Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 5

La Sastre de Enbizaka, páginas 50-54

Una misionera que había viajado en el barco de la Fundación Freezis desde el país de Maistia tres días antes, con el fin de difundir la religión extranjera de Levin en Jakoku: ésa era tu identidad, según le explicó Anan a Kayo.

—Kayo-san. He oído que te has estado preocupando por tus cicatrices de quemaduras —le dijiste a Kayo, bebiendo té con leche en el salón de la casa comercial.

—Sí. —Kayo asintió, sentándose en una silla frente a ti—. Como puedes ver, me hice estas quemaduras en un incendio. No es sólo en la cara. Incluso ahora, después de que hayan pasado cuatro años, todavía hay cicatrices por todo mi cuerpo.

A pesar de que Kayo dijera esto, por supuesto apenas quedaban esas cicatrices a estas alturas.

No hiciste ningún movimiento para refutar sus palabras, a pesar de que claramente podías verlo por ti misma.

—Sí… son unas cicatrices bastante horribles.

Fue entonces cuando Anan, que estaba cerca, habló.

—Me han dicho que Elluka-sensei ha estado proporcionando la salvación de los corazones y las mentes de un gran número de personas en el continente. Cuando me enteré de eso, pensé que seguramente ella podría calmar tus ansiedades. Le hablé de ti.

Estaba claro que no era algo que Anan hubiera hecho por la bondad de su corazón.

Sólo mantenía la débil esperanza de que si la enfermedad mental de Kayo se curaba, entonces ella podría recordar el «tesoro».

—Ah… —Después de que Kayo mirara su cara aturdida mientras daba su respuesta a medias, murmuró de repente —: Sensei… Tienes un rostro muy bonito. Y hablas muy bien el jakokués.

—Qué amable eres al decirlo. Bueno, dejando de lado el asunto de mi apariencia, en lo que se refiere a mi forma de hablar ya he venido a este país en el pasado, así que aprendí entonces.

—¿Ah, sí?

—Sí… En el lejano… lejano, pasado.

—Y sin embargo, Perrié antes no parecía dominar el jakokués en absoluto.

Sin pensarlo, comenzaste a reírte por las palabras de Kayo.

—Bueno, ella… Cada persona tiene sus propios puntos fuertes, ya sabes. Pero la habilidad de Perrié en el comercio es algo digno de ver. Aunque como su conexión con la familia Freezis actual es bastante débil, fue enviada aquí a este lugar tan aparta-Oops, perdón.

—Oh no, está bien. Estoy segura de que a un extranjero un lugar como Jakoku le parecería bastante atrasado… La Fundación Freezis en la región de Evillious debe ser una organización magnífica.

—Es la organización que más poder tiene en Evillious… O eso se decía antes. Hoy en día, una empresa rival ha empezado a agolparse sobre ellos.

—¿Una empresa rival?

En respuesta a la inclinación de la cabeza de Kayo, señalaste un edificio visible fuera de la ventana.

—La empresa Yarera Zusco, que dirige esa casa comercial cerca de aquí.

—Vaya, también es una mansión incomparablemente grande.

—Han ido ganando peso rápidamente en los últimos años. Con la familia Marlon, que ha servido como patrocinador de la Fundación Freezis, habiendo sido expulsada de su posición como realeza, en la actualidad parece que las dos empresas están enzarzadas en una lucha por la supremacía. Perrié incluso pensó al principio que el incendio ocurrido hace cuatro años era obra de uno de ellos, al parecer.

—¡…!

La expresión de los ojos de Kayo pareció cambiar un poco.

—Bueno, su casa comercial se quemó en ese mismo incendio, así que al final concluyeron que fue otra persona.

—… Hah… Todos pasaron por mucho.

Kayo te escuchó hablar mientras saboreaba el té que le habían preparado.

—… Me disculpo. Me he despistado bastante.

