Capítulo 2-Rey de los Muertos; Escena 3

Outlaw & Lychgate, páginas 26-39

 

 Un esmoquin negro y una piel blanca en contraste.

Arth se dirigió al hombre que esperaba en el jardín de la azotea.

—Cuánto tiempo sin verte, espíritu malvado.

—Vaya… Me has descubierto rápido. Aunque es la primera vez que me encuentras con esta apariencia…

—Pude percibirlo. Ahora que ya no tengo un cuerpo de carne y hueso, me he vuelto capaz de discernir entre la gente usando algo más que las apariencias.

—Menos mal. Había pensado en cambiar a mi forma de pájaro negro Rollam si no me reconocías.

A Arth le daba igual cualquier forma.

Humano o pájaro, no importaba la forma que adoptara, no cambiaba la verdadera naturaleza de este hombre.

—¿Prefieres que me vaya? —preguntó Bruno a Arth.

—Sí, por favor, hazlo. Quiero hablar con él a solas… Y gracias, Bruno. Ha sido un encargo bastante frívolo el que te he pedido.

—No me importa. … He podido escuchar una historia interesante.

—Oh, era…  -¿Acerca de que fui un “muñeco de barro”?

—Sí.

—Ya veo…

—Bueno, al final es más un cuento de hadas para mí, supongo. No importa quiénes sean ustedes.

—Supongo que sí… ¿Qué piensas hacer ahora?

—Creo que podría vagar un poco por el mundo con mis amigos. Hay algunos conocidos míos que no han venido aquí, después de todo. Después de eso… probablemente atravesaré la puerta.

—¿De verdad? ¿Tienes la intención de ir al “nuevo mundo»?

—No tiene sentido seguir vagando por este mundo para siempre, me parece.

—… Cierto. —Arth le dio una palmada en el hombro a Bruno—. Pues entonces, cuídate.

—Tú también, rey Arth; aunque los dos ya hemos muerto, ja, ja.

Bruno se movió para bajar las escaleras, riéndose ligeramente.

—… Ah, espera un segundo.

Arth llamó bruscamente a Bruno para que regresara.

—¿Qué pasa?

—¿Podrías enviar a Keel Freezis aquí arriba? Debería estar en el Salón de los Espejos.

—El mercader de las gafas, ¿verdad? Muy bien.

Bruno asintió y se fue.

—… Ahora bien. —Arth se volvió hacia Lych—. De vuelta… a ti, Lych. Francamente, nunca pensé que llegaría el día en que te volvería a ver.

—La última vez que nos vimos fue más o menos cuando tu mujer dio a luz a los gemelos, si mal no recuerdo.

—Entonces parecías bastante agitado, de forma inusual.

—Podría decirse que sí. Un muñeco que yo creía que simplemente se marchitaría acababa de tener un hijo con un ser humano, ya sabes. Estaba sorprendido y… encantado.

—Pero después desapareciste, no volviste a aparecer. En aquel momento no entendí por qué, pero…

Arth miró el jardín que había frente al palacio desde el tejado.

Al igual que el interior, rebosaba de almas de personas.

—… He tenido una charla con Lady Banica Conchita hace un rato.

Cuando Arth pronunció ese nombre, el semblante de Lych pareció cambiar ligeramente.

—¿Sobre… qué?

—Bueno, varias cosas. Es una mujer que al principio sólo conocía como figura de los libros… Mi impresión sobre ella ha cambiado un poco.

Se produjo un breve silencio.

Al ver que no parecía que fuera a hablar más de Banica, Lych intervino para cambiar de tema:

—-¿Cuál es la situación actual?

—Mucha gente está alterada. Tendremos que calmarlos antes de llevarlos a la puerta. Sin embargo… hay varias complicaciones.

—Oh. ¿Cómo por ejemplo?

—Primero, los soldados de Tasan. Incluso ahora que han perdido su Black Box y a la persona que les daba órdenes, todavía hay algunos de ellos que intentan seguir luchando. No hay manera de resolver una batalla entre almas. Así que… tendremos que conseguir que bajen las armas de alguna manera.

—Esas personas vivieron en una época diferente a la tuya. No será fácil convencerlos.

—Estoy dejando esa parte a Gallerian Marlon y su hija. Al parecer tiene algunas ideas.

—-Ya veo. ¿Qué más?

Arth pasó su mirada hacia el sur, y luego volvió a cruzar los ojos con Lych.

—Ha ocurrido otro suceso peculiar. Y es… la razón por la que te he llamado aquí.

—Qué intrigante. Tanto lo que debe ser este suceso, como el hecho de que busques tomar prestadas mis habilidades en sí mismo.

—No hay nadie más cualificado para ello. Nadie puede enfrentarse a esos «soldados muertos».

Sí, los «soldados muertos».

Ya no había nada vivo en este mundo.

No sólo los humanos. También todos los animales y plantas.

Y a pesar de eso, todavía había seres que vagaban por el mundo con cuerpos físicos.

—Al sureste de aquí… donde la fortaleza llamada Retasan solía estar. Un grupo de soldados muertos fue visto allí.

