con ellos de vez en cuando. ¿Eso te parece bien?
—… Sí.
—Entonces está decidido. Vendré a buscarte mañana, así que asegúrate de empacar tus cosas hoy. Asegúrate de despedirte de tus amigos y del resto del personal. ¿Vale?
—Vale.
Julia había provocado el consentimiento de Lemy con cierta fuerza.
Pero Lemy había comenzado a pensar que tal vez le gustaría tener a esa persona como su madre. Tenía un encanto peculiar que le hacía sentir así. Cuando Lemy asintió, fue sincero.
Inmediatamente después de que Lemy se fuera de la habitación de la directora, escuchó esta conversación en el interior.
—-¿Será de su agrado, Lady Julia?
—Sí.
—¿Pero está esto realmente bien? No tenemos precedencia para que una mujer soltera tome la custodia de un huérfano. Existe la posibilidad de que los rumores que traiga interfieran con sus actividades «públicas»… ¿Por qué tomarse tantas molestias por este chico…?
—No necesito preocupaciones o consultas tan inútiles de su parte. He querido un hijo desde hace mucho tiempo. Pero no puedo tener hijos. Así que tomé a este niño como mío, ¿necesito más razón que esa?
—… No.
—Relájese. Lo criaré con mucho cuidado.
No había forma de que un joven Lemy entendiera adecuadamente el significado de esa conversación.

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