Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 3: Reunión; Escena 1

La Sastre de Enbizaka, páginas 71-74

Unos jóvenes vieron a Kayo caminando por Enbizaka y se quedaron sin aliento.

—Eh. ¿Es la dueña del local Sudou?

—Sí… ¿Siempre fue tan guapa?

—No sé… Siento que lo era, pero también siento que no lo era.

—Probablemente el glamour de ser viuda… Je je je, me pregunto si podría quedar bien con ella como el nuevo hombre de la casa.

—Déjalo, ella nunca se decantaría por un mocoso como tú. … Y realmente, ella es…

Kayo no pudo oír los susurros de los dos hombres.

Ese día, Kayo visitó la tienda de horquillas de su vecina Oyuka.

Esa tienda de horquillas también se había quemado durante el Gran Incendio, pero había sido reconstruida poco antes que la de Kayo.

—Aquí tienes.

Kayo le entregó a Oyuka un hermoso kimono de color púrpura pálido.

—Oh, qué espléndido… Gracias, Kayo-san.

—No pienses en ello. Aunque lleva cuatro años de retraso.

—Pero el kimono que te dejé entonces se quemó en el incendio, ¿no? Sólo me impresiona que hayas sido capaz de recrearlo hasta este punto. Nada menos de lo que esperaba de ti.

—… Ese incendio fue duro para todos nosotros.

—… Sí, lo fue. —Al igual que los demás, Oyuka no tenía ninguna duda sobre el cambio de aspecto de Kayo —. Kayo-san, pronto será la hora de la cena. Conociéndote, me imagino que has estado tan ocupada en el trabajo que no has preparado nada, ¿verdad? Si quieres, eres bienvenida a comer en mi casa esta noche.

—Oh no, no podría… sería una molestia para tu marido y tu hija.

—No tienes que preocuparte por ellos. Cuantos más mejor, digo yo. … Kayo-san, estás sola en casa, ¿verdad?

—Sí… es cierto. —Kayo asintió, pareciendo un poco solitaria —. Mi marido y mi hijo no han vuelto a casa.

—Mhm… Es cierto.

—Estoy muy preocupada por los hábitos de donjuán de mi amor.

—… ¿Eh?

—Y sé que Ren está muy ocupado con su trabajo en la Casa de Comercio Freezis, pero aún así debería aparecer en casa de vez en cuando.

—Kayo-san… qué estás…

Naturalmente, Oyuka sabía que el marido y el hijo de Kayo murieron en el gran incendio de hace cuatro años.

Así que se sintió confundida por el hecho de que Kayo hablara como lo hacía a pesar de ese hecho.

Kayo dijo entonces, sin mostrar ninguna señal de haber notado la inquietud de Oyuka:

—Pero aun así, hoy debo declinar. Tengo un trabajo más de sastrería que me gustaría terminar antes de que anochezca.

—C-claro… Bueno entonces, te veré más tarde, Kayo-san.

Oyuka despidió a Kayo mientras volvía a la sastrería, saludando con la mano.

Inmediatamente después, su marido, el artesano de las horquillas, abrió la puerta corredera de papel y asomó la cabeza.

—… Así que ha venido la propietaria de Sudou.

—Sí… Los rumores son ciertos después de todo.

—Oh, ¿las historias de que ha perdido la cabeza por la muerte de su hijo y su marido?

— A decir verdad, desde que Kayo-san volvió a Enbizaka, le tenía un poco de miedo. A veces me lanzaba una mirada aterradora cuando me veía caminar con nuestra hija. Pero últimamente ha dejado de hacerlo, así que pensé que seguramente se había recuperado.

—¿Te ha dicho algo?

—… Kayo-san parece haber olvidado que su marido y su hijo están muertos. Parece estar convencida de que su marido no ha vuelto a casa porque ha salido a la ciudad, y que su hijo está trabajando en la casa de comercio.

