Historia del Pecado Original, páginas 108-115
Los otros diez investigadores no se quejaron de que Adam fuera el nuevo director.
Los conocimientos y la capacidad de Adam, criado desde muy joven bajo la tutela de Horus, eran algo que todos habían comprobado por sí mismos.
En ese momento, el propio Adam había desarrollado un interés por las piezas del legado, que tan llenas de misterio estaban, e incluso llegó a disfrutar investigando cómo utilizarlas mejor.
Pero, al mismo tiempo, también se sentía abatido por el hecho de que se convirtieran en herramientas de conflicto político entre los que tenían autoridad.
«¿Padre pensaba lo mismo?», pensó Adam.
La verdad que Horus le había dicho a Adam antes de irse…
«Soy… el hijo de la reina…»
Seguía ardiendo en un rincón de su corazón.
Un día, el hombre llamado Gammon, que era jefe de la fuerza de paz, visitó el instituto.
—Busco el paradero de Sir Horus —informó Gammon a Adam.
Adam le miró dudoso.
—No creo que ese sea el trabajo del jefe de las fuerzas de paz. Y mi padre se fue por su cuenta, buscando un lugar para morir.
—¿Estás insinuando que es descortés de mi parte buscarlo deliberadamente?
—Sí. Y probablemente ya haya… exhalado su último aliento.
—Si ha muerto, al menos quiero que se le haga un servicio de duelo adecuado, para que pueda descansar tranquilo.
La razón de Gammon para insistir en el asunto con Horus… Adam la conocía muy bien.
Sacó la lista de nombres del cajón de su escritorio y abrió una de sus páginas para mostrársela a Gammon.
-Y entonces el otro hombre lo entendió todo.
—Así que sabes de la relación entre Horus y yo.
—Estabas conspirando con mi padre para iniciar una especie de golpe antigubernamental. Imagino que sería bastante desafortunado para ti si eso se hiciera público.
Más aún teniendo en cuenta que Gammon no sólo era el jefe de la fuerza de paz, sino también el hijo del jefe del Senado.
—¿Intentas amenazarme?
Gammon lo fulminó con la mirada, pero Adam negó con la cabeza, sonriendo.
—No es como si la existencia de esta lista fuera muy conveniente para mí, eh.
Si el Senado se enteraba de la verdadera naturaleza de su padre, era muy probable que eso significara un desastre para Adam.
Gammon parecía comprenderlo, pero seguía sin mostrar signos de relajar la tensión en su rostro.
—… Entonces me pregunto de qué lado piensas ponerte. ¿Aceptarás la voluntad de Sir Horus, o…?
—Francamente, aún no lo he decidido. Yo respetaba a mi padre, pero al mismo tiempo también lo odiaba. Y hay… varias cosas que considerar, en lo que a mí me respecta.
—¿…?
—Bueno, tratemos de llevarnos bien, por ahora. Tal vez esto termine siendo mutuamente conveniente para ambos… Ah, ¿quieres un café?
Gammon asintió sin palabras a la sugerencia de Adam.
Adam y Gammon se reunieron de vez en cuando después de eso.
A medida que avanzaban en sus interacciones, Adam llegó a aprender más y más qué clase de hombre era ese Gammon Loop Octopus.
A pesar de ser el hijo mayor de la familia Loop Octopus, al ser impotente mágicamente, había sido rechazado por su padre, finalmente siendo expulsado de su herencia.
Aun así, estudió incansablemente las armas y la esgrima, y consiguió ascender al rango de jefe de las fuerzas de paz.
Sin embargo, en la actualidad parecía no poder esperar llegar más lejos que eso, después de todo…
Lo más interesante es que, a pesar de no poder usar la magia, había nacido poseyendo una extraña habilidad.
—-De vez en cuando veo sueños. Sueños de color púrpura —había soltado un Gammon de mejillas rojizas mientras bebían vino en un bar junto a él—. Y lo que veo en esos sueños se hace realidad unos días después.
—Vaya, así que tienes sueños proféticos.
—Supongo que tengo el poder de los «Herederos de Rahab»… A decir verdad, toda la gente de la familia Loop Octopus lo tiene en un grado u otro… ¿Sabes qué significa eso?
—No…
—La reina tiene su posición por poder escuchar la “voz de los dioses”, y luego decírselo a la gente a través de una profecía, pero mi familia también puede predecir el futuro, aunque nuestros métodos sean diferentes. En otras palabras…
Y allí Gammon bebió algo de vino, y le dijo a Adam con decisión:
—-No necesitamos una reina.
—…
Entonces, esta debía ser una de las razones de los sentimientos anti-gubernamentales de Gammon.