—Oh no, casi nunca tengo la oportunidad de oír hablar de asuntos extranjeros como éste, así que es profundamente interesante.

Y ahí Anan se unió a la discusión.

—Oh sí, sí. Escuchando a Elluka-sensei y a Perrié-sama hablar, me he dado cuenta de lo pequeño que es realmente Jakoku. Incluso he desarrollado el deseo de cruzar el mar para visitar la región de Evillious y Maistia yo mismo uno de estos…

En ese momento, te volviste hacia Anan y declaraste, callándolo en seco:

—Anan… ¿Te importaría esperar fuera un minuto?

—Ah… No… Pero-

—Tengo cosas de las que quiero hablar, sólo nosotras dos, entre mujeres. Además, estás siendo un poco molesto.

—¿¡Molesto!? … Bien. … Entonces, discúlpame.

Anan salió del salón, con los hombros caídos.

—Ahora bien… Volvamos al tema. Kayo-san, estás preocupada por tus cicatrices de quemaduras, ¿verdad?.

—… Sí.

—Y tú has dicho que soy hermosa.

—Sí. Tienes una piel tan blanca y clara, y un pelo rosa tan vibrante… francamente estoy celosa.

—Así que es eso, entonces… tenemos un método extremadamente simple de resolución aquí. Es un truco especial que sólo yo puedo hacer.

—¿En serio? … Pero, yo… Eso…

—¿Qué es?

—Realmente no tengo mucho interés en la religión.

Y cuando Kayo dijo eso tímidamente, de repente empezaste a reír a gritos.

—… ¡Jajaja! Relájate. Realmente no tengo ninguna inclinación por convertirte a la religión de Levin. El título de “misionera” en primer lugar fue sólo algo que obtuve para que la empresa de la Fundación Freezis me dejara viajar en su barco.

—¿¡De verdad!? … Tengo la sensación de no conocerte en absoluto, Elluka-san.

—No tienes que conocerme. -Soy la que salvará tu corazón. Eso es todo lo que debes tener en cuenta.

Tus ojos parecían brillar con un verde misterioso.

—¿Tú… me salvarás… Elluka-san?

—Sí. Pero necesitaré un poco de preparación para ello, así que… vuelve aquí dentro de tres días… o mejor, iré a dónde vives. ¿Dónde está tu casa?

—Erm… Es la sastrería… un poco más abajo de aquí.

—Entendido. Entonces te veré en tres días.

-Para ser sincera, en el momento en que te vi por primera vez me inundó un terror que nunca antes había experimentado.

Tal vez sea un poco extraño que lo diga, en esta forma como estoy ahora, pero me había parecido que eras algo muy diferente a las demás personas… Sí, me había parecido que ni siquiera eras humana, sino otro ser completamente distinto.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 4

La Sastre de Enbizaka, páginas 46-50

Una mañana, después de varias semanas, Kayo visitó la Casa de Comercio Freezis, en la cima de la colina, llevando un fardo.

Era la primera vez que Kayo iba ahí, incluso antes de que la casa de comercio fuera reconstruida, es decir, antes del Gran Incendio.

No había mucha gente ante la puerta principal.

Mientras Kayo dudaba si podía entrar o no, una mujer menuda salió del interior.

—SEH~, es una GRANDE MAÑANA. Tengo el presentimiento de que habrá un reunión DRAMÁTICA HOY.

La mujer hablaba para sí misma en voz alta. A juzgar por sus patrones de habla fragmentados y erróneos, había pocas dudas de que era una extranjera.

Kayo ocultó al instante su rostro. A pesar de sentirse un poco indecisa, se armó de valor y se dirigió a ella.

—¿Tiene un minuto, señorita?

Cuando lo hizo, el rostro de la mujer se volvió repentinamente desagradable y agarró a Kayo.

—¡TÚ! ¿Me llamas “señorita”? ¿Crees que soy una niño, verdad?

