Capítulo 2-Rey de los Muertos; Escena 4

Outlaw & Lychgate, páginas 40-43

 

Cuando Lych salió del palacio, Keel ya estaba esperando allí en el carruaje.

—Este es un buen carruaje.

—Es producto de la imaginación del cochero. Trabajó como cochero en vida durante más de cuarenta años.

Así que había conjurado con su imaginación algo tan espléndido, concretamente porque entendía muy bien los carruajes.

El cochero palmeó el lomo de sus caballos con una mirada orgullosa.

—Al parecer, no se pueden crear seres vivos con el poder de la imaginación. Me las arreglé para ganarme a estos yo mismo.

—Me parece que no hay necesidad de retomar el oficio de en vida ahora que estamos todos muertos —comentó Lych secamente.

El cochero contestó, sonriendo:

—Esto es algo divertido para mí, en sí mismo. Muchos personajes famosos de la historia han venido como clientes.

—Supongo que tienes tu punto… Muy bien. Vamos a ponernos en marcha.

—¡De acuerdo! ¡Nuestro destino es la Fortaleza Retasan! Ahora, por favor, entrad.

Instado por el vigor del cochero, Lych subió al carruaje con Keel.

 

El carruaje se dirigía con paso firme hacia el sur.

—Ahora, no es esto agradable… Aunque es un poco desafortunado que no podamos disfrutar de la vista, ya que son campos estériles.

En contraste con el buen humor de Keel, Lych permaneció en silencio.

—Tardaremos un poco en llegar a la fortaleza de Retasan. Sé que esto es un poco incómodo, dado que es la primera vez que nos encontramos, pero ¿qué tal si te relajas un poco, amigo Lych Arklow?

—… ¿Cómo sabes mi nombre completo? No recuerdo habértelo dado.

—Eh… Claro. Verás, lo escuché de Banica-

—¿Y por qué iba a hablar contigo en primer lugar? Lady Banica nunca ha sido de las que se limitan a contarle a un extraño su destino, ni el «Graveyard», en particular.

—Bueno, me enorgullezco de mi don de gentes, ya ves…

—-Es suficiente. Esta farsa termina ahora —espetó Lych—. No tengo la menor intención de seguirle el juego a tu pequeño e inútil drama.

—… Vaya, tu tono se ha vuelto bastante grosero muy rápido. ¿Es este tu verdadero carácter?

—-Antes de salir del palacio, vi a un hombre con gafas en el Salón de los Espejos. Parecía estar divirtiéndose con su hija.

—…

—… El verdadero Keel Freezis.

—… Entonces, ¿quién soy yo, me pregunto? —Keel… o mejor dicho, el hombre que se hacía llamar Keel, declaró con una mirada de confusión fingida.

-Las almas eran capaces de discernir con quién estaban tratando no sólo por la apariencia, sino por el sentido.

El problema era que, en cierto modo, este hombre y Keel eran «uno y el mismo».

Así que incluso Lych necesitaba un poco más de tiempo para ver su verdadera identidad.

 

-Keel Freezis era un clon.

Este era el original.

Que había destruido el mundo en el que Lych había vivido, el «Segundo Período»-

Y luego trajo el caos a este mundo, el «Tercer Período»

– El «HER».

Este hombre podría decirse que es su encarnación.

Y su nombre era…

 

—No quería volver a involucrarme contigo nunca más, bastardo —dijo Lych con frialdad.

—No estás siendo razonable, Lych. Entre tú y yo hay un “vínculo” más profundo que con cualquier otra persona.

—Deja de decir tonterías.

—Es un hecho, por mucho que lo niegues. Es por esa razón que dejas de ser cortés sólo conmigo. Ni siquiera le hablas así a tu propio hermano.

—…

—Es porque no tienes necesidad de usar palabras para tapiar tu corazón ante mí. Yo… ya lo sé todo sobre ti. Tú y yo siempre hemos sido de una sola mente y alma.

—Te equivocas. Te apoderaste de mi mente por tu cuenta.

—Eso es un malentendido, Lych. Para que veas…

—¡Cállate!

El cochero se giró sorprendido por los gritos de Lych.

—Uh, ah… Pido perdón. No es nada —informó Lych en voz baja al cochero, que parecía haber recuperado la compostura

—… Dejen todo este roce. Al fin y al cabo, todo el mundo ha seguido adelante y ha muerto —dijo el cochero, antes de volverse de nuevo hacia el frente.

Lych lanzó un suspiro y luego miró al hombre que estaba a su lado.

—Muy bien. Quiero que me digas… por qué has venido -Seth Twiright-.

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