Historia del Pecado Original –Crimen-, páginas 6-10
En el momento en que pisaba con fuerza la cabeza de una serpiente que se deslizaba a sus pies, vio una fruta roja que fluía por el canal.
Miroku alargó la mano y, afortunadamente, pudo agarrarla.
Cuando mordió la fruta, los ojos de su criado se abrieron de par en par, y dijo:
—No debería hacer eso, señor Miroku. Eso no es…
—¿Intentas decirme que es impropio del jefe del senado estar recogiendo comida?
—N-No, no quiero decir eso en absoluto. Pero podría estar sucio.
—El agua de este canal está limpia. Mucho más que tu orina.
—…
—Los purificadores funcionan adecuadamente. Los ciudadanos de Asmouse ya no tienen problemas de falta de agua potable, ¿correcto?
—Sí, sí, así es. No sólo Asmouse, sino todos los residentes del reino tienen una deuda de gratitud con la sabiduría del Segundo Período.
Al escuchar eso, las cejas de Miroku se juntaron en un ceño fruncido.
El criado entonces se apresuró a enmendar sus palabras:
—-Y, por supuesto, también a la benevolencia del senado.
—Correcto. Puedes vivir cómodamente gracias al senado. No lo olvides.
—Sí, señor…
Miroku no sólo estaba de mal humor por esta conversación. Este criado lo sabía bien, dado que le había servido durante muchos años.
—… Así que, después de todo, recibiste un «oráculo» de mal agüero —interrumpió el criado, vacilante.
Miroku asintió sin decir nada.
—Tengo que celebrar otra reunión ahora. Dentro de dos horas. Reúne a todos los miembros del senado en la sala redonda.
—¡Sí, señor!
El criado se apresuró a ir hacia el castillo real, pero fue inmediatamente llamado de vuelta por Miroku.
—Espera. … Llama a otras dos personas a la reunión.
—¿Eh? Er… ¿A quiénes?
—Primero, a Adam. Adam Solntse.
—El jefe del Instituto Real de Investigación. Entendido, me pasaré por allí antes de ir al castillo real. ¿Y el otro?
—… Gammon.
—P… Pero… La fuerza de seguridad tiene previsto ir a patrullar desde aquí hasta la ciudad de Welvya-
—Estoy seguro de que se las arreglarán sin su capitán.
—Pero eso sería un mal ejem…
—¡Un padre está llamando a su hijo! ¿Hay algo que tenga más prioridad que eso?
—Lo entiendo, señor…
Sin molestarse en ver al criado que se alejaba, Miroku miró fijamente la fruta que tenía en sus manos.
«Una manzana… Hm. Hay un pequeño bosque cerca del punto de partida del canal. Tal vez creció allí».
No fue cultivada por nadie, creció de forma natural.
Aún así, no había necesidad de dudar en comerla. Tenía derecho a tomar todo lo que había en el reino-así pensaba Miroku.
«No sólo las frutas. También el legado del Segundo Período… el “país de Dios” que descansa bajo tierra y en el fondo del mar. Aunque no lo hayamos creado nosotros, no hay razón para no usarlo si nos es útil».
El legado de los dioses era un depósito de tecnología que superaba la comprensión de la gente que vivía en estos tiempos. Incluso los científicos del Instituto Real de Investigación no podían hacer más que explicar cómo utilizar sus herramientas, sin realmente entenderlas.
Había otra cosa de la que el reino podía presumir: Su extraordinaria capacidad mágica. Siempre que hacían uso de estas herramientas del legado, en la mayoría de los casos necesitaban magia para potenciarlas, y los hechiceros que eran capaces de manejarlas estaban sólo en este país… Por eso Levianta era llamado el «Reino Mágico».
Gracias a ese legado y a esta magia, el Reino Mágico de Levianta había florecido más allá de sus países vecinos.
«Nosotros… ¡no vamos a perder eso ahora!»
Miroku apretó la manzana y la aplastó.
Luego arrojó sus restos al canal.
Mientras contemplaba la corriente del río, se acordó de algo de hace mucho tiempo.
«Los «Gemelos de Dios»…»
-La reina, que estaba en posición de recibir revelaciones divinas, tenía prohibido tener marido.
La reina debía permanecer pura durante toda su vida.
Pero la reina Alice un día… quedó embarazada.
Al final nunca se supo de quién había sido. La reina afirmaba que fue un embarazo virginal, pero Miroku no la había creído, al menos en aquel entonces.
Era joven, y temía que se pusiera en peligro su posición, más que nada. El papel de jefe del senado era el de recibir los oráculos de la reina, y transmitirlos al público. Por esa razón, Miroku era el único al que se le permitía el contacto directo con ella.
Si la reina estaba embarazada, entonces el único sospechoso era… La respuesta es obvia.
Miroku había intentado obligar a la reina a abortar antes de que el asunto se hiciera público.
Pero antes de que pudiera, escapó… y cuando la capturaron de nuevo, ya había dado a luz a gemelos.
Miroku ordenó con furia a uno de sus sirvientes de en ese momento que arrojara los gemelos al río-.
No puso una mano en los bebés directamente por un débil sentimiento de culpa-.
Pero estaba seguro de que esos niños, dejados a la deriva en el arroyo, no habían sobrevivido.
«¿Eran esos gemelos «Contenedores de los Dioses»? … No, no podían serlo».
Si lo hubieran sido, Miroku seguramente habría recibido algún castigo divino por matarlos.
Debían ser hijos ilegítimos de la reina… Eso fue lo que razonó.
«El oráculo… Debe de ser por un asunto completamente diferente a ese».
Sin embargo, ahora que había recibido “esa revelación”, Miroku no tenía más remedio que obedecerla.
Alice era poco más que una marioneta.
Una muñeca colocada dentro de una caja de cristal.
Pero era cierto que la reina podía escuchar las palabras de los dioses.
Para alguien que había nacido y crecido en Levianta, los dioses (el dios dragón Levia-Behemo) eran un ser supremo.
Ir en contra de sus órdenes era imperdonable.

Una respuesta a “Capítulo 1 – Queen of the Glass; Escena 1”