Historia del Pecado Original, páginas 16-21
Esta es la historia del comienzo.
¿Desde dónde debo contarla?
-Dicen que la bruja del bosque utiliza una cuchara azul en lugar de un bastón.
A Eve le preocupaba que ese rumor se extendiera entre los Mogera.
Ella se ganaba la vida vendiendo frutas y setas que recogía en el bosque.
Aunque era la hija del jefe de la aldea Nemu, eso no significaba que pudiera librarse de tener que trabajar.
No era una tarea muy dura.
Al menos era mucho mejor que tener que quedarse encerrada en el pueblo todo el tiempo, y afortunadamente nunca le faltaban clientes. Los Mogera que trabajaban en las llanuras que se extendían desde el este de la aldea siempre necesitaban más comida.
“Mogera” era como se referían a los que excavaban piezas del legado. Venían de las doce capitales reales, y aunque era culpa suya que las llanuras estuvieran ahora plagadas de agujeros, eran pocos entre la aldea los que manifestaban su mala voluntad hacia los Mogera.
Era un hecho innegable que el dinero que aportaban hizo que la aldea fuera próspera.
Incluso el carruaje automatizado que conducía Eve fue comprado con el dinero de los Mogera. Técnicamente su padre era el dueño, pero no había utilizado el carruaje ni una sola vez. El jefe había acabado recluido en su casa desde que se lesionó la parte baja de la espalda hacía dos años.
Por eso le había permitido a Eve utilizar sus herramientas.
El carruaje se dirigía a la excavación más grande, con la zona de equipaje llena con su cosecha del bosque.
Aunque ella lo llamaba carruaje, a diferencia de los normales, el cuerpo principal no era arrastrado por caballos ni nada parecido. Las ruedas eran movidas por engranajes especiales que funcionaban con la magia que Eve inducía.
Esos engranajes eran una de las piezas del legado desenterrado por los Mogera. Eve no tenía ni idea de cómo se fabricaban, pero sea como fuere, lo cierto es que el carruaje era un artículo de lujo muy caro.
Su padre le dijo que había podido comprarlo a un precio relativamente bajo gracias a unos antiguos contactos suyos, pero aun así debía de costar suficiente dinero como para vivir sin hacer nada durante un año. Si su madre aún estuviera viva, probablemente habría provocado una gran disputa.
Tendría que utilizar el carruaje para ahorrar bastante en tiempo si quería compensarlo.
—Heeeyy, me alegro de veros a todos. El carro de venta ambulante de Eve Zvezda está abierto al público —gritó Eve cuando llegó al lugar de la excavación.
Era más o menos la hora de comer, así que un grupo de hombres musculosos empezó a pasar por el carro.
El artículo más popular era el pfifferling. Al parecer, la moda entre los Mogera era cocinar estas setas junto a la carne de venado comprada a los cazadores. Después estaba el trauben. Aunque no era la fruta en sí la que se vendía bien, sino el vino que se hacía con ella. Era la especialidad del jefe de la aldea.
Cerca de donde Eve vendía sus productos, algunas Mogera estaban encendiendo un fuego para empezar a cocinar.
Enseguida empezaron a echar en una olla los ingredientes que habían comprado a Eve.
Finalmente llenaron unos cuencos de cobre con la comida que hicieron; tras recibirlos, los hombres se sentaron en el suelo y empezaron a comer.
En ese momento, habiéndose agotado la mayor parte de los ingredientes de su maletero, Eve empezó a recoger. Cuando lo hizo, un Mogera bondadoso se acercó a ella y le entregó un cuenco con sopa.
Ella decidió aceptar con agradecimiento el buen gesto del hombre.
«Ah…»
Entonces se dio cuenta de que no tenía cuchara.
—Uy, lo siento. Me olvidé.
El Mogera que le había dado la sopa volvió con una cuchara.
—Oh, no pasa nada, en realidad ya… —A punto de decir que llevaba una, Eve se calló—. … Muchas gracias —dijo en su lugar, tomando la cuchara.
«… Uf».
Suspiró dentro de su mente.
No podía mostrarle su cuchara azul.
Hoy también, mientras los Mogera comían, floreció una discusión sobre la «bruja del bosque».
—He oído que la bruja del bosque ha vuelto a expulsar al “Ejército Blanco».
—Les está bien empleado. Gracias a ella este sitio de excavación está en paz.
El ejército blanco era una tribu salvaje que causaba estragos en esta zona.
Todos tenían el pelo blanco, y podían invocar llamas. Al parecer, originalmente eran nómadas que venían del este, pero después de tener una disputa con la «gente del bosque» hace mucho tiempo, se convirtieron en un clan de bandidos… O eso le había dicho el padre de Eve.
El ejército blanco había matado a cientos de ciudadanos del bosque. Y, al parecer, también iban detrás de los artefactos del legado, por lo que atacaron el lugar de excavación varias veces.
Sea como fuere, no había nada más peligroso para la gente que vivía aquí que el ejército blanco.
La bruja del bosque era una heroína de la justicia que castigaba al ejército blanco… O al menos, así se lo tomaban los Mogera.
—Pero entonces, ¿cómo contrarresta la bruja del bosque las espantosas artes del ejército blanco? Ese tipo, Peck, se quemó bastante con las llamas que invocaron esos bastardos de pelo blanco, ¿no? No me extrañaría que muriera a causa de ellas.
—He oído que la bruja del bosque utiliza un tipo de arte del rayo bastante poderoso. Se rumorea que convierte al ejército blanco en cenizas antes de que puedan lanzarle fuego.
—Una batalla entre el fuego y el rayo, eso mola bastante. Pero si se pasan, el bosque desaparecerá sin dejar rastro, ja, ja.
Eve terminó su sopa y devolvió sus cubiertos a la Mogera.
Tendría que volver pronto a la aldea, pero justo cuando pensó eso…
Oyó un fuerte grito desde el norte.
Cuando se volvió en esa dirección junto a los Mogera, pudo ver una nube de polvo en el aire a lo lejos.
Oyó otro grito. No sólo uno, sino muchos.
—¿Son… los soldados blancos?
Los Mogera comenzaron a murmurar.
—Deben serlo. ¿Vienen a atacarnos?
—No… No lo creo.
La tropa de soldados blancos parecía estar peleando contra algo.
Todos ellos disparaban a la vez sus llamas sobre una gran silueta.
—¿Qué es eso, un gigante? —dijo uno de los Mogera.
Eve respondió en su mente que no lo era.
Eso… era probablemente un carro automatizado.
Uno mucho más grande que el que Eve había montado, de hecho.
Estaba siendo atacado por el ejército blanco, e intentaba escapar… Eso es lo que parecía.
«¡Tengo que ir!»
Eve se subió a su carruaje y vertió magia en el cristal de la consola de control.
Después de girar velozmente el carruaje mientras éste cobraba vida, corrió hacia la dirección en la que se estaba formando la nube de polvo.
—¡Eh, señorita! Deténgase, es demasiado peligroso —oyó gritar a alguien detrás de ella, pero Eve lo ignoró y mandó el carruaje hacia adelante.

Una respuesta a “Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 1”