—Bueno, su marido era el tipo de hombre que no se quedaba mucho en casa cuando estaba vivo. No dejó sus hábitos de playboy tan fácilmente incluso después de casarse. … Pero en cuanto a que su hijo trabajara, todavía era un bebé por aquel entonces, ¿no?

—Está tan ida que no puede ver la incoherencia allí… Pobrecita.

—… ¿No crees que deberías replantearte tu relación con ella?

—No puedo hacer eso. Kayo-san y los difuntos Kagura-san y Nagare-san siempre han cuidado mucho de mí. Si se ha convertido en una enferma mental, tengo que cuidarla ahora más que nunca.

—Tu naturaleza entrometida es bastante sustancial —Aunque parecía sorprendido, el marido de Oyuka parecía sonreír un poco—. Bueno, no te detendré. Haz lo que quieras.

A primera vista, Kayo llevaba una vida normal, pero cuando se trataba de su marido y su hijo aparecían algunas conductas claramente extrañas.

Se podría decir que era natural que los rumores al respecto se extendieran inmediatamente por los estrechos límites de Enbizaka

Digresión-Uno, “Jahime”

La Sastre de Enbizaka, páginas 69-70

 

Había una vez, en una tierra muy lejana, una princesa muy egoísta llamada Jahime.

Jahime no hacía más que gastar mucho dinero para divertirse.

Además, un día dijo lo siguiente:

—Haz que todo Jakoku sea mío.

 

En aquella época, Jakoku no era todavía un gran país.

Estaba formado por varios países más pequeños, y el de Jahime era poco más que uno de ellos.

 

Jahime unió fuerzas con una bruja que había venido de un país extranjero, y una a una las naciones a su alrededor cayeron en la ruina.

Y mucha gente fue asesinada.

 

Cuando todo Jakoku fue invadido por el miedo a Jahime y a la bruja, un joven samurái y solitario se levantó.

Era de sangre extranjera al igual que la bruja, y era capaz de ejercer un extraño poder.

Se decía que podía hacer brotar alas de su espalda y volar por el aire.

 

El samurái se hizo con aliados que habían venido de tierras extranjeras como él, y se enfrentaron a Jahime y a la bruja.

Uno de sus aliados, una mujer que podía utilizar artes oscuras, convocó un viento y alejó a las tropas de Jahime.

Su aprendiz golpeó a los soldados con una extraña pistola de mecha.

Y una anciana con una máscara de mono creó una hoja afilada para el samurái.

 

Cuando se acercaban al punto en el que podían derrotar a Jahime, la anciana de la máscara de mono fue asesinada por la bruja.

Mientras derramaban lágrimas de dolor, los samuráis finalmente derribaron a Jahime en Jagahara, y la bruja fue expulsada del país.

 

La usuaria de las artes oscuras y su aprendiz regresaron a su país de origen.

Y el samurái recibió del señor local la tierra de Izami en el sur, llegando a gobernar allí.

La hija de la anciana de la máscara de mono llegó a esa tierra, construyó una espléndida tumba para su madre y se quedó a vivir allí.

El samuráis atesoró la espada que había recibido de la anciana como una reliquia familiar durante el resto de sus días.

 

 -Del «Cuento de Hadas Freezis, Historias Extranjeras».     

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 7

La Sastre de Enbizaka, Páginas 57-68

Pasaron dos días. Elluka, tú, visitaste la sastrería como había prometido.

—Disculpe.

En el momento en que te inmiscuiste bruscamente, Kayo estaba en pleno trabajo.

—Perdóname… estaba en un descanso ahora mismo —dijo Kayo, dejando la aguja y el kimono que estaba cosiendo a un lado.

—Parece que estás trabajando duro en tu sastrería.

—Oh, sí, desde que tuve la gran fortuna de poder volver, empecé a recibir encargos de quienes me han estado proporcionando patrocinio desde la época de mi madre.

Esta sastrería había sido creada originalmente por el marido de Kagura, Sudou Nagare.

