E.A.T PROLOGUE, páginas 1-4
En el interior de una sala bañada por una luz verde fosforescente, Ron Grapple se limpió con el antebrazo un poco de líquido que le rodaba por la frente.
No era sudor. Hacía siglos que no sudaba.
Sin embargo, era cierto que ese líquido espeso se filtraba de su propio cuerpo.
Era una señal de que se estaba produciendo un cambio.
Lentamente… pero con firmeza, el cuerpo de Ron estaba empezando a desintegrarse.
«No hay problema», murmuró en su mente.
En verdad, esto era algo común.
-Esta era la sala de «Fat Man».
Todos los que entraban en esta sala -para ser más exactos, todos los que eran bañados por la «luz» de esta sala- encontraban la muerte, con la destrucción de sus carnes.
No había nadie que pudiera sobrevivir a permanecer en esta sala durante una hora… o más bien, incluso unos minutos.
Salvo una persona, Ron.
Para resumirlo en pocas palabras, sin todos los detalles, tenía un cuerpo inmortal.
Para decirlo de una manera aún más fácil de entender, Ron era un muerto viviente, un supuesto zombi.
Aunque si nadie le hubiera llamado así, él no se habría etiquetado como tal.
A los seres como Ron se les llamaba antes «soldados muertos», pero actualmente se les había dado el nombre de «mayordomos muertos».
Eso no era una gran diferencia en sí mismo. Era un simple cambio de rol.
Antes trabajaban para luchar contra alguien, y ahora trabajaban para ser útiles a alguien.
En cualquier caso, mantener la actividad de «Fat Man», como lo estaba haciendo ahora, era una tarea extremadamente esencial que Ron necesitaba hacer.
En el corazón de esta sala se encontraba un objeto milagroso que no podía ser catalogado ni como vivo ni como inanimado.
Si su luz fosforescente se apagara, todo terminaría.
Este edificio que volaba por los aires se estrellaría, y todos los residentes, salvo Ron, abandonarían la pesada carga que es la vida.
Continuó su trabajo sin descanso, pero de forma lenta y constante.
Se había acostumbrado a manipular la maquinaria.
El comportamiento de «Fat Man» se estabilizaría muy pronto.
Cuando Ron terminó su trabajo y salió de la habitación de «Fat Man», revisó sus brazos y piernas.
Su carne había desaparecido casi por completo, pero al mismo tiempo también empezaba a regenerarse.
En unos minutos probablemente volvería a la normalidad.
«Ahora… ¿los demás están bien?»
Ron miró al techo.
El interior de la mansión se había envuelto en el silencio. Justo antes de que Ron entrara en la habitación hubo fuertes ruidos procedentes de todas partes.
Actualmente sólo se escuchaba el débil soplo del viento y el zumbido de la maquinaria.
Lo que rompió ese silencio fue una voz masculina, estridente y aguda.
—¡Jefe! Buen trabajo, ¡de verdad!
Un semi-humano con cabeza de pollo corrió hacia Ron.
—Oh, Fry.
—¡Sí! Soy yo, uno de tus leales subordinados, Fry Kitchen, ¡de verdad!
—¿Qué pasó con los otros mayordomos muertos? —preguntó Ron.
Cuando lo hizo, Fry dio un cacareo y respondió con un tono alegre:
—¡Yei! Están todos muertos, ¡de verdad!
—… ¿Qué?
—Su valiente lucha fue en vano, y fueron superados por esa tropa de héroes, ¡de verdad!
No era exactamente imposible. Todos los residentes de este edificio poseían habilidades extraordinarias.
Pero… el número de «enemigos» que había invadido la mansión era mucho mayor de lo esperado.
—Entonces… ¿por qué sigues vivo?
Ron estaba confundido al ver cómo Fry, que era el ser más frágil del edificio, estaba de una sola pieza.
—Ayudé al maestro Lych cuando estaba en apuros-¡Oh, es cierto! No todo el mundo murió. El maestro Lych se salvó, ¡de verdad!
Al escuchar eso, Ron se dio cuenta de que habían logrado evitar el peor resultado imaginable, y se sintió al menos un poco aliviado.
—Hmm… Entonces tal vez sería más rápido preguntarle qué pasó. ¿Está Sir Lych en uno de los pisos superiores?
Lych casi nunca ponía un pie en el piso inferior de la mansión.
Probablemente estaba en el salón principal del segundo piso o en su habitación, en el tercero… Eso pensó Ron.
Pero Fry sacudió rápidamente la cabeza varias veces.
—El maestro Lych no está en el edificio ahora mismo, de verdad.
—¿Ha salido fuera? Eso no es bueno. El lugar debe estar todavía lleno de gigantes-
—Ah-… Ya no hay problema con eso, ¡de verdad! Ya no estamos en el “Mundo de los Gigantes y Hombres Bestia».
—¿…?
—Lo entenderás cuando llegues al segundo piso, ¡de verdad!
Instado por Fry, Ron se dirigió a las escaleras.

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