Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 272
La aniquilación de los dioses.
La destrucción del mundo.
Tal es la voluntad de un HER.
Entonces… ¿Cuál es mi propia voluntad?
¿Que pasaba con ella?
Yo-
Quería-
Tener amigos.
Quería… tener un hijo.
Day: 08/04/2021
Parte 2, Capítulo 3-Dioses y Demonios, y sus Últimos Momentos; Escena 4
Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 260-271
Levia se apartó de Gumillia y se acercó a la enorme pluma estilográfica del centro de la plaza.
—Qué nostálgico, el arca, «Pecado». … Pero esto no es real, ¿cierto?
Irina respondió a esa pregunta.
—Estás en lo correcto. Este lugar es tu mundo mental. Este es un lugar hecho realidad por los recuerdos y sentimientos que han dormido profundamente en tu mente. Es por eso que todos aquí pueden ser ellos mismos.
Gumillia también se acercó al arca. Su superficie era tan vidriosa como un espejo, y su rostro se reflejaba débilmente en ella.
–De pie había una mujer a la que no reconoció.
¿Significaba eso que este era el verdadero rostro de Gumillia? Como espíritu… o mejor dicho, el anterior a ese.
Levia golpeó la superficie del arca varias veces con el puño.
—Un mundo mental con sustancia real, Seth es bastante ingenioso, para poder haber creado tal estructura dentro de una persona. Si él no hubiera sido un «HER», no habría estado fuera de lugar que se hubiera convertido en un quinto dios. —Luego se volvió hacia Irina—. Irina… Lo descubriste. Yo no era «Elluka».
—… Obtuve pruebas recientemente. Pensando en ello ahora, había muchas cosas que no cuadraban. Después de la «Catástrofe de Leviantan», fuiste a ver a tu amigo, el «Gran Dios de la Tierra, Held», y recibiste de él una solicitud para reunir los «Contenedores del Pecado Capital», ¿no es así?
—Sí.
—Pero nunca supe nada sobre eso de Elluka cuando estaba viva. Había rumores de que Elluka estaba aliada con Held, pero sabía que no eran ciertos. … Ella nunca dejó el Reino Mágico desde que nació.
—Una sacerdotisa de Lighwatch debe pasar toda su vida en el Reino Mágico, así que no había de que hubieea conocido a Held en Elphegort.
—Incluso suponiendo que se hubieran conocido, era difícil imaginar que Held se sintiera atraído por tener amistad con un humano. Ni siquiera podrían hablar. Un amigo de un dios, debía ser u otro dios o uno de sus familiares.
Gumillia y las otras dos personas presentes simplemente escucharon la conversación de Levia e Irina en silencio.
Levia continuó, alejándose un poco del arca.
—Me quedaban algunos débiles restos de memoria como Levia. Eso es lo que me hizo suponer que era amiga de Held. –De hecho, eso era verdad. Y así, evidentemente, Held decidió seguirle el juego a esa peculiar hechicera que insistía en que era su amiga.
—Se dio cuenta de inmediato de que eras tú dentro del cuerpo de Elluka. … Si yo fuera Held, tendría dudas acerca de devolverte tus recuerdos. Te veía como una figura hostil, tanto que había conspirado con el Dios del Sol para convertirte a ti y a tu hermano en un dragón, sellandote dentro de «Pecado».
—Sí. Por eso me puso bajo su propia observación, con el pretexto de una «búsqueda de los pecados capitales». Y por un tiempo funcionó. Pero quinientos años después, su vida en este mundo comenzó a agotarse… Y allí me asignó un nuevo perro guardián. —Levia se acercó una vez más a Gumillia y le puso una mano en el hombro—. Esa eras… tú, Gumillia.
—… Sí, así fue. —Gumillia asintió—. Lord Held decidió utilizar el hecho de que la «Hechicera Eterna» quería un aprendiz. Me ordenó vigilar a Levia, disfrazada como su aprendiz, para asegurarse de que ella nunca sospechara nada. Y… si alguna vez Levia mostraba levemente que recuperaría sus recuerdos, entonces…
—-Con la ayuda de Michaela, ¿me sellarías una vez más?
