Capítulo 3 – Proyecto “Ma” –Adam–; Escena 5

Historia del Pecado Original, páginas 104-107

 

Adam pudo conocer la identidad de su verdadera madre después de que Horus quedara postrado en la cama por una enfermedad.

—… Estoy a mi límite. Supongo que este es sólo un cuerpo inferior, después de todo.

Eso fue lo que dijo Horus sobre su condición, a su particular manera.

—En cuanto al instituto… te lo legaré a ti —le dijo a Adam, que estaba junto a su cama.

—… —Adam asintió sin decir nada.

En su rostro no había ningún signo de dolor por el hecho de que su padre adoptivo estuviera al borde de la muerte.

Tampoco había alegría por haber heredado su posición.

—¿Por qué… me adoptaste, padre? —preguntó Adam a Horus.

—…

—¿Por qué te desviviste por encontrarme a mí, alguien sin relación alguna contigo, y me mentiste sobre mi madre?

—¿…?

—Ya soy un adulto. Ahora lo sé… Nunca conociste a mi madre. Lo utilizaste como cebo para engañarme y convertirme en tu hijo adoptivo. Lo que no sé es por qué me echaste el ojo hasta tal punto.

—… Ja, ja.

Horus se rió, con expresión de dolor.

—¿Qué es lo que te hace gracia?

—Nunca te he mentido. Sé quién es tu madre y dónde está ahora.

—Entonces dímelo, antes de que mueras.

Horus apartó de su vista a Adam y miró al techo.

—… Sí. Supongo que es el momento. —Asintió con la cabeza, como si estuviera estabilizando su decisión, y luego se volvió hacia Adam—. La reina de este país, Alice Merry-Go-Round… ¿Sabes su verdadero nombre?

Todas las que se convertían en reina de Levianta recibían un nuevo nombre, y todas sus historias pasadas eran borradas por el senado.

Dado que el actual jefe del senado era Miroku, no cabía duda de que, como mínimo, la reina había salido del Orfanato Especial dirigido por la familia Loop Octopus.

Pero Adam no sabía nada más allá de eso.

—… No —respondió con sinceridad.

Horus cerró los ojos y luego declaró lentamente:

—… Su verdadero nombre es María Moonlit.

—¿¡-!? ¿Moonlit… De verdad?

Ese trozo de pergamino que estaba dentro de la pequeña botella…

Ella tenía el mismo apellido que había sido escrito en él.

Adam preguntó tímidamente a Horus:

—¿Estás diciendo que… la reina es mi madre?

—Así es.

—Entonces… ¿Por qué me abandonó?

—La reina debe mantener su pureza. No se le permite tener hijos.

—¿Así que yo era… un niño no deseado?

Horus se incorporó lentamente de la cama.

—El jefe del Senado Miroku está poseído por… el fantasma que yo llamo poder político. Fue culpa suya, al creer que la infidelidad de ella le llevaría a la perdición.

—Miroku…

—Eso no es lo único. Miroku le está lavando el cerebro a la reina, convirtiéndola en su marioneta. Conspiró con cierto científico y le hizo crear una droga para lavar el cerebro, “Venom”.

Horus se puso de pie, y se dirigió a la puerta de entrada sobre sus tambaleantes piernas.

Además de su ojo izquierdo, que era ciego desde el principio, tampoco le quedaba mucha vista en el derecho.

—¿Pero cómo sabes que…? —preguntó Adam a Horus desde su espalda.

Sin volverse, respondió:

—Porque ese científico… era uno de mis aprendices.

—¿¡-!?

—Se hace llamar “Seth Twiright”… Ten cuidado. Algún día puede… aparecer ante ti.

—… ¿Qué debo hacer ahora…?

—Eso lo tienes que decidir tú. —Horus señaló un cajón de su escritorio—. Dentro tengo una lista con la ubicación de todos mis “aliados”. Cada uno de ellos es alguien que odia el régimen actual, y desea reformar este país… Harías bien en hacerles una visita, si los necesitas.

Una colección de disidentes políticos… Horus debía ser uno también, o quizás incluso su líder.

Que encontrase a Adam, el hijo de la reina, y lo adoptara pudo haber sido para sus objetivos políticos-.

Pero Horus dijo poco más que eso, y se dirigió a abrir la puerta para salir al exterior.

—… ¿A dónde piensas ir?

—Quiero estar solo cuando muera… Eso es lo que he decidido.

Diciendo sólo eso, Horus salió del instituto.

 

-No lo volvió a ver.

Como no había mucha gente que supiera que Horus había muerto, se consideraba que probablemente había fallecido en algún lugar oculto.

Capítulo 3 – Proyecto “Ma” –Adam–; Escena 4

Historia del Pecado Original, páginas 102-103

 

Adam fue, efectivamente, engañado por Horus.