—Ah, no…

Kayo estaba tan sorprendida por la actitud amenazante que se olvidó de ocultar su rostro.

—¡A pesar de APARIENCIA soy SEÑORA con HIJO en mi natal tierra! ¡Y soy LIDER de esta casa comercial! ¡Cuidado con tono!

—¿Eh? ¿Entonces eso significa que eres… Perrié-san?

—¡EN EFECTO! La jefa ejecutiva de la región de Akuna de la sucursal de Maistia de la Fundación Freezis, Perrié Cutie Marlon, ¡YO SOY! —respondió Perrié, hinchando el pecho.

—Ya veo… Entonces permítame ofrecerle mi más profunda y sincera gratitud por su enorme ayuda en la reconstrucción de Enbizaka. Gracias a ti y a los tuyos, casi puedo reabrir mi sastrería.

Kayo inclinó la cabeza hacia Perrié.

—¡GENIAL, SIMPLEMENTE GENIAL! ¡Tenemos que estar juntos! ¿Y por qué has venido hoy aquí, HM? ¿SASTRE-SAN?

—Tengo… algo que entregar a un conocido que trabaja aquí-

—-? ¿Cómo se llama?

—… Me han hecho entender que una tal “Bufuko” ha estado trabajando aquí durante las últimas semanas.

—Ah, entonces-

Justo en ese momento, otra persona salió de la casa comercial

—¡Perrié-sama! Tengo algo que preguntarle… Oh, ¿qué es esto? ¡Kayo-san!

Era Bufuko.

—Vaya, me alegro de haberme encontrado contigo; he venido con el traje que me pediste —dijo Kayo, acercándose a Bufuko.

Mirándolas de reojo, Perrié pronunció:

—Pues bien. Me voy a mi CORRER DE MAÑANA.

Perrié fue a trotar por la colina.

—Ah… Aunque le acabo de decir que tenía algo que quería preguntar… Oh, bueno. —Bufuko se volvió una vez más hacia Kayo—. ¡Has terminado mi uniforme de sirvienta!

—Sí. Ya te lo dije antes, pero es el primer traje extranjero que he hecho. No sé si lo he hecho muy bien, pero…

Mientras Kayo hablaba, abrió el paquete que llevaba y mostró su contenido a Bufuko.

En su interior había un uniforme de sirvienta de gran calidad, con el negro como color base.

—Waah… —Bufuko lo cogió en la mano, con los ojos brillantes—. ¡Esto es genial! ¡Un look realmente fantástico! Gracias, Kayo-san… ¡Me cambiaré ahora mismo!

Bufuko corrió hacia el interior de la casa comercial, llevando el uniforme de sirvienta.

—Ja, ja… Menos mal, parece que ha sido bien recibido.

Kayo se rió para sí misma, sola ante la puerta principal.

-Cuando lo hizo, volvieron a salir nuevas figuras del edificio.

Esta vez eran un hombre y una mujer.

—¿Qué es esto? Salgo aquí, pensando que hay alguna conmoción en el frente… Kayo, ¿por qué estás…? Ah, tal vez has hecho la ropa de Bufuko…

El hombre era Anan.

Al parecer, había empezado a trabajar para Perrié con la intención de mostrar la gratitud de la familia Okuto por la ayuda que la firma de la Fundación Freezis le había proporcionado… y también porque él mismo tenía interés en la cultura extranjera.

Y en cuanto a la mujer… Bueno, no hace falta que te explique eso.

—¿Oh?… ¿Es esta la “Sudou Kayo”-san de la que me has hablado, Anan?

Esta mujer extranjera que hablaba con fluidez Jakokuese-

Elluka Ma Clockworker.

Eras tú.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 3

La Sastre de Enbizaka, páginas 42-46

Cuando Kayo regresó al día siguiente al lugar donde estaba su sastrería, vio que efectivamente había un edificio nuevo.

Y justo al lado de su entrada había una chica de pelo verde esperando a Kayo.

