Parte 1, Capítulo 1-Madre se Convierte en Presidenta; Escena 4

Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 23-32

La primera vez que Lemy conoció a “Ney” fue cuando tenía siete años.

Aunque «conoció» podría no ser la forma correcta de decirlo. Lemy nunca la había visto, ni siquiera hasta este momento.

Ney fue, desde el principio, una mera «voz» y, a juzgar por su forma de hablar, estaba seguro de que era una niña. Su voz parecía parecerse mucho a la de Lemy, pero, por supuesto, también tenía una sensación diferente.

Sí, ciertamente no era la propia voz de Lemy. A pesar de que era una voz que nadie más allá de él podía escuchar, Lemy siempre había estado seguro de que no era una ilusión o una alucinación auditiva.

–Ese día, Lemy se había colado desobedientemente en la tesorería de la casa.

Dentro de la mansión de Julia, que era incomparablemente más grande que el orfanato, ese era el único lugar al que Julia le dijo que no podía entrar. Y cada vez que le decían que no podía hacer algo, le daban más ganas de hacerlo.

La tesorería siempre estaba cerrada, pero afortunadamente ese día la puerta estaba abierta.

Julia era la única que tenía la llave del lugar, y su criada Phoebe normalmente tampoco entraba en la habitación. Probablemente Julia se había olvidado de cerrarla.

Su reloj de bolsillo que tenía a mano decía que eran las once de la noche. El reloj era algo que Julia le había regalado en su último cumpleaños. Tenía un diseño de dragón y Lemy se había encariñado mucho con él.

Julia y Phoebe ya estaban durmiendo en sus habitaciones. Lemy también había estado descansando, pero se había despertado en medio de la noche por culpa de su habitual pesadilla. Probablemente porque el sueño ocurría en agua, terminó teniendo que ir al baño, y luego cuando pasó por la tesorería en el camino hacia allí, se dio cuenta de que la puerta estaba abierta.

Llevado por la curiosidad que brotaba de él, Lemy entró en la tesorería.

El lugar se limpiaba adecuadamente, por lo que no estaba polvoriento. Sin embargo, como no había luces, estaba muy oscuro. Lemy puso el candelabro que llevaba consigo en el centro de la habitación. Gracias a la luz de la vela que estaba sobre él, pudo mirar el interior.

La tesorería estaba llena de elementos muy peculiares.

Un animal de peluche de ocho patas del tamaño de su cabeza, varias túnicas negras de diferentes tamaños y diseños, un pergamino con una insignia en forma de estrella, envuelto en hilo rojo con implementos de cosido… Había muchas cosas cuyo uso Lemy no entendía y, por lo que parecía, no habían muchos juguetes que pudiera usar. Lemy se sintió un poco decepcionado, pero pensó que era poco probable que Julia escondiera juguetes en algún lugar donde Lemy no los encontrara.

Ella siempre le compraba todo lo que siempre quiso, después de todo.
En el estante más alto había siete pedestales de tono negro. En cada uno estaban inscritos varios caracteres, pero en ese momento Lemy todavía no sabía leer, por lo que no sabía lo que decían.

Los pedestales estaban todos alineados uniformemente en una fila, pero seis de ellos no tenían nada apoyado sobre ellos. Solo uno, el segundo por la izquierda, tenía una copa de vino tinto colocada encima.

Parecía una copa de una fabricación perfectamente común. Aparte de ser roja, no parecía tan diferente de las copas que Julia normalmente usaba cuando tomaba leche.

Julia no bebía vino. Y aparentemente a ella no le entusiasmaba mucho el té. Por lo que ella siempre estaba bebiendo leche. Su forma de beber leche era, no de tazas de cerámica, sino en copas de vino.

A pesar de que los otros artículos flotaban con el aire viciado de décadas, la copa de vino tinto brillaba intensamente, como si fuera nueva.

Dentro de la oscura tesorería, solo la copa de vino reflejaba la luz de la llama de la vela.

Cuando acercó la cara al cristal, Lemy se reflejó débilmente. Le pareció que el rostro reflejado estaba un poco distorsionado. Quizás eso se debió solo al parpadeo de la luz de las velas, pero Lemy comenzó a pensar progresivamente que esa cara no se parecía mucho a la suya.

«–Ese no soy yo, es otra persona.»

Sin pensarlo, Lemy tomó la copa de vino en su mano.

Por alguna razón, la fascinación lo había superado por completo.
Poco a poco, empezó a sentir un calor en la mano derecha que sostenía la copa.

