Historia del Pecado Original, páginas 69-73
—¿Una prueba para reina? —preguntó Eve a su compañero mientras caminaban por la calle principal de Asmouse.
—Sí. Pero, aunque se le llame prueba, no necesitas hacer ninguna preparación. Es principalmente una formalidad en la que te encuentras cara a cara con la actual reina para que ella te acepte como su sucesora —respondió Adam alegremente.
Eve le preguntó en qué consistía concretamente, pero parecía que Adam no lo sabía.
—Sólo la propia reina lo sabe. Ni siquiera el jefe del senado puede estar presente.
Según Adam, en este país tener un alto poder mágico significaba que estabas estrechamente relacionado con los dioses.
—Cuando se fundó el país, el cargo de reina era hereditario. Pero… la quinta reina no pudo tener hijos.
—Vaya… ¿Y qué pasó?
—Ella propuso la doctrina de que “todos los que viven en esta tierra son hijos de dios”, y el poder mágico se convirtió en la prueba del favor que los dioses te tenían.
—Entonces la gente que no tiene habilidad mágica…
—Eso los convertiría en personas que no son amadas por los dioses. No son perseguidos por ello ni nada por el estilo, pero es difícil que salgan adelante en la vida en la capital. De todos modos, junto con esa declaración eliminó el sistema hereditario. Cambió la ley para que la gente que tuviera un alto poder mágico pudiera ascender al trono.
Hasta ahora Eve no tenía ni idea de que la magia tuviera tal significado.
—¿Eso es de conocimiento general?
—No lo sé. Es algo que aprendí después de ser adoptado por mi difunto padre y de empezar a estudiar en la capital real.
—Oh, sí, por supuesto. No soy más que una ignorante pueblerina —Eve hizo un mohín.
En la aldea en la que se crió no había escuela, y nunca había necesitado recibir educación.
Cómo labrar un campo, cómo detectar las plantas venenosas y usar la magia para defenderse… eso era lo que le habían enseñado a Eve.
—Vamos, no te enfades tanto. Ahora deberías estudiar un poco. Puedo ser tu profesor si quieres.
—Sí… Prefiero que me enseñes tú a alguien que no conozco.
Eve se acercó a Adam.
Habiendo perdido a su padre y llegado a una capital desconocida, él era el único en quien podía confiar.
A diferencia del tranquilo pueblo de Nemu, esta ciudad estaba llena de edificios.
Adam se detuvo ante uno de ellos, una estructura con paredes rojas.
—Ya llegamos —dijo.
Eve entró en el edificio tras Adam cuando éste abrió la puerta.
Parecía que este lugar era una tienda de artículos de comedor. Cerámicas de varios colores y tamaños estaban alineadas en los estantes.
—Vas a vivir en el instituto durante un tiempo. Deberías comprar algo de tu propia vajilla.
Animada por Adam, Eve recorrió los utensilios de comedor del edificio.
Finalmente, sus ojos se posaron en un artículo rojo que destacaba en el centro de una estantería.
—Esto es extraño… Parece ser transparente…
Un hombre de mediana edad que parecía ser el propietario se acercó a Eve con una sonrisa en la cara.
—Eso es una “copa”, jovencita.
—¿Una copa…?
—Se crea mediante el calentamiento de la arena. Sólo puede hacerse con un artefacto que hay aquí en Asmouse, y casi nadie ha visto algo igual fuera de las Doce Capitales Reales. El vidrio coloreado es especialmente valioso.
—Pero entonces… eso lo hace caro, ¿no?
—Bueno, sí…
Y ahí el dueño miró a Adam, que estaba mirando unos platos.
Parecía ser que Adam era un cliente habitual de la tienda. Al darse cuenta de lo que pasaba, se acercó y empezó a hablar con el dueño.
—Parece que su amiga está interesada en esta copa, señor Adam.
—Vaya, ¿una copa roja? Qué raro. Pero… —Adam se volvió hacia Eve—. ¿Bebes vino?
—¿Eh? Oh, no. Mi padre lo bebía, y también lo preparaba, pero yo no.
—Entonces no la necesitas. Estas copas son para el vino.
—Erm… —Eve pensó por un momento, y luego respondió—: Entonces tomaré café con ella.
—Ja, ja… Supongo que está bien. Muy bien, nos quedamos con esto.
A continuación, Eve seleccionó otras piezas de vajilla que le gustaban, y Adam se las compró al dueño de la tienda.
Eve no tenía ni un céntimo, ya que había salido de su pueblo sin nada más que la ropa que llevaba puesta. No le quedaba más remedio que depender de Adam para vivir, pero como jefe del Instituto de Investigación Real era, al parecer, lo suficientemente rico, y no se inmutaba ante el pago de tales gastos.
—Una vez que te conviertas en reina, nunca más te faltará dinero.
Continuó diciendo con una sonrisa que ella podría devolverle el dinero más tarde.
Es decir, que se lo devolviera cuando se hiciera poderosa.
—Pero si no puedo llegar a ser reina…
—Lo serás —declaró Adam con seguridad, interrumpiendo a Eve—. Eres la persona más adecuada para ser reina. No sólo por tu magia. Tengo… un presentimiento.
—No ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos.
—Pero de alguna manera se siente como si ya te conociera.
Parecía una frase frívola.
Y sin embargo, Eve no dijo nada para repudiar sus palabras.
Ella también sentía lo mismo que Adam.
«Desde… la primera vez que lo ví».
Y esos sentimientos sólo se habían hecho más fuertes desde que llegaron juntos a la ciudad.

Una respuesta a “Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 7”