Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 5

Historia del Pecado Original, páginas 48-56

 

Antes de que llegaran a la aldea, Adam sólo preguntó una cosa:

—¿Así que… al final si eras la “Bruja del Bosque”?

Después de que Eve respondiera brevemente que lo era, no preguntó nada más.

Naturalmente, no iba a dejar pasar eso. Este no era el momento para que él profundizara en el tema… Ella estaba segura de que era por eso que no insistió.

En realidad, Eve no tenía tanto miedo de que se descubriera su verdadera identidad en ese momento. Adam y los demás dijeron que no tenían intención de hacer daño a la «Bruja del Bosque», y en los últimos días se había convencido de que eran personas que merecían su confianza.

Más bien, si eso significaba que realmente podría convertirse en reina, se sentía profundamente honrada por ello. Sólo que… eso era suponiendo que pudiera obtener el permiso de su padre adoptivo. Eve no quería revelar su identidad si eso significaba ir en contra de sus deseos, en caso de que él no lo quisiera.

Pero no podía evitar que la descubrieran ahora. En cuanto a cómo convencería a su padre adoptivo más tarde… Eso podría ser algo que Adam debía hacer, y no Eve.

En cualquier caso, primero debían asegurarse de que estaba bien.

-Al salir del bosque y ver los edificios del pueblo de Nemu, se vio obligada a concluir que la situación era mucho más grave de lo que había pensado.

Todas las casas estaban en llamas. Alrededor de todas ellas no había aldeanos, sino hombres desconocidos vestidos con trajes rojos.

—Esos… no son soldados del ejército blanco. —Adam palideció—. Son devotos rojos… Los secuaces de la “Bruja de Merrigod”.

Eve recordó ese nombre.

Si no le fallaba la memoria, Seth la mencionó cuando Adam y él habían llegaron a la aldea.

—¿También es una candidata a “Ma”?

Adam asintió ante la pregunta de Eve.

—Sería más exacto decir que lo era. Ciertamente tiene una poderosa habilidad mágica, pero… Es demasiado cruel. El instituto y el senado llegaron a la conclusión de que no sería apta para ser reina.

En el momento en que detuvieron el carruaje justo en la entrada del pueblo, fueron rodeados por los «devotos rojos».

Eve bajó rápidamente del carruaje, con la cuchara preparada en la mano en lugar del bastón.

—¿Dónde está la gente del pueblo?

Los hombres no hicieron ningún movimiento para responder, simplemente miraron a Eve con expresiones vacías.

—… Si no me lo dicen…

Eve empezó a introducir magia en la cuchara. Esa gente eran inquietante, pero estaba tan agitada que no se atrevía a preocuparse por eso.

No quería matar a gente de forma imprudente… Pero estaba claro que amenazaban a la aldea.

En ese momento, el grupo de hombres se dividió en dos.

Caminando entre ellos hasta el frente, vistiendo ropas tan rojas como las suyas, había una mujer.

—Oh, vaya… Habéis vuelto mucho antes de lo esperado —dijo, con una postura tranquila.

Tenía un aire adulto, pero en edad parecía ser algo más joven que Eve.

—Supongo que esas tropas del ejército blanco no estaban a la altura… Puede que sean “Herederos de Salem”, pero, al fin y al cabo, sólo son ladrones.

Tal vez ella era la líder del grupo teñido de rojo… Esa tal «Bruja de Merrigod».

—¿Eres aliada de esos ladrones?

Eve miró a la Bruja de Merrigod.

—¿Yo? ¿Supones que he venido a saquear esta aldea? ¿Este apestoso pueblo de pobres? Ja, ja, qué gracioso.

—Entonces por qué estás…

—Hay muchas razones. Empezando por la menos importante- —La Bruja de Merrigod miró a Adam, aún sentado en el carruaje—. -Esto es una venganza al Instituto de Investigación por haberme dejado en ridículo.

