Capítulo 3 – Proyecto “Ma” –Adam–; Escena 7

Historia del Pecado Original, páginas 116-122

 

Tal y como había dicho Horus, Seth apareció ante el propio Adam.

Sólo que no había pruebas de que fuera el auténtico «Seth Twiright». Podría simplemente haberse llamado a sí mismo así.

Sin embargo, dado que era la viva imagen de Horus en sus días de juventud, Adam y los demás investigadores no se atrevieron a rechazarlo de plano.

—… No pareces tan diferente a mí en cuanto a edad —le dijo Adam a Seth en tono interrogativo.

—Sólo parezco joven. Estudié con mi mentor mucho antes de que se convirtiera en el director de este instituto. … Eso debió ser hace cerca de veinte años.

Eso haría que fuera más de cinco años antes de que Adam conociera a Horus, por lo menos.

—Entonces… ¿por qué venir al instituto ahora?

—Bueno, me imaginé que podríais estar en un aprieto ahora que mi mentor ha desaparecido. Así que tal vez podría ayudar.

A juzgar por la forma en que Horus había hablado de él, no parecía sentir demasiado cariño por Seth.

Posiblemente, eso estaba subrayado por el hecho de que no sólo los otros aprendices nunca lo habían conocido directamente, sino que ni siquiera sabían que existía en primer lugar.

No parecía correcto dejar que un hombre así ayudara en el instituto de su padre.

—… No te necesitamos. Toda nuestra investigación está progresando bien.

—-¿Incluyendo el “Proyecto Próxima Reina”?

—…

El «Proyecto Próxima Reina» del que hablaba era algo que sólo conocían los implicados en él.

—Ya veo… Así que podemos estar seguros de que tienes una conexión con mi padre, al menos. Entonces…

Seth levantó una mano, como para cortar a Adam a mitad de frase.

—Ah, déjame decir por adelantado que no soy su hijo. Me lo dicen mucho, ya que nos parecemos bastante.

—Entonces…

—Aunque supongo que podríamos tener algún parentesco lejano. O algo así.

Era una respuesta increíblemente vaga.

Naturalmente, esa no era la única duda que Adam tenía con respecto a él.

«Mi padre me dijo… que ese hombre estaba maquinando con Miroku para controlar a mi madre…»

Si eso era cierto, ¿sabía Seth que Adam era el hijo de la reina?

—…

Sintió que sería peligroso preguntarle a bocajarro.

No podía leer las intenciones de Seth.

Y no podía evitar pensar que su venida para ayudar en su investigación era también un medio para un fin.

Pero también era alguien que podría tener pistas sobre la madre de Adam.

«Puede que no sea un buen plan enviarlo de vuelta en este momento».

—… De acuerdo.

Por ahora, sólo concedería a Seth el permiso para entrar en el instituto.

 

Seth no sólo se parecía a Horus en términos de apariencia.

También era una especie de «charlatán persuasivo». En el transcurso de varios días había conseguido llevarse bien con todos los demás investigadores, y fue aceptado por ellos.

Los conocimientos de Seth sobre los artefactos fueron suficientes para asombrar incluso a Adam. El «Proyecto Próxima Reina», que de hecho se había paralizado tras la muerte de su padre, pudo empezar a avanzar de nuevo con sólo un pequeño consejo y un «regalo» de Seth.

—La “Semilla de Dios”… Qué objeto tan curioso. —Adam miró fijamente la pequeña caja negra que tenía en sus manos—. Lo que hay dentro sólo parece un líquido a simple vista, pero está… ciertamente vivo.

Seth se rió en voz baja, ajustando un equipo cercano.

—Es algo que extraje de “Pecado”, debajo del templo de Levia-Behemo. Esas son, con toda seguridad, células de los dioses… Pensando en ello, parecen bastante inocuas.

—Así que estás diciendo que si usamos esto hay más posibilidades de crear a alguien con un poder mágico a la altura de un dios… ¿Pero cómo lo has conseguido?

—Soy buen amigo del jefe del senado. Le pedí que me dejara entrar en la sección subterránea del templo.

—… Ah.

Así que Seth parecía estar trabajando con Miroku después de todo.

—Entonces… ¿conociste a la reina? —preguntó Adam.

—¿…? ¿Por qué preguntas eso?

—Fuiste a la parte subterránea del templo… Entonces habrás tenido que pasar por el “Salón de Cristal” en la superficie, donde vive Su Majestad.

—Ah… No, no pasé por ahí. Hay una ruta alternativa para llegar a la zona subterránea.

—Así que nunca has…

—Nunca he visto a la reina, ni siquiera una vez. No tengo necesidad de hacerlo, al menos no para mi investigación —respondió Seth con brusquedad.