Que no había ninguna razón para que un hombre como él, que tiene tales poderes… el mismo poder que se necesita para ser el gobernante de este país, estuviera tambaleándose en su estatus actual.
No lo había declarado abiertamente, pero sonaba como si estuviera conspirando para convertirse en el rey del país en lugar de la reina.
Adam no había revelado a Gammon que era el hijo de la reina. Si lo hubiera sabido, probablemente no le habría contado a Adam su teoría de que ella era innecesaria.
Adam estaba indeciso sobre la idea de Gammon, pero por otro lado podía empatizar con él.
-Quien se convirtiera en gobernante debería ser alguien adecuado para tal rol.
Todas las personas que viven en esta tierra son hijos de dios… ¿Cuánto tiempo estaría este país atado a una doctrina tan manida?
¿Qué habían hecho los dioses por ellos?
¿Dar profecías a través de la reina?
Lo que verdaderamente salvó a este país fueron los dispositivos nacidos de la investigación de las piezas del legado… Es decir, los esfuerzos del Instituto de Investigación Real.
¿No era hora de que Levianta recuperara la definición correcta de «reino»?
La fundación de una familia real, y la herencia del cargo basada en el linaje…
Si eso se hiciera realidad, se acabarían las disputas inútiles en el Senado.
-Entonces, ¿quién sería el más adecuado como gobernante de este país?
Sería alguien que tuviera la sangre de la actual reina fluyendo a través de él, y que tuviera el mayor conocimiento de los antiguos artefactos que eran tan esenciales para este país…
«Sí… yo».
Era una idea escandalosamente ambiciosa.
No había forma de que saliera bien, y Adam no tenía ningún deseo de provocar un conflicto inútil para conseguirlo.
«Pero si tengo la oportunidad…»
Gammon le dio una palmada a Adam en el hombro mientras se perdía en sus pensamientos.
—Ey… ¿Estás escuchando?
—Eeh… Lo siento. ¿Qué es lo que decías?
—Cómo no… Esta puede ser una teoría muy loca, pero… —Gammon continuó hablando, con un tono tembloroso—. … Mi familia puede adivinar el futuro… Mi padre, Miroku, también. Así que, aunque no hubiera reina… Si, digamos, hubiera muerto hace mucho tiempo, entonces nadie se hubiera cuenta…
—… ¿Oh?
—La reina no se ha mostrado en público desde hace casi veinte años.
—Eso es… porque sólo el jefe del senado puede reunirse con ella directamente-
—Mi padre fue el que decidió eso… después de convertirse en jefe del senado…
Se podría decir que era una tontería dicha por un borracho, y no pensar mucho en ello…
Pero si esa fuera la verdad… entonces eso significaría que en esencia Miroku estaba reinando sobre el país como su gobernante.
«… No, esa es una noción absurda».
Su padre, Horus, lo había dicho, ¿no es así?
Que la reina estaba siendo controlada con una droga.
Si ese fuera realmente el caso, entonces Miroku no tendría ninguna razón para matar a su madre.
«Pero… el hecho es que Miroku es quien tiene todo el poder en este país».
Adam necesitaba reunirse con alguien que supiera la verdad.
Pero el propio Miroku nunca confesaría nada de esto.
«Este de aquí es su hijo, así que tal vez… No-si pudiera, probablemente lo habría hecho hace tiempo».
Adam miró de reojo a Gammon, que yacía desmayado en el suelo a causa de la bebida.
—Hmm… Supongo que debería dar por terminada la noche.
Justo cuando Adam puso una mano en el hombro de Gammon para despertarlo…
—Vaya, vaya. ¿Es usted… el jefe del Instituto de Investigación Real, por casualidad?
Alguien se acercaba a él, hablando en tono jovial.
—Sí, lo soy…
Adam se quedó sin aliento al ver la cara de esa persona.
«¿Padre…?»
Un hombre que se parecía a Horus, al que había creído muerto, estaba sonriendo ante él.
… Pero Adam volvió a pensar rápidamente.
Este hombre parecía mucho más joven que el verdadero Horus.
Sí, parecía tener más o menos la misma edad que Horus cuando conoció a Adam, cuando apareció de repente en la playa.
—¿Tengo algo en la cara? —preguntó el hombre de gafas, inclinando la cabeza con curiosidad.
—N-no… ¿Tienes algo que hablar conmigo?
—Así es. Pensaba subir mañana al instituto… Qué suerte encontrarte aquí, en un lugar como éste. Ese pelo azul… enseguida me di cuenta de que eras tú, tienes los mismos rasgos de los que me habló mi mentor. —El hombre se puso las manos en la cadera, y comenzó su presentación—. Mi nombre es Seth Twiright. Soy el mejor aprendiz de Horus Solntse, y el mejor científico de este país.
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