Adam respondió a eso, con una expresión retorcida:

—¿Venganza? Nosotros fuimos los que salimos peor parados.

—Vosotros, cabezas de chorlito, no deberíais haber ido a la meseta Merrigod tan a la ligera.

—Oh, sí. Todos nos arrepentimos de eso… Especialmente los que ahora están en el más allá.

Aunque Adam mostraba una franca hostilidad hacia ella, no hizo ningún movimiento para bajar del carruaje.

Estaba claro… Adam le tenía miedo.

Pero Eve no.

La llamaban la Bruja de Merrigod. Ella debía tener una poderosa magia también.

Pero eso no significaba que tuviera intención de echarse atrás.

«Debo proteger el pueblo… Proteger a todos…»

Si, ella no podía ver a ningún aldeano, ni siquiera al jefe de la aldea.

Sus casas seguían ardiendo, pero no había cadáveres de las personas que vivían en ellas en ninguna parte.

Las únicas posibilidades que se le ocurrían… O quizá todos huyeron antes de que llegaran Eve y Adam… O bien estaban prisioneros en algún lugar.

—¿Dónde está todo el mundo?

Esta vez Eve planteó su pregunta de antes a la Bruja de Merrigod.

—¿Estás preocupada por tu padre y los demás? Ja, ja… Entonces ve a ver por ti misma.

La Bruja de Merrigod señaló hacia el interior del pueblo, en dirección a la casa del jefe del pueblo.

Eve no pudo evitar sentirse ansiosa ante eso.

Ella le estaba dejando ver a los otros aldeanos con bastante facilidad. Lo que debía significar-

Adam finalmente bajó del carruaje, y se puso al lado de Eve.

—… Vamos juntos.

Su expresión era rígida. Él también debía haber pensado en el peor de los casos.

Después de compartir un asentimiento, ambos comenzaron a correr en dirección a la casa del jefe de la aldea.

La Bruja de Merrigod y sus devotos no mostraron ninguna señal de que tuvieran intención de detenerlos.

Ella sólo siguió sonriendo.

 

-El destino de Raiou Zvezda, jefe de la aldea de Nemu,

Quedó claro en el momento en que llegaron ante la casa.

—Esto no puede…

Eve se quedó sin palabras.

Su bondadoso padre adoptivo había sido crucificado en una gran cruz alzada en el jardín.

No había luz en sus ojos, y su cuerpo, totalmente desnudo, estaba cubierto de heridas.

Cualquiera podía ver que ya estaba muerto.

Y alrededor de esa cruz estaban los hombres del pueblo.

No parecía que estuvieran retenidos ni nada por el estilo.

Pero al igual que los «devotos rojos», tenían expresiones vacías y, sin dar ninguna indicación de que fueran a bajar al jefe de la aldea de esa cruz, simplemente… se quedaron allí, parados.

Adam detuvo a Eve cuando intentó acercarse a ellos.

—No lo hagas. No son ellos mismos.

—¿Cómo? No lo entiendo. —Las lágrimas fluyeron de los ojos de Eve—. ¡Mi padre era el hechicero más poderoso de la aldea! No perdía ante nadie… ¡El ejército blanco nunca atacaba porque le tenía miedo! Así que cómo pudieron… tan fácilmente…

—… Esto es difícil de decir, pero… —Adam dudó por un momento, pero luego continuó, haciendo acopio de fuerzas—: Probablemente… no fueron la Bruja de Merrigod y sus secuaces quienes atacaron directamente al jefe de la aldea.

—¿¡…!?

—Fueron los aldeanos que están a su alrededor. El jefe de la aldea probablemente no se atrevió a usar su magia contra gente que conocía.

—Eso no puede… ¡Es imposible! Nadie le haría daño a mi padre…

—Ese es el poder que tiene la Bruja de Merrigod, Meta Salmhofer. Ella… puede convertir a los miembros del sexo opuesto en sus marionetas usando el poder de los “Herederos de Gilles”.

