Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 2

Historia del Pecado Original, páginas 21-23

 

Pudo ver al acercarse que no era sólo un carro automatizado el que estaba siendo atacado.

Eran tres, según un rápido vistazo. Todos tenían el escudo de armas de Levianta pintado en grande en su lateral.

Uno de ellos había dejado de moverse y salía humo de él. De los otros dos se asomaban hombres que parecían soldados con armas en mano, disparando a los miembros de la tribu.

Eve detuvo su propio carruaje ante el que parecía roto. Afortunadamente, el clan estaba enfrascado en su batalla con los soldados, por lo que no le prestaron atención.

El carruaje roto tenía marcas de quemaduras por todas partes. Eve bajó de su carruaje y se asomó al interior de la zona de pasajeros.

-De repente, una espada salió a toda velocidad desde el interior. Eve la esquivó rápidamente, pero la punta rozó un poco de su largo cabello.

—… ¿No eres uno de los miembros de la tribu?

Un hombre de pelo azul, que blandía el arma, miró fijamente a Eve. Pero a juzgar por su atuendo, ya que no llevaba ninguna armadura, parecía no ser un soldado.

Era pálido y sus ojos eran del mismo color que su pelo. También era joven, más o menos de la edad de Eve.

—Soy… Soy del pueblo que hay cerca. Vi que su carruaje estaba siendo atacado y vine a ayudar…

Pareciendo creer las palabras de Eve, el hombre bajó su espada y abrió la puerta del carruaje.

—-Hay otro hombre dentro. Está herido. Lo siento, pero por favor, déjelo subir a su carruaje.

Cuando el pelizazul bajó de su carruaje, pudo ver que efectivamente había un hombre con gafas sentado en el interior que sangraba por la cabeza.

Pero no parecía ser una herida grave. Podía mantenerse en pie por sus propios medios, y fue capaz de bajar del carruaje con el hombre de pelo azul apoyándole.

—Vaya, este es un carruaje muy pequeño —dijo insultantemente el hombre de las gafas, tambaleándose hacia el carruaje de Eve—. Aunque parece más rápido que esa tortuga estropeada.

A continuación, el hombre de pelo azul y Eve subieron al carruaje.

—¿Cómo se llama, señorita? —preguntó el hombre peliazul.

—Soy Eve. Eve Zvezda.

Al escuchar eso, pareció sorprendido por un momento, pero rápidamente recuperó la compostura.

—Ya veo… Soy Adam Solntse, un científico del Instituto de Investigación Real. De todos modos, sáquenos de aquí.

—Pero… ¿qué pasa con esos soldados? ¿Vas a dejarlos?

—No importa. Ese es su trabajo. No les seríamos de mucha ayuda en ningún caso.

El hombre de las gafas rió, con una mano en la frente.

—Bueno, Gammon y los demás deberían estar bien. Esos salvajes no podrán derribarlos tan fácilmente.

—No hables demasiado, Seth. Agravarás tu herida.

—Sí, sí, lo sé.

No tuvieron tiempo de dudar sobre ello. Pudo ver a varios miembros del ejército blanco que parecían haber notado que su carruaje se dirigía hacia ellos.

Eve usó su magia y giró el carruaje hacia el oeste.

Estaban demasiado cerca de la excavación y existía el riesgo de que los Mogera quedaran atrapados en la batalla.

Probablemente sería mejor ir a Nemu, que estaba un poco más alejado.

—¡Vamos!

Mientras Eve gritaba, el carruaje aceleró vigorosamente.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 1

Historia del Pecado Original, páginas 16-21

 

Esta es la historia del comienzo.

¿Desde dónde debo contarla?

 

-Dicen que la bruja del bosque utiliza una cuchara azul en lugar de un bastón.

A Eve le preocupaba que ese rumor se extendiera entre los Mogera.

Ella se ganaba la vida vendiendo frutas y setas que recogía en el bosque.

Aunque era la hija del jefe de la aldea Nemu, eso no significaba que pudiera librarse de tener que trabajar.

No era una tarea muy dura.

Al menos era mucho mejor que tener que quedarse encerrada en el pueblo todo el tiempo, y afortunadamente nunca le faltaban clientes. Los Mogera que trabajaban en las llanuras que se extendían desde el este de la aldea siempre necesitaban más comida.