Llevaba un obi verde del mismo color que su pelo, atado sobre un kimono bien hecho.

En el momento en que Kayo la vio, ocultó por reflejo su rostro con la manga de su propio kimono.

La chica se dirigió a Kayo, aparentemente encontrando su comportamiento extraño.

—¿Por qué te escondes la cara?

—Mi cara es fea por las cicatrices de las quemaduras… ¿Eres…?

Kayo nunca había conocido a esta chica.

—Es un placer conocerte. Soy Miroku Miku.

—Miroku… ¿Así que eres la chica de Mei-san?

—Sí, soy su hija. Mi madre tenía unos asuntos que atender y por eso no ha podido venir hoy, por lo que he venido en su lugar.

—Ah, ya veo. Pero… ¿qué asuntos tienes aquí?

—Es por tu vuelta aquí tras cuatro años, Kayo-san… Mi madre estaba preocupada por ti.

—Lo entiendo. Pero afortunadamente para mí, este edificio ha sido reconstruido con mucha pulcritud. Es mucho más espléndido que antes.

—Aun así, una casa sola es bastante incómoda si el interior es estéril.

—Supongo que sí…

—Ha sido un poco presuntuoso por nuestra parte, pero hemos pedido a la empresa de la Fundación Freezis que tenga preparados de antemano varios enseres para ti.

Así, Miku guió a Kayo al interior de la sastrería.

—Vaya… —Al ver el interior de la tienda, Kayo habló sorprendida— No sólo muebles, sino también herramientas de sastrería…

—Llevamos una tienda de telas, así que tenemos algunos conocimientos sobre lo que necesitarías. Todos fueron arreglados según los estándares de mi madre, así que probablemente sean un poco diferentes de lo que estás acostumbrado a usar, Kayo-san.

—No, está bien… Estoy realmente agradecida por todo esto.

Kayo hizo una profunda reverencia, todavía medio ocultando su rostro.

—Sólo he venido como mensajera… Deberías dar las gracias a la empresa de la Fundación Freezis. Fueron ellos quienes dieron el dinero para todo esto.

—Ya veo. Iré a dar las gracias a la casa comercial. También tengo otros asuntos allí.

—¿Es así? Bueno, entonces me despido —dijo Miku, haciéndole una reverencia y dirigiéndose al exterior.

—Bien, entonces…

Kayo se arrodilló con las piernas dobladas debajo de ella en el tatami, y una vez más miró a su alrededor.

-Y luego murmuró para sí misma:

—Y aun así… no es suficiente.

Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.

Kayo no dijo qué era lo que no era suficiente, pero yo sabía muy bien qué era lo que buscaba.

Tenía una casa, tenía muebles y tenía herramientas para trabajar.

Pero ya no tenía la familia que amaba allí.

Incluso Kayo debía saber que eso era cierto.

Pero como en algún nivel no quería aceptarlo, hacía cosas como considerar involuntariamente a otra persona de pelo rubio cerca de ella como su hijo…

Tal vez esa era una acción defensiva que su corazón instintivamente tomaba para no romperse por completo.

Pero gracias a haber regresado a este lugar, Kayo acabó teniendo esta verdad a la fuerza.

Por eso lloró, ese es mi razonamiento.

Aun así, al poco tiempo Kayo sacó las tijeras de su bolsillo.

Las tijeras en las que habito.

Y entonces dijo:

—Vamos, comencemos a coser.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 2

La Sastre de Enbizaka, páginas 32-42

Para la familia Okuto, Kayo era una hija ilegítima.

Su madre, Kagura, ya había sido desheredada al huir con un hombre, pero aun así eso no cambiaba el hecho de que Kayo estuviera emparentada con la familia.

Quizás porque se apiadó de ella por no tener otra familia propia, o quizás porque temía la posibilidad de que difundiera rumores sobre la familia Okuto en su estado de enfermedad mental, su abuelo Okuto Gato se había hecho responsable de ella.