—…

—Uno de los objetivos de Meta debía ser la vida del jefe de la aldea… Aunque no sé por qué.

—… Esa mujer… Por culpa de ella, mi padre…

—Sea lo que sea lo que haya pasado, deberíamos salir de la aldea ya.

Pero Eve negó con la cabeza, llorando.

—¡No! Esa mujer… No la perdonaré.

Agarró con fuerza la cuchara en su mano.

—Eve… Debes darte cuenta de que si luchas contra Meta… los aldeanos que ella controla irán a detenerte.

—…

—¿Estarías… dispuesta a dispararle rayos a tus amigos?

—…

Ella nunca podría hacer eso.

Adam abrazó suavemente los hombros de Eve.

—Primero deberíamos reunirnos con Gammon. Luego pensaremos qué…

-¡Boom!

Una explosión sonó de repente en la entrada de la aldea.

—… ¿Qué?

En respuesta a la confusión de Eve, Adam pareció adivinar inmediatamente cuál era la fuente del ruido.

—Ese es el sonido de la artillería pesada de los carros modelo más grandes. ¡Son los refuerzos de la capital!

-La predicción de Adam fue correcta.

La unidad principal de la fuerza de paz que había sido enviada desde la capital para combatir al ejército blanco había llegado a la aldea de Nemu con una sincronización impecable.

Su objetivo principal era reunirse con Gammon, que se suponía debía estar en la aldea, pero al encontrarse con la zona atacada por los devotos rojos, simplemente cambiaron su propósito para suprimirlos, en su lugar.

El resultado: ya sea porque llegaron a la conclusión de que los superaban en número, o porque ya habían logrado su objetivo, la Bruja de Merrigod y sus secuaces huyeron rápidamente.

Pero como esto también provocó que los hombres de la aldea, que eran los principales residentes del lugar, fueran expulsados también, los únicos que quedaron en Nemu fueron Adam y Eve.

Una vez asegurada la aldea, el ejército apagó los incendios.

Y entonces, dentro de un pequeño corral de ganado en la parte más profunda de la aldea… descubrieron los cadáveres de todas las mujeres de la aldea.

 

Por invitación de Adam, Eve acabó viajando a las Doce Capitales Reales en uno de los pesados carruajes militares.

Ella no tenía ninguna razón para negarse.

Ya había perdido cualquier lugar al que pudiera regresar.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 4

Historia del Pecado Original, páginas 37-48

 

La herida de Seth no era demasiado grave, pero por seguridad acabó recibiendo tratamiento en un hospital de las Doce Capitales Reales.

Se subió a uno de los enormes carros automatizados de las fuerzas de seguridad y regresó con el soldado que lo conducía.

Adam acabó quedándose en el pueblo de Nemu durante un tiempo junto con su guardaespaldas, Gammon.

Naturalmente, su objetivo era buscar a la «Bruja del Bosque».

Y Eve… les sirvió de guía cuando los dos se dirigieron al Bosque de Held, así como de conductora del carruaje.

La tarifa que le pagaban por este servicio le reportaba un beneficio mucho mayor que sus ingresos por la venta de ingredientes del bosque, así que no tenía motivos para negarse.

Eve conocía las aldeas donde vivía la gente del bosque, así que primero los llevó a ellas.

Luego intentaron ir a los lugares donde se rumoreaba que estaba la bruja, o simplemente se movieron sin rumbo.

Pero los días pasaron sin lograr ningún resultado en particular.

 

Un día los tres avanzaron por un sendero del bosque con el carruaje automatizado.

El cielo estaba encapotado con densas nubes. Cuando Eve sugirió que podría llover, Adam respondió que tal vez debían terminar la búsqueda temprano ese día.

—De todas formas, eres bastante hábil con la conducción del carruaje automatizado, Eve —felicitó Adam—. Al menos lo suficiente como para poder moverte con tanta soltura por caminos tan estrechos.

