La Sastre de Enbizaka, páginas 116-119
Pasaron varios días más después de eso.
Kayo había ido a visitar la tienda de horquillas de Oyuka.
—-Ey. No es de mi incumbencia si faltas al trabajo o no, pero ¿no puedes dejar de venir por aquí?
Oyuka estaba sermoneando a alguien.
—¿Por qué eres tan fría? ¿No puede venir tu amigo de la infancia a visitarte? ¿No deberías ser un poco más acogedora?
Era el detective Eikichi.
Kayo se escondió instintivamente y se asomó a la tienda de horquillas.
—Eres malo para el negocio. Además, sólo quieres un lugar conveniente para esconderte, ¿no?
—Je, je, ahí me has pillado. Los otros detectives y agentes nunca pensarían en encontrar a un hombre como yo en una tienda de horquillas de entre todos los lugares.
—Por Dios… realmente eres patético.
—De todos modos. No hay mucho que un tipo como yo pueda hacer, sabes. Ya se han encontrado todas las pistas sobre el acuchillador, y encima últimamente esos matones extranjeros de la empresa Yarera-Zusco han estado merodeando. No puedo evitar que se metan en mi trabajo.
—… Esos hombres son de donde trabaja Kiji-san, ¿no? He oído que está buscando venganza por su amor asesinado-eso es bastante admirable, en mi opinión.
—Hmph. No sé cómo hacen las cosas en su país, pero en Jakoku la venganza está prohibida. Se lo he dicho cientos de veces, pero no me escuchan.
—Entonces, ¿no deberías trabajar aún más para atrapar al criminal antes de que lo hagan ellos?
—Supongo que tienes razón… Quizás no estoy… tan motivado para ser detective…
—Tal vez no.
—Se supone que no deberías estar de acuerdo conmigo… Ah, me pregunto si debería volver a casa, a Momogengou… —Ahí, Eikichi se golpeó bruscamente la palma de la mano con el puño, como si recordara algo —. Ah, hablando de Momogengou… he oído que un grupo ha venido aquí a Enbizaka.
—¿Qué grupo?
—Mira, ¿no te acuerdas? El extraño niño de la casa de Kurookina.
—Oh, sí, lo recuerdo. Ese chico rubio que supuestamente nació de un árbol de ébano.
—Sí, sí, Kokutan-douji. Él y ese chico, Inukichi, han estado viajando juntos, castigando a los malhechores y llamándolo “caza de demonios”.
—Vaya, vaya…
—¿…? ¿Qué pasa? No pareces sorprendida.
—Oh no, supongo que no lo encuentro tan extraño dado que es Kokutan-douji de quien estamos hablando. Inukichi también es bastante fuerte, al menos en fuerza física.
—Se rumorea que la jefa del clan Rangu está con ellos.
—Oh, ¿esa joven de pelo rizado que lleva una máscara de mono?
—Sí. Todas sus acciones los han convertido en una especie de celebridades. Y ahora Kokutan-douji se ha dirige hacia aquí, aparentemente.
—¿Para qué?
—¡Para ver a sus paisanos, por supuesto! – Bromeo. No éramos tan amigos de él, después de todo. Probablemente se han enterado de los asesinatos que están ocurriendo en Enbizaka y han venido aquí para resolverlos, ¿no crees?
—-En ese caso, ciertamente no tienes tiempo que perder, ¿eh? Si pierdes el tiempo aquí, ¡Kokutan-douji te robará el protagonismo!
—… Quiero decir, supongo que sí…
—¡Oh, zoquete holgazán! … ¡Eh, querido, ven aquí y di algo!
Oyuka fue a llamar a su marido que estaba más adentro de la tienda.
Eikichi no daba señales de irse pronto.
Kayo se dio la vuelta y se dirigió a su sastrería.

Una respuesta a “Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 5: Visita; Escena 7”