—Sí… Pe… ¡Pero, yo…! —Gumillia gritó, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Al ver eso, Levia amablemente le acarició la cabeza.
—Lo sé… lo sé, Gumillia. Tú… fuiste una excelente aprendiz.
—… *Sollozo*
Gumillia no pudo evitar que las lágrimas corrieran por su rostro. Aun así, abrazó a Levia con fuerza.
«–No soy el perro guardián de Levia.
–Soy la aprendiz de Elluka Clockworker, Gumillia».
—Gumillia. Hay una cosa que no entiendo. Las personas que «reencarnan» pierden la memoria. Como yo, o como tú cuando reencarnaste en una ardilla. Pero cuando hice que tú y Michaela se reencarnaran como humanas, todavía teníais vuestros viejos recuerdos. … ¿Por qué?
—… Habíamos perdido nuestros recuerdos, pero Lord Held tenía una copia, hecha con anticipación. Nos sobrescribió con ellos justo después de haber renacido, para que no te dieras cuenta.
—Eso es bastante trabajo. Quién hubiera pensado… que ese viejo fuera tan hipócrita.
—Hubo efectos secundarios. Poco después de la reencarnación de Michaela, me dijo que colapsó de fiebre. Probablemente fue un efecto secundario. Aunque estaba bien.
Levia soltó gradualmente a Gumillia y luego volvió hacia Irina.
—¿Fue esa la única razón por la que empezaste a tener dudas sobre mí, Irina?
—Déjame hacerte una pregunta. Prim Marlon fue una de tus amigas durante tu época como uno de los Tres Héroes de Lucifenia. –¿Nunca te diste cuenta de que ella era una «HER»?
—… No.
—Eso sería imposible si fueras una sacerdotisa de Lighwatch. Elluka Chirclatia podía curar el «HER». –Si hubieras usado ese poder, podrías haber podido evitar la destrucción del Reino de Lucifenia. Elluka Clockworker había perdido la capacidad de usar una técnica que debería haber hecho y, a la inversa, también había podido usar una que no podía antes.
—… La Técnica de Intercambio.
—Era bastante simple pensar que era solo la influencia de haber sido revivida a través del arca. Pero una explicación mucho más simple sería que había alguien más dentro de Elluka Clockworker…
—Tus poderes de deducción son muy certeros, Irina. Por muy longeva que seas, dudo que pudieras haber llegado a una respuesta tan fácil.
La expresión de Irina se torció levemente y luego cambió a una leve sonrisa.
—… Fue Seth. Sorprendentemente, se hubo convertido en el «Demonio de la Ira». Debió haberse deslizado hábilmente con los demás cuando los Gemelos de Dios crearon los «Contenedores del Pecado Capital», después de que muriera como humano, o tal vez los otros demonios se crearon por sugerencia suya… Después de haber obtenido la Llave de Oro y de haberme reunido con él de nuevo, lo presioné con mis muchos años de sospechas. Seth me contó todo fácilmente. Acerca de los dioses y la existencia de sus familiares… que la verdadera naturaleza de los «Demonios del Pecado» eran meras sombras de esos familiares… Llegué a conocer el funcionamiento del mundo. Y fue por eso que pude llegar a tu verdadera naturaleza, y aquí estamos.
Irina y Levia. Las dos habían llegado a varias verdades.
Gumillia se secó las lágrimas y las miró a las dos mientras se enfrentaban.
La Elluka que había sido el objetivo del odio de Irina no era la verdadera. ¿Qué tipo de sentimientos tenía hacia ella ahora?
–Ella no necesitaba pensar en eso. Irina les había enviado una invitación de duelo,
A pesar de saber la verdad.
Irina, que había estado parada ante el arca todo este tiempo, comenzó a caminar.
Se dirigía a la «Princesa del Sueño», Eve.
Irina rodeó a Eve y la agarró por los hombros con ambas manos.