Sastre experto, tras fugarse y acabar en Enbizaka Nagare abrió una sastrería con Kagura para ganarse la vida.

Kayo también ayudaba en el trabajo de sus padres desde que tenía diez años, y Nagare la había elogiado por la rapidez con la que aprendió el trabajo; cuando Nagare falleció durante una epidemia no mucho tiempo después, Kayo se dedicó principalmente al trabajo de sastrería junto con su madre.

—Una sastrería, hm… Parece que es algo así como el destino de tu linaje.

Kayo te miró con una expresión de curiosidad después de que hablaras con tanta emoción.

—¿Destino?

—Sí. Una persona de la familia Okuto trabajando en una sastrería me da esa impresión.

—¿De la familia Okuto? ¿No de la familia Sudou? El linaje de la familia Okuto ha sido el de los samuráis, ¿no es así?

—… ¿Cuánto sabes de la familia Okuto?

—Sinceramente, no mucho… Mi madre no era de las que hablaban mucho de su pasado. Yo misma sólo supe que estaba emparentado con la familia Okuto hace cuatro años, cuando me acogieron.

Al oír eso, ajustaste tu postura, sentándote, y comenzaste a dar una charla de historia a Kayo.

—-La familia Okuto desciende de un samurái que se dio a conocer en la “Batalla de Jagahara” hace unos trescientos años; su nombre era Okuto Gaou, y luchó en esa batalla aún siendo un extranjero- ¿Sabias eso?

—No… no sé mucho de historia…

—Gaou era un inmigrante de la región de Evillious. Además, si se rastrea su linaje, éste se remonta a cierto hombre noble, y a una sastre. El hombre era el duque de Asmodean, “Sateriasis Venomania”, y la mujer se llamaba Lukana Octo.

—Vaya… Pero, ¿cómo sabes eso, Elluka-sensei?

—… Si te dijera que es porque soy la propia Lukana Octo, ¿me creerías?.

Lo más probable es que una persona normal hubiera pensado que se trataba de una afirmación imposible.

Y Kayo también parecía pensar que era una broma.  Comenzó a reírse.

—Ja, ja, si eso fuera cierto, entonces eso te convertiría en una bruja de cientos de años.

—Sí. Mi verdadera identidad es la de una bruja- ¿Para qué son esos trozos de tela?

Señalaste unos retazos de tela apilados a poca distancia.

—Ah, son restos de tela de la sastrería.

—¿Entonces ya no los necesitas?

—Bueno, supongo que no. Aunque a veces las uso como material para hacer reparaciones.

—… Entonces préstamelas por un momento.

Cogiste varios retazos de la montaña de telas y te volviste a dirigir a Kayo.

Y entonces murmuraste en voz baja unas palabras que sonaban extrañas.

Cuando lo hiciste, a pesar de estar dentro de una tienda cerrada, un fuerte viento comenzó a soplar de repente desde algún lugar.

Los trozos de tela fueron atrapados por el viento, y revolotearon por el interior del edificio.

—Dios mío…

Kayo lanzó un murmullo de asombro.

Al momento siguiente, recitaste algo más, y entonces los retazos de tela que revoloteaban empezaron a arder todos a la vez.

Y entonces, en un instante, todos se redujeron a cenizas.

—¡Eek! —gritó Kayo al verlo.

—Está bien, el fuego no te quemará a ti ni al edificio en el que estamos… Aunque supongo que esa no era la cuestión.

Kayo estaba temblando, con una expresión de terror en su rostro.

—Lo siento, no debería haberte mostrado el fuego. —Sostuviste con soltura el cuerpo de Kayo para calmarla—. … Pero con esto, seguro que me crees, que soy una bruja.

—S-sí… —Kayo asintió continuamente, aún temblando—. P-por qué… Por qué razón has…

—Una de las razones por las que vine a este país fue para devolver el cuerpo de “Lukana” a la familia Okuto. … Al escuchar tu historia, y ver tu aspecto, me imaginé que serías perfecta para ello.