“Mogera” era como se referían a los que excavaban piezas del legado. Venían de las doce capitales reales, y aunque era culpa suya que las llanuras estuvieran ahora plagadas de agujeros, eran pocos entre la aldea los que manifestaban su mala voluntad hacia los Mogera.

Era un hecho innegable que el dinero que aportaban hizo que la aldea fuera próspera.

Incluso el carruaje automatizado que conducía Eve fue comprado con el dinero de los Mogera. Técnicamente su padre era el dueño, pero no había utilizado el carruaje ni una sola vez. El jefe había acabado recluido en su casa desde que se lesionó la parte baja de la espalda hacía dos años.

Por eso le había permitido a Eve utilizar sus herramientas.

El carruaje se dirigía a la excavación más grande, con la zona de equipaje llena con su cosecha del bosque.

Aunque ella lo llamaba carruaje, a diferencia de los normales, el cuerpo principal no era arrastrado por caballos ni nada parecido. Las ruedas eran movidas por engranajes especiales que funcionaban con la magia que Eve inducía.

Esos engranajes eran una de las piezas del legado desenterrado por los Mogera. Eve no tenía ni idea de cómo se fabricaban, pero sea como fuere, lo cierto es que el carruaje era un artículo de lujo muy caro.

Su padre le dijo que había podido comprarlo a un precio relativamente bajo gracias a unos antiguos contactos suyos, pero aun así debía de costar suficiente dinero como para vivir sin hacer nada durante un año. Si su madre aún estuviera viva, probablemente habría provocado una gran disputa.

Tendría que utilizar el carruaje para ahorrar bastante en tiempo si quería compensarlo.

 

—Heeeyy, me alegro de veros a todos. El carro de venta ambulante de Eve Zvezda está abierto al público —gritó Eve cuando llegó al lugar de la excavación.

Era más o menos la hora de comer, así que un grupo de hombres musculosos empezó a pasar por el carro.

El artículo más popular era el pfifferling. Al parecer, la moda entre los Mogera era cocinar estas setas junto a la carne de venado comprada a los cazadores. Después estaba el trauben. Aunque no era la fruta en sí la que se vendía bien, sino el vino que se hacía con ella. Era la especialidad del jefe de la aldea.

Cerca de donde Eve vendía sus productos, algunas Mogera estaban encendiendo un fuego para empezar a cocinar.

Enseguida empezaron a echar en una olla los ingredientes que habían comprado a Eve.

Finalmente llenaron unos cuencos de cobre con la comida que hicieron; tras recibirlos, los hombres se sentaron en el suelo y empezaron a comer.

En ese momento, habiéndose agotado la mayor parte de los ingredientes de su maletero, Eve empezó a recoger. Cuando lo hizo, un Mogera bondadoso se acercó a ella y le entregó un cuenco con sopa.

Ella decidió aceptar con agradecimiento el buen gesto del hombre.

«Ah…»

Entonces se dio cuenta de que no tenía cuchara.

—Uy, lo siento. Me olvidé.

El Mogera que le había dado la sopa volvió con una cuchara.

—Oh, no pasa nada, en realidad ya… —A punto de decir que llevaba una, Eve se calló—. … Muchas gracias —dijo en su lugar, tomando la cuchara.

«… Uf».

Suspiró dentro de su mente.

No podía mostrarle su cuchara azul.

Hoy también, mientras los Mogera comían, floreció una discusión sobre la «bruja del bosque».

—He oído que la bruja del bosque ha vuelto a expulsar al “Ejército Blanco».

—Les está bien empleado. Gracias a ella este sitio de excavación está en paz.

El ejército blanco era una tribu salvaje que causaba estragos en esta zona.

Todos tenían el pelo blanco, y podían invocar llamas. Al parecer, originalmente eran nómadas que venían del este, pero después de tener una disputa con la «gente del bosque» hace mucho tiempo, se convirtieron en un clan de bandidos… O eso le había dicho el padre de Eve.

El ejército blanco había matado a cientos de ciudadanos del bosque. Y, al parecer, también iban detrás de los artefactos del legado, por lo que atacaron el lugar de excavación varias veces.

Sea como fuere, no había nada más peligroso para la gente que vivía aquí que el ejército blanco.

