Historia del Pecado Original, páginas 37-48
La herida de Seth no era demasiado grave, pero por seguridad acabó recibiendo tratamiento en un hospital de las Doce Capitales Reales.
Se subió a uno de los enormes carros automatizados de las fuerzas de seguridad y regresó con el soldado que lo conducía.
Adam acabó quedándose en el pueblo de Nemu durante un tiempo junto con su guardaespaldas, Gammon.
Naturalmente, su objetivo era buscar a la «Bruja del Bosque».
Y Eve… les sirvió de guía cuando los dos se dirigieron al Bosque de Held, así como de conductora del carruaje.
La tarifa que le pagaban por este servicio le reportaba un beneficio mucho mayor que sus ingresos por la venta de ingredientes del bosque, así que no tenía motivos para negarse.
Eve conocía las aldeas donde vivía la gente del bosque, así que primero los llevó a ellas.
Luego intentaron ir a los lugares donde se rumoreaba que estaba la bruja, o simplemente se movieron sin rumbo.
Pero los días pasaron sin lograr ningún resultado en particular.
Un día los tres avanzaron por un sendero del bosque con el carruaje automatizado.
El cielo estaba encapotado con densas nubes. Cuando Eve sugirió que podría llover, Adam respondió que tal vez debían terminar la búsqueda temprano ese día.
—De todas formas, eres bastante hábil con la conducción del carruaje automatizado, Eve —felicitó Adam—. Al menos lo suficiente como para poder moverte con tanta soltura por caminos tan estrechos.
—No es gran cosa si te acostumbras. Pero, como es de esperar, no se puede llegar a las partes más profundas del bosque con un carruaje.
—La gente rara vez va por lugares como esos, así que no es probable que sean objetivos de los hombres de la tribu, y por lo tanto hay una baja probabilidad de que la bruja aparezca allí.
Juntando la información que Adam y Gammon habían podido obtener hasta ahora, la Bruja del Bosque aparentemente hacía sus apariciones en público para rescatar a la gente atacada por el ejército blanco.
Pero extrañamente, ninguna de las personas que habían sido rescatadas por ella podía recordar el aspecto de la bruja.
—Tiene el pelo verde, es una mujer, y dispara rayos desde una cuchara azul… Eso es todo lo que pueden recordar, curiosamente.
—Probablemente todos se quedan en estado de shock cuando son atacados por el ejército blanco, así que es comprensible que no lo recuerden, ¿no?
—Eso quiero creer. Tal vez… esa bruja puede usar un hechizo que manipule la mente de la gente.
Al escuchar eso, los ojos de Eve se abrieron por un momento. Luego se rió nerviosamente.
—Si ese hechizo existiera sería muy conveniente. Si lo tuviera, controlaría a todos los peces gordos para que me hicieran reina.
—Jaja, supongo que sí. Podrías tener toda la riqueza e influencia que quisieras… ¿Has oído hablar de algún hechizo como ese?
—Me he criado en un pueblo de hechiceros durante más de veinte años, pero ni una sola vez he oído de algo así, no. ¿Sabes, Adam? Pareces saber mucho.
—Apenas he hecho estudios sobre magia.
—Huh… Me sorprendente, ¿no era que tenías mucho potencial mágico?
—Supe de eso hace relativamente poco.
Mientras los dos hablaban, Gammon se limitaba a mirar a su alrededor sin mostrar el menor interés por su conversación.
A lo largo de estos últimos días Eve había podido aprender bastante bien que, si bien era un hombre muy dedicado a su trabajo, era una persona muy estricta, poco flexible.
Adam también era bastante serio, pero al menos era fácil llevarse bien con él.
Entre la gente que venía de la capital había de vez en cuando algunos que miraban con desprecio a pueblerinos como Eve, pero Adam nunca dio muestras de ese comportamiento.
Por lo que ella había oído, aunque él vivía actualmente en las Doce Capitales Reales, se había criado en la costa, al oeste.
—Al igual que tú… fui huérfano.
Al parecer, cuando era niño había podido ganarse la vida y evitar el hambre cazando peces en el mar.
—Un día se me apareció de repente un hombre. Me llevó a su casa en la capital real y me adoptó como hijo. Incluso ahora no estoy seguro de por qué lo hizo. Después recibí una educación como estudiante bajo mi padre adoptivo-Horus Solntse.
—¿No tuviste ninguna figura paterna hasta entonces?
