Historia del Pecado Original, páginas 84-87
–Su primera visión:
Contemplaba el mundo que se extendía ante ella desde la ventana de un peculiar edificio que surcaba el cielo.
—¡Esto es increíble! —le dijo al chico que estaba a su lado, emocionada.
Pero él no parecía tener mucho interés en el paisaje.
—¿Qué tiene de genial? Es sólo un campo vacío, sin nada.
El chico se parecía a alguien.
No recordaba a quién, pero a pesar de ello sentía que el chico, y quienquiera que se pareciera, eran muy importantes para ella.
—¡Pero si está lleno de gente! —argumentó ella.
Sin embargo, él negó con la cabeza, apático.
—No son personas. Son almas… Todos han muerto. Este mundo fue destruido.
En el momento en que él dijo eso, ella se sintió desolada.
Todo lo que podía ver desde la ventana parecía perder su color.
—¿No podemos hacer que vuelva a ser como antes? —le preguntó al chico.
Pero él respondió bruscamente:
—No.
Y entonces el chico se puso la mano en el pecho.
—Sólo podemos rehacerlo todo de nuevo.
Al momento siguiente, todo lo que tenía ante sus ojos se envolvió de luz…
Y se desvaneció.
-Su segunda visión:
Ella estaba riendo.
Riendo como si se hubiera vuelto loca.
Por alguna razón no podía detenerse.
Una mujer que era varias veces más grande que ella la sujetaba por el cuello.
Pero no le dolía.
Al contrario, no pudo evitar que la situación le pareciera graciosa.
Miró la cara de la mujer que le apretaba el cuello.
En su expresión había una mezcla de odio y también de lástima por ella.
Eso también era insoportablemente divertido.
… La mujer susurró algo.
En ese momento, su visión se vio envuelta en una luz rosada.
Dejó de reírse.
Y entonces se dio cuenta.
Que esta mujer que la agarraba por el cuello era la misma persona que había destruido el mundo.
Dentro de esta luz, la apariencia de la mujer se fue transformando gradualmente.
Y finalmente, se convirtió en un enorme monstruo.
Parecía un dragón con garras afiladas-
O un oso cubierto de grueso pelaje.
-Su tercera visión:
Estaba deambulando por el interior de una pequeña casa, sin hacer nada en particular.
Un fuego bramaba ante ella.
Era un horno para cocinar y, al mismo tiempo, una chimenea para protegerse del frío del invierno.
Parecía que se estaba cocinando algo en una olla, pero lo que había en su interior era demasiado para que una sola persona pudiera comerlo.
Cuando miró a su lado, vio a un hombre sentado distraídamente.
Se parecía a aquel chico, pero también a otra persona.
Detrás de ella oyó que se abría una puerta.
Cuando se giró, vio a un niño y una niña adorables.
Al verlos, se le saltaron las lágrimas.
Mis preciosos…
Mis más queridos…
Hijos.
Los gemelos sonrieron y le dijeron: «Hemos vuelto a casa».
Y antes de que ella pudiera responderles: «Bienvenidos-».
… El mundo se envolvió en oscuridad.

Una respuesta a “Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 11”