—…

Lych no dijo ni una palabra, pero era evidente por su expresión que se estaba interesando por esta historia.

Arth continuó hablando.

—Lo he comprobado con Lady Banica, pero aparentemente ni ella ni sus sirvientes tienen conocimiento de ellos… Te quería preguntar a ti para estar seguro-.

—Naturalmente, tampoco tienen nada que ver conmigo.

—-Cierto. Entonces eso nos lleva a la pregunta de quién fue el que trajo a estos soldados muertos.

—Un evento similar fue presenciado durante el fin de los tiempos… justo antes de que el mundo fuera destruido. Aparecieron soldados muertos que no tenían nada que ver con nosotros, independientes del poder de “Gula”, y se negaron a seguir nuestras órdenes.

—Lady Banica me habló de eso.

—Llamamos a esos soldados muertos “Outlaws”… Eater y yo fuimos los que nos ocupamos de ellos.

—Pero no fuisteis capaces de resolver el asunto.

—Esos soldados muertos son tales que no dejarán de surgir mientras haya cadáveres alrededor. Nada es tan peligroso como cuando se hace un enemigo de ellos. … Pero creo que al final quedó en el aire, gracias a que el mundo fue destruido.

Aun así, el hecho era que esos Outlaws seguían apareciendo incluso después del fin del mundo.

—… Sin embargo. —Lych hizo ademán de pensar por un momento, y luego preguntó—: No es gran cosa, seguramente. No creo que estos Outlaws puedan interferir con almas que no tienen cuerpo físico.

—Lo contrario también es cierto. Nosotros… somos incapaces de interferir con esos Outlaws.

—Considerando que ninguno de vosotros es capaz de tocar al otro, deberíais dejarlo estar.

—Yo también pensé eso. Pero… —Las cejas de Arth se fruncieron—. Por lo que he oído de Lady Banica, también hay almas que habitan en los soldados muertos, ¿no es así?

—… Sí, así es. Los dueños de los cuerpos en vida deben seguir ahí dentro-

—Entonces quiero hacer algo para liberar esas almas. Puede que haya entre ellas quienes deseen ir al “nuevo mundo” pero no puedan porque están atados por sus cuerpos de soldados muertos.

Lych levantó ambas manos ante su pecho y luego aplaudió a Arth.

—Qué estupendo. Qué idea tan magnífica. Pero… eso no tiene nada que ver conmigo.

—Se diría que sí. Lady Banica dijo más o menos lo mismo, y se negó a ocuparse de este asunto.

—Entonces…

—Pero tu situación es un poco diferente, ¿no?

—Vaya… ¿Cómo te la imaginas?

El tono de Arth se volvió más firme al decir:

—Una vez investigaste los soldados muertos como método para crear una nueva raza humana. Por eso te convertiste en el sirviente de Lady Banica. Para ti, estos Outlaws son un tema interesante, ¿no es así? Incluso existe la posibilidad de que si los estudias puedas crear una nueva humanidad en este mundo-

—-Creo recordar que otra persona me dijo algo parecido hace poco… Pero ya no me interesan esas cosas, Arth.

—¡-! Pero, aún así…

—De acuerdo, de acuerdo, cálmate.

Lych dio unas palmaditas en los brazos de Arth de forma apaciguadora.

Y después de un momento respondió:

—-Bueno, está bien. Tengo algunos asuntos que he dejado pendientes.

—Ya veo, ¡así que lo harás!

Arth sonrió.

—Lo haré… Y llevaré a Eater conmigo. Tiene el cuerpo de soldado muerto que le hice. Si él destruye los cuerpos de los Outlaws podría liberar sus almas.

—Eater… ¿Te refieres a ese esqueleto gigante?

—Sí. Jugó un gran papel en la batalla anterior, ¿no es así? ¿Dónde está ahora?

Arth parecía un poco preocupado al ver la expresión de orgullo de Lych.

—… No está aquí ahora mismo.

—… ¿Eh?

—Se fue a algún lugar con Lady Banica y sus sirvientes gemelos. Dijeron que tenían algunos asuntos en otro lugar.

—E…espera un segundo. Quieres decir…

—Hm, parece que… te dejaron atrás.

—…

—En defensa de Lady Banica… Ella… ¿te buscó? Pero no pudo encontrarte, así que…

—… Ya veo. Ese fue mi descuido, perder el tiempo en las ruinas del bosque como lo hice…

Al ver el aire evidentemente deprimido de Lych, Arth se echó a reír de repente sin pensarlo.

—Jaja. Pensar que hasta tú puedes poner una cara así. … Aunque supongo que no podía ver tus expresiones cuando eras un pájaro.

—¿A dónde dijeron que iban?

—No lo sé, pero… Keel Freezis podría haberles preguntado al respecto.

—El mercader de Elphegort.

Arth pareció un poco sorprendido por la rápida respuesta de Lych.

—¿Lo conoces?

—Nunca nos hemos visto cara a cara. Micha… Un compañero espíritu estuvo una vez a su cargo.

Era una conexión peculiar la que tenían.

Pero no era un gran problema a estas alturas.