Ante la pregunta de Eve, Adam respondió sin dudar:
—Sí, tuve una madre. … Aunque era una ballena.
—¿Eh?
—Desde que tengo uso de razón, esa ballena blanca siempre estuvo a mi lado. Me cuidaba… O eso creía yo. Aunque nunca hizo nada para ayudarme realmente, ja, ja.
—…
—¿Crees que mi historia es extraña?
—Mm, nooo… —Eve sacudió la cabeza y luego respondió con seriedad—: Estoy segura de que esa ballena debía ser la manifestación de un espíritu.
—¿Un espíritu?
—Hay muchos en este bosque; espíritus que toman la forma de animales. Petirrojos, ardillas… No puedo hablar con ellos, pero sé que existen.
—Ya veo…
Adam escuchó el relato de Eve, sin ofrecer ni afirmaciones ni negaciones.
—Yo también… tuve momentos cuando era niña en los que me sentía muy sola. Mi madre y mi padre adoptivos eran personas muy amables. Pero, por supuesto, no eran mis verdaderos padres… No podía soportar eso.
—… Entiendo ese sentimiento.
—Una noche salí corriendo del pueblo y me adentré en el bosque. Pero estaba muy oscuro, y no podía distinguir nada… Me senté sola y empecé a llorar. Y entonces… apareció.
Los hombros de Eve se estremecieron débilmente.
Una gota de agua cayó del cielo y le dio en la cara.
Había empezado a llover. El carruaje no tenía techo.
Eve detuvo el carruaje bajo la sombra de un gran árbol para no empaparse.
—¿Apareció…? —preguntó Adam.
—Un oso. Un espantoso oso… Aquí, mira.
Eve se arremangó de repente la falda.
Adam, sin pensarlo, apartó los ojos al ver su piel desnuda.
Pero cuando notó la gran cicatriz en su muslo, recuperó la compostura.
—¿Te mordió?
—Tenía hambre. Un poco más y habría acabado dentro del estómago de ese oso. Pero en ese momento, todos los animales del bosque atacaron a la vez a ese oso… Y me salvaron.
—Así que fueron… espíritus del bosque.
—Nunca volví a ver un oso en ese bosque. Puede que los espíritus se deshicieran de ellos, o quizás me dirigen para que nunca me acercara a uno… En cualquier caso, los espíritus son mis amigos, y les debo la vida.
Eve nunca le había contado esa historia a nadie, porque sentía que cualquiera que no supiera mucho sobre el bosque pensaría que era un cuento estúpido, pero bajo aquella llovizna, Adam la escuchó hablar con semblante serio.
Eve empezó a arrepentirse de habérselo contado.
Pensando en sus objetivos… Sería natural que comenzara a tener algunas dudas hacia Eve, al escuchar esa historia.
—Eve. Así que realmente eres…
Antes de que Adam pudiera seguir hablando, de golpe escucharon una fuerte explosión a lo lejos.
—¿¡-!?
Todos se volvieron hacia allí a la vez.
… Había humo proveniente de la dirección de la aldea Nemu.
—-¿¡Qué ha pasado!? —gritó Gammon mientras sacaba la espada que tenía envainada en su cadera.
Lo que vino a la mente de Eve fue el ejército blanco.
Nunca habían atacado la aldea directamente… Y sin embargo, no se le ocurría otra cosa que pudiera ser.
Como para apoyar esa corazonada, varios hombres de la tribu, empuñando diversas armas, aparecieron de entre las sombras de los árboles y rodearon el carruaje.
—No os dejaremos volver a la aldea —dijo una mujer situada en el centro de los hombres de la tribu, mirando con desprecio a Eve y a los demás.
Gammon bajó rápidamente del carruaje y dirigió su mirada penetrante a la mujer.
—Tú debes ser la comandante del ejército blanco… El “Demonio Blanco de Jakoku”.
—Oh, vaya. Qué impresionante que conozcas mi ilustre título… Tus secuaces te sirven bien, parece. — Gammon le preguntó si había venido aquí como venganza por lo ocurrido en las llanuras, pero Raisa negó con la cabeza—. Aunque guardo un poco de rencor por eso, esto es más bien una prueba.
—¿De qué estás hablando?
—Yo… O mejor dicho, todos nosotros, estamos planeando hacer “fuegos artificiales” mucho más grandes que los de antes.
Sin dar ninguna indicación de que fuera a dar más explicaciones, Raisa y sus secuaces empezaron a acercarse al carruaje, con las armas preparadas.