No estaba al punto de que se quemara, así que Lemy no tiró la copa ni nada por el estilo. –Francamente hablando, Lemy no quería dejarlo. No importaba cuánto lo intentara, no pudo abrir la mano que agarraba la copa de vino.

El calor de la copa se extendió hasta su brazo derecho y llegó a la cabeza de Lemy. Con dolor de cabeza, Lemy se agachó en el lugar y de repente se volvió incapaz de levantarse.

«–Tú y yo somos uno y lo mismo».

Esa «voz» le habló, pero en ese momento Lemy no pudo comprender que fueran las palabras de otra persona.

Incapaz de soportar el dolor desgarrador en su cabeza, Lemy finalmente perdió el conocimiento.

Lo que vio justo antes de desmayarse fue un gato rojo acercándose a él.

–Cuando volvió a abrir los ojos, Lemy estaba en la cama de su propia habitación.

El sol ya había salido y la luz que entraba por la ventana le atravesaba los ojos. Pero su dolor de cabeza ya estaba mejor y ya no estaba sosteniendo la copa de vino.

Después de que él se sentara en la cama, aturdido por un corto tiempo, Julia entró en la habitación con los ojos muy abiertos. –Lemy casi nunca fue regañado por Julia, ni antes ni después de esto. A mitad de su conferencia de una hora, Lemy comenzó a llorar en voz alta y le dio una refutación irresponsable:
«Pero es tu culpa por olvidar de cerrar con llave la tesorería, señorita Julia», había dicho.

Sinceramente, Lemy necesitaba agradecerla. Después de todo, no fue nadie más que Julia quien lo encontró desmayado en la tesorería y lo cuidó hasta la mañana.

Pero en ese momento Lemy era un simple niño, incapaz de comprender eso.

—Esa tesorería está llena de artículos peligrosos. Si alguien que no sabe cómo usarlos los toca… No vuelvas a entrar nunca más —había dado Julia como comentario de despedida antes de salir de la habitación.

Lemy seguía llorando.

Finalmente dejó de llorar cuando escuchó esa «voz» de nuevo.

«Dale un descanso y cállate ya. Qué desgracia».

Era la misma voz que había escuchado cuando agarró la copa.

Sin pensarlo, Lemy respondió a la voz: «¿Quién eres?»

Aunque podía oír una voz, no podía ver a nadie alrededor. Pero sin duda esa “voz” no era Lemy, sino alguien más hablando con él.

«¿Mi nombre? Cierto… soy «Ney». Otro tú».

—¿Otro yo?

«Sí. Me desperté porque tocaste esa copa de vino. Eres el único que puede escuchar mi voz. Yo soy tú. Tu eres yo».

—Eso es un poco espeluznante. Una voz que solo yo puedo escuchar…

«No digas eso. Debería alegrarte de tener a alguien con quien hablar. Debes estar bastante solo ahora que no puedes ver a los niños en el orfanato».

–Ciertamente estuvo de acuerdo con eso.

Aunque Julia le había dicho al principio que lo llevaría al orfanato de vez en cuando, últimamente había dejado de llevarlo allí, diciendo que estaba demasiado ocupada y que irían la próxima vez.

—… Pero, ¿cómo sabes eso?

«¿No te lo dije? Yo soy tú. Sé todo sobre ti. Bueno, espero que podamos llevarnos bien, Lemy».

—Espera un segundo. ¿Vas a estar siempre cerca de mí de ahora en adelante?

Eso sería un problema. Lemy también tenía esa cosa llamada privacidad.

«Si te preocupa que me interponga en el camino, no es necesario. No voy a hablar contigo por un tiempo. Y como lo único que puedes oír de mí es mi voz, cuando no te estoy hablando será como si no estuviera aquí, ¿verdad?»

—¿Eso creo? Aunque siento que eso no es lo mismo.

«Deja de quejarte. Ya no puedo separarme de ti. Desde que fuiste y tocaste esa copa de vino…»

—¿Un fantasma? ¿Eres un fantasma?

La «voz» respondió, como harta, al asustado Lemy.

«No sigas haciéndome decir lo mismo una y otra vez. Yo soy tú, ¿de acuerdo?»

–Después de eso, Lemy le había contado a Pheobe sobre Ney, pero ella pensó que estaba bromeando y le prestó poca atención.

—No es agradable hacer esas bromas, pequeño amo. No importa cómo lo intente, no puedo escuchar la voz de una chica aquí.