Dijiste que estabas allí para «devolverlo». Eso significaba que no eras la verdadera Lukana, sino un ser que le había robado el cuerpo. Sin embargo, en ese momento Kayo no tenía los medios para darse cuenta de eso.

—Este cuerpo, del que dijiste estar “celosa”, te lo daré. Y entonces ya no tendrás que preocuparte por las cicatrices de tus quemaduras.

—Pero… si haces eso, ¿qué te pasará?

—Tomaré tu cuerpo como el mío en su lugar. Esencialmente, haremos un intercambio mutuo.

—… Aun así, ¿no pensará todo el mundo que es extraño que hayamos intercambiado tan repentinamente las apariencias?

—No te preocupes. Conozco un método para que eso no ocurra.

—…

—…Pareces incapaz de decidirte. Bueno, supongo que es natural. —Soltaste a Kayo, y te pusiste de pie—. -Hubo una vez un hombre al que le preocupaba su apariencia como a ti. Le di una herramienta, y la usó para cambiar su apariencia. … Después de eso su vida cambió por completo. Desechó su pasado melancólico, y pudo obtener la alegría que deseaba.

—…

—Ahora mismo te aferras a dos sentimientos. El sentimiento de que debes olvidar tu pasado y seguir adelante, y el deseo de no olvidar a tu familia. Y, al no poder encontrar el equilibrio entre ambos, tu corazón es un caos. De ahí estas cicatrices de quemaduras fantasmas que aparecen en tu cuerpo. … Temes desde el fondo de tu corazón que si las cicatrices de las quemaduras desaparecieran, no sólo se debilitarían tus recuerdos del Gran Incendio, sino también los de la familia que amabas.

—No entiendo… realmente no…

—Debes olvidar. Cuando sucede algo doloroso, quien no puede olvidarlo nunca podrá caminar hacia adelante. Eso no te hace insensible, ni fría. Estoy segura de que tu difunta familia no querría que estuvieras siempre presa de tus recuerdos del pasado.

En algún momento, Kayo había empezado a sollozar.

—A veces… tengo tanto miedo…

—… ¿De qué?

—De los amantes que pasan por la sastrería… De las familias que pasean juntas… De la gente que tiene lo que yo he perdido… Cuando los veo, me doy cuenta de que estoy sucumbiendo a un espantoso sentimiento de envidia. Hay incluso momentos en los que quiero hacer caer sobre ellos las tijeras que tengo en las manos.

—… Quizá te ha poseído el “Demonio de la Envidia».

Miraste a las tijeras en las que resido, que Kayo había puesto a un lado.

—Un demonio… ¿Seré capaz de expulsarlo de mí misma?

—Si obtienes el cuerpo de una bruja haciendo un intercambio conmigo, tal vez…

La propuesta que estabas haciendo parecía a simple vista una acción altruista para Kayo.

Pero para mí, que te observaba desde un lado, no pude evitar pensar que le estabas mintiendo.

Sólo querías tener el cuerpo de Kayo como propio. Y para ello la estabas engañando con una sarta de sofismas.

Sin embargo, no tenía forma de transmitir mis pensamientos a Kayo.

Ella asintió con la cabeza, como si estuviera estabilizando su decisión, y luego declaró:

—Por favor… hazlo. Dame un nuevo cuerpo, para que pueda avanzar.

—… Como quieras.

Le sonreíste.

Para Kayo probablemente parecía la sonrisa de su salvadora.

Para mí era la sonrisa de un demonio.

No te llevó mucho tiempo completar el «ritual».

Pusiste tu mano sobre la cabeza de Kayo y recitaste un breve conjuro.

Cuando lo hiciste, las dos quedasteis envueltos en una luz rosa pálida.

-Pasaron unos cinco minutos.