La bruja del bosque era una heroína de la justicia que castigaba al ejército blanco… O al menos, así se lo tomaban los Mogera.

—Pero entonces, ¿cómo contrarresta la bruja del bosque las espantosas artes del ejército blanco? Ese tipo, Peck, se quemó bastante con las llamas que invocaron esos bastardos de pelo blanco, ¿no? No me extrañaría que muriera a causa de ellas.

—He oído que la bruja del bosque utiliza un tipo de arte del rayo bastante poderoso. Se rumorea que convierte al ejército blanco en cenizas antes de que puedan lanzarle fuego.

—Una batalla entre el fuego y el rayo, eso mola bastante. Pero si se pasan, el bosque desaparecerá sin dejar rastro, ja, ja.

Eve terminó su sopa y devolvió sus cubiertos a la Mogera.

Tendría que volver pronto a la aldea, pero justo cuando pensó eso…

Oyó un fuerte grito desde el norte.

Cuando se volvió en esa dirección junto a los Mogera, pudo ver una nube de polvo en el aire a lo lejos.

Oyó otro grito. No sólo uno, sino muchos.

—¿Son… los soldados blancos?

Los Mogera comenzaron a murmurar.

—Deben serlo. ¿Vienen a atacarnos?

—No… No lo creo.

La tropa de soldados blancos parecía estar peleando contra algo.

Todos ellos disparaban a la vez sus llamas sobre una gran silueta.

—¿Qué es eso, un gigante? —dijo uno de los Mogera.

Eve respondió en su mente que no lo era.

Eso… era probablemente un carro automatizado.

Uno mucho más grande que el que Eve había montado, de hecho.

Estaba siendo atacado por el ejército blanco, e intentaba escapar… Eso es lo que parecía.

«¡Tengo que ir!»

Eve se subió a su carruaje y vertió magia en el cristal de la consola de control.

Después de girar velozmente el carruaje mientras éste cobraba vida, corrió hacia la dirección en la que se estaba formando la nube de polvo.

—¡Eh, señorita! Deténgase, es demasiado peligroso —oyó gritar a alguien detrás de ella, pero Eve lo ignoró y mandó el carruaje hacia adelante.

Capítulo 1 – Queen of the Glass; Escena 2

Historia del Pecado Original –Crimen-, páginas 10-15

 

El Reino Mágico de Levianta tenía como territorio toda la región norte de Evillious.

Repartidas por el noroeste había doce pequeñas ciudades -llamadas coloquialmente las «Doce Capitales»- y en el centro de ellas estaba el castillo real, Alicegrad.

Aunque lo llamaban castillo real, originalmente había sido poco más que unas murallas para proteger el templo dedicado al dios dragón.

Dado que muchos objetos del Segundo Periodo yacían inactivos en la región que rodeaba ese antiguo templo, la gente que los excavaba construyó muros para delimitar su territorio.

Con el tiempo, los muros se fueron ampliando, convirtiéndose en la residencia de estos excavadores y transformándose en una enorme estructura.

La gente que buscaba las bendiciones de ese legado vino a vivir a su alrededor, y finalmente se convirtió en una ciudad.

Al estar construido de esa manera, Alicegrad no era un castillo muy alto, pero sí bastante extenso.

Hasta el punto de que no sería exagerado decir que el propio castillo era una ciudad por sí sola.

La «sala redonda» en la que se reunía el senado estaba establecida en la zona occidental de la sección de la «Primera Muralla», que estaba cerca del corazón del castillo real.

 

Cuando Miroku abrió la puerta de la sala redonda, los otros once miembros del senado ya estaban reunidos.

Pero no había ni rastro de Adam ni de Gammon.

Miroku preguntó al criado que estaba a la espera junto a la pared:

—¿Los otros dos no han llegado todavía?

—A-así es… Parece que tenían algún asunto urgente, pero no tardarán en llegar…

—Muy bien. Ve afuera. Cuando Adam y Gammon lleguen, hazlos pasar.

—Por supuesto, señor.

Después de despedir al criado, Miroku tomó su asiento como jefe del senado.

—Vamos a comenzar la reunión. Nuestro asunto principal para hoy es…

Un hombre de pelo rizado interrumpió mientras Miroku hablaba:

—Ha recibido un oráculo de la “Reina del Cristal”, ¿verdad, senador jefe, Loop Octopus? Y… apuesto a que no fueron buenas noticias.