Incluso después de ir a las Doce Capitales Reales, no pudo reunirse con su verdadera madre.

—Aún no puedes ir. Tu madre tiene un cargo muy importante, y hay circunstancias que se interponen.

Tras esa explicación, Adam acabó viviendo en el Instituto de Investigación Real con Horus durante un corto periodo de tiempo.

Y así pasaron varios días… y varias semanas… y luego varios meses, y antes de que se diera cuenta las conversaciones sobre su madre se volvieron vagas y nebulosas, y Adam acabó convirtiéndose en el hijo adoptivo de Horus.

—No puedo permitir que te reúnas con tu madre tal y como estás ahora. Tendrás que estudiar para ser mucho más refinado… Más noble.

Así era como hablaba de él.

No era sólo por ser un niño que Adam creía fácilmente todo eso.

Dejando de lado todo lo demás, Horus era un hombre muy persuasivo. Si no hubiera sido un científico, probablemente habría tenido mucho éxito asumiendo la estafa como profesión.

Por otro lado, no había forma posible de alagar los métodos del solitario Horus para criar a un niño.

De vez en cuando, Adam se sentía menos un ser humano y más como simple ganado.

Ya no le preocupaba el hambre o el frío, y a través de las enseñanzas de Horus llegó a aprender grandes conocimientos.

Pero a través de eso también pudo comprender con mayor profundidad la disparidad de experiencias entre él y otras personas.

Los que vivían en las Doce Capitales Reales llevaban una vida acomodada gracias a las herramientas del legado.

Lo único que recibió Adam como ropa fue una simple bata blanca de científico, sin ningún adorno, y comía lo mismo todos los días: sólidos insípidos cuyo color ni siquiera podía distinguir.

Sólo se le permitía salir al exterior durante una hora al día, y eso era para comprar cosas bajo la dirección de Horus. Después, sólo se le hacía estudiar, dentro del instituto.

No iba a morir.

Pero, ¿se podía llamar a eso «vivir»?

Cada día esa pregunta daba vueltas en su mente.

 

—¿Puedo conocer a mi madre?

Cuando creció, Adam le hacía cada vez más esa pregunta a Horus.

Pero la simple respuesta que recibía era siempre la misma.

—Aún no.

Para entonces, Horus había adelgazado mucho más que cuando se conocieron, y parecía tener mala salud.

Ya casi no realizaba sus propias investigaciones, sino que confiaba la mayor parte de ellas a sus aprendices.

Y para entonces, Adam ayudaba en el instituto junto a esos aprendices.

Capítulo 3 – Proyecto “Ma” –Adam–; Escena 3

Historia del Pecado Original, páginas 99-101

 

Cuando un hombre apareció ante él, Adam intentó intimidarlo con un arpón hecho a mano.

—¡Sal de aquí, ahora!

Porque Adam sabía por experiencia que el tipo de personas que se acercaban a la destartalada vivienda de un huérfano eran principalmente bandidos o algún tipo de mendigo.

Pero el hombre de las gafas no mostró ninguna señal de movimiento, incluso cuando la punta del arpón se dirigió hacia él.

—Qué chico tan obstinado eres —dijo con una sonrisa simplista en el rostro—. Tranquilo. No tengo intención de robarte nada en absoluto.

Mirando más de cerca, vio que el hombre llevaba ropa de obvia alta calidad, y no parecía llevar ningún arma encima.

—… Entonces, ¿qué quieres? ¿Quién eres?

Todavía en guardia, Adam bajó su arma.

—Me llamo Horus Solntse. Soy el mejor científico de este país.

—¿Un científico? ¿Qué quiere un científico de mí?

—He venido a adoptarte. Bajo… órdenes de tu madre.

—¿Mi… Mi madre? —Adam se quedó claramente sorprendido cuando estas palabras llegaron a sus oídos—. ¿Yo… tengo una madre? ¿Mi madre está viva?

—Sí, por supuesto. Te ha estado buscando todo este tiempo preocupada por ti, Adam, muchacho.

—¿Dónde está mi madre? ¿Dónde está?

—En las Doce Capitales Reales. No está tan lejos de aquí. Te llevaré allí ahora.

—¡S-sí!

El joven Adam se dejó llevar por el engatusamiento de Horus y aceptó de buen grado ir con él.

Pero en ese momento…

Una enorme ballena blanca apareció de repente sobre la superficie del océano.

Era la ballena Catherine, que había sido la sustituta materna de Adam.

—-No debes ir con ese hombre, Adam —le dijo Catherine—. Está mintiendo. No tiene intención de llevarte con tu madre.

Adam volvió a agitarse ante esas palabras.

