Capítulo 2-El Relato del Monje; Escena 2

La Sastre de Enbizaka, Páginas 188-191

Con el paso del tiempo, las heridas de Gakusha se habían curado casi en su totalidad, pero quedaban algunas cicatrices en el lado izquierdo de la cara y en el dorso de la mano izquierda.

Un día, mientras daba un paseo por los alrededores, Gakusha volvió al templo con una expresión alterada.

—Giyara-daishi. Hay problemas.

—¿Qué pasa, Gakusha?

—Me dirigía a la cima hace un momento y vi que había algunas personas sospechosas con armas en una cabaña de allí arriba.

—¿Son algún tipo de insurgentes?

—Podrían serlo. Pero parecen demasiado bien vestidos para ser bandidos.

—Nuestros suministros de comida están casi agotados. Y aparte, no puedo imaginar que sea cómodo para un hombre grande como tú vivir de las plantas de la montaña. Tal vez sea un buen momento para descender esta montaña.

Antes de que se pusiera el sol, Giyara se dirigió al monte Inasa con Gakusha detrás suya.

A pie, se dirigieron a la mansión del magistrado de Izami, Okuto Gato.

De camino, Gakusha ocultaba su rostro con la mano cada vez que se cruzaban con alguien, por lo que Giyara le preguntó:

—Gakusha. ¿Por qué escondes así tu cara?

—Mi cara se ha vuelto horrible por estas cicatrices de quemaduras. No quiero mostrársela a los demás.

Sin otro recurso, Giyara compró un sombrero fukaamigasa durante el viaje y se lo dio a Gakusha.

—Si te pones esto, no creo que nadie pueda ver tu cara.

Al recibir la noticia de que había «tipos sospechosos en el monte Inasa» de parte de Giyara, Gato tuvo esta respuesta:

—-Seguramente son las Masas con Túnica Carmesí.

—¿Qué clase de gente son las Masas con Túnica Carmesí? —preguntó Giyara a Gato.

—Son un grupo que tiene mala voluntad hacia los extranjeros.

Gakusha, que había estado en silencio detrás de Giyara, preguntó a Gato, con la cara cubierta por el fukaamigasa:

—¿Por qué no has movido una mano para detener a ese grupo, a pesar de saber que están ahí fuera?

—Tienen gente al acecho por toda la Jakoku. Hay muchos que están aliados con las Masas con Túnica Carmesí, mientras fingen en la superficie ser civiles ordinarios. Son marginales, pero no obstante, si levanto una mano contra ellos, existe la posibilidad de que se produzca un gran levantamiento.

—¿Así que no haces nada contra ellos?

—No tengo ninguna prueba real de que hayan cometido algún crimen. Un samurái no puede ir por ahí matando a la gente sin motivo.

—…

Gakusha no estaba satisfecho con eso, pero como no se le ocurrió nada más con lo que protestar, se retiró tranquilamente.

Al salir de la mansión de Gato, Giyara preguntó a Gakusha:

—Pienso reanudar mis viajes por varias tierras; ¿qué harás tú?

Gakusha pensó un momento y luego respondió:

—Me gustaría seguir estudiando a tu lado. Todavía no he llegado a la respuesta de quién soy.

—Eso me agrada. Bueno, entonces, vayamos.

Y así, Gakusha decidió emprender un viaje con Giyara.

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