—No es gran cosa si te acostumbras. Pero, como es de esperar, no se puede llegar a las partes más profundas del bosque con un carruaje.

—La gente rara vez va por lugares como esos, así que no es probable que sean objetivos de los hombres de la tribu, y por lo tanto hay una baja probabilidad de que la bruja aparezca allí.

Juntando la información que Adam y Gammon habían podido obtener hasta ahora, la Bruja del Bosque aparentemente hacía sus apariciones en público para rescatar a la gente atacada por el ejército blanco.

Pero extrañamente, ninguna de las personas que habían sido rescatadas por ella podía recordar el aspecto de la bruja.

—Tiene el pelo verde, es una mujer, y dispara rayos desde una cuchara azul… Eso es todo lo que pueden recordar, curiosamente.

—Probablemente todos se quedan en estado de shock cuando son atacados por el ejército blanco, así que es comprensible que no lo recuerden, ¿no?

—Eso quiero creer. Tal vez… esa bruja puede usar un hechizo que manipule la mente de la gente.

Al escuchar eso, los ojos de Eve se abrieron por un momento. Luego se rió nerviosamente.

—Si ese hechizo existiera sería muy conveniente. Si lo tuviera, controlaría a todos los peces gordos para que me hicieran reina.

—Jaja, supongo que sí. Podrías tener toda la riqueza e influencia que quisieras… ¿Has oído hablar de algún hechizo como ese?

—Me he criado en un pueblo de hechiceros durante más de veinte años, pero ni una sola vez he oído de algo así, no. ¿Sabes, Adam? Pareces saber mucho.

—Apenas he hecho estudios sobre magia.

—Huh… Me sorprendente, ¿no era que tenías mucho potencial mágico?

—Supe de eso hace relativamente poco.

Mientras los dos hablaban, Gammon se limitaba a mirar a su alrededor sin mostrar el menor interés por su conversación.

A lo largo de estos últimos días Eve había podido aprender bastante bien que, si bien era un hombre muy dedicado a su trabajo, era una persona muy estricta, poco flexible.

Adam también era bastante serio, pero al menos era fácil llevarse bien con él.

Entre la gente que venía de la capital había de vez en cuando algunos que miraban con desprecio a pueblerinos como Eve, pero Adam nunca dio muestras de ese comportamiento.

Por lo que ella había oído, aunque él vivía actualmente en las Doce Capitales Reales, se había criado en la costa, al oeste.

—Al igual que tú… fui huérfano.

Al parecer, cuando era niño había podido ganarse la vida y evitar el hambre cazando peces en el mar.

—Un día se me apareció de repente un hombre. Me llevó a su casa en la capital real y me adoptó como hijo. Incluso ahora no estoy seguro de por qué lo hizo. Después recibí una educación como estudiante bajo mi padre adoptivo-Horus Solntse.

—¿No tuviste ninguna figura paterna hasta entonces?

Ante la pregunta de Eve, Adam respondió sin dudar:

—Sí, tuve una madre. … Aunque era una ballena.

—¿Eh?

—Desde que tengo uso de razón, esa ballena blanca siempre estuvo a mi lado. Me cuidaba… O eso creía yo. Aunque nunca hizo nada para ayudarme realmente, ja, ja.

—…

—¿Crees que mi historia es extraña?

—Mm, nooo… —Eve sacudió la cabeza y luego respondió con seriedad—: Estoy segura de que esa ballena debía ser la manifestación de un espíritu.

—¿Un espíritu?

—Hay muchos en este bosque; espíritus que toman la forma de animales. Petirrojos, ardillas… No puedo hablar con ellos, pero sé que existen.

—Ya veo…

Adam escuchó el relato de Eve, sin ofrecer ni afirmaciones ni negaciones.

—Yo también… tuve momentos cuando era niña en los que me sentía muy sola. Mi madre y mi padre adoptivos eran personas muy amables. Pero, por supuesto, no eran mis verdaderos padres… No podía soportar eso.