Catherine siempre había aceptado todo lo que Adam decía.

Hasta ese momento nunca había puesto ninguna objeción a sus acciones.

Entonces, ¿por qué…?

—Te estás engañando, Adam —dijo fríamente Horus—. Esa cosa es una criatura malvada. La ballena es… un familiar de Held.

—¿Held?

—Un dios malvado que vive en el bosque. Intenta apoderarse de ti y sumir tu alma en la oscuridad.

—¿Es eso… cierto, Catherine? —le preguntó Adam a la ballena.

—… Es cierto que una vez fui un pequeño pez que vivía en un lago subterráneo en el Bosque de Held. Pero…

—¡Me has engañado!

Adan lanzó el arpón que llevaba a Catherine.

La punta se clavó en la frente de la ballena, que soltó un grito de dolor.

—Ough… Por favor, cálmate, Adam. Yo-

—¡Es verdad! ¡Es realmente obvio si lo pienso! ¡Una ballena no podría ser mi madre!

—…

Adam había perdido la cabeza al revelársele la localización de su verdadera madre.

Y por eso quizás ya no era capaz de tomar decisiones acertadas.

Tras echar una última mirada de reojo a Catherine, que se había quedado callada, Adam acabó yendo a las Doce Capitales Reales con Horus.

Capítulo 3 – Proyecto “Ma” –Adam–; Escena 2

Historia del Pecado Original, páginas 95-98

 

Los sentimientos que brotaron dentro del joven Adam desde pequeño…

Fueron el «aislamiento”-

Y la «ira» al mundo.

 

Era un huérfano abandonado.

Un bebé que había sido arrojado a la costa y que, sin duda, debería haber terminado su muy breve vida sin ser encontrado por nadie.

Pero, como para equilibrar sus cuentas, algo de buena suerte cayó sobre el desafortunado Adam.

Una ballena blanca que apareció en esa costa lo recogió en su boca y lo llevó a un puerto pesquero cercano.

Gracias a ello fue descubierto por un pescador, y pudo evitar la muerte por poco.

 

Ni siquiera estaba seguro de si Adam era su verdadero nombre o no.

Al parecer, cuando el pescador lo encontró, él estaba agarrado a una pequeña botella transparente.

El pergamino que estaba dentro de esa botella sólo tenía esto escrito:

 

Adam Moonlit.

 

El pescador llegó a la conclusión de que ese debía ser el nombre del bebé.

 

… Adam pudo tener una vida tranquila hasta los cinco años.

Él mismo no tenía muchos recuerdos de esa época.

Sólo que una noche no pudo dormir por la fuerte lluvia que oía fuera de su casa.

Y, de repente, una enorme cantidad de agua de mar inundaba la casa.  Llegó a la conclusión de que era agua de mar porque estaba salada.

Sin poder resistirse, Adam fue arrastrado y, antes de darse cuenta, quedó sepultado entre los escombros.

Lo que Adam vio cuando finalmente logró arrastrarse para salir…

Fueron edificios destruidos por un tsunami…

Y pilas de cadáveres.

 

Aunque no tenía parientes, Adam tenía que seguir viviendo de alguna manera.

Evitaba el hambre comiendo pescado podrido que llegaba a la orilla, y utilizó los escombros para construir un tosco refugio.

De vez en cuando, la ballena blanca aparecía en la costa. Adam no sabía en absoluto que esa ballena le había salvado alguna vez, pero al menos su gran cuerpo y sus ojos venían a calmar su soledad.

Finalmente Adam intentó hablar con esa ballena blanca que se mostraba ante él.

—¿Cuál es… tu nombre?

Naturalmente, una ballena no podía responder a la pregunta de un humano.

… Pero a los oídos de Adam-

Estaba convencido de que podía escuchar la voz de esa ballena.

—… Ya veo…  Así que te llamas “Catherine”.

Tal vez eso era sólo una alucinación auditiva provocada por el aislamiento de Adam.

Aun así, siguió hablando con Catherine, y al hacerlo, llegó a conectar con ella como su «familia».

—Oye, madre, mira esto.

—Tenía esta botella cuando me encontraron.

—Es tan clara… Es realmente bonita.

—Igual que tus ojos, madre.

—… Oye, madre.

—¿Por qué «vivir» es tan doloroso?

—¿Por qué nadie ha venido a salvarme?

—¿Por qué el mundo me abandonó?

—¿Por qué…?

—¿Por qué…?

—¿Por qué…?

 

Al no conocer a su verdadera madre, el niño obtuvo algo de sosiego al considerar a un animal inhumano como ella.

Pero incluso si él era uno de los hijos de los dioses-

Una vez que cayó en este mundo decadente, su corazón comenzó a pudrirse y contaminarse.