Sin embargo, eso no significaba que Kayo hubiera sido restituida como miembro de la familia Okuto.

Tan pronto como Kayo se recuperara, la harían salir de la casa de nuevo: ese fue el pronunciamiento que el propio Gato hizo a los que les rodeaban.

La que cuidaba de Kayo mientras vivía en la mansión Okuto era una joven sirvienta llamada Tsukimoto Bufuko.

Tenía un bonito pelo rubio y ojos azules, y por su aspecto parecía ser una extranjera pura. Sin embargo, por lo que se podía adivinar de su peculiar nombre, podía haber algunos genes Jakokuenses mezclados de alguna parte.

Parecía que también tenía habilidades como médico.

Sus conocimientos eran tan amplios que incluso el padre de Mei, que era médico, la admiraba. Gracias a sus abnegados cuidados, las cicatrices de las quemaduras de Kayo habían llegado a ser casi imperceptibles en los cuatro años transcurridos.

—Vaya, estoy impresionado. Sinceramente, no creía que fuera a recuperarse tanto —decía sorprendido el padre de Mei, que había pasado a hacer una visita a domicilio— La paciente tiene una capacidad de recuperación milagrosa, pero en gran medida se debe a tus conocimientos médicos, Bufuko-san. ¿De dónde has sacado esos conocimientos?

Elogiada por el doctor, Bufuko respondió, actuando un poco tímida:

—Es usted demasiado amable.  En realidad, me crié en una familia de médicos. Así que tuve esa influencia…

—Ah, así que eres similar a mi propia Mei en ese sentido, ¿eh? ¿Tu padre era extranjero?

—Sí. Lucifeniano.

—Lucifenia… Así que, de la región de Evillious. Mi última esposa también era de esa zona.

—¿Es así?

—He oído que la región de Evillious es mucho más avanzada médicamente que Jakoku. Me encantaría tener la oportunidad de estudiar sus conocimientos, pero…

—Es una pena que los intercambios culturales con países extranjeros estén prohibidos en Jakoku, fuera de aquí, en el dominio de Izami, donde está Onigashima, al menos.

—La gente como yo todavía tiene oportunidades de adquirir algunos conocimientos médicos extranjeros viviendo en Onigashima, pero son mucho menores de lo que tú tienes, Bufuko-san.

Bufuko agitó la mano modestamente al ser elogiada de nuevo.

—Ya es suficiente… Oh. —Bufuko se levantó, pareciendo notar algo —. Pronto será la hora de la cena. Debo llevarle a Kayo su comida.

—Ya veo. Bueno, entonces yo también me iré a casa en poco tiempo.

—Oh, ¿ya te vas? Tenía algo de comida preparada para usted, doctor.

—Oh, no, eso no será necesario. Si me quedo mucho tiempo no llegaré a Onigashima antes del anochecer.

—En ese caso, le envolveré su ración en una bola de arroz. Puedes sentirte libre de comerla si te da hambre durante el viaje.

—Estaría muy agradecido por eso.

—Te lo prepararé ahora mismo. Espera aquí un momento.

Así, Bufuko salió de la habitación.

—Capacidad de recuperación milagrosa… hm —murmuró el médico para sí mismo, y luego miró hacia Kayo, que estaba tumbada en un futón.

Sus ojos estaban abiertos, pero estaban en blanco, de alguna manera.

—Doctor…

Kayo se dirigió al doctor, con los ojos fijos en su sitio.

—¿Qué pasa, Kayo-san?

—¿Cuándo se curarán mis quemaduras?

—Tus quemaduras ya se han curado casi por completo. Apenas te quedan cicatrices.

No había ninguna mentira en eso. Al principio, Kayo había sufrido horribles quemaduras por todo el cuerpo, hasta el punto de que incluso la piel de su cara había quedado horriblemente carbonizada; sin embargo, ahora había recuperado su antigua belleza, como si nada de eso hubiera ocurrido.