—La «Muñeca del Clockworker». Ella y yo tenemos una larga relación. Traté de otorgarle cierto poder como experimento. El fin del mundo llegará algún día, y cuando llegue, debe convertirse en una utopía para mí. El suyo es un poder que necesito para ese propósito. Y a través de mi experimentación finalmente lo logré, hace cincuenta años. … Aunque no había pensado que terminaría usándolo aquí.
Eve no había dicho una palabra desde que llegó a la plaza. Incluso cuando todos los demás habían hablado, ella se había quedado allí en su lugar, inexpresiva.
Como una muñeca.
E Irina le susurró al oído a Eve:
—Despierta, Master of the Court.
En ese momento, el paisaje a su alrededor cambió por completo.
El templo en el que estaban Gumillia y los demás se derrumbó, a excepción de la base. Los pilares, las esculturas, todo cayó en la eternidad del abismo. Lo que quedaba entonces era un espacio negro como boca de lobo. Había líneas de cuadrícula blancas sobre el vacío.
Había plataformas flotando en el espacio oscuro. El templo desapareció, excepto por la plataforma circular en la que ahora estaban los cinco, con el arca en el centro.
—Bienvenidos a la «Corte» —se burló Irina con audacia—. El Amo de la Corte es imparcial. Todo se reiniciará por igual y luego se juzgará. Levia, tú recuperaste tus recuerdos porque la tomaste dentro de ti. En este mundo que Eva ha creado… todos somos iguales… Aquí, la muerte puede sobrevenir incluso a un dios.
Habiendo dicho eso, Irina abrió los brazos.
Una llama azul apareció en sus manos. Había recuperado el poder mágico que ya debería haber gastado.
—¡Vamos, reanudemos el duelo! Levia y… —Irina miró… no a Gumillia, sino a la mujer con uniforme de sirvienta—. ¡También te destruiré, Behemo!
Al escuchar esas palabras, Gumillia se sorprendió.
—¿Ese es Behemo? Pero pensé, que Behemo era un hombre…
Levia respondió con una expresión incómoda, rascándose la cabeza:
—No hay error, ese es mi hermano gemelo menor. Somos gemelos fraternos. … Él es un verdadero pervertido, Behemo.
—Llamarme «pervertido» es muy cruel, hermana. ¿Qué tiene de malo que un hombre se vista como una mujer?
Gumillia no tuvo tiempo que perder. Irina estaba tratando de matar a su maestra y al pervertido. Necesitaba preguntarle por qué.
—Irina, ¿por qué estás tras Levia? Es cierto que ella te mató y arruinó tu país. Pero eso fue, hace mucho tiempo. Nada volverá exigiendo venganza sobre ella.
—… No lo entiendes, Gumillia. Estos dos… y tú también, supongo. El mundo en el que vivieron los dioses fue destruido por la existencia del «HER». Abandonaron el mundo contaminado por HER y construyeron este mundo de nuevo. … Pero cometieron un grave error. No se dieron cuenta de que Seth, un «HER» se había ocultado entre sus camaradas.
Irina parecía estar acumulando poder mágico. Las llamas en sus manos aumentaron en energía y comenzaron a cambiar a una gran columna de fuego.
—El «HER» es un patógeno. Y ese patógeno está «programado» para destruir todo lo relacionado con los dioses. Ellos mismos y el mundo que hicieron. … Aunque parece que Seth lo ha olvidado, ahora que es un demonio. Pero yo no lo he hecho. Debo transmitir el «castigo». Esa… es la misión que se le encomienda a un «HER».
—Eso es una tontería. Programación, misiones… ¿Acaso está tu propia voluntad ahí?
—¡Cállate! Una vez que haya destruido a Levia y Behemo, el próximo será tu turno. Luego, los espíritus restantes que viven despreocupados en el bosque y los «Demonios del Pecado Capital», ¡los destruiré a todos! —gritó Irina.
Mientras lo hacía, levantó los brazos más alto.
Las llamas venían–
—Qué cosa interesante estás haciendo, «Hechicera del Gato Rojo».
Gumillia no pudo discernir de inmediato de quién era esa voz.
No fue Irina, Levia, Behemo o Eve. Naturalmente, no fue la propia Gumillia.
La sexta entidad descendió por encima de ellos.
La mujer se parecía a Julia, a Germaine.
