La Sastre de Enbizaka, Páginas 138-143
Aquellos días de paz continuaron durante un tiempo.
No se produjeron nuevos asesinatos, pero tampoco se capturó al asesino de Mei y Miku… El tiempo simplemente siguió fluyendo.
Kayo y Kokutan-douji continuaron con una vida temporal de madre e hijo. Kokutan se avergonzaba de vivir con ella como un gorrón, y por eso ayudaba frecuentemente a Kayo en su trabajo.
—Gracias. Eres muy bueno con las manos, Ren.
En la práctica, a pesar de que le había dicho que no había cosido nunca en su vida, Douji mostraba una considerable habilidad para ello.
—Yo mismo estoy sorprendido. No creía que se me diera tan bien coser cosas.
—Eres especialmente hábil cuando se trata de manejar ropa extranjera. Yo soy bastante ignorante en eso, así que te lo agradezco mucho. … Ahora la sastrería estará segura incluso cuando yo no esté.
—No digas esas cosas. Todavía tengo mucho que aprender. Además, todo el mundo sigue viniendo a la sastrería buscando que tú cumplas con sus pedidos.
Mirándolos de reojo, parecían una verdadera madre y un hijo, sentados juntos en armonía.
Tenía la impresión de que Kayo había empezado a sonreír mucho más a menudo que antes.
—Oi, ¿está Kokutan-quiero decir, eh, Ren aquí?
Inukichi, que seguía engendrando su habitual atmósfera de optimismo irreflexivo, había venido de visita.
—Hola, Inukichi.
—Parece que estás trabajando duro. Ahora eres realmente el hijo de un sastre, ¿eh?
Ya había venido a visitar la sastrería así muchas veces, y por eso Kayo lo conocía.
—Vaya, Inukichi. Bienvenido.
—Buenos días, Kayo-san. … Aquí tienes.
Inukichi le entregó algo a Kayo.
—¿Qué es esto?
—Aparentemente es la especialidad de ese país extranjero llamado Lucifenia. Se llama bri… algo, no me acuerdo.
—Oh, gracias. … Bueno, entonces iré a preparar un poco de té —dijo Kayo, retirándose a la parte trasera de la casa con el «bri-algo».
Douji siguió cosiendo y le preguntó a Inukichi:
—¿Cómo te han ido las cosas, Inukichi?
—Ah… Parece que no consigo llegar a ninguna parte —respondió Inukichi con el ceño fruncido— Bufuko-chan es más seria de lo que pensaba. Ni siquiera gira la cabeza para verme.
—Eh, eso no es realmente lo que estaba preguntando…
—¿Te refieres a mi trabajo? Bueno, suelen llevarme bastante a la mar. Para buscar esa sirena.
—Una sirena… Nunca pensé que volvería a escuchar ese nombre aquí.
—No sé si es la misma sirena que conociste en Momogengou. … Pero tal vez si la atrapamos y somos capaces de hablar con ella, podremos obtener nueva información sobre tu madre. Así que con eso en mente he decidido trabajar muy duro en la pesca. … ¡Y además pagan bastante bien la gente de la Firma de la Fundación Freezis!
—Gracias, Inukichi.
—Bueno, viéndote a ti parece que no me necesitas. Podrías seguir viviendo con Kayo-san como su hijo, ¿no?
—… Puede que sí.
Douji dejó de trabajar y miró sin rumbo hacia el techo.
—… Siento que me equivoco en algo.
—¿Equivocado en qué? ¿No se ajusta Kayo-san a la descripción de la sirena de tu madre al pie de la letra?
—Así es. -¿Es esa “cosa que tengo que hacer”… realmente encontrar a mi madre?
—Hey, hey, es un poco tarde para eso ahora. Eso significaría que venir a Onigashima fue una gran pérdida de tiempo.
—Venir a Onigashima… no creo que en sí mismo haya sido un error. Cuando llegamos aquí por primera vez, sentí fuertemente que había algo aquí. Pero si era o no Kayo-san… no puedo estar seguro de ello.
—Hmmm…
Inukichi se cruzó de brazos, pareciendo considerar algo por un momento.
Luego, a continuación, dijo:
—Podría presentártela, supongo.
—¿A quién?
—Hay una misionera llamada Elluka en la Fundación Freezis. Aparentemente es una persona increíble que ha salvado los corazones y las mentes de muchas personas en Evillious y Maistia. Y también he oído que puede hacer algún tipo de arte extraño o algo así.
—… Eso suena un poco turbio. ¿Una misionera? No tengo ningún interés en la religión extranjera, ya sabes.
—No digas eso. No se sabe si algo es bueno hasta que no se prueba, hombre. Tal vez descubras algo sólo con escuchar lo que tiene que decir. Supongo que está enferma o algo así, porque siempre está descansando, pero últimamente su salud ha mejorado y sale a pasear fuera de vez en cuando… Ahora mismo probablemente podrás encontrarte con ella junto a la casa de comercio.
—¿No puedo encontrarme con ella dentro de la casa de comercio?
—Yo puedo entrar sin problemas, pero tú eres un forastero, así que… no sé.
—… Bueno, supongo que nada ocurrirá si me quedo aquí sentado. De acuerdo. Iré a reunirme con esa Elluka.
—¿Ah, sí? Bueno, entonces, vamos a…
—Pero antes de eso, vamos a comer algo.
Al momento siguiente, Kayo apareció desde la parte de atrás llevando un plato con té y el «bri-algo» cortado.
—Vamos, come.
Ante el estímulo de Kayo, Douji e Inukichi se llevaron el «bri-algo» a la boca.
—Mm, esto está bueno.
—Delicioso.
Mientras sonreía y observaba a los dos comer, Kayo se levantó de nuevo.
—Muy bien entonces, me voy a la casa de Oyuka-san para un poco de negocios. Así que, por favor, vigila la tienda mientras estoy fuera.
—De acuerdo… Oh, pero —le dijo Douji a Kayo un poco incómodo—, también estábamos planeando salir pronto.
—¿Es así? Bueno, no me importa. Sólo asegúrate de cerrar bien las puertas antes de salir.
Así, Kayo se puso el calzado y se dirigió al exterior.

Una respuesta a “Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 6: Vida Pasada; Escena 4”