—… Entiendo ese sentimiento.

—Una noche salí corriendo del pueblo y me adentré en el bosque. Pero estaba muy oscuro, y no podía distinguir nada… Me senté sola y empecé a llorar. Y entonces… apareció.

Los hombros de Eve se estremecieron débilmente.

Una gota de agua cayó del cielo y le dio en la cara.

Había empezado a llover. El carruaje no tenía techo.

Eve detuvo el carruaje bajo la sombra de un gran árbol para no empaparse.

—¿Apareció…? —preguntó Adam.

—Un oso. Un espantoso oso… Aquí, mira.

Eve se arremangó de repente la falda.

Adam, sin pensarlo, apartó los ojos al ver su piel desnuda.

Pero cuando notó la gran cicatriz en su muslo, recuperó la compostura.

—¿Te mordió?

—Tenía hambre. Un poco más y habría acabado dentro del estómago de ese oso. Pero en ese momento, todos los animales del bosque atacaron a la vez a ese oso… Y me salvaron.

—Así que fueron… espíritus del bosque.

—Nunca volví a ver un oso en ese bosque. Puede que los espíritus se deshicieran de ellos, o quizás me dirigen para que nunca me acercara a uno… En cualquier caso, los espíritus son mis amigos, y les debo la vida.

Eve nunca le había contado esa historia a nadie, porque sentía que cualquiera que no supiera mucho sobre el bosque pensaría que era un cuento estúpido, pero bajo aquella llovizna, Adam la escuchó hablar con semblante serio.

Eve empezó a arrepentirse de habérselo contado.

Pensando en sus objetivos… Sería natural que comenzara a tener algunas dudas hacia Eve, al escuchar esa historia.

—Eve. Así que realmente eres…

Antes de que Adam pudiera seguir hablando, de golpe escucharon una fuerte explosión a lo lejos.

—¿¡-!?

Todos se volvieron hacia allí a la vez.

… Había humo proveniente de la dirección de la aldea Nemu.

—-¿¡Qué ha pasado!? —gritó Gammon mientras sacaba la espada que tenía envainada en su cadera.

Lo que vino a la mente de Eve fue el ejército blanco.

Nunca habían atacado la aldea directamente… Y sin embargo, no se le ocurría otra cosa que pudiera ser.

Como para apoyar esa corazonada, varios hombres de la tribu, empuñando diversas armas, aparecieron de entre las sombras de los árboles y rodearon el carruaje.

—No os dejaremos volver a la aldea —dijo una mujer situada en el centro de los hombres de la tribu, mirando con desprecio a Eve y a los demás.

Gammon bajó rápidamente del carruaje y dirigió su mirada penetrante a la mujer.

—Tú debes ser la comandante del ejército blanco… El “Demonio Blanco de Jakoku”.

—Oh, vaya. Qué impresionante que conozcas mi ilustre título… Tus secuaces te sirven bien, parece. — Gammon le preguntó si había venido aquí como venganza por lo ocurrido en las llanuras, pero Raisa negó con la cabeza—. Aunque guardo un poco de rencor por eso, esto es más bien una prueba.

—¿De qué estás hablando?

—Yo… O mejor dicho, todos nosotros, estamos planeando hacer “fuegos artificiales” mucho más grandes que los de antes.

Sin dar ninguna indicación de que fuera a dar más explicaciones, Raisa y sus secuaces empezaron a acercarse al carruaje, con las armas preparadas.

—¡Patanes, id con cuidado! El bastardo militar parece bastante duro. Por no hablar de que… —Raisa miró a Eve—. -Viaja con la “Bruja del Bosque».

Como en respuesta a esas palabras, Eve bajó del carruaje y se puso al lado de Gammon.

—… Parece que hay un malentendido. No soy una bruja.

Eve mantuvo un comportamiento tranquilo, pero en respuesta a eso Raisa dejó al descubierto su ira.