Antes de darme cuenta, tú y Kayo estabais tiradas en el suelo.

Pero Kayo se levantó inmediatamente.

—… Maravilloso.

Supe, al decir tal cosa, que era otro ser el que estaba de pie, con la apariencia de Kayo.

—Un cuerpo descendiente de Venomania y Lukana… Esto, seguro… ¡Es lo que he buscado durante tantos años! Con este cuerpo lleno de poder mágico, ¡apenas tardaré en recuperar mi verdadero poder!

Kayo -o más bien tú, en la forma de Kayo- comenzó a reírse a carcajadas.

-A continuación, dirigiste tu mirada a las tijeras que estaban sobre el tatami.

Y entonces empezaste a alargar suavemente la mano hacia las tijeras… pero inmediatamente retiraste la mano, como si se te acabara de ocurrir algo.

—… Entonces, te deseo lo mejor, Kayo-san —le dijiste a la Elluka -la mujer cuya mente era ahora la de Kayo- y luego saliste de la sastrería.

Y así, habías intercambiado los cuerpos.

Usando la «Técnica de Intercambio…

—-Tengo algunas preguntas.

Elluka, que había estado anotando algo en un cuaderno apoyado en sus rodillas mientras escuchaba mi historia, se detuvo de repente.

«¿Cuáles son?»

—…¿Cómo sabes que el nombre del hechizo que utilicé es “Técnica de Intercambio”? No le dije a Kayo el nombre de la técnica en aquel entonces.

«… Me lo imaginé. Un hechizo que implica el intercambio de cuerpos probablemente tendría un nombre como «Técnica de Intercambio» o algo así; se me ocurrió por mi cuenta.»

—Hmm… Bueno, lo dejaré ahí por ahora. Tengo otra pregunta: tengo entendido que los padres de Kayo están muertos; en cuanto a su padre, sé que murió de una enfermedad. Pero en cuanto a su madre… ¿cómo y cuándo murió Kagura?

«Desapareció poco después de que Kayo se casara. Después determinaron que había muerto ahogada, ya que encontraron sus tijeras favoritas en un acantilado que daba al mar.»

—¿Eran esas tijeras en las que estás ahora? Entonces debes haberlo visto todo.

«Sí… ciertamente se cayó al mar, dejando las tijeras en el acantilado.»

—¿Fue realmente un accidente? ¿No fue empujada por nadie, no fue un suicidio?

«…»

No respondí a su pregunta.

—Supongo que no te interesa entrar en detalles sobre ese punto. …Tengo la impresión, por tu relato, de que me detestas bastante, y sin embargo también pareces apoyar mucho a Kayo.

«Para mí, Kayo es como una dueña con la que he pasado mucho tiempo. Es natural entonces, ¿no?»

—Una dueña, eh… ¿Es esa la única razón?

«No importa. Ahora mismo estamos hablando de Kayo. Y además… tengo varias cosas que me gustaría preguntarte.»

—Hay preguntas que puedo responder y otras que no. Igual que tú.

Miré el cuaderno que tenía Elluka en su regazo.

«Lleva un rato anotando algo… ¿qué demonios es?»

—Ah, esto… Últimamente me he interesado un poco por la escritura. Tu historia es más interesante de lo que esperaba, así que estoy grabando el contenido aquí. Podría venderse si lo convierto en una novela. O podría ser una buena obra de teatro. O tal vez algún otro…

«Puedes hacer lo que quieras, no me importa. … Una pregunta más. ¿Realmente querías curar la mente de Kayo, o…?»

—Eso lo puedes saber sin mi aportación, ¿no? … Como has adivinado, sólo buscaba el cuerpo de Kayo, dado que estaba lleno de poder mágico. Nuestros intereses coincidieron, y simplemente me aproveché de ello. Si Kayo se hubiera negado, se lo habría robado por la fuerza.

«Así debe ser como has seguido viviendo todos estos siglos.»

