Historia del Pecado Original, páginas 81-83
Eve acabo siendo la primera en enfrentarse a la reina.
Tenía que dirigirse al lugar donde la reina vivía, el «Templo de Levia-Behemo», y reunirse con ella allí.
En cuanto a lo que ocurriría después… nadie lo sabía.
El templo estaba situado en el corazón de Alicegrad. Una vez que Eve atravesó la enorme puerta de la «Primera Muralla», donde normalmente se prohibía el paso a cualquier persona ajena a la cabeza del Senado, vio un pequeño campo de flores.
—Qué bonito… —susurró Eve sin pensar.
No había techo, sólo el cielo azul.
Era como un patio en el centro del castillo.
Y parecía que todas las flores de diversos colores estaban bien cuidadas.
Dado que sólo se permitía el paso al jefe del senado, ¿quizás era él quien las hacía florecer?
Eso, o quizás la propia reina-.
Mientras pensaba en esto, Eve caminó a través del campo de flores hasta el edificio blanco en su centro.
Su honesta impresión fue que era mucho más pequeño de lo que esperaba. No era más grande que las casas del pueblo de Nemu, donde se había criado.
Eve tenía la ligera esperanza de que, si se convertía en reina, podría vivir en un lugar mucho más lujoso de a lo que estaba acostumbrada, por lo que abrió lentamente la puerta del templo con una leve decepción.
No había nada, o eso creía al principio.
Parecía un espacio amplio y oscuro rodeado de cuatro paredes blancas.
No había mobiliario glamuroso, ni luces. Tampoco había sirvientes obedientes… Aunque bueno, eso era natural. Al fin y al cabo, aquí sólo entraba el jefe del Senado.
Tenía que encontrar a la reina, y con eso en mente, se movió hacia el interior del espacio vacío.
—¡Ay!
E inmediatamente sintió que algo impactaba en su frente.
Deteniéndose en su camino, Eve miró rápidamente a su alrededor, pero no pudo ver nada que le hubiera golpeado la cabeza.
Lentamente puso su mano frente a ella.
-No podía verlo, pero había algo allí.
Tras tocarlo un momento, se dio cuenta de que se trataba de una pared de cristal transparente.
«Vidrio… Creía que era valioso».
Aunque tal vez era un derecho especial de la reina el poder utilizar algo así como material para la pared de una habitación.
Finalmente, al darse cuenta de que lo que había pensado que era un espacio vacío era en realidad un laberinto invisible hecho de cristal, Eve avanzó tímidamente por él, confiando en la sensación de la palma de su mano, que presionaba la superficie del cristal.
«¿Este laberinto es la prueba? … No puede ser».
La habitación estaba oscura y las paredes eran de cristal. No había nada que le sirviera de referencia. La puerta por la que había entrado se cerró, como si el viento la hubiera movido para ello.
Eve se puso nerviosa al perder poco a poco el sentido de la orientación, pero aun así se las arregló para buscar a la reina con toda su atención.
—Su Majestad, ¿dónde está…? —gritó de repente, pero no hubo respuesta.
Sin embargo, Eve pudo ver una silueta humana en el fondo de la habitación.
—¿Es… usted, Su Majestad? —preguntó a la silueta, pero de nuevo no respondió.
Arrastrándose por la pared de cristal, se acercó a ella.
Pero Eve empezaba a asfixiarse.
Era como si cuanto más se adentrara en la habitación, más disminuía la cantidad de aire.
—… Jah… Jah…
La reina llevaba un vestido blanco puro, y estaba sentada en una silla con ruedas.
Con la conciencia nublada, Eve finalmente alcanzó a la presencia de la reina.
Pero hasta ahí llegó.
Se desplomó en el lugar antes de poder ver el rostro de la reina, y luego perdió la conciencia…

Una respuesta a “Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 10”