—Seth. Tu investigación… es sobre las piezas del legado, ¿verdad?

—Naturalmente que eso está incluido. Pero yo diría… que me interesan mucho más las cosas vivas que los objetos inanimados.

—¿Cosas vivas?

—El análisis de las cosas que están vivas, incluidos los humanos. Se podría decir que este “Proyecto Próxima Reina” está en línea con mis intereses… Por eso estoy ayudando.

Horus también era un investigador especializado en ese campo.

Es más, fue gracias a eso y a que era la mayor autoridad en la investigación de artefactos que el senador Vaju le había confiado el puesto de director del instituto.

—Oops… No hay suficiente reactivo. —Seth abrió la tapa de la maquinaria que tenía delante y vertió en su interior un líquido gris de un vaso de precipitado.

—Entonces, ¿qué conocimientos tienes sobre drogas? —preguntó Adam.

—Qué pregunta más estúpida. Alguien sin conocimientos farmacéuticos difícilmente podría trabajar en un instituto como éste.

—Entonces qué hay de, por ejemplo… una droga que pueda controlar la mente de alguien-

Ante esa pregunta, Seth dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Luego se dio la vuelta y acercó su cara a la de Adam.

—Me gustaría que dejaras de hacer preguntas indirectas, Adam. Tú… quieres preguntarme sobre el “Venom”, ¿verdad?

—Uh … Sí, así es.

La droga para lavar el cerebro, «Venom», que había hecho para controlar a la reina… Adam nunca habría pensado que él sería tan directo a la hora de confirmar su existencia, por lo que respondió afirmativamente, con cierta consternación.

—¿Te habló mi mentor de ello? … Sí, ciertamente, fue un artículo bastante útil fruto de mis investigaciones. —Seth golpeó ligeramente la frente de Adam con su dedo índice—. La mente humana es algo muy molesto… Hasta tal punto que, de vez en cuando, ni siquiera la persona a la que pertenece puede controlarla… Pero, por otro lado, podría decirse que eso ofusca la posibilidad de ser fácilmente manipulado por otra persona.

—Eso sería muy conveniente. Si existiera tal método… incluso podrías gobernar un país.

Adam tenía la intención de que sus palabras tuvieran un significado oculto, pero Seth no se dio cuenta o simplemente continuó alegremente mientras lo ignoraba.

—Solía existir gente con el poder especial de los “Herederos de Levia”. Un poder titulado con el nombre del dios dragón.

—¿Qué tipo de poder era?

—Un poder que “incluso podía gobernar un país”, como tú dices. En otras palabras… el control de la mente de las personas.

—Pero dijiste que “solía existir”-

—Así es. Las personas que poseían ese poder ya han muerto… O eso se dice. Pero encontré una: ¡la tumba de alguien que tenía la habilidad de los “Heredero de Levia”!

Adam observó la expresión emocionada de Seth con una mirada distante.

Por muy sorprendentes que fueran sus habilidades, no significaba nada si ya estaban muertos.

—Lo sé, sé lo que vas a decir, Adam… Aquí está la parte importante. Desenterré esa tumba y me llevé el cuerpo a casa. Después de partirlo en trozos muy pequeños, ¡lo eché en un tubo de ensayo!

—… Tienes que estar mintiendo.

—Y entonces, tras realizar varios estudios clínicos analíticos, ¡pude perfeccionar el “Venom”!

¿Significaba entonces que Seth había creado una droga para lavar el cerebro a partir de un cadáver?

—Pero si ese es el caso debes haberte quedado sin materiales bastante rápido. Después de todo, sólo tenías un cadáver.

—¡No me tomes por un vulgar científico! ¡Analizando mis resultados aprendí a producir “Venom” usando materiales que puedo obtener sin mucho problema! Así que…

Y ahí, la expresión de Seth volvió a su calma habitual, como si hubiera recuperado la compostura.

Continuó:

—-Bueno, en verdad nunca la hice realidad. Sólo tengo la receta para hacerla.

—¿Por qué?

—¿No te lo dije? Mi campo es la biología. Una droga para lavar el cerebro está fuera de mi área de interés.

Sin embargo, estaba inusualmente emocionado por ello.

—Entonces, ¿por qué investigaste como hacerla?

—¿Quién sabe? … Supongo que por capricho.

Adam lo dudaba.

«Apuesto a que… Miroku te encargó que lo hicieras para controlar a la reina».

¿Fue su recompensa en dinero, o tal vez influencia detrás de escena?

«Pero a ti, Seth… no parece importarte ninguna de esas cosas».

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