—Sólo que… No me malinterpretes, aunque no tenía ninguna inclinación por ayudar a Kayo, eso tampoco significa que tuviera ninguna malicia hacia ella. No le hice nada fuera del intercambio de cuerpos. -Es por eso que ni siquiera yo sé cómo o por qué Kayo cometió el acto que hizo después.

«…»

—Por supuesto, es posible que fuera algún efecto secundario del “Intercambio de Cuerpos”. Pero eso por sí solo no sirve como explicación. … Aunque creo que tú podrías tener la clave de esa pregunta.

Supuse entonces que era por esa razón que Elluka estaba escuchando lo que tenía que decir.

—El “intercambio de cuerpos” es un hechizo con una gran carga para mí en primer lugar. Mi poder se debilitó temporalmente. Así que realmente no hice nada extraño durante todo ese año.

«¿Es esa la razón por la que no echaste mano inmediatamente de las tijeras?»

—…Bueno, algo así. Hasta hoy había pensado que el “Demonio de la Envidia” estaba en las tijeras. Ese demonio es un poco particular. Es peligroso, y no podría salir bien parado si lo manejara mal. Así que lo había dejado estar hasta que pudiera recuperar mi poder… Imagina mi sorpresa al encontrarme con un ser completamente diferente residiendo allí en su lugar.

«…Continuemos con la historia de Kayo.»

—Hmph, supongo que no quieres revelar tu verdadera identidad.

-Kayo había renacido con su apariencia… una nueva persona, que tenía el pelo rosa y la piel clara. Pero extrañamente no había una sola persona a su alrededor que viera eso como algo extraño.

En cuanto al motivo, Elluka dio una explicación:

—Tengo un pequeño poder para manipular la mente de los demás. Aunque es un poder escaso, mucho más débil de lo que solía ser. Sin embargo, al menos pude lograr convencer a todos los que rodeaban a Kayo de que «ella tenía ese aspecto antes».

No tenía forma de comprobar si eso era cierto o no.

Pero en cuanto al fenómeno que había visto, tendría que decir que sus palabras eran correctas.

… De todos modos, gracias a eso no hubo ningún trastorno particular justo después del intercambio de cuerpos. Kayo vivía como antes, salvo que ya no se preocupaba de que le quedaran cicatrices de quemaduras.

Sin embargo… un nuevo problema comenzó a surgir en su corazón.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 6

La Sastre de Enbizaka, páginas 54-56

Al día siguiente, Kayo se dirigió a la tienda de telas, la «Tienda Miroku», al pie de la colina.

Quería dar las gracias a Mei por haberla cuidado.

Cuando pasó por debajo del cartel de la tienda Miroku, encontró a una chica sentada justo dentro.

—¿Tiene un momento, señorita?

Al parecer, al recordar que le habían gritado por hablar de la misma manera con Perrié, podía ver cómo la expresión de Kayo se tensaba ligeramente; pero esta vez, parecía que se trataba realmente de una «joven señorita», tal y como sugería su aspecto.

La chica respondió con brusquedad:

—Mamá y papá no están aquí ahora mismo. Y mi hermana mayor está en una cita.

Parecía que era otra hija de Mei.

Cuando Kayo le preguntó su nombre, ella dijo, dando una patada hacia adelante y hacia atrás:

—Me llamo Rin. Hoy estoy cuidando la tienda. Pero no puedo aceptar ningún encargo de trabajo. Y no sé lo que vale nada, así que no puedo vender.

En mi opinión, eso hacía que su vigilancia de la tienda no tuviera sentido.

Kayo parecía pensar lo mismo, pero se limitó a sonreír afectuosamente y a comentar:

—Entonces estás esperando a que tu familia vuelva a casa, Rin-chan.

—Sí.

Recuerdo muy claramente que la expresión de Kayo se volvió increíblemente solitaria en ese momento.

Rin dijo entonces, sin darse cuenta del estado de Kayo:

—Pero… siento que no sólo espero a mamá y papá y a mi hermana mayor.