Irina le gritó:
—¡Tú! ¡»Demonio de la Gula»! ¿Qué estás haciendo aquí… ¿¡Por qué demonios viniste aquí!?
—Yo también quiero destruir a los dioses. Por eso planeaba ver esta escena tan entretenida. Pero si vas y tomas posesión del «Master of the Court»… esa es una historia diferente. Existe la posibilidad de que te conviertas en una amenaza para mí. Entonces, voy a enfrentarlos a todos ustedes. Aquí mismo, junto a los dioses y sus familiares… ¡Yo también te eliminaré, Irina Clockworker!
El demonio levantó su mano derecha.
Con eso como señal, algo apareció desde más arriba.
Un monstruo esquelético mucho, mucho más grande que las plataformas flotantes se dirigía hacia ellos, con su enorme boca abierta.
—Mi Soldado Muerto definitivo, el «Worldeater». ¡Vamos, cómetelos a todos!
Irina chasqueó la lengua con dureza mientras miraba.
—¡No te interpongas en mi camino!
Las llamas azules se dispararon hacia el “Worldeater”.
No solo fue eso. A las llamas se unió un rayo. Levia lo había disparado.
—No voy a quedarme de brazos cruzados y dejar que me mates —murmuró Levia, extendiendo su mano derecha.
Una hechicera, un dios y un demonio.
Las poderosas energías que se disparaban desde cada una de ellas colisionaron en un solo lugar.
Y luego-
En la corte, la destrucción y la fusión se produjeron sucesivamente.
Parte 2, Capítulo 3-Dioses y Demonios, y sus Últimos Momentos; Escena 3
Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 257-260
Los gemelos que cayeron del cielo deseaban destruir el mundo.
Todo empezó a partir de ahí.
El nombre de la hermana mayor era «Levia».
El nombre del hermano menor era «Behemo».
Habiendo sido sellados en el arca blanca «Pecado», los gemelos habían comenzado a sentirse frustrados porque el «Proyecto Ma» no pudo avanzar.
Incapaces de esperar más a que los contenedores en los que se reencarnarían crecieran, atrajeron a un hombre solitario al arca.
El nombre del hombre era «Kiril Clockworker». Había perdido a su novia Elluka Chirclatia y se había hundido en el dolor.
Levia trató de usarlo para liberar el sello del arca.
Si se restauraba el arca rota, los gemelos probablemente también podrían dejarla. Sabía que esto se podía lograr con el Arte Secreto que conocía Kiril.
Seducido por la «voz» de Elluka, Kiril llegó al arca dentro del templo.
Para revivir a su amada.
Sin darse cuenta de que la verdadera identidad de esa «voz» era Levia disfrazada de ella, desató el «Arte Secreto Clockworker» sobre el cadáver de Elluka y el arca. El cuerpo de Elluka comenzó a regenerarse y el tiempo del arca fue invertido.
Parecía que todo iba de acuerdo con el plan de Levia.
Pero… la enorme cantidad de energía contenida dentro del arca comenzó a descontrolarse cuando comenzó a repararse.
Esa energía desencadenó una explosión masiva y también provocó que ocurriera una situación imprevista.
El arca «Pecado» fue destruida. En sus restos, estaba el moribundo Kiril, un dragón de dos cabezas, y la revivida Elluka.
Elluka estaba inconsciente, pero ciertamente respiraba.
Sin embargo, no había posibilidad de que Elluka volviera a la vida. El alma de un humano no puede renacer. Eso solo era posible para los dioses y los seres cercanos a ellos.
Sí… Quiénes habían sido revividos como «Elluka», los espíritus que habitarían en su cuerpo a partir de entonces, eran dioses, en otras palabras, los espíritus de Levia y Behemo. Los dioses se reencarnaron en el mundo como Elluka.
El dragón, en sí, era el cuerpo físico de Levia y Behemo.
Pero era poco más que una bestia, sin alma ni ego.
Quizás pensando que era comida, el dragón tomó a Kiril en su boca y luego voló a través de un agujero en el techo que había sido causado por la explosión.
