E.A.T PROLOGUE; Escena 7

E.A.T PROLOGUE, páginas 34-39

 

Las preocupaciones de Seth resultaron ser válidas.

Aunque pasaron varios días después de ese momento, Lych todavía no había encontrado ningún ojo que fuera adecuado para Baum Kuren.

—Huh… Esto no debería ser así…

Lych no era el único que se estaba impacientando.

Mientras Ron servía leche a Banica en el salón principal, Fry entró corriendo en la habitación, al borde de las lágrimas.

—Jefe~ Tienes que ayudarme~

—¿Qué pasa, Fry?

—¡Estoy a punto de explotar, de verdad! ¡Esa chica, Baum, es increíblemente mala, de verdad! ¡Mira, mira mi brazo! Me ha arrancado mis hermosas plumas…

—Es ciega, ¿verdad? ¿Cómo se las arregló para herirte a ti tan severamente?

—¡Es ese cuerno! Tiene algún tipo de sentido táctil, así que aunque no pueda ver nada, puede sentir las cosas hasta cierto punto, ¡de verdad!

—… Bueno, agradece que no te haya matado —dijo Ron, decidiendo consultar con Banica—. ¿Qué deberíamos hacer al respecto, Lady Banica?

—Hmm… Lych también lo pasó mal con ella, y ciertamente no tengo la intención de mantenerla como una gorrona para siempre… Tal vez deberíamos ponerla a trabajar.

—¿Trabajar? Pero qué demonios haría ella…

En ese momento, dos conejitos entraron en la habitación llevando una caja de herramientas.

—Lady Banicaaa, hemos terminado los preparativos.

Eran los sirvientes gemelos Arte y Pollo, que por fin habían recuperado la conciencia.

A los dos no parecía importarles lo más mínimo el hecho de haber sido convertidos en conejitos semi-humanos.

Un enorme oso de la luna apareció un poco detrás de ellos, cargando madera sobre sus hombros.

Era el otro sirviente, Eater.

—Bien, ahora, por favor, comiencen.

Bajo las órdenes de Banica, los conejitos gemelos y el oso comenzaron a ponerse a trabajar.

—Er, Lady Banica. ¿Esto es…? —preguntó Ron, sin entender la situación.

—He reflexionado un poco a cuenta de lo ocurrido con Jarre… Ahora que mi contrato con el demonio se ha roto, ya no puedo invocar soldados muertos, y no tengo ningún otro poder en particular.

—…

—En el “Mundo de los Gigantes y Hombres Bestia”, inicié una disputa con sus habitantes sin pensarlo mucho. Y el resultado de eso fue la traición de Jarre… Me imaginé que tendría que idear un método diferente para adaptarme a estos otros mundos.

—… Y lo que hacen estos tres es…

—Remodelación. Voy a convertir esta sala principal en un restaurante donde se puedan ver películas. Siempre he pensado que es extraño que este lugar se llame “Evils Theater” y sin embargo no tenga una sala de cine. Además, no importa en qué mundo estemos, no importa en qué cultura estemos, siempre hay una cosa de la que la gente no puede prescindir y que nos une. … Creo que es perfecto para adaptarse.

—Y esa cosa sería…

—¡La comida! No hay gente que no coma. Si la hubiera… ¡Entonces ya no son personas! Al menos en mi opinión.

—… Ja, ja, ja.

Ron se echó a reír de repente.

—¿Qué es lo gracioso?

—Nada… es que creo que esto es muy propio de ti.

Naturalmente, Ron no tenía motivos para estar en desacuerdo con ella.

—… Ahora bien, volvamos al tema de Baum. Necesitaré muchos más cocineros cuando se abra el restaurante. Arte y Eater pueden cocinar, pero los dos tendrán otro trabajo también. Así que… eso me deja corto de personal.

—¿Harás que Baum cocine? Pero ella era una princesa imperial, según recuerdo. No puedo imaginar que alguien así sepa cómo…

—Por supuesto que puede… Ella es mi “otra yo”, después de todo. Y le daré un mentor adecuado.

—¿Un mentor?

Banica se sacudió, haciendo sonar el cascabel de su cuello.

Una figura apareció desde el fondo de la sala, como si hubiera sido convocada por ella.

Era un perro semi-humano con un gorro de cocinero blanco.

—¿Ha llamado, Lady Banica?

—Señor Perro, te encargo que eduques a Baum en cómo ser una chef. Asegúrate de enseñarle bien tus habilidades.

—Por supuesto, mi señora —dijo.

La cabeza de Ron se inclinó mientras veía a Señor Perro salir de la habitación en silencio.

—¿Y eso? ¿Estaba esa persona aquí, en la mansión, antes?

—¿Qué estás diciendo, Ron? —contestó Banica despreocupadamente—. Ha estado aquí todo el tiempo.

 

-¿Había decidido volver a trabajar para Banica por un sentimiento de lealtad hacia ella?

Si le hicieran esa pregunta, probablemente Ron no asentiría de inmediato.

Todo fue hace mucho tiempo.

Ron podía compartir parte de la culpa de que ella no pudiera llevar una vida normal. No es que no se lo debiera, pero ahora que el mundo ya había sido destruido no había razón para quedarse atrapado en esos sentimientos para siempre.

… Cuando Ron y Banica se reunieron por primera vez después de tantos siglos, como si el gran lapso de tiempo no hubiera pasado en absoluto, ella dijo «Mucho tiempo sin verte, Ron», con una sonrisa despreocupada en su rostro.

Y luego había empezado a hablarle de sus planes para su próximo viaje y sus preparativos para el mismo, sin hacer ningún movimiento para ocultar su alegría.

«Ah, no has cambiado nada».

Eso fue lo que pensó, observando a Banica.

En aquel momento, salvo varios viajes al extranjero, Ron nunca había viajado con Banica.

Su trabajo había sido vigilar la casa mientras su señora estaba fuera.

Cada vez que escuchaba los relatos de Banica sobre sus viajes, Ron sentía un poco de envidia por su espíritu libre.

Cuando terminó de contárselo todo, le dijo de repente, con una expresión seria en su rostro:

—Sabes, tengo un remordimiento cuando se trata de ti. —Cuando Ron le preguntó de qué se trataba, Banica respondió—: Que casi nunca he podido viajar contigo.

Al oír eso, Ron soltó sin pensarlo:

—Oh, no, creo que hay mucho más que eso.

—¿Tú crees?

—Sí, demasiado para contarlo todo. Cuando eras una niña… No, después de convertirte en una adulta también… siempre fuiste muy difícil para mí.

—Casi no me acuerdo. Fue hace mucho tiempo.

—Está bien, creo. Fue hace muchos siglos… No hay necesidad de aferrarse a ello.

Al escuchar eso, Banica puso una expresión un tanto solitaria y luego le preguntó a Ron:

—… Entonces, ¿qué piensas hacer?

Ron cerró los ojos, y después de pensar por un momento… dijo en voz baja:

—Ese viaje contigo, que no pude hacer entonces… creo que me gustaría hacerlo ahora.

 

Y la razón clara y definitiva por la que había respondido así-.

Ni el propio Ron lo sabía aún.

Una respuesta a “E.A.T PROLOGUE; Escena 7

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.