Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 190-200
26 de diciembre. 2:00.
Ayn estaba cerca de la propiedad de la presidenta.
No era para escuchar a escondidas a la presidenta Julia. Era porque alguien lo había llamado allí.
Ayer, Ayn recibió una carta. El contenido era extremadamente simplista, pero lo importante para él había sido el nombre de quién lo envió.
Heidemarie Lorre.
La mujer que una vez había sido su compañera de trabajo y su novia.
Había llegado una carta de ella después de haber estado desaparecida durante más de un año. La caligrafía era de ella, no había duda. Era muy propio de ella escribir letras tan fragmentadas y difíciles de leer.
No podía verla por ningún lado. Pero eso también era propio de ella, en cierto modo. Heidemarie nunca cumplía con los horarios acordados.
Ayn continuó esperándola, mirando a su alrededor.
No había un alma a esas horas de la noche. La oscuridad y el silencio habían envuelto a todo el distrito. Si hubiera sido un poco antes, podría haber visto las luces del Teatro Milanais incluso desde aquí.
«Me estoy congelando…»
Podría haber nevado. Esas temperaturas había.
Eran las dos y media de la madrugada.
Heidemarie todavía no había venido.
Como era de esperar, Ayn había comenzado a irritarse un poco, jadeando bocanadas de aire.
«Llega tarde, no hay forma de evitarlo… Quizás la carta era falsa… O quizás algo pasó con ella…
¿Debería volver ya? … ¿O debería esperar un poco más? …»
Mientras reflexionaba sobre esto, sucedió.
—Miau.
Podía escuchar algo que venía de un callejón.
—-!? … ¿Es un gato?
Probablemente no era nada de qué preocuparse. Pero Ayn se dirigió casualmente en esa dirección.
Era solo un callejón, nada particularmente inusual había en él. Sin embargo, había visto este lugar antes.
Él lo recordó. El incidente que había ocurrido hacía cuatro años.
«Ya veo… Este lugar es…»
Ayn luego procedió al callejón.
No había ningún gato. En cambio, había una sola figura.
Como la figura era difícil de ver con claridad, con su apariencia oscurecida por las sombras, Ayn pensó por un momento que era Heidemarie. Pero la figura parecía un poco más baja que ella.
—Buenas noches.
Era un hombre, o más bien la voz de un niño. Cuando se acercó, pudo distinguirlo con mayor claridad. Su rostro estaba pintado de blanco, y vestía ropa llamativa… Vestía como un payaso.
—Detective Ayn Anchor… Gracias a usted «Père Noël» se ha metido en una gran crisis. Hazle un favor a «Primera, Santa Claus»… y muere aquí esta noche.
Tenía un cuchillo plateado en la mano. Ese cuchillo se había utilizado para acabar con muchas vidas hasta este momento.
–Este era “Quinto, Pierrot”. No había error.
Si no hubiera estado en este lugar… si no hubiera sido este callejón, el razonamiento de Ayn se habría detenido ahí. Ayn pudo ver la apariencia de Pierrot, con su verdadero rostro oculto, superponerse con el de cierto chico.
—¿Eres… Lemy Abelard?
Pierrot no ocultó su sorpresa ante la pregunta de Ayn.
—- !? Cómo lo sabes-
—Así que lo eres, entonces… ¿No te acuerdas? El día que nos conocimos.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué demonios dices…?
Por parte de Lemy, había visto por primera vez a Ayn cuando estaba escondido en el techo del palacio lucifeniano.
Pero no se habían conocido directamente entonces.
—Hace cuatro años. Cuando fuiste atacado por matones aquí. Fue entonces cuando nos conocimos —le dijo Ayn.
—… No puede ser…
—Estaba participando en la investigación para capturar a «Quinto, Pierrot». Tuvimos un soplo de que iba a aparecer en un espectáculo en el Teatro Milanais, y me infiltré en el circo para buscarlo, sí, vestido de payaso.
—… Estás mintiendo.
—Entonces ocurrió un desastre. Un león mató a un niño domador de animales salvajes. No fue obra de «Quinto, Pierrot»… pero aparentemente tampoco se lo esperaba. Por casualidad lo vi cuando entró en pánico y huyó del teatro. Lo perseguí y luego llegué a este callejón.
—…
Lemy no respondió. Ayn continuó, sin hacer caso de su silencio.
—Allí, escuché un grito. Era la voz de un niño. No era la dirección a la que había huido «Quinto, Pierrot»… pero tampoco podía dejarlo ir. Dejé de perseguirlo y me dirigí hacia donde había escuchado la voz. Había un niño y dos matones. Al parecer, los dos rufianes me confundieron con «Quinto, Pierrot»…
—¡Eso es mentira! ¡Me estás mintiendo! La idea de que ese pierrot era solo un oficial de policía…
—… Después de que te salvara, volví inmediatamente a la búsqueda de «Quinto, Pierrot». Pero ya hacía mucho que se había ido. … Mi superior en ese momento me lo reprendió bien. Tirar a la basura una oportunidad única en la vida como esa..
—Es suficiente.
Mientras hablaba, Lemy corrió hacia él, con el cuchillo en la mano. Pero estaba claramente temblando.
No fue tan difícil para Ayn esquivar la punta de su cuchillo, tambaleante como estaba.
—Lemy. ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Está bajo las órdenes de tu madre, de la presidenta Abelard? Si ese es el caso, entonces te está engañando. Pensar que obligaría a su propio hijo a hacer esto…
—¡No tiene nada que ver con mi madre! ¡Esta es mi propia voluntad! ¡Te borraré, y así borraré mis inútiles aspiraciones del pasado! Y luego, ¡me convertiré en el verdadero «Quinto, Pierrot»!