Después de eso, el dragón enloqueció y destruyó el Reino Mágico.
Sea como fuere, una criatura sin alma no podía esperar vivir por mucho tiempo.
El dragón se desintegró y finalmente desapareció.
Lo que vio «Elluka» cuando despertó fue el Reino Mágico, reducido a ruinas.
Esta es una de las reglas de este mundo:
«-Las almas de aquellos que se reencarnan tendrán sus recuerdos anteriores sellados-«
Incluso los dioses no podían escapar de esta regla. Los recuerdos de Levia fueron reformateados y, además, debido a la influencia de la «memoria temporal» de Elluka que estaba grabada en su cuerpo, se convenció a sí misma de que era la mismísima Elluka. Y el espíritu de su hermano, Behemo, durmió profundamente en la mente de Levia, incapaz siquiera de reformatearse, dado que solo una mente puede manifestarse por cuerpo.
Así nació la “Hechicera Eterna”, Elluka Clockworker.
–Eso sucedió hace más de seiscientos años.
Parte 2, Capítulo 3-Dioses y Demonios, y sus Últimos Momentos; Escena 2
Pecados Capitales del Mal: Quinto, Pierrot, Páginas 251-257
–Se encontraba en un templo.
Había innumerables pilares blancos a los lados de una larga escalera. En el otro extremo, había lo que parecía un solo pilar que era incluso más grande que el resto de ellos.
Gumillia había visto edificios como este en Divina Levianta anteriormente. Como recordó, era lo que los lugareños llamaban un «templo».
Solo que los templos de Levianta no estaban tan limpios: Los pilares solían estar agrietados y las estatuas de bronce estaban oxidadas.
Sin comprender aún cómo había llegado hasta allí, Gumillia empezó a subir las escaleras. Había perdido el conocimiento después de quedar atrapada en la explosión del gato rojo, y cuando se despertó estaba ya ahí.
¿Había muerto el gato rojo, Irina?
¿A dónde se había ido Elluka?
Buscando esas respuestas, Gumillia continuó subiendo las escaleras. Eso era todo lo que podía hacer, pues el templo donde estaba no tenía salida.
Probablemente este no era un lugar normal.
Tal vez la había arrojado aquí el último hechizo de Irina.
No había olor a nada vivo en el aire. No pudo detectar ningún signo de vida que pudiera haber en un bosque, una ciudad o una cueva.
Quizás Gumillia había muerto por la explosión. Ya sea por el impacto de la explosión misma, o por ser aplastada por una roca. Si fue eso, ¿era este el Cielo? ¿Podía un espíritu que se había reencarnado en un humano ir al cielo, de hecho?
Eran escaleras largas.
A Gumillia le pareció que incluso podrían ser interminables.
Pero había un punto final. La base del enorme pilar blanco debía ser la parte superior de las escaleras.
Creyendo en eso, siguió adelante.
A medida que se acercaba a la cima, la forma del enorme pilar se hizo más clara para ella. En lugar de un pilar, se parecía más a una pluma estilográfica gigante, o tal vez a una lanza. Su punta se afilaba hasta un punto y el cuerpo principal había adquirido un brillo peculiar.
Cuando finalmente llegó a la parte superior de las escaleras, el suelo extendió en un cuadrado abierto. Se dio cuenta de que la enorme pluma estilográfica que había estado mirando todo este tiempo estaba en el centro de esa plaza.
Y en la base misma de la pluma estilográfica había una mujer.
Su largo cabello rosado estaba recogido en su espalda, y vestía ropa roja, incluida una gargantilla del mismo color.
—Ah, Gumillia, llegaste —dijo. Aunque estaban separadas por una distancia considerable, su voz sonaba lo suficientemente fuerte como para que pareciese que estaban una al lado de la otra.
Al escuchar su voz, Gumillia inmediatamente se dio cuenta de que ella era Irina.
—¿Es esta, tu verdadera forma?
—Sí. Es mi apariencia de cuando todavía era humana… Los tres restantes aparecerán en breve. Cuando lo hagan, comenzaremos.
Gumillia miró a su alrededor.
