Historia del Pecado Original, páginas 224-227
Mi mal presentimiento dio en el clavo.
Un enorme oso aparecido de la nada comenzó a perseguirme, formando un espectáculo aterrador.
No sabía si el objetivo del oso era yo, o las dos frutas que sostenía en mis brazos…
Tal vez eran ambas cosas.
Me parecía haber visto la cara de ese oso en alguna parte antes.
Había sido atacado por un oso una vez cuando era pequeña, así que quizás era el mismo oso de entonces.
En cualquier caso, estaba claro que el oso venía hacia mí con intenciones maliciosas.
Corrí desesperadamente.
«Por favor, perdóname.
Por favor, ignórame…»
Mientras recitaba eso en mi mente…
Corría por la senda del bosque donde florecen las flores, hacia mi casa.
Cuando miré detrás de mí…
Vi una sombra negra iluminada por la luna que me acechaba, mucho más cerca que antes.
No podía ver mi casa por ninguna parte.
Me di cuenta de que estaba corriendo por un camino que no reconocía.
Como me perdí, seguí corriendo aún más, llorando.
Con el cielo oscuro, LLORA, llora-
¿Era yo quien lloraba?
No, era-
El llanto lo podía escuchar de las frutas que estaba sosteniendo.
Podía oír los sollozos que venían de detrás de mí también.
El oso también lloraba, mientras me perseguía.
Y yo misma seguía llorando.
Todo el mundo, todo el mundo estaba derramando lágrimas mientras corría, mientras era perseguida-
Como en una ridícula comedia.
Seguí corriendo, perdida, vagando-
Finalmente pude ver mi querido hogar.
Sólo un poco más, sólo un poco más-
Pero podía sentir que el oso se acercaba a mí.
La mano del oso agarró la capa que llevaba puesta.
Era mi fin…
Justo cuando pensé eso…
Un MILAGRO ocurrió.
Un rayo cayó sobre el oso.
El oso negro, carbonizado, se desplomó en el suelo.
Escapando por los pelos, entré corriendo en mi casa.
Mi marido me saludó y sonrió amablemente.
Pero justo después…
Él vio las dos frutas que yo sostenía, y puso una triste cara.
-Lo sabía.
Que en verdad, estas frutas…
Eran los tesoros de ese oso.

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