Pero Kayo se limitó a decir:

—… Eso no puede ser. Mi cara era tan horrible…

—Entonces, ¿por qué no lo ves tú misma?

El doctor sacó un espejo de mano y lo acercó a la cara de Kayo.

Allí se reflejaba una hermosa mujer de pelo negro.

Pero-

—¡Nooo! ¡Es horrible, horrible!

Kayo gritó de repente, y comenzó a agitarse en el futón.

—-!? ¡Cálmate! ¡Kayo-san, Kayo-san!

El médico consiguió calmar a Kayo, que finalmente recuperó la compostura y volvió a tumbarse en el futón.

Y entonces volvió a tener esos ojos vacíos.

El médico suspiró en silencio, mirándola.

—Aunque las heridas de su cuerpo se curen, las de su mente…

—Siento haberte hecho esperar~

En poco tiempo Bufuko regresó con la comida de Kayo y el paquete preparado para el doctor.

—Gracias… Bueno, entonces, me despido.

Una vez que el médico tomó el paquete, asintió rápidamente a Bufuko y salió de la habitación.

—En fin. … Kayo-saaan, te he traído la cena de hoy.

Bufuko se giró hacia Kayo y la llamó.

Cuando lo hizo, Kayo se sentó en el futón y le dio las gracias a Bufuko.

—Siento molestarte siempre… Ren.

Ren era el nombre del hijo muerto de Kayo.

Naturalmente, como Bufuko era Bufuko, Ren no era su nombre. Por no mencionar que su edad era diferente. Aunque Ren estuviera vivo, sería un niño de cuatro años, pero Bufuko era una completa adulta, al menos pasada la veintena. Y, además, era de un género diferente.

Lo único que tenían en común era el pelo rubio, pero seguía siendo muy extraño que Kayo confundiera a Bufuko con Ren sólo por eso.

—Oh no, Kayo-san. Ya te he dicho muchas veces que me llamo Bufuko.

—Es cierto… Bueno, gracias por la comida, Ren.

—Aaah… —Este tipo de intercambio se había producido todos los días durante estos cuatro años, así que evidentemente Bufuko se había medio rendido—. Bueno, mientras te lo comas todo y te pongas mejor, para mí es suficiente, Kayo-san.

Bufuko observó en silencio a Kayo mientras tomaba su comida.

Justo en ese momento, una nueva figura entró en la habitación.

—Disculpe.

Era un hombre alto, de rasgos delicados, con su largo cabello atado en moño alto.

—Vaya, Anan-sama.  Cuánto tiempo sin verte.

En cuanto Bufuko lo vio, hizo una profunda reverencia.

Anan pasó junto a Bufuko y se arrodilló junto a Kayo. Entonces preguntó:

—Kayo, estás despierta. Te lo preguntaré sólo una vez. ¿Dónde has escondido… el “tesoro” de la familia Okuto?

Kayo miró a Anan con expresión atónita, pero acabó respondiendo, en voz baja:

—… Como te he dicho una y otra vez… no sé nada de un “tesoro” como ése.

Anan levantó los ojos, pareciendo a punto de decir algo una vez más. Pero antes de que pudiera, Bufuko le puso una mano en el hombro.

—¡Anan-sama, no tiene sentido! Creo que Kayo-san realmente no sabe nada. No me parece que esté mintiendo.

—… Grrr.

Anan bajó los ojos con pesar.

—Tienen que… tienen que estar en alguna parte. El tesoro que la madre de esta mujer, Okuto Kagura, robó de nuestro hogar… ¡Las “Dobles Cuchillas Malditas”!

—Pero dado que Kagura-san murió en un accidente un año antes del incendio-

—¡Ya lo sé! ¡Por eso estoy investigando a su hija Kayo!