No había ninguna figura aparte de la de Irina, pero notó cuatro escaleras en cada dirección de la plaza. Excluyendo la de la que había salido Gumillia, tres. Cada una de ellas se extendía por debajo de la plaza.
Alguien se acercaba de una de ellas.
Parecía una mujer joven con uniforme de sirvienta. Gumillia sintió una sensación de incomodidad por su apariencia, pero no sabía muy bien la razón.
Primero se volvió hacia Irina, luego hacia Gumillia, y pareció un poco sorprendida.
—Ha pasado un tiempo desde que me reuní con «humanos»… O no, supongo que tú no eres uno. —Señaló a Gumillia—. Ahora que me fijo bien, eres Gumillia, ¿no? Nunca pensé que llegaría el día en que volvería a verte.
—No te conozco.
Hoy debía ser el día en que los desconocidos se pusieron de acuerdo para hablaran familiarmente con ella.
Gumillia dejó que su malestar se reflejara en su rostro.
—Ya veo. Tal vez hayas perdido tus recuerdos debido a esa «regla» establecida por el Tercer Período. Como sea. … Y en cuanto a ti… —Esta vez la mujer con el uniforme de sirvienta señaló a Irina—. Tampoco eres una verdadera «humana». Eres un «Niño Ghoul» que Seth creó al intentar copiarme.
Irina no respondió.
Ella solo continuó mirándolo, sin decir palabra.
Incapaz de comprender la situación, Gumillia le habló a Irina:
—Irina, ¿quién demonios es ella?
—Viene alguien más.
Otra nueva figura subió las escaleras.
Una mujer con coletas verdes.
Michaela: el nombre de la chica que una vez fue un espíritu como Gumillia le vino de repente a la mente. Pero ella inmediatamente alejó ese pensamiento.
Michaela no tenía unos ojos tan fríos.
Entonces eso significaba que ella era…
—… Eve Moonlit.
Sí, la «Princesa del sueño».
Pero estaba segura de que Elluka se había apoderado de ella. Gumillia no podía entender lo que estaba haciendo aquí.
Podía oír pasos desde la escalera restante. La última persona estaba subiendo.
Era, una vez más, una mujer.
Tenía el pelo rubio y corto, y vestía una bata blanca.
Francamente, Gumillia había pensado que la última persona sería Elluka, pero la mujer que apareció no tenía ni el más mínimo parecido con ella. En todo caso, su rostro se parecía más a la de la mujer con uniforme de sirvienta que había aparecido antes.
La mujer de la bata blanca miró a las cuatro personas que estaban en la plaza y luego bajó la mirada en silencio, como si hubiera llegado a comprender algo.
Una vez más, Gumillia le preguntó a Irina:
—Irina, ¿qué demonios es esto? ¿Qué es este lugar y esta gente? No sé qué significa esto. ¿Dónde está Elluka…?
—Elluka está muerta —respondió Irina con crueldad.
Por un momento, Gumillia se quedó sin palabras. No obstante, de alguna manera recuperó la compostura y le preguntó a Irina los detalles.
—… Así que quedó atrapada en la explosión después de todo…
—No, no es eso. Elluka murió hace mucho tiempo. La maté hace seiscientos años.
—…
Gumillia sabía a dónde quería llegar.
Y finalmente entendió la situación.
Irina se había dado cuenta de la verdad: que «Elluka Clockworker» no era «Elluka».
—Si preguntas dónde está tu maestra, «Elluka Clockworker», entonces… ella está ahí.
La persona a la que Irina señaló mientras miraba hacia otro lado era la mujer de la bata blanca, que seguía mirando hacia abajo.
Gumillia se acercó lentamente a ella y le dijo:
—¿Has… recordado todo?
La mujer vestida de blanco asintió.
—Sí. A decir verdad, me acordé cuando tomé a Eve en mí misma.
—Ya veo… —Gumillia colocó la palma de su mano en la mejilla derecha de la mujer—. Así que este es tu verdadero rostro… tu verdadera forma. Elluka… No–
Gumillia se detuvo.
Y, asintiendo con la cabeza para fortalecer su resolución, murmuró su verdadero nombre.
—Levia.