—¡Patanes, id con cuidado! El bastardo militar parece bastante duro. Por no hablar de que… —Raisa miró a Eve—. -Viaja con la “Bruja del Bosque».
Como en respuesta a esas palabras, Eve bajó del carruaje y se puso al lado de Gammon.
—… Parece que hay un malentendido. No soy una bruja.
Eve mantuvo un comportamiento tranquilo, pero en respuesta a eso Raisa dejó al descubierto su ira.
—¡No me mientas! Innumerables personas de mi pueblo han sido reducidas a cenizas por ti.
En cuanto habló, Raisa corrió hacia Eve.
Un fuego pálido se enroscó alrededor del arma larga y delgada que sostenía en ambas manos.
Estas llamas no fueron apagadas por la lluvia; probablemente eran producto de algún tipo de magia, o bien producidas por un poder único que ella tenía.
—…
Eve miró brevemente a Adam, que seguía dentro del carruaje.
Parecía que él tenía algo que quería decirle a Eve.
Ella no tenía tiempo para dudar ahora.
Primero… tendría que hacer arreglárselas con el enemigo que tenía delante.
Y también estaba preocupada por la aldea.
-Eve sacó la cuchara que llevaba escondida.
Una cuchara azul. El objeto al que se refería públicamente como la varita de la Bruja del Bosque. Para Eve era un recuerdo que había recibido de su madre adoptiva.
La giró hacia Raisa, que seguía dirigiéndose hacia ella.
Y entonces -sin expresión y de forma concisa- entonó una breve frase de hechizo.
—¡Medvedi ubit!
Y todo terminó.
Era un hechizo de rayo que le había enseñado su padre adoptivo.
Un gran rayo salió disparado de la cuchara, y entonces Raisa y sus subordinados en su totalidad fueron tragados por un destello de luz.
-El rayo que había engullido la zona no tuvo ningún efecto sobre los árboles del bosque ni sobre los animales.
Lo mismo ocurrió con Adam y Gammon, que estaban cerca de Eve.
El hechizo de rayo sólo quemaba a aquellos contra los que atacaba, por ello, después de que el destello de luz desapareciera, todos los miembros de la tribu que habían estado rodeando el carruaje habían sido reducidos a cadáveres carbonizados.
… No, había una excepción.
Raisa debió recibir la peor parte del rayo, y a pesar de que su cuerpo había sufrido enormes quemaduras, aún se aferraba a la vida.
—Vaya… estoy sorprendida. Es la primera vez que alguien recibe ese disparo y sobrevive. —Eve miró a Raisa con una expresión frívola.
—Hi… Hija de… puta.
Gammon agarró el cuerpo de Raisa mientras ésta intentaba arrastrarse hacia el bosque para escapar.
—Qué recompensa tan inesperada poder capturar a la líder del ejército blanco. Por ahora llevémosla a la aldea-
Al girar el rostro hacia la aldea, Gammon dejó de hablar.
Todavía salía humo de esa dirección.
Eve volvió a subir rápidamente al carruaje y puso la mano en el cristal de control.
Pero Adam la agarró del brazo.
—Es peligroso ir a la aldea ahora. El grueso del ejército blanco probablemente la esté atacando.
—¡Por eso tenemos que ir a ayudar a mi padre y los demás!
Gammon lanzó algo al carruaje cuando éste se puso en marcha.
Adam cogió el arma.
—Esto es…
Era la espada de forma peculiar que Raisa llevaba antes.
—¡Cógela! Debería servirte para protegerte —le gritó Gammon a Adam—. No puedo dejar que Raisa se escape. Tendrás que ir por tu cuenta.
Sus palabras eran en cierto modo un abandono de sus responsabilidades como guardaespaldas, pero dadas las circunstancias debió de juzgar que no podía hacer nada más.
O tal vez estaba deslumbrado por el potencial de gloria que había caído ante él.
A Eve no le importaba qué era.
Sea como fuere, ahora estaba concentrada en la situación de la aldea.
«Mi padre no se dejará vencer por el ejército blanco tan fácilmente…»
Los residentes de la aldea de Nemu eran una banda de hechiceros antaño famosos.
Aun así, Eve no pudo evitar el malestar en su pecho.
El carruaje se puso en marcha, con Adam sentado dentro.
Y así, avanzaron a toda velocidad por el camino del bosque, en dirección a la aldea.

Una respuesta a “Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 4”