—Kayo-san me dijo que nunca había visto esas cuchillas, y que aunque estuvieran escondidas en algún lugar de su casa, se habrían quemado junto a la sastrería en el Gran Incendio…

—… Por más que buscamos en las ruinas no encontramos nada. Las cuchillas malditas, nuestra herencia familiar, serían sin duda capaces de resistir llamas de ese nivel. En otras palabras… Aparte de preguntarle a esta mujer al respecto, no tengo otro recurso para cumplir mi misión.

Este samurái llamado Anan era descendiente de Okuto Gato, por decirlo de otro modo, sería un primo sanguíneo de Kayo.

Su abuelo le había encomendado la localización del tesoro familiar que Kagura se había llevado.

Lo que significaba exactamente que no había completado esa misión…

Anan había estado visitando periódicamente la habitación de Kayo e interrogándola desde que había llegado a la casa de los Okuto, pero finalmente no consiguió ningún resultado hasta ese día.

El hecho de que Kayo no pudiera decirle el paradero de las cuchillas no se debía a que las ocultara, ni a su enfermedad mental.

Tal y como dijo Bufuko, Kayo legítimamente no había escuchado nada de su madre sobre ninguna cuchilla.

—Hmph… Oh bien. Hoy tengo otros asuntos. —Anan ajustó su postura mientras se arrodillaba y luego le dijo a Kayo—: Okuto… No, Sudou Kayo. Me han dicho que la sastrería en la que vivías antes ha sido reconstruida con éxito. Gracias a la ayuda financiera de la firma de la Fundación Freezis.

—¡Dios mío! Es una gran noticia! —se alegró Bufuko. Pero el rostro de Anan permaneció severo. Y Kayo no cambió su expresión.

—También he oído que te has recuperado hasta el punto de poder desenvolverte sin dificultad. … Por lo tanto, nuestro estimado magistrado me ha ordenado que te desalojen de aquí.

—-!? ¡No puedes hablar en serio! —Bufuko fue la única que objetó—. Kayo-san se ha recuperado bastante, es cierto. Pero su mente aún… necesita más tiempo.

—Eso será cierto tanto si se queda aquí como si no, ¿verdad? No podemos dejar que alguien que no es miembro de esta familia se quede aquí comiendo gratis para siempre.

—Kayo-san es nieta del magistrado, y prima tuya también, ¿no es así? Y sin embargo, el magistrado aún no ha perdonado a Kagura-sama, ¿no?

—… Eso no es lo único. Hay un problema con esta mujer.

—¿De qué hablas?

—El difunto marido de Kayo-san era otro nieto del estimado magistrado.

—¿Qué? Es la primera vez que escucho eso.

Bufuko parecía muy sorprendida, pero Kayo apenas respondió.

Para ella, esto era de dominio público. Pues se había comprometido con su marido sabiéndolo.

—Sabes que el estimado magistrado tuvo cuatro hijos, ¿verdad? Uno de esos hijos fue Kagura, otro fue mi propio padre, y el hijo de uno de los dos restantes fue el marido de Kayo; en resumen, Kayo se casó con su propio primo.

—Pero eso no es algo tan raro en Jakoku, ¿no?

—Tienes razón, pero el marido de Kayo también fue desheredado de la familia Okuto por sus costumbres desenfrenadas… Así que es obvio que nuestro magistrado nunca vería con buenos ojos que Kayo se casara con él. Se podría decir que cuidar de ella hasta este punto es un último acto de caridad por su parte. Pero eso se acaba hoy, —Una vez que Anan hubo dicho eso, le dijo a Bufuko—: Has estado atendiendo a Kayo hasta ahora, pero eso también termina ahora. A partir de mañana volverás a ser mi sirvienta.

—¡¿Eh~~?!

—¿¡Por qué estás tan disgustada!? ¡Sólo estás volviendo a ser lo que eras antes! … Por eso, tú también harás los preparativos para dejar esta casa esta noche.

—¿¡Qué!? ¿Por qué?