—¿Hm?

—No sólo hoy. Ayer y anteayer también. O tal vez debería decir que me siento así desde hace mucho tiempo, incluso desde que nací. Estoy esperando. … Aunque no sé cuánto tiempo.

Era una cosa extraña para ella.

—Ya veo… Espero que le conozcas, a esa persona que siempre estás esperando.

No sé qué pensó Kayo de eso, pero eso fue lo que respondió, con su sonrisa inamovible.

—¡Sí! … ¿Usted también está esperando a alguien, señora?

—… ¿Por qué piensas eso?

—Supongo que tiene usted ese tipo de cara.

En el momento en que su cara fue comentada, Kayo aparentemente recordó el tema de sus cicatrices de quemaduras, e inmediatamente apartó su rostro de Rin.

—… Supongo que he dicho algo grosero. Si lo hice, lo siento. —Rin miró a Kayo, disculpándose.

—Oh, no, no es eso… Sí, yo también estoy esperando… pero…

—…

—La gente que estoy esperando… no va a volver nunca…

Después de decirle a Rin que volvería a visitarla, Kayo salió de la tienda de Miroku.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 5

La Sastre de Enbizaka, páginas 50-54

Una misionera que había viajado en el barco de la Fundación Freezis desde el país de Maistia tres días antes, con el fin de difundir la religión extranjera de Levin en Jakoku: ésa era tu identidad, según le explicó Anan a Kayo.

—Kayo-san. He oído que te has estado preocupando por tus cicatrices de quemaduras —le dijiste a Kayo, bebiendo té con leche en el salón de la casa comercial.

—Sí. —Kayo asintió, sentándose en una silla frente a ti—. Como puedes ver, me hice estas quemaduras en un incendio. No es sólo en la cara. Incluso ahora, después de que hayan pasado cuatro años, todavía hay cicatrices por todo mi cuerpo.

A pesar de que Kayo dijera esto, por supuesto apenas quedaban esas cicatrices a estas alturas.

No hiciste ningún movimiento para refutar sus palabras, a pesar de que claramente podías verlo por ti misma.

—Sí… son unas cicatrices bastante horribles.

Fue entonces cuando Anan, que estaba cerca, habló.

—Me han dicho que Elluka-sensei ha estado proporcionando la salvación de los corazones y las mentes de un gran número de personas en el continente. Cuando me enteré de eso, pensé que seguramente ella podría calmar tus ansiedades. Le hablé de ti.

Estaba claro que no era algo que Anan hubiera hecho por la bondad de su corazón.

Sólo mantenía la débil esperanza de que si la enfermedad mental de Kayo se curaba, entonces ella podría recordar el «tesoro».

—Ah… —Después de que Kayo mirara su cara aturdida mientras daba su respuesta a medias, murmuró de repente —: Sensei… Tienes un rostro muy bonito. Y hablas muy bien el jakokués.

—Qué amable eres al decirlo. Bueno, dejando de lado el asunto de mi apariencia, en lo que se refiere a mi forma de hablar ya he venido a este país en el pasado, así que aprendí entonces.

—¿Ah, sí?

—Sí… En el lejano… lejano, pasado.

—Y sin embargo, Perrié antes no parecía dominar el jakokués en absoluto.

Sin pensarlo, comenzaste a reírte por las palabras de Kayo.

—Bueno, ella… Cada persona tiene sus propios puntos fuertes, ya sabes. Pero la habilidad de Perrié en el comercio es algo digno de ver. Aunque como su conexión con la familia Freezis actual es bastante débil, fue enviada aquí a este lugar tan aparta-Oops, perdón.

—Oh no, está bien. Estoy segura de que a un extranjero un lugar como Jakoku le parecería bastante atrasado… La Fundación Freezis en la región de Evillious debe ser una organización magnífica.

