La Sastre de Enbizaka, Páginas 236-239
Buscando un medio para ejecutar a Kayo-san, la oficina del magistrado aceptó mi sugerencia con tanta facilidad que resultó sorprendente.
Supongo que el hecho de que mis amigos y yo hubiéramos sido objeto de grandes discusiones por haber vencido a malhechores en nuestro camino a Onigashima había dado sus frutos después de todo.
Cuatro días más tarde, Kayo-san fue obligada de nuevo a sentarse en el centro del lugar de ejecución de Enbizaka.
La miré desde un lado, con la katana dorada en las manos.
-Según mis deseos, Kayo-san estaba sentada allí con los ojos vendados.
“Velozmente, pondré a Kayo-san a dormir sin problemas”. Con eso en mente, levanté la katana por encima de mi cabeza.
—-Ren, ¿eres tú? —murmuró abruptamente.
—…
No respondí nada, pero parece que Kayo-san se había dado cuenta de alguna manera de que yo era su verdugo.
—Sí, yo… supongo que estoy agradecida, es mejor que seas tú. Mientras seas tú quien dé el golpe final-
—Kayo-san-¿Puedo pedirte una última cosa?
No podía hacer nada por estar expuesto.
Volví a hablar y le pregunté:
—¿Te gustaba Enbizaka?
—… Sí, me encantó. Tenía gente del pueblo tan amable, tenía a Oyuka-san, y tenía al marido y al hijo que tanto quería. Amo insoportablemente a Enbizaka por eso.
—… Ya veo.
—Por esa razón, siento que estoy profundamente arrepentida. Por sembrar en Enbizaka las semillas del miedo de mis sentimientos egoístas. Ser decapitada por ti de esta manera… eso también es mi destino, supongo —me relató con sencillez y tranquilidad, sin parecer asustada—. -Ren. ¿Puedo pedirte… sólo una cosa?
—… ¿Qué es?
—Al final… me bastaría con una sola vez. Por favor, solo llámame “madre».
—¡…!
Seguramente, Kayo-san lo sabía.
Que yo no era su verdadero hijo.
Aun así, ella…
Ella me había pedido eso.
¿Por qué?
No lo sabía.
Y no era sólo eso lo que no entendía.
¿Era una loca, o una santa?
Ninguna persona puede entender perfectamente los sentimientos de otra persona.
Qué había estado pensando, qué clase de sentimientos tenía, mientras pasaba los días después de la muerte de su familia.
Qué sentimientos tuvo cuando mató.
Al final del día-
Kayo-san era la única que lo sabía.
Apreté mi agarre, y detuve el temblor de mis brazos.
Intenté con todas mis fuerzas contener lo que podía sentir que empezaba a desbordarse de mis ojos.
—¡Adiós… madre…!
Hice caer la katana sobre el cuello de Kayo.

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