La Sastre de Enbizaka, páginas 106-108
—Vaya, si es el alguacil Uibee-san.
Kai saludó a Uibee con una sonrisa cuando vino a visitar la tienda Miroku.
Pero su complexión era pobre, y había tenues sombras bajo sus ojos. Teniendo en cuenta que su esposa había sido asesinada apenas unos meses antes, esto era comprensible.
—Aprecio sus esfuerzos con el caso de Mei. … Entonces, ¿qué vengas así significa que has averiguado algo nuevo?
En contraste con la expresión de Kai, que llevaba una sonrisa propia de un comerciante, el rostro de Uibee era severo.
—… Miroku. Desde que su esposa falleció, su hija siempre se ponía a atender la tienda.
—Sí. Antes no era de las que ayudaban mucho en el negocio familiar, pero después de lo que pasó con Mei empezó a trabajar duro en el lugar de mi esposa por consideración a mí y a su hermana menor Rin. Aunque ella misma debe estar deprimida por la muerte de su madre. … Le estoy verdaderamente agradecido.
—Y sin embargo, hoy no veo a Miku por aquí.
Al escuchar esas palabras, la sonrisa desapareció del rostro de Kai.
—… Sí. Salió a tomar pedidos la noche anterior y no ha vuelto desde entonces. Bueno, siempre ha sido una chica huidiza, que sale a divertirse por capricho, así que me imaginé que se ha quedado en casa de su hombre o algo así…
—… ¿No te has enterado? El extranjero llamado Kiji con el que Miku ha estado saliendo ha regresado a su tierra natal por un mes.
—¿Es eso cierto? Entonces en qué lugar del mundo…
—Sobre ese tema…
Uibee le tendió a Kai un kimono gris empapado.
En cuanto lo vio, su rostro palideció.
—No puede ser… eso es…
—¿Lo reconoces?
—… Es de Miku… Fue un regalo por su decimosexto cumpleaños. … Miku salió con este kimono anoche…
—… El cadáver de una chica apareció en el río esta mañana. Este es… el kimono que llevaba ese cadáver.
Kai se derrumbó en el lugar.

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