—Es la organización que más poder tiene en Evillious… O eso se decía antes. Hoy en día, una empresa rival ha empezado a agolparse sobre ellos.

—¿Una empresa rival?

En respuesta a la inclinación de la cabeza de Kayo, señalaste un edificio visible fuera de la ventana.

—La empresa Yarera Zusco, que dirige esa casa comercial cerca de aquí.

—Vaya, también es una mansión incomparablemente grande.

—Han ido ganando peso rápidamente en los últimos años. Con la familia Marlon, que ha servido como patrocinador de la Fundación Freezis, habiendo sido expulsada de su posición como realeza, en la actualidad parece que las dos empresas están enzarzadas en una lucha por la supremacía. Perrié incluso pensó al principio que el incendio ocurrido hace cuatro años era obra de uno de ellos, al parecer.

—¡…!

La expresión de los ojos de Kayo pareció cambiar un poco.

—Bueno, su casa comercial se quemó en ese mismo incendio, así que al final concluyeron que fue otra persona.

—… Hah… Todos pasaron por mucho.

Kayo te escuchó hablar mientras saboreaba el té que le habían preparado.

—… Me disculpo. Me he despistado bastante.

—Oh no, casi nunca tengo la oportunidad de oír hablar de asuntos extranjeros como éste, así que es profundamente interesante.

Y ahí Anan se unió a la discusión.

—Oh sí, sí. Escuchando a Elluka-sensei y a Perrié-sama hablar, me he dado cuenta de lo pequeño que es realmente Jakoku. Incluso he desarrollado el deseo de cruzar el mar para visitar la región de Evillious y Maistia yo mismo uno de estos…

En ese momento, te volviste hacia Anan y declaraste, callándolo en seco:

—Anan… ¿Te importaría esperar fuera un minuto?

—Ah… No… Pero-

—Tengo cosas de las que quiero hablar, sólo nosotras dos, entre mujeres. Además, estás siendo un poco molesto.

—¿¡Molesto!? … Bien. … Entonces, discúlpame.

Anan salió del salón, con los hombros caídos.

—Ahora bien… Volvamos al tema. Kayo-san, estás preocupada por tus cicatrices de quemaduras, ¿verdad?.

—… Sí.

—Y tú has dicho que soy hermosa.

—Sí. Tienes una piel tan blanca y clara, y un pelo rosa tan vibrante… francamente estoy celosa.

—Así que es eso, entonces… tenemos un método extremadamente simple de resolución aquí. Es un truco especial que sólo yo puedo hacer.

—¿En serio? … Pero, yo… Eso…

—¿Qué es?

—Realmente no tengo mucho interés en la religión.

Y cuando Kayo dijo eso tímidamente, de repente empezaste a reír a gritos.

—… ¡Jajaja! Relájate. Realmente no tengo ninguna inclinación por convertirte a la religión de Levin. El título de “misionera” en primer lugar fue sólo algo que obtuve para que la empresa de la Fundación Freezis me dejara viajar en su barco.

—¿¡De verdad!? … Tengo la sensación de no conocerte en absoluto, Elluka-san.

—No tienes que conocerme. -Soy la que salvará tu corazón. Eso es todo lo que debes tener en cuenta.

Tus ojos parecían brillar con un verde misterioso.

—¿Tú… me salvarás… Elluka-san?

—Sí. Pero necesitaré un poco de preparación para ello, así que… vuelve aquí dentro de tres días… o mejor, iré a dónde vives. ¿Dónde está tu casa?

—Erm… Es la sastrería… un poco más abajo de aquí.

—Entendido. Entonces te veré en tres días.

-Para ser sincera, en el momento en que te vi por primera vez me inundó un terror que nunca antes había experimentado.

Tal vez sea un poco extraño que lo diga, en esta forma como estoy ahora, pero me había parecido que eras algo muy diferente a las demás personas… Sí, me había parecido que ni siquiera eras humana, sino otro ser completamente distinto.