La Sastre de Enbizaka, páginas 119-124
—Disculpe.
Alguien había venido a visitar la sastrería de Kayo.
No era una voz que ella reconociera.
Esa persona que no conocía… Si no era uno de sus vecinos, entonces debía ser alguien que se había presentado por un encargo.
—Sí, ¿qué puedo hacer por usted? —respondió Kayo. Cuando lo hizo, una persona joven pasó por debajo del cartel y entró.
Tenía el pelo rubio y los ojos azules, y vestía una armadura con un jinbaori encima.
El jinbaori estaba roto en las mangas y parecía a punto de desacerse.
—He venido porque me han dicho que la llamada Sudou Kayo-san estaba aquí…
—Yo soy Sudou Kayo. … ¿Tienes trabajo para mí?
—Ah… Sí. Vengo por esto.
El joven se quitó el jinbaori y se lo entregó a Kayo.
—… ¿Esto fue cortado por algún objeto con hoja? Bueno, de todos modos, con este nivel de daño debería ser capaz de dejarlo como nuevo en dos o tres…
—¿Puedo hacerte una pregunta incómoda?
—¿Cuál?
—Quiero decir… ¿has… dado a luz alguna vez a un niño, Kayo-san?
Fue una pregunta muy brusca, y Kayo le miró por un momento, con los ojos muy abiertos.
Pero luego respondió con calma:
—Sí… tengo un hijo… Tiene el pelo rubio y los ojos azules como los tuyos-
—¡-! Entonces es verdad…
—… Parece que hay alguna razón para tu pregunta.
—-He venido a Onigashima en busca de mi verdadera madre.
—¿Por qué crees que tu madre está en esta isla?
—Porque esa es la revelación que me dio… una sirena.
—¿Una sirena…?
—Probablemente pienses que es ridículo. Pero realmente conocí a una sirena, y ella me dijo estas cosas: Que mi verdadera madre está en Onigashima, que tiene el pelo rosa y trabaja como sastre, y… que mi verdadero nombre es “Ren”.
—¡…!
La mano de Kayo se llevó a la boca en señal de sorpresa.
—He emprendido un viaje con mis amigos para averiguar la verdad. Aunque nos hemos desviado por el camino… Pero finalmente he podido llegar aquí.
—… Es cierto… que una vez di a luz a un niño… y el nombre de ese niño era “Ren”.
—¡-! Entonces…
—No lo sé… Francamente estoy muy confundida en este momento. No sé cómo debería tratar esto… Pero.
Kayo se puso de pie, y corrió hacia el lado del joven.
Luego lo abrazó fuertemente.
—Por ahora… Déjame creer que lo que dices es verdad… Déjame abrazarte así… ¡Oh, Ren!
—Kayo-san-
La verdadera identidad del joven era el chico llamado Kokutan-douji del que Oyuka y Eikichi estaban cotilleando.
No sé si ese joven, que parecía sincero, estaba mintiendo o no. Al menos, no me parecía un malvado villano acercándose a Kayo para engañarla.
Pero suponiendo que hubiera dicho la verdad…
Me resulta muy difícil explicarte ahora lo que sentí entonces.
Cómo deseaba desesperadamente decírselo.
Que la «revelación» que le dieron-
No era más que los susurros de un demonio.
«He dicho algo que no debía.
Lo siento. Por favor, sólo… olvida esas últimas palabras.»
Pero Elluka obviamente no iba a dejar pasar eso.
—Jaja… Realmente pareces despreciar a esa “sirena».
«… Simplemente odio a un ser tan irreal e imaginario, eso es todo. Para empezar, ni siquiera debería haber sirenas.»
—Esa es una frase graciosa viniendo de un ser como tú, que es bastante “irreal” para la persona promedio.
«Hablando de la sirena… Perrié parece buscarla desesperadamente.»
—El “secreto de la inmortalidad”: eso es lo que persigue la Fundación Freezis desde su creación. Para ello han estado realizando algunos experimentos informales. Shaw Freezis, el fundador de la fundación, utilizó un resultado de esos experimentos para vivir más de cien años. La propia Perrié es también uno de sus sujetos de prueba. El hecho de que conserve su forma joven a pesar de estar cerca de los cuarenta años es por eso… Pero la fundación aún no ha podido obtener la inmortalidad completa.
«¿Es esa la razón de su amistad con la Fundación Freezis?»
—He tenido una larga relación con ellos. Es probable que tengan interés en que haya vivido tanto. Naturalmente, nunca les revelaría mi secreto, pero al insinuar de vez en cuando cosas que parecen cercanas a ese secreto, la fundación me concede dinero y poder más allá de lo que necesito… Me ha ayudado bastante.
Parecía que había cambiado de tema con éxito.
Elluka aún me cuestionaba.
—Kayo es quien mató a Miku, eso es seguro, ¿no?
«Lo es.»
—Kayo vislumbró a Kai y Miku discutiendo ante el puente Soukyou. Cuando se enteró de que estaba «embarazada», Kayo pensó erróneamente que Kai había dejado embarazada a Miku… ¿Fue algo así, a tenor de lo sucedido hasta ahora?
«… En general, sí. Kayo efectivamente fue testigo de los dos ante el puente, y esa noche esperó a Miku, le apuñaló el estómago con las tijeras orientales y la arrojó al río.»
—Por tu expresión «en general», ¿significa que algunos detalles son diferentes?
«…»
—Siempre eres tan taciturna en las partes cruciales… Y ese “Kokutan-douji”… Por fin ha debutado en la historia.
Kokutan-douji-El chico que vivió con Kayo durante un corto tiempo como su hijo, «Ren».
Y… el que llevó a cabo su decapitación.
«Todas sus experiencias hasta llegar a Enbizaka… ¿Quieres que te hable también de ellas?»
—Eso no será necesario. Había algunos puntos que me daban curiosidad, así que ya he investigado sobre él de antemano. —Elluka abrió su cuaderno y me mostró su texto extranjero densamente escrito—. ¿Lo ves? Está aquí.
«… A mí me lo parece, pero no puedo leer tu escritura extranjera. … ¿Planeas convertir eso en un libro algún día también?»
—Sí, así es. Estaría bien. En cuanto al título del libro… Si lo pongo junto con otras historias que he oído transmitir en Jakoku… ¿Qué te parece “Mágicos Viajes al Este”?

Una respuesta a “Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 5: Visita; Escena 8”