—Le pedí a Bruno que lo llamara aquí, así que debería venir pronto-Oops, hablando del diablo.

Un hombre de rasgos delicados con gafas había subido las escaleras hacia el jardín de la azotea.

—¿Me has llamado, Rey Arth?

—Parecía que estabas hablando de algo con Lady Banica antes.

—Así es. Pero ella ya se ha marchado.

—¿Le preguntaste a dónde iba? Me gustaría que se lo dijeras a este hombre, si lo sabes.

—No me importaría, pero… —Keel miró fijamente a Lych y luego dijo—: Tengo una condición.

—Oh, vaya. ¿Negociando hasta con un rey, eh?

—A veces la información es más valiosa que el oro. Sería una desgracia como mercader si la entregara gratis. -Aunque sea al rey de un país.

Seguramente habría adoptado la misma actitud con Arth incluso si se hubieran conocido cuando ambos estaban vivos.

Pensó para sí mismo que parecía un hombre bastante astuto, aunque a Arth ciertamente no le importaba ese tipo de gente.

Lo prefería a los aduladores que nunca dejaban ver sus intenciones en la superficie.

—Muy bien. ¿Qué quieres?

—Piensas enviar a este hombre a Retasan, ¿correcto? Para resolver el asunto de los soldados muertos de los que hablaste.

—… Buena suposición. Así es.

—En ese caso, me gustaría que me dejaras acompañarlo.

Arth puso cara de sorpresa y-.

Lych puso una expresión de desagrado.

—¿Estás interesado en los soldados muertos? —preguntó Arth.

—Lo estoy. Y también en este hombre. —Keel señaló a Lych con una fina sonrisa—. Me esforzaré por no estorbar. De todos modos, no podemos entrar en contacto físico con los soldados muertos, ¿no?

—Eso… es cierto.

Arth miró a Lych con una expresión ligeramente preocupada.

—¿Qué opinas, Lych?

—… La verdad es que no me importa —respondió Lych mientras miraba a Keel con el ceño fruncido. Y luego le preguntó—: ¿Y a dónde fueron Lady Banica y los demás?

Keel dejó escapar un resoplido, y luego respondió en voz baja:

—-Dijeron que iban al “Graveyard”.

—… El Graveyard, eh. —Lych suspiró—. No sé cómo llegar allí.

—Dijeron que volverían aquí cuando se ocuparan de sus asuntos. ¿Debemos esperar hasta entonces?

—No… Vamos a ver cómo están las cosas en Retasan primero. Si parece demasiado difícil de manejar por nuestra cuenta, llevaremos a Eater entonces.

—Sabia decisión. No tenemos ninguna garantía de que vuelvan de inmediato. … En realidad, está en el aire si vuelven o no a salvo.

Keel se rió con descaro.

—¿Qué estás tratando de decir?

—Oh, no, nada… Bueno, entonces, démonos prisa. Tengo un carruaje y un cochero esperando fuera.

—… Estás bien preparado.

—Retasan está muy lejos. Puede que las almas no se cansen de caminar, pero preferiría que el viaje fuera agradable, ¿no te parece?

—Si fuera sólo yo, podría simplemente volar hasta allí… Bueno, está bien. Espérame fuera.

—De acuerdo. Nos vemos.

Keel bajó las escaleras, sin perder la sonrisa.

Arth lo miró dubitativo mientras se marchaba.

—Ese mercader… ¿Qué está planeando?

Pero por su parte Lych ya había recuperado su sonrisa sarcástica.

—Tengo una idea bastante clara. No hay que preocuparse demasiado.

—Supongo que lo dejaré estar si tú lo dices, pero-

—Rey Arth. Sólo una cosa antes de salir. —Lych levantó el dedo índice y preguntó—: Una vez que todo esto se haya resuelto y hayas puesto a la gente en marcha hacia la puerta… ¿Qué piensas hacer entonces?

—Hmph… —Arth se cruzó de brazos y cerró los ojos en silencio.

—Todavía no lo he decidido del todo: estoy considerando quedarme aquí.

—Oh… ¿Por qué?

—Imagino que no todos desean ir al nuevo mundo. En ese caso… seguramente será necesario que alguien reúna a toda la gente que se quede.

—Así que tienes la intención de convertirte en el rey de los muertos, hm… Pero eso va a conducir a algunos días estériles y vacíos, ¿no?

—Todavía no he renunciado a que este mundo renazca. Si podemos revivir la naturaleza, y conseguir nuevos cuerpos físicos… Es por esa razón que te agradecería que te quedaras y nos ofrecieras tu ayuda.

—… No sé, lo pensaré.

No podía retener a Lych con la fuerza; eso era algo que Arth sabía.

Era libre de decidir lo que quisiera.

Aunque fuera un espíritu malvado-no, por eso.

No podía atar a este hombre.

 

Después de despedir a Lych sin palabras desde la azotea, Arth miró al cielo.

Allí vio el sol y -a pesar de que era mediodía- la luna, brillando.

—El nuevo mundo… y todos los que están en él… os confiaré eso, Allen, Riliane —susurró en voz baja.

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