—¿Qué le hace pensar eso, senador Li?

—Te ves pálido. La última vez que te vi con ese aspecto… Sí, fue…

—Después de la sequía de hace dos años —contestó un hombre de aspecto sobrio sentado frente a Miroku—. En ese entonces hubo otro oráculo. Que fue por la gracia de los dioses que pudimos mantener nuestras pérdidas al mínimo.

—Tiene razón, senadora Idora. Pero… esa no es la cuestión esta vez.

—¿Entonces qué es? Una inundación, un terremoto, un…

—Supongo que no es nada de eso, y todo a la vez.

—Deja de darte aires y ve al grano.

—… La ira de los dioses. En una sola frase: la destrucción de nuestro mundo.

En ese momento, todos los presentes rompieron a hablar.

—Oh, no… Ya ha llegado el momento…

—Pero esto es demasiado repentino. No hemos tenido presagios…

—Hemos tenido presagios en los oráculos antes, ¿no? Así es como funcionaba la voluntad de los dioses.

Miroku buscó el orden de los demás miembros.

—Esperen un momento. Nada de esto va a ocurrir pronto. Todavía tenemos tiempo.

—¿Cuándo llegará esa “ira de los dioses”? —preguntó un anciano de mirada aguda.

—Aparentemente en… el “Engranaje del Crepúsculo».

—El sistema antiguo, eh. En ese sentido, estamos actualmente en el «Engranaje del Amanecer», así que… Debería ser dentro de unos veinte años. Huh, eso es bastante tiempo.

El senador Li frunció el ceño ante la expresión de sorpresa del anciano.

—“Bastante tiempo” solo para ti, que eso es lo máximo que te queda de vida, senador Qina.

—¿Qué? Cierra la boca, mequetrefe.

Ignorando la indignación del senador Qina, el senador Li se volvió hacia Miroku.

—Entonces, los dioses deben haberte dicho alguna forma de evitarlo, ¿no?

—Efectivamente… Según la reina, debemos buscar un receptáculo para los dioses.

—¿Un receptáculo?

—Sí. Y sobre ese tema…

En ese momento, la puerta se abrió y entraron dos jóvenes.

—-Han llegado en el momento perfecto.

Miroku miró primero al hombre de pelo azul, que esbozó una sonrisa amable y luego se inclinó.

—Lamento terriblemente llegar tarde. Adam Solntse, a su servicio.

Por otro lado, el hombre de pelo largo que estaba detrás de Adam -el hijo de Miroku, Gammon- simplemente permaneció de pie con una cara de amargura.

«… Hmph, como sea».

Ya castigaría a su hijo por su grosera actitud más tarde.

Primero debían avanzar en la discusión.

Esta reunión se haría larga. El «proyecto» que Miroku pretendía proponer no era algo que todo el mundo aprobaría tan fácilmente.

—En cuanto a Adam… Senador Vaju, debes conocerlo bastante bien —dijo Miroku a un hombre con barba solo en la mitad derecha de su rostro que estaba sentado a su lado.

—Mhm. Lo conocí cuando trabajaba con el Instituto de Investigación Real durante el… “Proyecto Próxima Reina». Adam era el que ejercía de jefe del instituto. Lo hizo bastante bien, sobre todo teniendo en cuenta que acababa de heredar el cargo de su padre.

Adam devolvió una sonrisa al senador Vaju mientras éste cantaba sus alabanzas.

Tras aclararse ligeramente la garganta, Miroku continuó hablando.

—Sobre el tema del “Proyecto Próxima Reina”, me gustaría modificarlo ligeramente.

Al escuchar eso, la expresión de Adam se volvió solemne.

—¿Qué… quieres decir con eso?

—No hay necesidad de preocuparse tanto. Solo significa que… cambiará a una preocupación mucho más vital para nuestro país.

—… No veo a dónde quieres llegar.

—Ya lo verá. Bien, ahora que todos estamos reunidos aquí, comencemos apropiadamente nuestra reunión.

Miroku puso ambas manos sobre la mesa que había ante él y luego pronunció:

 

—-Es hora de discutir el Proyecto “Ma».