—¡Debes saber que estoy proporcionando asistencia a la Firma de la Fundación Freezis! Y no puedes atender mis necesidades mientras permanezcas aquí.

—… Entonces supongo que eso significa que también voy a vivir en la Casa Comercial Freezis.

—Hm, sí. Fue reconstruida hace un par de años, así que está bastante limpia.

—Pero tendremos que entrar en contacto con un montón de extranjeros, ¿no? Qué molesto…

—¿De verdad eres de los que dicen eso, teniendo por derecho la apariencia de extranjera tú misma?

—Sí, pero he nacido y me he criado como un Jakokuense~

—¡Deja de quejarte! ¡O te cortaré aquí mismo!

—Hugh… Es por eso que no quiero… —Bufuko se volvió hacia Kayo, con los hombros caídos—. Kayo-san, a partir de mañana voy a trabajar en la Casa de Comercio Freezis. Así que, por desgracia, éste es el último día que podré cuidar de ti.

Bufuko parecía genuinamente arrepentida cuando lo dijo, pero Kayo, que había estado inexpresiva hasta ese momento, se iluminó de asombro.

—¡Vaya! ¡Trabajar en esa gran empresa mercantil! Qué bien por ti, Ren. Debería hacer algo para celebrarlo… Pero lo único que tu madre sabe hacer es ropa…

—… Entonces, ¿qué tal si me hace un traje nuevo? Siento que el kimono que tengo ahora choca un poco con una casa de estilo occidental.

—De acuerdo. ¿Qué te gustaría?

—¡Un uniforme de sirvienta! Algo con volantes, algo extranjero.

Su respuesta fue instantánea.

—¿Un uniforme de sirvienta extranjero, hm? Nunca he hecho uno antes, pero tu madre lo hará lo mejor posible.

Cuando Kayo sonrió, Bufuko pareció avergonzada pero feliz.

Capítulo 1-El Relato de las Tijeras, Acto 2: Intercambio; Escena 1

La Sastre de Enbizaka, páginas 30-32

Enbizaka tardó prácticamente cuatro años en recuperarse del Gran Incendio.

Y el camino hacia esa recuperación no fue del todo fácil.

Necesitaron una gran cantidad de dinero para que los edificios que se habían quemado volvieran a ser habitables.

El dominio de Izami no era tan rico en comparación con otros, y no tenía el exceso de recursos para enviar esa cantidad de dinero de forma tan sencilla.

-Sin embargo, fue allí donde apareció una salvadora.

Esa persona fue Perrié Cutie Marlon, jefa ejecutiva de la región de Akuna de la rama Maistia de la Fundación Freezis.

Sí, es un título de dirección muy largo. Supongo que tú también lo crees.

Bueno, lo más importante es que era la gran mujer a la que se le había confiado el comercio en la zona de Jakoku para ese negocio extranjero llamado Fundación Freezis.

Probablemente lo sepas bien.

El punto de inicio del Gran Incendio estaba muy cerca de la casa de comercio donde ella vivía, por lo que la empresa de la Fundación Freezis había sufrido grandes bajas. Esa noche ella misma había estado en el cuartel general del shogunato en las tierras de Enkoku, por lo que había estado a salvo. Sin embargo, perdió muchos sirvientes y una cantidad considerable de fondos.

A pesar de ello, Perrier dio grandes cantidades de ayuda financiera para la revitalización de Enbizaka. No tengo claro por qué, pero-

¿Eh? ¿Intentaba comprar el favor del shogunato para que le concedieran sus peticiones?

Ah, entonces lo entiendo.

No, no puedo ver hasta Enkoku con lo lejos que está de Onigashima…

De todos modos, gracias a ella, aunque tardó algún tiempo, cuatro años después del incendio, Enbizaka estaba en camino de recuperar su antigua vitalidad.

Naturalmente, la gente que había muerto no podía volver.

-Tampoco podían volver los corazones que se habían roto.