Lemy cargó de nuevo. Ayn se movió para esquivar su cuchillo una vez más.
Pero-
«-! ¡Maldita sea!»
Había una gran roca a sus pies. No la había visto allí debido a lo oscuro que estaba. Ayn tropezó y cayó al suelo de espaldas.
Lemy se movió rápidamente para sentarse a horcajadas sobre él. Tomó su cuchillo con ambas manos y lo levantó en alto.
—¡Muere!
Lo mataría. Ayn cerró los ojos con fuerza sin pensar.
– ¡Bam!
Un disparo explosivo resonó repentinamente en el callejón.
Había escuchado ese sonido antes.
Había sido una pistola .
Y no cualquier pistola normal.
Esa… era de la pistola de Heidemarie…
Ayn abrió los ojos.
Su mirada se posó en alguien que había caído, apoyado en él.
Era Lemy. El rojo manchaba su pecho. Le habían disparado.
Fue directo al corazón. Una herida fatal.
—¿Por qué? Me… duele el pecho… —susurró. Su voz se desvanecía.
Ayn se puso de pie, sosteniendo a Lemy en sus brazos y luego lo acostó en el suelo.
Cuando miró hacia arriba, había aparecido una nueva figura.
—… Heidemarie.
Ella estaba allí de pie sin decir palabra, con el revólver en la mano derecha. Salía humo de la pistola.
—Vaya, eso fue descuidado por mi parte. Parece que me olvidé de «hipnotizarte» para que olvidaras el rostro de Gumillia.
Desde lo más profundo del callejón se acercó otra persona. Ella estaba en silla de ruedas. Era la dueña de ese burdel.
—No, no es eso. —En el fondo de la mente de Ayn, un recuerdo resurgió—. Sí… ¿Cómo pude haberte olvidado hasta ahora? Tú eres… tú eres… Hanne.
El color de su cabello había cambiado, pero no era otra que la hermana mayor de Heidemarie, Hanne Lorre.
—Ha pasado algún tiempo desde que me llamaron por ese nombre.
—¿Por qué… ustedes dos…?
—Para matar a «Quinto, Pierrot», por supuesto. –Lo siento, Ayn. Te usamos como cebo.
Hanne movió la silla de ruedas ella misma y se acercó al cuerpo caído de Lemy.
—… Por eso te dije que escaparas.
Lemy miró a Hanne con ojos en blanco.
En su mente, ella parecía estar mofándose de él.
—Por qué… dijiste… que me salvarías…
—Solo si no me traicionabas. Ojalá pudiera haberte alejado de Julia. Pero… tú la elegiste. Decidiste por ti mismo tomar el camino del «mal». No podía dejar a un «Gemelo de Dios» en sus manos, así que no tuve más remedio que hacer esto.
—Yo no… soy «malvado». Los malvados… son el mundo ent… «
—No. Quizás estabas usando la justicia como pretexto. Quizás pensaste que lo estabas haciendo por tu madre y Rin. –Recuerdo a un chico que se parecía bastante a ti, hace mucho tiempo. Él también cometió pecados por causa de su hermana mayor. Aunque el mundo la despreciaba por considerarla «malvada», solo él trató de protegerla. Pero a él no le gustaba matar gente. … Habías empezado a disfrutar el acto de asesinar, usando a tu madre y a tu amiga como excusa. Tú y él, no se parecen en nada.
La sangre brotaba del pecho de Lemy.
—No quiero morir… No quiero morir.
—Seguramente la gente que has matado se sintió de la misma manera que tú ahora. … Simplemente disfrutas asesinando gente. Un resultado como este es bastante apropiado para alguien como tú. Un caída sin remate ni catarsis. Pero… esta es la historia que elegiste.
—Si esta… es mi… historia… ¿Qué debería… haber… hecho?
Hanne negó con la cabeza.
—No lo sé. ¿Qué tal si le preguntas a Ney?
—Ney… ¿dónde estás, Ney? No puedo escuchar su voz. A pesar de que siempre ha estado tan molestamente cerca mío… Oye… ¿dónde estás… Ney…?
Lemy levantó la mano y agarró el aire.
Pero no habia nada alli. Al menos, Ayn no pudo ver nada.
No podía salvarlo ahora, no como lo había hecho hace cuatro años.
Ayn todavía no entendía lo que estaba pasando ahora. ¿Qué relación tenían Hanne y Heidemarie con Lemy?
¿Por qué le disparó Heidemarie?
Y en cuanto a Hanne, ¿era ella realmente «Hanne Lorre» en primer lugar?
Su rostro era el mismo… pero para Ayn se veía un poco diferente a la Hanne que él conocía.
Su verdadera identidad era la de la «Hechicera Eterna», Elluka Clockworker; eso es lo que había aprendido de ella antes de que desapareciera.
Pero no era solo eso. Había algo más aterrador que eso en ella ahora…
Mientras todavía no entendía todo.
Un hecho estaba claro.
–La historia de “Quinto, Pierrot” estaba llegando a su fin.
En algún momento, había comenzado a nevar.
Ayn recordó que mañana sería el día del Festival de la Natividad.
Debajo de la nieve acumulada, los ojos del caído Lemy se alzaron hacia el cielo.
Pero ya no quedaba luz en ellos.
«Desafío de duelo:
A mi amada cuñada,
Estaré esperando en la Meseta Merrigod.
De Irina Clockworker
Como Julia Abelard».

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