Capítulo 1 – Queen of the Glass; Escena 1

Historia del Pecado Original –Crimen-, páginas 6-10

 

En el momento en que pisaba con fuerza la cabeza de una serpiente que se deslizaba a sus pies, vio una fruta roja que fluía por el canal.

Miroku alargó la mano y, afortunadamente, pudo agarrarla.

Cuando mordió la fruta, los ojos de su criado se abrieron de par en par, y dijo:

—No debería hacer eso, señor Miroku. Eso no es…

—¿Intentas decirme que es impropio del jefe del senado estar recogiendo comida?

—N-No, no quiero decir eso en absoluto. Pero podría estar sucio.

—El agua de este canal está limpia. Mucho más que tu orina.

—…

—Los purificadores funcionan adecuadamente. Los ciudadanos de Asmouse ya no tienen problemas de falta de agua potable, ¿correcto?

—Sí, sí, así es. No sólo Asmouse, sino todos los residentes del reino tienen una deuda de gratitud con la sabiduría del Segundo Período.

Al escuchar eso, las cejas de Miroku se juntaron en un ceño fruncido.

El criado entonces se apresuró a enmendar sus palabras:

—-Y, por supuesto, también a la benevolencia del senado.

—Correcto. Puedes vivir cómodamente gracias al senado. No lo olvides.

—Sí, señor…

Miroku no sólo estaba de mal humor por esta conversación.  Este criado lo sabía bien, dado que le había servido durante muchos años.

—… Así que, después de todo, recibiste un «oráculo» de mal agüero —interrumpió el criado, vacilante.

Miroku asintió sin decir nada.

—Tengo que celebrar otra reunión ahora. Dentro de dos horas. Reúne a todos los miembros del senado en la sala redonda.

—¡Sí, señor!

El criado se apresuró a ir hacia el castillo real, pero fue inmediatamente llamado de vuelta por Miroku.

—Espera. … Llama a otras dos personas a la reunión.

—¿Eh? Er… ¿A quiénes?

—Primero, a Adam. Adam Solntse.

—El jefe del Instituto Real de Investigación. Entendido, me pasaré por allí antes de ir al castillo real. ¿Y el otro?

—… Gammon.

—P… Pero… La fuerza de seguridad tiene previsto ir a patrullar desde aquí hasta la ciudad de Welvya-

—Estoy seguro de que se las arreglarán sin su capitán.

—Pero eso sería un mal ejem…

—¡Un padre está llamando a su hijo! ¿Hay algo que tenga más prioridad que eso?

—Lo entiendo, señor…

Sin molestarse en ver al criado que se alejaba, Miroku miró fijamente la fruta que tenía en sus manos.

«Una manzana… Hm. Hay un pequeño bosque cerca del punto de partida del canal. Tal vez creció allí».

No fue cultivada por nadie, creció de forma natural.

Aún así, no había necesidad de dudar en comerla. Tenía derecho a tomar todo lo que había en el reino-así pensaba Miroku.

«No sólo las frutas. También el legado del Segundo Período… el “país de Dios” que descansa bajo tierra y en el fondo del mar. Aunque no lo hayamos creado nosotros, no hay razón para no usarlo si nos es útil».

El legado de los dioses era un depósito de tecnología que superaba la comprensión de la gente que vivía en estos tiempos. Incluso los científicos del Instituto Real de Investigación no podían hacer más que explicar cómo utilizar sus herramientas, sin realmente entenderlas.

Había otra cosa de la que el reino podía presumir: Su extraordinaria capacidad mágica. Siempre que hacían uso de estas herramientas del legado, en la mayoría de los casos necesitaban magia para potenciarlas, y los hechiceros que eran capaces de manejarlas estaban sólo en este país… Por eso Levianta era llamado el «Reino Mágico».

Gracias a ese legado y a esta magia, el Reino Mágico de Levianta había florecido más allá de sus países vecinos.

«Nosotros… ¡no vamos a perder eso ahora!»

Miroku apretó la manzana y la aplastó.

Luego arrojó sus restos al canal.

Mientras contemplaba la corriente del río, se acordó de algo de hace mucho tiempo.

«Los «Gemelos de Dios»…»

 

-La reina, que estaba en posición de recibir revelaciones divinas, tenía prohibido tener marido.

La reina debía permanecer pura durante toda su vida.

Pero la reina Alice un día… quedó embarazada.