Phoebe, desde el principio, no era del tipo que creyera en fantasmas y fenómenos sobrenaturales. Había ocasiones en las que historias de cosas como fantasmas que salían por los callejones por la noche circulaban por la ciudad, pero ella se reía de ellas con un bufido. A pesar de que alguien como Lemy no podría dormir bien por miedo la noche después de haber escuchado esas historias.

Aun así, parecía que debido a que Lemy era persistente en su historia de escuchar una «voz femenina», Phoebe naturalmente se había preocupado un poco.

No es que pensara que «Ney» realmente pudiera existir. Era más que ella pensó que él podría haber sido tocado un poco en la cabeza por su dolor anterior ahí.

Ella le había informado a su empleadora, Julia, lo que Lemy le había dicho, y sugirió que sería mejor que lo llevaran a ver a un médico.

Sin embargo, Julia nunca llamó a un médico.

En cambio, para el cumpleaños de Lemy en diciembre, le dio a su hijo algo especial como regalo.

—Esto es…

Cuando Lemy desenvolvió el paquete del regalo, vio que dentro estaba esa copa de vino tinto de antes.

—Esta, como ves, es una copa de vino muy peculiar, e incluso si la dejas caer, nunca se romperá. A pesar de eso, no debes ser imprudente. Enfadarás el espíritu de la copa de vino si lo haces —le explicó Julia a Lemy, sonriendo.

—¿El espíritu de la copa de vino?

—Sí. Quizás ese espíritu es la verdadera identidad de esta «voz» que solo tú puedes escuchar.

—Pero esto es algo realmente importante, ¿no? ¿Está bien que yo lo tenga?

—Sí, este es un artículo muy valioso. Y es por eso que no debes perderlo. … ¿O preferirías un juguete en lugar de esta copa?

—… No, esto está bien. Gracias mamá.

—Yo soy la que debería agradecerte Lemy.

De repente, Julia abrazó cálidamente a Lemy.

—¿Por qué me estás agradeciendo, mamá?

—Jaja, porque… Por primera vez, me llamaste «mamá».

—¿Lo hice?

Lemy no había prestado mucha atención a la forma en que se dirigió a ella.

Desde que lo llevaran ahí, en su corazón siempre había pensado en ella como su madre. Para Lemy, que no conoció a su verdadera madre, no tenía mucha resistencia hacia eso.
La había llamado «Señorita Julia» al principio por vergüenza, y en algún momento se había convertido en un hábito.

Después de que Julia abrazara a Lemy por un corto tiempo, se apartó.

—Sabes, hay una leyenda que dice que las personas que tienen esa copa pierden sus preferencias por la comida. Tal vez empieces a poder comer tus odiadas cebolletas verdes después de esto, ¿eh?

Lemy tarareó y negó con la cabeza.

—No, no lo haré. Todavía odiaré las cebolletas verdes.

–Pero, ya que parecía que la leyenda de la copa era cierta después de todo, y antes de que se diera cuenta, Lemy pudo comer sin problemas las cebolletas verdes que había pensado que tanto odiaba.

Cuando tenía la copa con él, curiosamente cualquier comida le resultaba deliciosa.

La copa de vino tuvo otro efecto. Lemy normalmente la colocaba en el estante de su habitación, pero de vez en cuando la bajaba y la miraba.

Cuando Lemy sostenía la copa, emitía un brillo apagado.

«¿Quieres a tu madre?», le preguntó Ney.

—Sí, la amo. Me compra todo lo que quiero, es bonita, es agradable… Aunque a veces da un poco de miedo.

«Hmmph, ya veo. Entonces eso es bueno, ¿verdad? … Por ahora, de todos modos».

—¿Qué, qué estás tratando de decir?

«Nada. … Solo que puede que no sea tan buena persona como crees».

—¿Por qué dirías eso? —Lemy resopló indignado.

Ney dijo a continuación, sin importarle: «Tal vez te adoptó para usarte para algo en el futuro. Sé muy bien que existen personas así».

—¡Mamá no es así!

«Sí, sí. No tienes que gritar. Volverás a preocupar a Phoebe».

Ney siempre decía cosas contradictorias como esas.

Francamente, pensó que ella era un poco idiota.

Aun así, por alguna razón, Lemy no odiaba a Ney. En algún momento, había llegado a disfrutar de una ligera discusión con ella.

Lemy agarró con fuerza la copa que sostenía.

–Cuando lo hizo, sintió que podía sentir con más fuerza que Ney existía.

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