—¡No me mientas! Innumerables personas de mi pueblo han sido reducidas a cenizas por ti.

En cuanto habló, Raisa corrió hacia Eve.

Un fuego pálido se enroscó alrededor del arma larga y delgada que sostenía en ambas manos.

Estas llamas no fueron apagadas por la lluvia; probablemente eran producto de algún tipo de magia, o bien producidas por un poder único que ella tenía.

—…

Eve miró brevemente a Adam, que seguía dentro del carruaje.

Parecía que él tenía algo que quería decirle a Eve.

Ella no tenía tiempo para dudar ahora.

Primero… tendría que hacer arreglárselas con el enemigo que tenía delante.

Y también estaba preocupada por la aldea.

-Eve sacó la cuchara que llevaba escondida.

Una cuchara azul. El objeto al que se refería públicamente como la varita de la Bruja del Bosque. Para Eve era un recuerdo que había recibido de su madre adoptiva.

La giró hacia Raisa, que seguía dirigiéndose hacia ella.

Y entonces -sin expresión y de forma concisa- entonó una breve frase de hechizo.

—¡Medvedi ubit!

Y todo terminó.

Era un hechizo de rayo que le había enseñado su padre adoptivo.

Un gran rayo salió disparado de la cuchara, y entonces Raisa y sus subordinados en su totalidad fueron tragados por un destello de luz.

 

-El rayo que había engullido la zona no tuvo ningún efecto sobre los árboles del bosque ni sobre los animales.

Lo mismo ocurrió con Adam y Gammon, que estaban cerca de Eve.

El hechizo de rayo sólo quemaba a aquellos contra los que atacaba, por ello, después de que el destello de luz desapareciera, todos los miembros de la tribu que habían estado rodeando el carruaje habían sido reducidos a cadáveres carbonizados.

… No, había una excepción.

Raisa debió recibir la peor parte del rayo, y a pesar de que su cuerpo había sufrido enormes quemaduras, aún se aferraba a la vida.

—Vaya… estoy sorprendida. Es la primera vez que alguien recibe ese disparo y sobrevive. —Eve miró a Raisa con una expresión frívola.

—Hi… Hija de… puta.

Gammon agarró el cuerpo de Raisa mientras ésta intentaba arrastrarse hacia el bosque para escapar.

—Qué recompensa tan inesperada poder capturar a la líder del ejército blanco. Por ahora llevémosla a la aldea-

Al girar el rostro hacia la aldea, Gammon dejó de hablar.

Todavía salía humo de esa dirección.

Eve volvió a subir rápidamente al carruaje y puso la mano en el cristal de control.

Pero Adam la agarró del brazo.

—Es peligroso ir a la aldea ahora. El grueso del ejército blanco probablemente la esté atacando.

—¡Por eso tenemos que ir a ayudar a mi padre y los demás!

Gammon lanzó algo al carruaje cuando éste se puso en marcha.

Adam cogió el arma.

—Esto es…

Era la espada de forma peculiar que Raisa llevaba antes.

—¡Cógela! Debería servirte para protegerte —le gritó Gammon a Adam—. No puedo dejar que Raisa se escape. Tendrás que ir por tu cuenta.

Sus palabras eran en cierto modo un abandono de sus responsabilidades como guardaespaldas, pero dadas las circunstancias debió de juzgar que no podía hacer nada más.

O tal vez estaba deslumbrado por el potencial de gloria que había caído ante él.

A Eve no le importaba qué era.

Sea como fuere, ahora estaba concentrada en la situación de la aldea.

«Mi padre no se dejará vencer por el ejército blanco tan fácilmente…»

Los residentes de la aldea de Nemu eran una banda de hechiceros antaño famosos.

Aun así, Eve no pudo evitar el malestar en su pecho.

El carruaje se puso en marcha, con Adam sentado dentro.

Y así, avanzaron a toda velocidad por el camino del bosque, en dirección a la aldea.