Al final nunca se supo de quién había sido. La reina afirmaba que fue un embarazo virginal, pero Miroku no la había creído, al menos en aquel entonces.

Era joven, y temía que se pusiera en peligro su posición, más que nada. El papel de jefe del senado era el de recibir los oráculos de la reina, y transmitirlos al público. Por esa razón, Miroku era el único al que se le permitía el contacto directo con ella.

Si la reina estaba embarazada, entonces el único sospechoso era… La respuesta es obvia.

Miroku había intentado obligar a la reina a abortar antes de que el asunto se hiciera público.

Pero antes de que pudiera, escapó… y cuando la capturaron de nuevo, ya había dado a luz a gemelos.

Miroku ordenó con furia a uno de sus sirvientes de en ese momento que arrojara los gemelos al río-.

 

No puso una mano en los bebés directamente por un débil sentimiento de culpa-.

Pero estaba seguro de que esos niños, dejados a la deriva en el arroyo, no habían sobrevivido.

«¿Eran esos gemelos «Contenedores de los Dioses»? … No, no podían serlo».

Si lo hubieran sido, Miroku seguramente habría recibido algún castigo divino por matarlos.

Debían ser hijos ilegítimos de la reina… Eso fue lo que razonó.

«El oráculo… Debe de ser por un asunto completamente diferente a ese».

Sin embargo, ahora que había recibido “esa revelación”, Miroku no tenía más remedio que obedecerla.

Alice era poco más que una marioneta.

Una muñeca colocada dentro de una caja de cristal.

Pero era cierto que la reina podía escuchar las palabras de los dioses.

Para alguien que había nacido y crecido en Levianta, los dioses (el dios dragón Levia-Behemo) eran un ser supremo.

Ir en contra de sus órdenes era imperdonable.

Prólogo – Profeta Merry-Go-Round

Historia del Pecado Original: Crimen, páginas 3-5

 

Madre.

Padre.

Por favor, mostradme

El método para convertir a los dioses en humanos.

El método para conoceros a ambos—

 

… Antes de darse cuenta, Maria Moonlit se encontraba en la posición de gobernante del país.

 

Tenía varios recuerdos fragmentados sobre su pasado.

A los catorce años fue alcanzada por un rayo en el jardín de un orfanato, recibiendo así por primera vez una revelación divina.

Que los dos dioses dragón que dormían en el legado de las deidades, «Pecado», eran sus verdaderos padres.

Ella fue criada bajo la enseñanza de que «todo el mundo es hijo de los dioses».

En ese momento tal enseñanza fue demostrada correcta.

Maria era, en efecto, hija de los dioses.

 

El Reino Mágico de Levianta continuó creciendo prósperamente, ampliando el legado cultural que les habían dado los dioses.

Como la reina que reinaba en la cúspide,

Como la profeta que transmitía la voluntad de esos dioses,

María abandonó su antiguo nombre y obtuvo uno nuevo:

-Alice Merry-Go-Round.

 

Pero ella sabía

Que era poco más que una marioneta.

Los que realmente gobernaban el país eran aquellos necios que en un principio debían ser sus subordinados.

Eso no le importaba.

Porque lo que Alice debía acometer no era gobernar, sino seguir y mantener la voluntad de los dioses tal y como se le mostraba en una pequeña botella de cristal.

 

Ella necesitaba proteger a los «Gemelos de Dios».

Los que tenía en sus brazos…

Sus adorables hijos.

 

Pero aquellos necios no podían entenderlo.

Incapaz de cumplir las órdenes de los dioses, Alice era un fracaso como profeta.

Aún así, ella continuó rezando a los dioses.

 

Sus oraciones tuvieron éxito, y su pequeña botella mostró un nuevo mensaje de ellos.

 

—Nuestra querida hija, Alice, ahora debes crear y ofrecer contenedores para nosotros.

—El Engranaje del Crepúsculo… Si no lo haces antes de que llegue su hora, el cielo y la tierra se llenarán de nuestra ira, y todo quedará reducido a cenizas.

 

-En otras palabras, ese sería el fin completo del mundo.

Sin embargo…

Alice ya no podía volver a quedar embarazada.

 

Así que entonces, como profeta

Ella transmitió su oráculo a los necios.

Ella les haría expiar su propio error.